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LA HEREDERA FUGITIVA

LA HEREDERA FUGITIVA

Status: Terminada
Genre:Embarazada fugitiva / Pareja destinada / Amor a primera vista / Amor Campestre / Completas
Popularitas:26.1k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

**Él le arrebató su lugar.**
La vida le enseñó que en el mundo de los hombres, una mujer nunca hereda el poder… solo las heridas.

Manuela Hernández huyó de su hogar con el corazón roto y una promesa ardiendo en el pecho: jamás volvería a ser débil.
Cinco años después, convertida en una mujer poderosa y temida, regresa al rancho que una vez fue suyo tras la misteriosa muerte de su padre.

Pero volver significa enfrentarse a traiciones enterradas, secretos familiares y fantasmas que nunca dejaron de perseguirla.

Y también a él.

Damián Cortés.
El hombre peligroso que puede destruir todo lo que ella ama… o convertirse en su peor adicción.

Entre deudas, mentiras y una atracción imposible de ignorar, Manuela descubrirá que algunas guerras no se pelean solo por dinero o poder… sino por el corazón.

Porque en Hacienda San Rafael nadie es inocente.
Y alguien está dispuesto a matar para quedarse con el legado.

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16: El rumor envenenado

Doña Carmen llegó al estudio a las siete de la mañana con cara de quien trae algo que no quiere traer.

—Hablan, niña.

Manuela levantó la vista de los registros.

—¿Quién habla y qué dice?

—El pueblo. Dicen que usted vino a cerrar el rancho y a echar a todos. Que ya tiene comprador, que va a vender todo y volverse a la ciudad con el dinero. —Doña Carmen apretó el delantal entre las manos—. Esta mañana don Aurelio no llegó a trabajar. Tampoco los dos muchachos del potrero sur.

Manuela cerró la carpeta.

Valentina. Tenía su firma en cada palabra, esa habilidad específica para construir mentiras que sonaban como preocupación legítima, como advertencia de alguien que conoce mejor la situación, como información que circula sola porque la gente la repite convencida de que la está protegiendo.

—¿Cuántos más están dudando?

—No sé cuántos. Pero esta mañana había grupitos en el potrero hablando bajo y callándose cuando yo pasaba, que es la señal más clara que existe.

Manuela se levantó.

—Convoca a todos en el patio. En una hora.

—¿A todos?

—A todos los que queden. Y a los que no hayan llegado mándales razón de que hay asamblea. Si vienen, bien. Si no vienen, también está bien porque entonces ya sé con quién cuento.

Doña Carmen asintió y salió. Manuela se quedó un momento mirando la puerta cerrada, pensando que Valentina había esperado exactamente el momento correcto, cuando el rancho empezaba a mostrar señales de vida y los trabajadores comenzaban a creerle, para meterles la duda justo en la mitad del proceso. Eso requería paciencia y la calculación fría de alguien que entiende que destruir la confianza es más efectivo que destruir la infraestructura.

Había que reconocérselo. La mujer era buena en lo suyo.

Pero Manuela también.

Arriba, en el cuarto principal, Valentina escuchó el movimiento en el patio desde la ventana y supo de inmediato lo que estaba pasando.

Mierda.

Había esperado que el rumor tardara más en llegar a oídos de Manuela, o que Manuela reaccionara mal, con defensiva o con silencio, que era lo que hacía la gente cuando la tomaban por sorpresa. En cambio estaba convocando a todos al patio a las ocho de la mañana con la eficiencia de alguien que ya tiene el discurso listo.

Valentina llamó a Ernesto.

—Ya sabe lo del rumor y está convocando asamblea.

—¿Asamblea de qué? —dijo Ernesto, y su voz tenía el tono de quien acaba de levantarse.

—De lo que tú crees. Ve al patio. Quiero que estés ahí.

—¿Para qué?

—Para que cuando ella hable, tú hagas las preguntas que la pongan en aprietos frente a todos. —Valentina miró el patio desde la ventana—. Ella es buena hablando, Ernesto, pero tú conoces cada hueco de ese rancho y cada cosa que ella no puede responder todavía. Úsalos.

Ernesto colgó sin confirmar, que era su forma de decir que sí.

Valentina siguió mirando el patio desde arriba. Los trabajadores llegaban uno a uno, algunos con cara de quien no durmió bien, otros con la expresión cerrada de quien ya tomó una decisión pero no la ha dicho en voz alta todavía. Don Aurelio apareció también, lo que la sorprendió, porque ese hombre llevaba doce años en el rancho y ella había apostado a que el rumor lo convencía de quedarse en casa.

