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La Heredera Rechazada del Aullido Silenciado

La Heredera Rechazada del Aullido Silenciado

Status: Terminada
Genre:Hombre lobo / Romance paranormal / Completas
Popularitas:113
Nilai: 5
nombre de autor: Afrodite 18

Andreia lo tenía todo: el amor de un futuro Rey Alfa, la promesa de un destino compartido y la certeza de que la luna los había elegido. Hasta la noche en que Máximo la rechazó frente a toda la manada para presentar a otra mujer como su Luna.

Humillada y con un secreto creciendo en su vientre, Andreia huyó. Lejos de las manadas, lejos de los tronos, construyó una vida en el silencio: una confitería pequeña, una casa rodeada de árboles y una hija llamada Kim que lo era todo para ella.

Pero Kim no es una niña común. A los cuatro años ya se transforma en loba, sus ojos brillan con un poder que no debería existir en alguien tan pequeña, y la luna parece responder cada vez que ella ríe o llora. Porque Kim es la verdadera heredera de una profecía que todos creyeron pertenecía a otra.

Cuando el pasado toca a la puerta y Máximo descubre lo que perdió, nada volverá a ser igual. Entre secretos de sangre, conspiraciones familiares y un poder ancestral que despierta con cada latido, Andreia deberá decidir hasta dónde está dispuesta a llegar para proteger a su hija.

Porque en el mundo de las manadas, el amor puede ser la fuerza más peligrosa de todas.

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capítulo 11

Días después de todo aquel caos, Andreia decidió tomarse un tiempo con su hija. Optaron por alejarse de la ciudad, hacia una parte del bosque donde vivía Elowen.

La cabaña de Elowen reposaba en el corazón del bosque como un secreto bien guardado. Troncos antiguos formaban una protección natural alrededor del pequeño claro, y símbolos discretos estaban tallados en la madera de la puerta y en las piedras del suelo: sellos antiguos de protección y silencio. Allí, el mundo parecía respirar a otro ritmo.

Andreia estaba sentada en los escalones del porche, una taza de infusión caliente entre las manos. El olor a pino, tierra húmeda y hierbas quemadas se mezclaba con el aire fresco de la mañana. Elowen se apoyaba en la columna de madera a su lado, contemplando el bosque con atención serena.

ELOWEN— Está aprendiendo rápido, demasiado rápido —comentó la bruja, rompiendo el silencio—. Eso puede ser tan hermoso como peligroso.

Andreia siguió la mirada de Elowen hasta Kim, que jugaba unos metros más adelante. La niña corría por el claro, riendo sola, alternando entre su forma humana y la pequeña loba blanca con una facilidad casi inquietante. En un parpadeo era niña; al siguiente, un cachorro torpe que rodaba por la hierba.

ANDREIA— Lo sé —respondió con una mezcla de orgullo y aprensión—. Pero por primera vez... no quiero impedirlo. Pasé demasiado tiempo escondiendo lo que era. No haré eso con ella.

ELOWEN— La diferencia es que tú elegiste esconderte. Kim todavía está aprendiendo a elegir. Y además, ella no es una loba común.

Andreia observó cómo la pequeña loba se levantó, sacudió el pelaje y volvió a su forma humana, tropezando y riendo.

KIM— ¡Mami! —llamó animada—. ¡Mira!

Se concentró otra vez y el brillo plateado envolvió su cuerpo. En segundos, la cachorra había regresado, agitando la cola con orgullo.

Andreia esbozó una sonrisa, a pesar del nudo en el pecho.

ANDREIA— Muy bien, mi amor —le dijo—. Pero acuérdate de lo que hablamos. Nada de salir del claro.

La pequeña loba ladró bajito, como si estuviera de acuerdo, y salió corriendo en círculos.

El tiempo transcurrió tranquilo. El sol ascendió un poco más en el cielo, filtrándose entre las copas de los árboles. Andreia y Elowen continuaron conversando sobre protección, sellos, rutas de escape: conversaciones de quienes viven siempre un paso por delante del peligro.

Fue entonces cuando todo cambió. Un crujido más fuerte resonó entre los árboles. Andreia frunció el ceño y se puso de pie de inmediato.

ANDREIA— ¿Kim? —llamó.

No hubo respuesta. Segundos después, algo blanco surgió de entre los arbustos, corriendo a toda velocidad. Kim venía en forma de cachorra, las orejas gachas, la cola entre las patas, los ojos desorbitados de miedo. Corrió directo hasta Andreia y le saltó a los brazos con fuerza.

ANDREIA— Eh, eh... —La envolvió al instante, sintiendo que el corazón se le aceleraba—. ¿Qué pasó?

El cuerpo pequeño temblaba. Elowen ya estaba de pie, los ojos alertas, la mano discretamente alzada en un gesto de protección.

ANDREIA— Kim, vuelve —pidió con suavidad.

El brillo plateado resplandeció de nuevo y la cachorra dio paso a la niña, que se aferró al cuello de su madre.

KIM— Mami...

ANDREIA— ¿Qué viste? —preguntó, la voz ahora firme pero cargada de cuidado—. ¿Saliste del claro?

KIM— Solo fui un poquitito más lejos... —murmuró con su carita traviesa.

Elowen se acercó despacio.

ELOWEN— ¿Y qué había ahí, pequeña?

Kim levantó los ojos hacia su madre, todavía asustada pero curiosamente intrigada.

KIM— Había un perrito grande, neggo —respondió.

Andreia se relajó por un segundo... hasta que percibió el tono de su hija.

ANDREIA— ¿Un perrito? —repitió—. ¿Cómo que un perrito? —Kim hizo un gesto con las manos, intentando explicar—. ¿Un lobo?

Kim asintió con fuerza, luego frunció la naricita.

KIM— Pero no de esos que caben en el regazo como Kim —aclaró—. Era uno gandote.

Elowen arqueó una ceja.

ELOWEN— ¿Grandote cuánto? —preguntó.

Kim abrió los brazos todo lo que pudo, casi perdiendo el equilibrio.

KIM— Gandote como que... si se sentara en nuestra mesa, no quedaba lugar pa nadie —declaró, muy seria.

Andreia no pudo contener una risa nerviosa.

ANDREIA— ¿Y te hizo algo?

Kim lo pensó un momento y negó con la cabeza.

KIM— No. Se acercó, me olió, puso cara de que taba pensando y se quedó parado —respondió—. Yo creo que taba intentando acordarse dónde me vio antes. —Se encogió de hombros, como quien habla del clima—. Entonces yo me dije que mejor volvía, poqe no parecía enojado, pero tampoco parecía buenito como pa jugag. —Hubo un silencio, y entonces Kim completó, con tono animado—: ¡Pero si tú quieres, mami, yo puedo llamarlo pa jugag después!

Andreia soltó una carcajada. Incluso en los momentos serios, Kim veía el lado bueno de las cosas.

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