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La Adicción Del Capo

La Adicción Del Capo

Status: En proceso
Genre:Mafia / Equilibrio De Poder
Popularitas:23.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Yesenia Stefany Bello González

Cassidy Evans sabe arreglar casi cualquier cosa, excepto su propia vida. Entre un taller que apenas se sostiene, un padre que consume todo lo que toca y un futuro que parece decidido por otros, ha aprendido a confiar solo en sus manos, su ingenio y su hermano.

Adamo Greco nació para un mundo completamente distinto. Heredero de una familia mafiosa, peligroso, arrogante y demasiado acostumbrado a conseguir lo que quiere, llega a Idaho buscando algo que ni siquiera sabe nombrar.

Una Ducati averiada los pone frente a frente. Lo que comienza con provocaciones, discusiones y una atracción imposible de ignorar pronto se convierte en una obsesión capaz de arrastrarlos a ambos.

Cassidy no sabe quién es realmente Adamo.
Adamo sí sabe que debería mantenerse lejos de ella.

Pero hay adicciones que empiezan con una sola mirada… y terminan costándolo todo.

NovelToon tiene autorización de Yesenia Stefany Bello González para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Principio de conservación

Cassidy Evans

Estoy a una mala conversación de terminar en un documental de Netflix.

No es una metáfora.

Es un pensamiento bastante recurrente que suele aparecer cuando mi padre abre la boca.

—¿Eso es todo?

Miro el fajo de billetes que sostiene en una mano y después su cara.

No debería mirar su cara.

Mirar su cara aumenta estadísticamente mis probabilidades de convertirme en homicida.

—Eso es todo —respondo.

Mi padre pasa el pulgar por los billetes, contándolos por segunda vez.

Doscientos ochenta y siete dólares.

Lo sé porque yo los gané.

No metafóricamente.

Yo cambié las pastillas de freno de la KTM que salió esta mañana, reparé el embrague de una Honda vieja que su dueño debería considerar seriamente jubilar, cambié dos neumáticos y llevo casi tres horas intentando descubrir qué mierda le hizo Roger Ellis a la suspensión de la Yamaha que tengo delante.

Doscientos ochenta y siete dólares.

Mi padre los guarda en el bolsillo delantero de su pantalón.

—Tu mamá necesita comprar unas cosas.

Claro.

Mi mamá.

Siempre mi mamá.

Curioso cómo necesita cosas justo después de que yo cobro.

Aprieto la llave dinamométrica un poco más de lo necesario.

—Pensé que mamá cobraba el viernes.

Mi padre me mira.

Ahí está.

Esa pequeña transformación.

La que ocurre cada vez que alguien comete el gravísimo delito de preguntarle por dinero.

—¿Y?

—Nada.

—Entonces no entiendo el comentario.

Yo sí.

Perfectamente.

Podría dibujar un diagrama.

Entrada de dinero: mamá y taller.

Salida de dinero: papá.

Principio básico de conservación de la energía, excepto que en esta casa también conseguimos violar las leyes de la termodinámica porque de alguna manera todo el dinero que entra desaparece sin producir trabajo útil.

Sería fascinante si no me dieran ganas de golpearlo con una llave inglesa.

—No fue un comentario.

—Sonó como uno.

Respiro y cuento hasta tres.

Mi impecable historial criminal se sostiene gracias al autocontrol, el sentido común y el hecho de que mi hermano se enfadaría muchísimo si tuviera que ayudarme a esconder un cadáver.

Aunque la tercera razón es discutible.

Luke probablemente traería una pala.

—Cassidy.

Levanto la cabeza.

—¿Qué?

—Esa cara.

—Es la única que tengo.

Entrecierra los ojos.

No sonrío.

Mi padre tampoco.

Finalmente hace ese ruido cansado que reserva para cuando quiere recordarnos cuánto sufre.

Apoya una mano sobre su pierna izquierda.

—Hoy está terrible.

Ahí vamos.

—Deberías sentarte.

—Eso haré.