Mal cálculo.

Manuela salió al patio a las ocho en punto.

Treinta y un personas. Todos los que debían estar más don Aurelio y los dos del potrero sur que habían faltado en la mañana. Eso decía algo. No sabía exactamente qué pero decía algo.

Ernesto estaba en la esquina izquierda con los brazos cruzados. Manuela lo vio, registró su posición y habló.

—Escuché que están circulando versiones sobre lo que voy a hacer con este rancho. —Su voz llegó sin problema a todos los rincones del patio—. Voy a ahorrarles el tiempo de seguir adivinando y decirles directamente lo que hay.

Silencio.

—No voy a vender. No voy a cerrar. No voy a echar a nadie que esté haciendo su trabajo. El rancho tiene deudas y tiene problemas que todos ustedes conocen mejor que yo porque los han vivido tres años, y mi plan es resolverlos en seis meses con el financiamiento que ya llegó y las reparaciones que ya empezaron. Eso es todo.

Un peón joven en la segunda fila levantó la mano.

—¿Y si no puede pagar la deuda en seis meses?

—Ese es un riesgo real y no voy a mentirles diciéndoles que no lo es. Pero el rancho lleva tres años perdiendo dinero con alguien que supuestamente sí sabía lo que hacía, así que el punto de comparación no está muy alto.

Alguien en el fondo soltó una carcajada corta que cortó el silencio como cuchillo. Ernesto no se movió pero su mandíbula se apretó.

—Señorita Hernández. —Era Ernesto, con su voz de administrador razonable—. Con todo respeto, las proyecciones que usted está manejando son optimistas. El rancho tiene compromisos que el financiamiento externo no cubre completamente y usted lo sabe.

—Tienes razón —dijo Manuela, y el patio se tensó porque nadie esperaba que ella cediera terreno—. No cubre el cien por ciento. Cubre el setenta y el otro treinta es producción propia en los próximos seis meses. —Sacó una hoja de su carpeta—. La proyección de producción con el ganado de reposición y el riego reparado da un margen del treinta y cuatro por ciento sobre lo necesario. Eso significa que hay colchón incluso si hay imprevistos. Que los va a haber porque siempre los hay.

Ernesto abrió la boca.

—¿De dónde sale ese ganado de reposición exactamente? Porque las cinco vacas que perdimos—

—Las reponemos la próxima semana. Contrato firmado con el proveedor de Cortés. —Manuela lo miró fijo—. El mismo proveedor que tú usabas antes pero al precio real, no al precio inflado que aparece en los registros de los últimos tres años.

El silencio que siguió fue de otro tipo. Más pesado. Ernesto no respondió y ese silencio fue la respuesta más elocuente del patio porque todos los que llevaban años en ese rancho sabían perfectamente lo que significaba que el administrador no tuviera nada que decir.

Don Aurelio, desde el centro del grupo, asintió una vez. Despacio, con la deliberación de hombre que ha tomado su decisión y la está comunicando sin palabras.

—¿Alguna pregunta más? —dijo Manuela.

Nadie habló.

—Bien. El sistema de riego termina mañana. El ganado llega la próxima semana. Necesito todos los potreros revisados antes del viernes para ajustar la distribución de agua. —Miró al capataz—. ¿Podemos?

—Podemos —dijo el capataz.

—Entonces hay trabajo que hacer.

El patio se disolvió. Los trabajadores se dispersaron con esa energía diferente de gente que acaba de recordar para qué sirve, y Ernesto se quedó en su esquina solo, con los brazos cruzados y esa cara de cálculo que Manuela ya conocía de memoria.

No dijo nada más. Se fue por la puerta lateral sin mirar a nadie.

Manuela lo siguió con la vista hasta que desapareció y luego levantó la mirada hacia el segundo piso.

Valentina estaba en la ventana. Los dos segundos en que sus miradas se cruzaron bastaron para que Manuela viera exactamente lo que estaba buscando: la mandíbula apretada, los labios en línea recta, los nudillos blancos sobre el marco de la ventana.

Valentina bajó la persiana.

Adentro del cuarto, sola, Valentina se quedó frente al espejo del tocador con las manos apoyadas en la superficie y la persiana cerrada detrás de ella.

El rumor no había funcionado. La demanda no había funcionado. Ernesto había intentado bloquear el dinero y Damián lo había aplastado en veinte minutos. Y ahora los trabajadores del rancho estaban ahí afuera siguiendo a Manuela Hernández con la misma lealtad con que antes seguían a Héctor, que era exactamente lo que más le jodía porque esa lealtad era el único capital que Valentina no podía comprar ni destruir con un rumor.

