Liam Volkov es un CEO implacable que cree que el dinero puede comprarlo todo, excepto la salud de su único heredero, el pequeño Ian, quien padece una enfermedad cardíaca degenerativa. Desesperado y tras haber despedido a diez especialistas, se cruza con la Dra. Elena Ríos, una cardióloga brillante, extrovertida y sin filtros que no le teme a sus gritos ni a su fortuna.
Mientras la villana, Sabrina Valois (la ambiciosa prometida de Liam), planea la "muerte accidental" del niño para heredar la fortuna Volkov, Elena se convierte en el escudo de Ian. Pero en el proceso de salvar la vida del pequeño, Elena terminará operando el órgano más difícil de tratar: el corazón de piedra de su padre.
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capitulo 19
La cercanía en la pequeña sala se volvió asfixiante, pero de una forma embriagadora. La confesión de Liam había dejado el aire cargado de una vulnerabilidad que ninguno de los dos sabía cómo manejar. Sus manos seguían entrelazadas, y el calor que emanaba de ese contacto parecía ser lo único real en la penumbra de la mansión.
Liam observó el rostro de Elena. La luz de los relámpagos iluminaba sus facciones de vez en cuando: la curva decidida de su mandíbula, la suavidad de sus labios, la inteligencia chispeante en sus ojos castaños. Sintió una urgencia que no tenía nada que ver con sus planes estratégicos. Era una necesidad visceral de borrar la distancia que quedaba.
—Elena... —murmuró él, su voz era un roce de terciopelo.
Ella no se apartó. Su respiración se acompasó con la de él. En ese microsegundo de duda, Liam se inclinó.
Fue un beso que empezó como una pregunta y terminó como una explosión. No fue el beso protocolario que él solía darle a Sabrina en las galas; era un beso hambriento, cargado de semanas de tensión reprimida, de gratitud por haber salvado a Ian y de un deseo que ambos habían intentado ignorar bajo la excusa del profesionalismo.
Elena respondió con la misma intensidad. Sus manos subieron al cuello de Liam, enredándose en su cabello, mientras él la atraía hacia sí, rodeando su cintura con una fuerza posesiva. En ese beso, Liam le entregó todo el control que tanto se esforzaba por retener, y Elena le entregó la pasión que siempre reservaba para su trabajo. El mundo exterior —Sabrina, los contratos, los escándalos— desapareció. Solo existían ellos dos y el latido desbocado de sus corazones.
Pero entonces, el sonido de un trueno más fuerte devolvió a Elena a la realidad. Como si un rayo la hubiera despertado, se separó bruscamente, jadeando, con los labios hinchados y los ojos llenos de una confusión dolorosa.
—No... —susurró ella, poniendo sus manos sobre el pecho de Liam para marcar distancia—. No podemos hacer esto.
Liam, todavía aturdido por la intensidad del encuentro, intentó volver a acercarse.
—Elena, esto es lo que ambos queríamos. No me digas que no lo sentiste.
—¡Claro que lo sentí! —exclamó ella, levantándose del sofá con el corazón martilleándole en las sienes—. Lo siento cada vez que entras en la habitación. Pero no soy una de tus empresas que puedes adquirir por impulso, Liam.
Él se puso de pie, frustrado, pasándose una mano por el cabello. —No te estoy tratando como una empresa. Te estoy diciendo que te quiero aquí, conmigo.
—¿Aquí? ¿En qué capacidad? —Elena lo señaló con un dedo tembloroso—. Sigues comprometido con Sabrina Valois. Mañana saldrás en las noticias con ella, o cenarás con sus padres para discutir la fusión de sus familias. Yo no voy a ser "la otra", Liam. No voy a ser el secreto sucio que escondes en el ala médica mientras ella luce tu anillo en el salón principal.
—Sabrina es un compromiso de negocios, lo sabes —dijo Liam, aunque su voz sonaba débil incluso para sus propios oídos.
—¡Pues los negocios no besan como tú acabas de hacerlo! —replicó Elena, con lágrimas de indignación brillando en sus ojos—. No me pidas que ignore mi integridad. Yo vine aquí para salvar a tu hijo, no para destruir mi respeto por mí misma. Si quieres estar conmigo, Liam Volkov, tienes que elegir. Y tienes que hacerlo con la misma valentía con la que diriges tu imperio.
Liam la miró, herido por la crudeza de sus palabras. La lógica de Elena era un espejo que le devolvía una imagen de sí mismo que no le gustaba: un hombre que, a pesar de todo su poder, seguía siendo un cobarde frente a las convenciones sociales.
—Elena, no es tan fácil, hay contratos de por medio, la estabilidad de la empresa de mi padre...
—Siempre hay un contrato, ¿verdad? —interrumpió ella con una sonrisa triste—. Pues mi contrato es con la verdad. Y la verdad es que mientras ella tenga ese anillo, esto que acaba de pasar es un error.
Elena se dio la vuelta y caminó hacia la puerta de su habitación, deteniéndose justo antes de entrar.
—Buenas noches, señor Volkov. Mañana volveremos a ser la doctora y el CEO. Es mejor para todos.
Cerró la puerta, dejando a Liam solo en la sala, con el sabor de ella todavía en sus labios y el vacío más grande que jamás hubiera sentido en el pecho. Sabía que Elena tenía razón. Ella no aceptaría nada menos que el cien por ciento de él, y Liam se dio cuenta de que, por primera vez en su vida, el precio de lo que realmente quería no se podía pagar con dinero, sino con la destrucción total del mundo seguro que tanto le había costado construir.
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Demuestra que es una persona fiel a sus principios y a sí misma.
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