Un amor del pasado. Un secreto doloroso. Y una voz que necesita ser escuchada.
Para el mundo criminal, Matteo Vitale es «El Lobo de Roma»: un capo despiadado, frío y sin corazón. Pero tras las puertas de su mansión, Matteo es solo un padre desesperado por proteger a Leo, su pequeño de siete años. Marcado por una traición desgarradora y traumatizado por los maltratos de su verdadera madre, el niño ha quedado sumido en un silencio absoluto y solo confía en Matteo.
Matteo juró no volver a abrir su corazón a nadie, hasta que Chiara Romano regresa a Italia tras diez años de ausencia.
Chiara ya no es la jovencita que él recordaba; ahora es una mujer independiente, experta en armamento, segura de sus curvas y con un espíritu vibrante que no se deja intimidar por la mafia. Sin lástima ni presiones, su calidez y su risa comienzan a derribar las defensas del pequeño Leo y a desafiar la armadura de hielo de Matteo.
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Capítulo 22: El fuego del Lobo (primera parte)
¡Aviso importante! ⚠️
Este capítulo y el siguiente tendrán escenas explícitas y muy detalladas, únicamente para mayores de 18 años.
Así que, por favor, a quien no le guste este tipo de contenido puede saltearse este capítulo y el próximo, para evitar malos comentarios.
Y para las que sí lo estaban esperando... las conozco, ¡cochinas! jajaja 😂
¿Están preparadas? 😈🔥
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Cualquier vestigio de paciencia o compostura se evaporó en el instante en que Matteo estrelló sus labios contra los de Chiara. Fue una embestida salvaje, hambrienta y desesperada, como si llevara años muriéndose de sed en el desierto y ella fuera la única agua sobre la tierra. Sus lenguas se encontraron en una batalla implacable, cruzándose y entrelazándose como dos espadas en un duelo de pura pasión, buscándose hasta el aliento, devorándose sin tregua.
Chiara soltó un gemido ahogado en la garganta de Matteo, enredando las manos en su cabello, tirando de él para pegar sus rostros aún más. Las manos gigantescas de Matteo descendieron por la seda de su bata, amoldándose a la curva de sus caderas, apretando con una posesión firme y voraz que marcaba cada centímetro de su piel sin llegar a lastimarla, reclamándola como suya.
Sin romper el beso, los labios de Matteo se desataron hacia su cuello. Descendió a mordiscos suaves y besos húmedos, absorbiendo el aroma a vainilla directamente de su piel. Chiara echó la cabeza hacia atrás contra la madera de la puerta, soltando un gemido agudo cuando la lengua caliente del Capo trazó una línea de fuego hasta la clavícula.
—Dios, Chiara... —gruñó él contra su piel, con la voz rota de pura necesidad.
Las manos de Matteo bajaron rápidamente hasta las nalgas de Chiara. La sujetó con fuerza y, como si ella no pesara absolutamente nada, la levantó en el aire. Chiara soltó un leve jadeo de sorpresa, reaccionando por instinto al enredar sus piernas firmemente alrededor de la cintura de Matteo. El contacto directo de su pelvis contra la dureza del hombre hizo que ambos soltaran un gemido al unísono.
—¿Dónde está el cuarto? —exigió Matteo en un susurro áspero, devorándole el cuello a besos hambrientos mientras la sostenía en el aire sin esfuerzo.
—Por el pasillo a la izquierda... primera puerta —respondió ella entre jadeos.
Chiara no esperó a que avanzaran. Le tomó el rostro con ambas manos y volvió a atrapar sus labios en un beso feroz, mordiéndole el labio inferior con una audacia que terminó por volver loco al Lobo de Roma. Matteo avanzó por el pasillo a pasos agigantados en la penumbra, llevando su carga como un trofeo de fuego.
Al llegar a la habitación, Matteo empujó la puerta con una patada seca y la cerró de un golpe con el talón. Se adentró en la oscuridad iluminada apenas por la luz de la luna que filtraba la ventana, y depositó a Chiara en el centro de la gran cama.
Antes de que ella pudiera acomodarse, el cuerpo masivo de Matteo se cernió sobre ella. El Capo comenzó a devorar su cuerpo a besos, descendiendo por su vientre mientras sus manos arrancaban las prendas con una desesperación primaria. La fina bata azul y el camisón de raso con encaje no resistieron la furia de su deseo; Matteo los rasgó de un solo tirón limpio, dejando la seda destruida a un lado y a Chiara expuesta en todo su esplendor, vistiendo únicamente una diminuta tanga negra.