Se miró en el espejo.

Llevaba meses siendo más lista que Manuela Hernández. Más rápida, más calculadora, con más tiempo y más recursos y sin el peso de tener que actuar legalmente. Y aun así estaba perdiendo terreno en cada frente.

Eso no le había pasado nunca.

Tomó el teléfono y llamó a Ernesto.

—Necesitamos otra estrategia —dijo cuando él contestó—. El doctor Fuentes me llamó esta mañana. Dice que alguien lo está investigando. —Pausa—. Ernesto. Alguien sabe lo del certificado.

El silencio al otro lado duró tres segundos exactos.

—¿Quién? —dijo Ernesto, y su voz ya no tenía nada de administrador razonable.

—No sé todavía. Pero si llegan al doctor antes de que nosotros lo controlemos, todo lo demás da igual.

1
Yoly Sambrano
bonita pero para mi gusto un poquito larga mucho redundancia o mucho detalle no se
Corina Galantti
una obra maravillosa! me encantó. BENDICIONES ESCRITORA
Lilia Dos Santos
Un trabajo excelente. Muy bien escrito y sumamente interesante que mantiene al lector expectante en cada capítulo.
Lilia Dos Santos
Esta novela esta cada vez mas interesante. Me tiene atrapada. Cada capítulo es un nuevo descubrimiento. Manuela debe confiar mas en Damian y no actuar sola. Esta tratando con criminales peligrosos y ella esta en peligro y sus hijos tambien cuando los descubran.
Lilia Dos Santos
Esta novela esta cada vez mas interesante. Me tiene atrapada. Cada capítulo es un nuevo descubrimiento. Manuela debe confiar mas en Damian y no actuar sola. Esta tratando con criminales peligrosos y ella esta en peligro y sus hijos tambien cuando los descubran.
Isa 🇻🇪
Buen trabajo, el personaje de Manuela fenomenal mujer empoderada que enfrenta las situaciones con inteligencia sin dramas ni llantos, el tema interesante por qué expone lo que algunos seres humanos son capaces de llegar a ser por la ambición, envidia y codicia, incluyendo la traición y el crimen para lograr sus objetivos.
Noiraly Tovar
Que es eso como que lo capturaron y esa noche que lo dejaron libre....me perdí 😡😡😡😡😡😡😡😡😡😡😡😡😡
Betty Saavedra Alvarado
Ernesto mato a Vale la considero una traiciónera ambos eran culpables
Betty Saavedra Alvarado
Manu quiere justicia la hará si o si para su padre que confío en Ernesto y lo traicionó
Betty Saavedra Alvarado
Manu se fue decepcionada de su padre que no la valoro el confío en Ernesto que lo decepcionó
Betty Saavedra Alvarado
Ernesto entrégate no hagas burradas te vas a ir preso
Betty Saavedra Alvarado
Ernesto eres un cobarde te metiste con Lucia ella es una niña inocente de todo Manu no dejará que nada le pase
Betty Saavedra Alvarado
Ernesto se quiere apoderar de lo que no es suyo Manu lo escucha para ganar tiempo
Betty Saavedra Alvarado
Diego ayudará a rescatar a Lucia el conoce una entrada secreta
Betty Saavedra Alvarado
Lucia ya está en los brazos de sus padres Ernesto está preso ahora hacer justicia para don Héctor
Betty Saavedra Alvarado
Ernesto recibiste tu merecido por traidor y asesino cadena Perpetua ahora morirás en la carcel
Betty Saavedra Alvarado
Manu y Damián se casaron en el manantial donde se conocieron Lucia y Lucas son dos niños que imponen su presencia en la ceremonia ellos son únicos
Betty Saavedra Alvarado
Cin van una gran historia que llegó a su fin a veces los padres nos equivocamos dejamos o confiamos en personas que nos defraudan como Héctor que confío en Ernesto que resultó un ladrón y asesino Manu hizo justicia ahora tiene una familia de seis hijos un esposo que la ama como todos los matrimonios sus hijos los ponen en aprietos Un abrazo desde mi Piura Perú
Betty Saavedra Alvarado: Cinvan que siga la historia de Lucia y Lucas
total 1 replies
Noiraly Tovar
No me dejes así por favor.............😒😒😒😒😒😒😒😒😒😒
Yolanda Plazola Arroyo
ya esta muerto y el todavía no lo sabe 🤭👿👿
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