Guarda el último billete.

—Tu mamá llega a las seis. Dile que no me espere para cenar.

Por supuesto.

—¿Adónde vas?

Error.

Su mirada cambia otra vez.

—¿Tengo que darte explicaciones ahora?

Miro la llave que tengo en la mano.

Cuarenta y dos centímetros de acero.

Peso suficiente para fracturar un temporal con una aceleración bastante mediocre.

No.

Hoy no.

Netflix no tendrá sus derechos sobre mi historia.

—No.

—Bien.

Camina hacia la salida con una cojera que se vuelve curiosamente menos pronunciada cuanto más se acerca a su camioneta.

Tengo teorías al respecto.

Ninguna es amable.

Espero hasta escuchar el motor encenderse.

Después cuento cinco segundos.

Diez.

Quince.

La camioneta abandona el estacionamiento levantando polvo detrás de ella.

—Hijo de puta —murmuro.

—Eso sigue siendo tu abuelo también.

La voz de Manny llega desde debajo de una camioneta.

Me agacho apenas para verlo.

Solo sobresalen sus botas.

—No estaba hablando contigo.

—Yo tampoco.

—Entonces cállate.

—Qué encanto de mujer.

—Gracias.

Vuelvo a la Yamaha.

Luke tuvo que salir hace casi una hora a buscar un repuesto a Idaho Falls, así que Manny y yo nos quedamos cerrando el taller.

En teoría yo debería terminar a las cinco.

En teoría mi padre debería trabajar.

La teoría es una cosa maravillosa.

La realidad suele arruinarla.

Paso una mano por el asiento de la Yamaha y vuelvo a mirar la suspensión trasera.

No está rota.

Eso es lo irritante.

Las piezas están bien.

El amortiguador está bien.

El resorte está bien.

Y aun así el dueño insiste en que la moto empezó a sentirse “blanda” después de que él mismo la ajustó.

Ahí está la primera pista.

Él mismo la ajustó.

Nunca confíes en un hombre que empieza una explicación mecánica con “vi un video”.

Me agacho y vuelvo a medir.

Demasiado hundimiento.

No porque el resorte haya perdido rigidez.

La constante elástica no decidió cambiar de personalidad durante la noche.

La precarga está mal configurada.

Eso afecta cuánto recorrido utiliza la suspensión bajo el peso de la moto y del piloto; no cambia mágicamente la rigidez propia del resorte.

Alguien giró el ajustador convencido de que estaba “ablandando el resorte”.

No estaba haciendo eso.

Estaba alterando el punto desde el que empezaba a trabajar toda la suspensión.

—Idiota —susurro.

—¿Yo?

Manny otra vez.

—Sorprendentemente, no.

—Gracias.

—De nada.

Escucho un motor acercándose.

No le presto atención hasta que se detiene frente al taller.

Una camioneta.

Fantástico.

Cinco minutos antes de cerrar.

La puerta se abre y aparece Dale Morrison.

Fantástico al cuadrado.

Dale tiene unos cincuenta años, una barriga importante, una Harley que quiere más que a cualquiera de sus tres exesposas y la convicción inexplicable de que tener pene le otorga conocimientos mecánicos por ósmosis.

—¿Luke está?

Por supuesto.

—No.

Dale mira detrás de mí.

Como si Luke pudiera estar escondido dentro de una caja de herramientas.

—¿Cuándo vuelve?

—Mañana.

—Mierda.

Miro el reloj.

4:56.

—¿Qué necesitas?

Vacila.

Yo ya sé por qué.

No quiere que lo atienda yo.

Es un fenómeno curioso. Algunos hombres pueden verme desmontar un motor completo y todavía preguntan cuándo llegará “el mecánico”.

—La moto se está calentando demasiado —dice finalmente—. Pero ya sé qué es.

Ah.

Mi tipo favorito de cliente.

—Entonces te ahorraste el diagnóstico.

No detecta el sarcasmo.

—El radiador.

—¿Qué pasa con él?

