NovelToon NovelToon
Poseída Por El Diablo. Imperio De Pasión

Poseída Por El Diablo. Imperio De Pasión

Status: En proceso
Genre:CEO / Posesivo / Mafia
Popularitas:12k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

Tradición, armas y sangre: la mafia tiene reglas claras, y la primera es que ninguna mujer gobierna. Valeria Rossi vino a destruirlas todas. Acostumbrada a dominar el mundo empresarial, su vida da un vuelco cuando cae en las garras de Dante Volkov, un líder despiadado que no perdona ni comparte lo que es suyo. Entre noches de placer salvaje que le hacen olvidar a su novio y una posesión rabiosa que la quema por dentro, Valeria y Dante transformarán la atracción en una guerra de poder. Porque ella no se rinde ante nadie... y si Dante la quiere a su lado, tendrá que aprender a gobernar con una reina por delante.

NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 24: La caída de Gianna y la voz de una madre

Dante sentía un temblor extraño, desconocido y aterrador corriéndole por las piernas. Él, que había visto correr sangre sin pestañear y que jamás había sentido compasión por nadie, estaba paralizado en medio de la oficina con el pulso desbocado. Ver a Valeria pálida como un papel, desplomándose entre sus brazos sin fuerzas, le había clavado una estaca de pánico puro en el pecho.

Pablo y Alexis reaccionaron al instante, empujando a Dante a un lado para ayudarla a sentarse en el sillón de cuero.

—¡Valeria! —exclamó Alexis, abanicándola con una carpeta—. Vale, mirame, respirá profundo.

Dante dio un paso al frente, con los puños apretados y el rostro desencajado por una ansiedad que no lograba procesar.

—¿Está bien? —retumbó la voz del ruso, raspada por la angustia—. Hay que llevarla a un hospital ahora mismo. Estás blanca, piba.

Valeria apoyó la cabeza contra el respaldo del sillón, abriendo los ojos muy despacio. Le dio un sorbo al vaso de agua que Pablo le alcanzaba con prisa.

—No... no voy a ir a ningún hospital —murmuró Valeria con la voz débil pero firme—. Y menos en este momento con la prensa acampando en la puerta.

En ese instante, Damián y Nicolás Vane entraron a la oficina tras escuchar el revuelo. Nicolás miró la escena, ajustándose el saco.

—Valeria tiene razón, Dante —intervino Nicolás, poniéndole una mano en el hombro a su jefe para contenerlo—. Si la prensa te ve salir de la empresa llevándola en brazos al hospital, van a confirmar el circo. Inventarán lo que se les dé la gana.

—Sí, imagínense el titular —agregó Damián con sarcasmo amargo—. Capaz hasta dicen que la heredera está embarazada.

La frase cayó como un hachazo en la sala. Valeria se puso aún más pálida de lo que estaba, casi transparente. Se le fue el poco color que le quedaba en los labios y un sudor frío le cubrió la frente.

Alessia, que la estaba agarrando de la mano, notó la rigidez inmediata de su amiga y el pánico ciego que le cruzó los ojos. Se inclinó sobre ella y le susurró al oído con la voz temblorosa:

—Vale... decime que no es lo que estoy pensando.

Valeria levantó la vista hacia su amiga, con los ojos llenos de lágrimas contenidas, y le devolvió el susurro con un hilo de voz destrozado:

—Me quiero morir, Alessia... me quiero morir.

Alessia se llevó la mano a la boca, ahogando un grito de estupor, mientras comprendía la magnitud del desastre.

Dante, ajeno al intercambio entre las chicas pero intuyendo una electricidad rara en el ambiente, perdió la paciencia por completo.

—¡Salgan todos! —ordenó el ruso con un rugido que hizo vibrar los vidrios de la oficina—. ¡Dije que se vayan!

Alexis, Pablo y los hombres de la Bratva salieron al pasillo sin discutir. Dante se acercó a Valeria, la tomó del brazo con una delicadeza inusual en él y la ayudó a ponerse de pie.

—Te voy a llevar a tu casa ahora mismo —le dijo él en tono bajo, mirándola fijo a los ojos—. Te guste o no.

Durante todo el trayecto en el auto blindado, Valeria permaneció en silencio, con la mirada perdida en la ventanilla, tocándose el vientre por encima de la tela del vestido sin darse cuenta. Dante la observaba de reojo, consumido por una tormenta interna. ¿Por qué le pesaba tanto el pecho? ¿Por qué verla tan frágil le revolvía las tripas si para él ella solo representaba una obsesión de la carne y una calentura salvaje? No encontraba respuestas, y esa falta de control lo volvía loco.

Al llegar a la casona familiar de los Rossi, Dante bajó a abrirle la puerta. La tomó de la cintura para afirmarla, se inclinó y le dio un beso suave pero posesivo en los labios, sintiendo el sabor frío de su piel.

—Descansá —le dijo él al oído—. Esto no se terminó acá.

Apenas Valeria cruzó el portal de la residencia familiar, el infierno estalló. Gianna la estaba esperando en la entrada del salón principal con el teléfono en la mano, fuera de sí, consumida por el despecho de ver los diarios del mañana.

—¡Ahí llega la santita! —gritó Gianna a viva voz, haciendo que Don Héctor y Elena salieran del comedor—. ¡Ahí está la zorra que destruyó el apellido de la familia para irse a meter en la cama del ruso!

—Gianna, cállate —murmuró Valeria, frotándose las sienes por el dolor de cabeza.

