Camila, una joven sencilla, ve cómo su vida cambia de forma inesperada.
Por cobardía, la colocan en la cama del poderoso y arrogante Sebastián Medeiros.
Lleno de un odio mortal hacia ella, se deja convencer de casarse con ella, y convierte la vida de su esposa en un verdadero infierno.
Cuatro años de matrimonio, sin ningún cambio, y a pesar de todo su esfuerzo por ser una buena esposa, Camila pide el divorcio y desaparece.
Sebastián, que no le daba la menor importancia al matrimonio, se encuentra perdido, sin saber cómo volver a vivir sin que Camila atendiera todas sus necesidades.
Cinco años después, ella regresa, pero a diferencia de lo que él creía, Camila no vino en busca de perdón. Él se da cuenta de lo mucho que ha cambiado y decide demostrar lo arrepentido que está de no haber valorado a la mujer que ni siquiera se dio cuenta de amar.
Camila, por su parte, está decidida a dejar atrás ese triste capítulo de su vida y seguir adelante.
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Capítulo 15
Camila
Tras la confusión con la familia de mi ex, volvimos al trabajo. Letícia tiene un llamado para dar una entrevista, así que se despide y se va, quedamos Maura y yo.
Mi celular suena, miro y veo que es el abuelo Manoel.
- Hola, abuelo.
- ¡Ingrata, después de tanto tiempo lejos, llegas y no vienes a ver a este viejo!
- Disculpa, abuelo, aún no he tenido tiempo, estaba pensando en verte el fin de semana.
- Mandé a preparar un almuerzo con todo lo que te gusta, ven a almorzar conmigo hoy.
- Abuelo, por favor, ven con Bira, almorzamos por aquí mismo.
- Este viejo no está bien de salud, mi hija.
- ¿Está enfermo?
Aun en contra de mi voluntad, no consigo decirle que no a este viejo testarudo.
A la hora combinada, me despido de Maura y voy a encontrarme con el abuelo Manoel.
En el auto voy conversando con Letícia.
- ¿Por qué crees que el abuelo te está obligando a ir hoy a su casa? ¿Será que está armando un encuentro entre tú y Sebastian?
- Creo que no, él sabe que no hay vuelta atrás, ¡imagínate!
En la casa del abuelo soy recibida por una Consuelo, sonriente.
- ¡Niña, sea muy bienvenida! ¡Qué nostalgia sentimos de ti!
- Gracias, Consu, también sentí mucha falta de ustedes - nos abrazamos y estuvimos matando un poco la nostalgia.
Bira llegó y también me abrazó.
- Haces falta en esta casa, niña, ¡estoy feliz de verte!
Ellos me llevan hasta el abuelo, que está emocionado, ¡Dios mío! ¡Cómo amo a este señor! Es como si él fuera mi abuelo y no el de Sebastian. Recuerdo que él hablaba con el abuelo siempre.
- Creo que se olvida que yo soy su nieto, ¡no ella!
El abuelo reviraba los ojos.
- No seas infantil, Sebastian, esta niña es un tesoro de oro y tú la tratas como nada.
- Mi nietecita, ¡qué nostalgia!
- También sentí tu falta, abuelo, no te imaginas lo difícil que fue estar sin verte estos años.
- ¿Por qué no viniste, mi bien? ¡Sabes que yo te protegería siempre!
- Necesitaba curarme, abuelo, intentar crear amor propio, porque creo que nunca tuve antes. - ambos estamos llorando.
- Lo sé bien, mi familia me avergüenza, gracias a Dios que mi hijo no actuó como ellos.
Como siempre el almuerzo está delicioso, Consuelo es una excelente cocinera.
- Si almorzara aquí todos los días, engordo un mes, ¡qué comida deliciosa!
- Será un placer tener tu compañía todos los días para las comidas, puedes quedarte aquí, ¿dónde te estás quedando?
- En la casa de Letícia, voy a quedarme pocos días.
- ¿Te vas? ¡Pero yo pensé que ibas a quedarte!
- No, prefiero seguir viviendo donde estoy, ya estoy adaptada y no estoy lista para quedarme aquí.
- Ven a hospedarte aquí, no eres una huésped, eres mi nieta.
- Te amo, abuelo, pero ¡mejor no!
Alguien interviene y Consuelo va a atender, yo estoy con una copa del helado preferido, el abuelo me está mirando sonriendo.
- ¿Qué pasa, abuelo?
- Estás pareciendo una niña, con helado en la nariz, en la barbilla, tienes un bigote de helado, ¿cuántos años tienes? ¿Dos?
- ¡Apuesto a que está exagerando, abuelo!
- No, no, pareces de dos años, como máximo - cuando escucho esa voz casi boto todo al suelo, cuando me volteo Sebastian me está mirando con una sonrisa.
Busco algún trazo de ironía o burla, pero veo una sonrisa genuina, quedé hasta sorprendida.
- Es mi hora, abuelo, me voy, dile a Consuelo que estaba delicioso como siempre.
- ¿Solo porque llegué ya te vas?
- Necesito pasar por el estudio aún, solo vine a darle un abrazo al abuelo Manoel y a aprovechar la comida deliciosa de Consuelo.
Abrazo al abuelo y saludo a Sebastian que está en el mismo lugar desde que llegó.
Cuando paso él viene detrás de mí.
- Camila, me gustaría dar una pequeña charla contigo.
- Está bien, sé breve, ya excedí mi tiempo de almuerzo.
- Pensé que eras la dueña de todo aquello.
- ¿Por casualidad me está llamando mentirosa? Hoy ya enfrenté a tu hermana, a tu futura esposa, y a tu madre, cada una ofendiéndome a su manera especial, ¡faltabas tú!
- No me malinterpretes, no quise ofenderte, solo quería decir que siendo la jefa, puedes darte el lujo de retrasarte algunos minutos, sé que aun siendo dueños la empresa necesita de nuestra entrega.
- Verdad, si los dueños no se esfuerzan, quién lo hará, no es así, pero tengo a Maura y a algunos funcionarios que son más estrictos que yo.
- Entonces tienes suerte. O no es suerte, y saber conquistar lo mejor de las personas.
- ¿Qué pasa? ¿Estás burlándote de mí? ¿Sacar lo mejor de las personas? ¡No me hagas reír! Siempre tuve lo peor de la mayoría de las personas con las que conviví durante los cuatro años que viví contigo.
- Disculpa, realmente no quise traerte recuerdos tristes.
- ¿Qué querías decirme?
- Pedí a mi secretaria agendar una hora contigo, quiero hablar de negocios.
- ¿Qué negocios? ¿Estás con agencia de moda? ¿O abriste una tiendita para tu novia?
- No es nada de eso. Camila, ¡no tengo novia!
— Eso es problema tuyo, ¿qué quieres de verdad, Sebastian?
- Ve a la empresa mañana, ¡conversaremos allá!
- No soy yo quien trata de negocios, tengo el equipo de funcionarios que hacen eso.
- Camila, solo ve, escúchame, puedes concordar o no, ¡pero escúchame!
- Lo voy a ver, si tengo tiempo te aviso.
Él ríe, como si estuviera feliz, ¿qué le pasó? ¡Hombre extraño!
- Gracias, ya está marcado, mi secretaria marcó con la tuya.
Digo adiós y voy a mi auto, Sebastian pregunta si quiero que me lleve, respondo que vine en auto, él se queda mirándome mientras salgo del alcance de sus ojos.