—Hay que cambiarlo.

—¿Por qué?

—Porque se calienta.

Parpadeo.

Una vez.

—La moto.

—Sí.

—Se calienta.

—Demasiado.

—Y eso significa que el radiador está malo.

—Obvio.

Qué maravilla.

Newton, Einstein, Feynman y Dale Morrison.

Los cuatro grandes.

—¿La trajiste?

—Está atrás.

Salgo con él.

Su Harley está amarrada sobre un remolque.

La observo mientras él sigue hablando.

Escape nuevo.

Admisión modificada.

Filtro de alto flujo.

Ajá.

—Empezó hace dos semanas —explica—. Después de que le puse el escape. El tipo que me lo vendió dijo que no necesitaba hacer nada más.

Me acerco.

—¿La reprogramaste?

—No necesita.

—¿Quién te dijo eso?

—El tipo.

—¿Qué tipo?

—El que me vendió el escape.

Naturalmente.

Me inclino para observar mejor.

—¿Ha empezado a petardear cuando desaceleras?

No dice nada.

Levanto la mirada.

—Un poco.

—¿Pierde respuesta cuando está caliente?

Otra pausa.

—A veces.

—¿Y las bujías?

—Son nuevas.

—No pregunté la edad.

Dale frunce el ceño.

Manny se ha quedado demasiado silencioso dentro del taller.

El desgraciado está escuchando.

—La mezcla está pobre —digo.

—No.

Me enderezo lentamente.

—¿Perdón?

—Es el radiador.

—Dale, cambiaste el escape y aumentaste el flujo de aire sin ajustar la alimentación. Está entrando una proporción de aire que el mapa original no está compensando bien bajo ciertas condiciones. La combustión aumenta de temperatura. Por eso empezó justo después de la modificación.

—No creo.

Miro su motocicleta.

Después lo miro a él.

—Qué suerte que las leyes físicas no necesitan que creas en ellas.

Manny tose.

Eso no es una tos.

Está riéndose.

Dale cruza los brazos.

—Luke siempre revisa lo que le digo.

—Yo también puedo revisarlo.

—Pero quiero que cambien el radiador.

—Puedo cambiarte el radiador.

Se relaja.

—Bien.

—Te va a costar una cantidad absurda de dinero y después tu moto va a seguir calentándose.

Se vuelve a tensar.

—¿Estás segura?

—No. —Eso parece alegrarlo—. Pero la física sí.

Su expresión me confirma que no debí decir eso.

Me acerco a la moto y saco una de las bujías.

La observo.

Clara.

Demasiado clara.

Se la muestro.

—Esto debería darte una pista.

Dale la mira como si pudiera traicionarme y darle la razón a él.

—Podría ser cualquier cosa.

—También podrías haber sido secuestrado por extraterrestres anoche y reemplazado por un clon ligeramente más irritante, pero intento trabajar con probabilidades razonables.

Esta vez Manny se ríe sin disimular.

Dale me mira mal.

Yo sonrío.

—Podemos comprobar la relación aire-combustible, revisar que no tengas una entrada de aire no medida y después ajustar la alimentación como corresponde. Si después de eso quieres comprar un radiador que probablemente no necesitas, estaré encantada de cobrarte.

—Luke no me habla así.

—Luke es más simpático.

—Deberías aprender de él.

Mi sonrisa desaparece.

No porque me moleste.

Porque acaba de cometer un error.

—Créeme —digo—. Llevo toda la vida aprendiendo de mi hermano.

Dale debe notar algo en mi cara porque finalmente deja de discutir.

—Mañana.

—Mañana.

—Quiero que Luke lo vea.

—Perfecto.

Empieza a alejarse.

—Dale. —Se gira—. No la conduzcas así si está detonando bajo carga. Puedes convertir una mala calibración en un problema mucho más caro.

Asiente.

Probablemente no me hará caso.

No puedo salvarlos a todos.

Vuelvo al taller.

Manny saca finalmente la cabeza de debajo de la camioneta.

