Contra Toda Regla narra el reencuentro entre Ander y Eliana, una atracción prohibida que desafía amistad, lealtad y principios, demostrando que algunos amores nacen precisamente donde nunca deberían hacerlo.
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Capítulo 16
El nuevo departamento de Eliana comenzaba a sentirse como un hogar.
Después de varias horas organizando cajas, acomodando libros y colocando algunos detalles personales, finalmente todo empezaba a tomar forma.
Italia dejó una pequeña caja sobre la mesa de la sala y se dejó caer en el sofá con un suspiro.
—Creo que sobrevivimos.
Eliana soltó una carcajada mientras se sentaba a su lado.
—Pensé que nunca terminaríamos.
—Te dije que tenías demasiadas cosas.
—Son recuerdos, mamá exagero un poco enviándome tantas cosas.
—Al parecer intuye que te quedarás en la ciudad para siempre.
Ambas rieron.
Durante unos minutos disfrutaron del silencio, observando el espacio que ahora pertenecía completamente a Eliana.
Era su lugar.
Su comienzo.
Italia giró ligeramente la cabeza para mirarla con una sonrisa divertida.
—Sabes...
Eliana la miró.
—¿Qué?
—Noté cómo miras a Ander.
Eliana se quedó inmóvil.
—¿Qué?
Italia soltó una pequeña risa.
—Vamos, cuñis. Se nota.
—No se nota tanto.
—Eliana.
Ella suspiró y desvió la mirada.
—¿Tan evidente es?
—Un poco.
Eliana se llevó una mano al rostro.
—¿Mario se habrá dado cuenta?
Italia negó rápidamente.
—Tranquila.
Sonrió con complicidad.
—Tu hermano no se lo imagina.
—¿Segura?
—Completamente.
Hizo una pausa.
—Y créeme, si lo supiera, no estaría tranquilo.
Eliana bajó la mirada.
—No pasaría nada.
Italia la observó.
—¿Por qué dices eso?
—Porque no creo que Ander me llegue a ver de esa forma.
Sus palabras salieron más convencidas de lo que realmente se sentía.
Italia negó suavemente.
—No lo sabes.
Eliana la miró.
—Eres hermosa, inteligente y tienes muchísimo que ofrecer.
Sonrió.
—Si no es él, será otro.
—Italia...
—Solo digo la verdad.
Eliana sonrió ligeramente.
—Además, no tienes que preocuparte.
Italia levantó una ceja.
—¿Por qué?
—Porque no le diré nada a Mario.
Italia sonrió.
—Gracias.
—Aunque no creo que haya algo que contar.
—Eso lo decides tú, no yo.
Eliana rodó los ojos.
—Eres una cursi.
Italia se llevó una mano al pecho fingiendo ofensa.
—¿Qué puedo decir? Amo a tu hermano con locura.
Ambas sonrieron.
—Y se nota —admitió Eliana.
Italia miró la hora en su teléfono y se levantó.
—Debo irme.
—¿Tan rápido?
—Sí. Le prometí a la niñera que tendría descanso y quiero pasar tiempo con mi hijo.
Tomó su bolso y caminó hacia la puerta.
Antes de salir, volvió a mirar a Eliana.
—Y recuerda algo.
—¿Qué?
—No te cierres a lo que puedas sentir.
Eliana no respondió.
Solo sonrió ligeramente.
Después de despedirse, cerró la puerta y se quedó sola en su nuevo departamento.
Miró alrededor.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Al día siguiente...
La sala de reuniones estaba llena de documentos sobre la mesa.
El proyecto de Industrias Valmont había avanzado considerablemente desde aquella primera propuesta que Eliana presentó a Ander. Ahora se encontraban en una etapa mucho más exigente: ajustar los detalles finales de implementación antes de la presentación definitiva al consejo directivo del cliente.
Durante los últimos días habían pasado más horas juntos que con cualquier otro miembro del equipo.
Revisando informes.
Analizando resultados.
Preparando escenarios.
Y aunque ambos intentaban mantener una actitud completamente profesional, la cercanía comenzaba a ser más difícil de ignorar.