—¡No me callo nada! —chilló Gianna, cruzando el salón con los ojos fuera de las órbitas—. ¡Sos una descarada! ¡Le robaste el novio a la familia, me robaste a mi hombre! ¡Te hiciste la ejecutiva seria y no sos más que una regalada que le ofreció el cuerpo a Volkov para quedarse con los negocios!

Don Héctor iba a intervenir, pero una figura se le adelantó con una furia implacable.

Elena Rossi dio tres pasos al frente y se interpuso entre Gianna y su hija, clavándole una mirada de hielo a su sobrina.

—¡Ya basta, Gianna! ¡Dejá de hacer el ridículo! —le espetó Elena con una voz firme y potente que retumbó en las paredes.

Gianna se quedó petrificada.

—¿Tía? —balbuceó la rubia—. Pero si ella...

—¡Cerrá la boca! —la cortó Elena con un bofetón verbal cruento—. ¿Te pensás que soy tonta? Ya me enteré de cómo te fuiste a arrastrar al ascensor con Volkov y cómo te sacó volando por ordinaria. ¡Valeria no tiene la culpa de que Dante la haya elegido a ella y no a vos!

Gianna se puso roja de rabia y vergüenza, apretando los puños mientras las lágrimas de despecho le salían a borbotones.

—Sos una envidiosa y una resentida —remató Elena, señalándole las escaleras—. Te me vas a tu cuarto ahora mismo y no volvés a faltarle el respeto a mi hija en esta casa.

Gianna dio un taconazo contra el piso, soltando un sollozo de furia pura, y corrió escaleras arriba masticando una venganza aún más oscura.

Minutos después, en el dormitorio de Valeria, la atmósfera era íntima y pesada. Elena cerró la puerta con llave, trajo un paño de agua fría y se sentó en el borde de la cama al lado de su hija, quien yacía recostada con el rostro pálido.

—Tomá un poco de té, mi amor —le dijo Elena con ternura de madre, apoyándole el paño en la frente—. Estás helada, Valeria. Tenés los labios blancos.

Valeria miró a su madre y no pudo contenerse más. El peso del secreto, la culpa por Martín, el acoso de la prensa y la sospecha aterradora de la vida creciendo en su vientre la quebraron. Se abrazó a la cintura de su madre y rompió a llorar como una nena chiquita.

—Mamá... no doy más... —sollozó Valeria contra su pecho.

Elena le acarició el cabello con delicadeza, dejando que desahogara todo el llanto contenido.

—Decime la verdad, hija —le pidió Elena en voz baja—. Decime qué está pasando con ese hombre. ¿Es verdad lo que dice la prensa? ¿Es verdad lo de Dante Volkov?

Valeria levantó la cabeza, secándose las lágrimas con torpeza, y miró a su madre a los ojos.

—Pasó, mamá... pasó desde la noche en que me confundí. No puedo controlar lo que me pasa con él. Es salvaje, es peligroso, pero me enciende de una forma que jamás viví con Martín.

Elena la miró con profunda preocupación y le tomó el rostro con ambas manos.

—Valeria... decime una cosa y sé sincera conmigo —le preguntó su madre con dulzura—. ¿Te enamoraste de él?

Valeria se quedó aturdida, con el corazón martillándole el pecho. Miró hacia la nada, sin saber qué responder. ¿Era amor o era una obsesión destructiva que le estaba consumiendo la vida?

—No... no sé qué siento, mamá —confesó Valeria con pánico en la voz—. Solo sé que no puedo salir de este fuego.

Elena suspiró con amargura, pasándole los dedos por la frente con una caricia llena de angustia materna.

—Escuchame bien, hija —le dijo Elena, mirándola directo a los ojos con una seriedad absoluta—. Ese hombre no es un tipo cualquiera. A leguas se nota lo que es: es un hombre posesivo, dominante, que lo único que quiere es el control absoluto de todo lo que toca. Es de esa clase de hombres que se comería del muerto por una mujer con tal de tenerla sumisa y aferrada a él.

Valeria tragó saliva, sintiendo que las palabras de su madre le retumbaban en el pecho.

—Mamá, yo sé manejarlo...

—No, no sabés —la interrumpió Elena con suavidad pero con firmeza, apretándole las manos—. No quiero verte lastimada, Valeria. No quiero verte sufrir por seguirle el juego a un peligro así. Si están jugando con fuego en medio de este caos y con la prensa encima... todo va a terminar muy mal. Mucho peor de lo que ya está. Protegete, por favor te lo pido, porque un hombre como ese no mide las consecuencias de lo que destruye a su paso.

1
Mine Romero
Excelente novela, muchas gracias por actualizar 🙂🙂
Dulce maria Canelon
pobre Dante te compadezco cariño😘😘😘
Maria Mongelos
Par de idiotas, no saben con quien se mete
Isabel Fernández
Me gusta Dante 🤣🤣
Milagros Medina
Dios mío me tenéis sufriendo esa novedad buenísima más capítulo
Maria Mongelos
Gianni, ese hombre ya tiene dueña, él la eligió, llegaste tarde
Maria Mongelos
Está muy buena esta historia
Maria Mongelos
Interesante comienzo 💕
Yura Ran
😁😁😁😁😁😁😁🤪🤪🤪 dale pues lo suyo
Milagros Medina
me encanta cada capítulo mas xfa
Milagros Medina
Buenos días más capítulo está buenísima la novela
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play