—¿Clon ligeramente más irritante?

—Fue lo primero que pensé.

—Eres una persona extraña.

—Soy encantadora.

—Eso dijiste.

Voy a lavarme las manos.

La grasa está metida debajo de mis uñas, tengo el cabello recogido de cualquier manera y una mancha negra me cruza el antebrazo justo debajo del pequeño tatuaje que Luke y yo nos hicimos cuando cumplí dieciocho.

Mamá odió el tatuaje.

Papá dijo que parecía de delincuente.

Eso me gustó bastante.

Miro la hora.

5:17.

Luke debería regresar pronto.

Mi madre llegará en cuarenta minutos.

Mi padre volverá quién sabe cuándo después de gastarse parte del dinero que yo gané y, de alguna manera, mi madre encontrará una explicación que lo convierta en la víctima de la historia.

Siempre lo hace.

Le duele.

Tu papá ha pasado por mucho.

No sabes lo difícil que fue el accidente.

Tenemos que entenderlo.

Yo tenía siete años cuando ocurrió ese accidente.

A los ocho aprendí que el dolor de mi padre era más importante que el cansancio de mi madre.

A los nueve aprendí que era más importante que las necesidades de Luke.

A los diez entendí algo peor.

Luke ni siquiera tenía derecho a reclamar, porque Luke no era su hijo.

Mi hermano tenía seis años cuando mi madre conoció a mi padre.

Seis.

No sé en qué momento un adulto mira a un niño de seis años y decide que merece pagar durante el resto de su vida por haber existido antes que él.

Pero algún día voy a descubrir exactamente cuánta presión necesita un cráneo humano antes de…

No.

Documental.

Netflix.

Prisión.

Respira, Cassidy.

1
🌺 Diglass 🇵🇦🤗🌺
🤣🤣 que don ricos y ya 🤣🤣
🌺 Diglass 🇵🇦🤗🌺
hay un ddicho que " la curiosidad mato al gato " no indagues mas
🌺 Diglass 🇵🇦🤗🌺
no ,no creo
Suleima Dominguez Guzman
gracias Yesenia por cada capítulo excelente novela
Suleima Dominguez Guzman
jajaja ahí está pintada Stefany pobre los hijos
Suleima Dominguez Guzman
jajaja le dañaron el mañanero Adamo
Suleima Dominguez Guzman
que súper capítulo
Suleima Dominguez Guzman
huy que capítulo 🔥🔥🔥🔥🔥
🌺 Diglass 🇵🇦🤗🌺
amén . ya me cansan con sus tontadas
Edith Villamizar
Cass si supieras que toda ésa familia da la vida por las personas que aman, no estarías alejandote de Adamo
Edith Villamizar
Ay cuando se iba a poner buena la cosa 🔥
Tatys Maramotti Silva 🫶💛💙❤️
y huyoooo por la derecha 🫣
Alondra Cristel Reynoso Romero
Stefy 🥹🥹🥹
susana soto
Que familia de locos!!! Pero como se quieren!!!
Cinzia Cantú
Ay nooooo que Adamo la busque y la cuide, ella no tiene adónde ir
Cinzia Cantú
Me encanta toda la familia (que ellos formen una así también, por favor)
Cinzia Cantú
Ohhh lo extrañan. a pesar del sermón que le van a dar demuestra el cariño familiar
Viviana Maldonado
hay noooo mija!!! no sé saca conclusiones antes de tiempo! tírate a la pileta ,no importa este seca..solo disfruta y no te quedes con las ganas de saber q pasa.adamo es un dulce con una flia un pokito peligros pero q pueden adoptarte.y creo q van conocerte antes de lo q piensas jaha
Kary Monte
🥺🥺🥺 ay cass como miras tu vida es horrible
solo debes ver lo bonito tu hermano que amas y quién te ama
algún día tu mamá pondrá los pies sobre la tierra solo esperemos no sea tarde.
sobre Adamo bueno tomaste tu decisión 🤷
Gabi Carreño
me gustó
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