Ella renace decidida a cambiar su destino y a sobrevivir.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Mansion Krugher 2
El joven de cabello claro sonrió con la misma alegría con la que la había recibido.
—Mi nombre es Jack.
Hizo una pequeña reverencia.
—Soy un mago y un viejo amigo del duque.
Davina abrió ligeramente los ojos.
[¿Amigo?]
[Entonces...]
[¡No era él!]
Sintió unas inmensas ganas de golpearse la frente.
[¡Qué vergüenza!]
[¡Ya estaba pensando que el padre de mi hijo era este muchacho amable!]
Jack señaló el interior de la mansión.
—Si gusta esperar en el salón, iré a avisarle al duque que ha llegado una visita.
Davina asintió rápidamente.
—Muchas gracias.
Mientras una sirvienta la conducía por los largos pasillos del ducado, no dejaba de reprocharse a sí misma.
[Soy la peor reencarnada de la historia.]
[Otras protagonistas recuerdan conspiraciones.]
[Yo...]
[Ni siquiera reconocí al padre de mi hijo.]
Se dejó caer con cuidado sobre uno de los elegantes sillones del salón.
Una doncella le sirvió una delicada taza de té.
Davina la sostuvo entre ambas manos.
[Imagínate...]
[Si hubiera sido él.]
["Buenos días, vengo a decirle que usted embarazó a una noble."]
Cerró los ojos con fuerza.
[¡Qué horror!]
Por suerte no había abierto la boca.
De lo contrario, habría protagonizado el momento más vergonzoso de su nueva vida.
Bebió un pequeño sorbo de té.
Necesitaba tranquilizarse.
Mientras tanto...
En otra parte de la mansión.
Jack caminaba con total confianza por los pasillos hasta llegar a un amplio despacho.
Ni siquiera llamó a la puerta.
Entró directamente.
—¡Buenos días!
Un hombre alto levantó lentamente la vista del documento que estaba leyendo.
Su cabello era negro, corto y perfectamente arreglado.
Sus ojos grises poseían una frialdad que bastaba para intimidar a la mayoría de las personas.
Su postura era impecable.
Recta.
Elegante.
Cada movimiento transmitía autoridad.
Era el tipo de hombre cuya sola presencia bastaba para hacer callar una habitación entera.
En todo el reino era conocido por la misma reputación.
Despiadado.
Brutal.
Inflexible.
Un duque cuya magia de oscuridad había hecho retroceder a más de un enemigo sin necesidad de desenvainar la espada.
Sin levantar demasiado la vista, preguntó con calma.
—¿Qué ocurre?
Jack sonrió de oreja a oreja.
—Hay una hermosa señorita esperándote.
El duque continuó leyendo.
—No me interesa.
Jack rodó los ojos.
—Ni siquiera preguntas quién es.
—No.
—Qué aburrido eres.
El duque pasó otra página.
Jack apoyó ambos brazos sobre el escritorio.
—Es muy hermosa.
Silencio.
—Tiene un cabello rosado precioso.
La mano del duque se detuvo.
Sus ojos abandonaron finalmente el documento.
Cabello rosado.
Solo conocía a una mujer con aquel color de cabello.
La joven con la que había compartido un baile semanas atrás.
Y una noche que, inesperadamente, seguía recordando.
Guardó silencio unos segundos.
Luego preguntó con voz tranquila.
—¿Tiene magia?
Jack negó con la cabeza.
—No.
El duque permaneció pensativo.
Entonces formuló otra pregunta.
—Pero tiene una marca de alma.
Ahora fue el turno del duque de fruncir ligeramente el ceño.
Una marca de alma.
No era un simple símbolo.
Era una señal extraordinariamente rara.
Significaba que aquella persona había despertado los recuerdos de una vida anterior.
No todos los que reencarnaban despertaban.
Muchos vivían una nueva existencia sin recordar jamás quiénes habían sido.
Pero quienes desarrollaban una marca de alma...
Conservaban ambas vidas.
Dos memorias.
Dos experiencias.
Dos formas distintas de ver el mundo.
Jack continuó hablando.
—Lo curioso es que es muy reciente.
Aquello hizo que el duque levantara completamente la vista.
—¿Reciente?
—Sí.
La vi hace unas semanas durante el baile.
Era una joven completamente normal.
No tenía ninguna marca.
Pero hoy...
Señaló su propia sien.
—La vi claramente. Debe haber aparecido hace poco.
El despacho quedó en silencio.
El duque entrelazó lentamente los dedos.
Eso era imposible.
Una marca de alma podía despertar en cualquier momento de la vida.
Pero era extremadamente inusual que apareciera de forma tan evidente en cuestión de semanas.
Jack siguió hablando de Davina..
Su mente repasó el recuerdo de aquella noche.
La joven noble de sonrisa dulce.
Algo tímida.
Inocente.
Y luego recordó otro detalle.
La mujer que Jack acababa de describir.
Segura.
Decidida.
Capaz de presentarse por iniciativa propia en el ducado Krugher.
No parecían la misma persona.
Jack sonrió con picardía.
—Además... No te voy a mentir. La encontré distinta.
—¿Distinta cómo?
—No sabría explicarlo. Antes parecía una señorita noble como cualquier otra. Hoy...
Se cruzó de brazos.
—Da la impresión de que, si alguien intenta aprovecharse de ella, será esa persona quien termine arrepintiéndose.
El duque permaneció en silencio.
Aquellas palabras despertaron aún más su curiosidad.
Una mujer que despertaba una marca de alma.
Que aparecía inesperadamente en su residencia.
Y que había cambiado de forma tan radical en tan poco tiempo.
Dejó el documento sobre el escritorio.
Se puso de pie.
—La recibiré.
Jack sonrió satisfecho.
—Sabía que terminarías aceptando.
que en las noches se buscan a ver si algo hace que dejen ese orgullo para que su hijo nazca en un lugar estable con padres dejen su orgullo por el
Si me reí, pero se pasó de descarada, y Jean no va dejar de pasar la. oportunidad de satisfacerse de su esposa tóxica masoquista , pobre criatura cuando sea grande y pregunté cómo eran sus padres 🤣🤣
me fascina leer