—El equipo de Chile confirmó las alianzas estratégicas —comentó Eliana mientras revisaba su computadora—. También enviaron las proyecciones actualizadas para el primer semestre.
Ander estaba al otro lado de la mesa revisando los documentos impresos.
—¿Y Colombia?
—Las negociaciones están más lentas, pero no representan un riesgo para el calendario.
Él asintió.
—Bien.
Eliana levantó la mirada.
—¿Eso es todo?
Ander arqueó una ceja.
—¿Esperabas una crítica?
—Me estoy acostumbrando a que encuentres algo que corregir.
Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de él.
—Eso es porque siempre busco mejorar el resultado.
—Lo sé.
Ella volvió a mirar la pantalla.
—Aunque debo admitir que al principio pensé que sería imposible trabajar contigo.
—¿Y ahora?
Eliana dudó unos segundos.
—Ahora creo que solo eres complicado.
Ander soltó una risa breve.
—Qué alivio. Pensé que dirías insoportable.
—Eso también lo pensé.
Ambos sonrieron.
Por un momento no eran el director ejecutivo y la nueva integrante del equipo.
Eran simplemente dos personas poniéndose al día después de años sin verse.
Pero la tranquilidad duró poco.
Eliana se levantó para tomar unos documentos que estaban junto a Ander.
Al mismo tiempo, él hizo lo mismo.
Sus manos se encontraron sobre la carpeta.
Fue un contacto breve.
Nada más.
Pero ambos se quedaron quietos.
Demasiado quietos.
Ander retiró la mano primero.
—Perdón.
—No pasa nada.
La respuesta de Eliana salió más baja de lo que esperaba.
Ella volvió a concentrarse en los documentos, aunque su mente regresó inevitablemente al recuerdo del restaurante.
Aquel momento en que habían estado a punto de besarse.
A veces se preguntaba qué habría ocurrido si el conductor no hubiera interrumpido.
Si no hubieran vuelto de golpe a la realidad.
Si Ander no hubiera dado un paso atrás.
La pregunta aparecía cada vez con más frecuencia.
Y cada vez le costaba más ignorarla.
Mientras tanto, Ander intentaba mantenerse enfocado.
Sabía que Eliana era brillante.
Sabía que era una pieza importante para el éxito del proyecto.
Eso era suficiente.
Debía ser suficiente.
—Creo que debemos cambiar el orden de esta presentación —dijo él, señalando una sección del informe.
Eliana se acercó para mirar.
Esta vez ambos fueron más conscientes de la distancia.
Demasiado conscientes.
—¿Por qué?
—Porque primero debemos mostrar el impacto financiero. Después explicamos la expansión internacional.
Ella observó la estructura.
—Tiene sentido.
Ander la miró sorprendido.
—¿Sin discutir?
Eliana sonrió.
—No siempre tengo que llevarte la contraria.
—Me preocupaba que esa fuera tu personalidad.
—Solo cuando tengo razón.
Él negó con la cabeza divertido.
—Ahí está la chispa.
El apodo escapó con naturalidad.
Y aunque era una palabra que Ander había usado desde que Eliana era una niña, ahora sonaba diferente.
Eliana lo notó.
Ander también.
Pero ninguno comentó nada.
Continuaron trabajando hasta que la tarde comenzó a caer sobre la ciudad.
El proyecto de Industrias Valmont avanzaba.
La relación profesional entre ellos se fortalecía.
Pero debajo de cada conversación, de cada mirada y de cada pequeño momento compartido, existía una tensión que ninguno quería reconocer.
Porque el verdadero desafío ya no era convencer a un cliente.
Era convencer a sus propios corazones de mantenerse dentro de los límites que habían decidido respetar.
Ahora Eliana te toca la prueba de fuego tu idea con el cliente será interesante veamos 🤔🤔🤔❓❓❓
Eliana ya estás a punto de encontrarte con un hombre que ama su libertad y no le gusta las ataduras veremos cuando te vea que impresión se lleva.
Se dará cuenta o la verá con otros ojos ahora que es toda una mujer 🤔🤔🤔❓❓❓❓