Chiara lo miraba desde la cama con los ojos color miel encendidos, respirando con agitación, llena de un placer y un hambre devoradora. Cada gemido que salía de sus labios carnosos actuaba como la gasolina más pura sobre el fuego de Matteo.
Sin apartar la mirada de ella, Matteo se agachó. Enganchó el encaje de la tanga negra con los dientes y la deslizó hacia abajo con una lentitud tortuosa por sus piernas, liberándola por completo.
Sus labios buscaron con desesperación los pechos erguidos de Chiara. Matteo rodeó uno de sus pezones con la boca, lamiendo y mordiendo con un hambre feroz mientras la otra mano amasaba el otro seno con firmeza. Chiara se arqueó sobre el colchón, enterrando los dedos en los hombros pulidos del Capo, soltando gemidos cada vez más altos y desinhibidos.
—Matteo... —jadeó ella, sintiendo que la cordura se le escapaba entre los dedos.
La mano de Matteo descendió entre sus muslos. Deslizó dos dedos hacia el centro de su humedad caliente, ingresando con una presión lenta y firme. Chiara echó la cabeza hacia atrás sobre las almohadas, soltando un grito de placer puro que retumbó en la habitación.
Al bajar la mirada, los ojos de Chiara se transformaron. En su rostro no había duda ni timidez; lo observaba con la ferocidad de una leona dispuesta a devorarse a su león. Matteo la miró desde arriba y dejó escapar una sonrisa oscura, masculina y satisfecha. Ver esa mirada indomable en los ojos de la mujer que estaba deseando lo encendía más que cualquier otra cosa en el mundo.
Matteo no dejó un solo rincón de su piel sin reclamar. Su lengua ardiente pasó por su abdomen, sus caderas y la parte interna de sus muslos, recorriéndola por completo hasta hacerla temblar en una tormenta de sensaciones.
Despojándose de su propia ropa en un movimiento rápido, se posicionó entre las piernas de ella. Matteo alineó su cuerpo con el de Chiara y se adentró despacio. La estrechez tibia que lo envolvió fue tan intensa y apretada que el Capo se detuvo de golpe, abriendo los ojos con sorpresa.
—Eres el primer hombre con el que estoy, Matteo... —musitó ella con la voz entrecortada, mirándolo a los ojos con una entrega absoluta.
Esa confesión encendió la última chispa de control en la mente del Capo. Saber que esa mujer indomable le pertenecía únicamente a él, que nadie más la había tocado jamás, desató al monstruo. Matteo contuvo la respiración, dejando que su tamaño se acostumbrara a la calidez de ella, besándola con una ternura inesperada hasta escuchar que sus gemidos pasaban del dolor leve al placer más puro.
En cuanto Chiara suspiró contra sus labios y movió las caderas pidiéndole más, la tranquilidad se fue al carajo.
Matteo comenzó a moverse con una fuerza brutal y rítmica. Cada estocada profunda e implacable hacía que Chiara se elevara directo al cielo, sosteniéndose de los hombros de él con desesperación. Las uñas de ella se clavaban en la espalda musculosa de Matteo, dibujando surcos rojos sobre su piel, mientras el Capo no dejaba de devorar sus labios, ahogando los gritos de placer que ella soltaba contra su boca.
El ritmo era sofocante, salvaje y perfecto. Chiara, sintiendo el fuego recorrerle la sangre, tomó a Matteo por los hombros y lo empujó con firmeza, invirtiendo las posiciones hasta quedar sentada sobre él.
Matteo soltó un gruñido bajo desde el fondo del pecho al verla arriba. Chiara lo miró con la cabeza erguida, deseando ver la cara de placer del implacable Capo de Roma mientras ella misma imponía el ritmo. Se movió sobre él con una gracia sensual y firme, haciendo que sus pechos rebotaran libremente en la penumbra.
Las manos gigantescas de Matteo subieron de inmediato a sus senos, acariciándolos y apretándolos con devoción mientras ambos gemían al mismo tiempo en una sintonía perfecta. El chasquido de los cuerpos chocando y el eco de sus respiraciones agitadas llenaron la habitación.
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(¡Uff! Como este capítulo era súper largo —más de 3.000 palabras— decidí dividirlo en dos partes para que no sufran. ¡Nos vemos en el próximo capítulo para continuar! 😈🔥)
Edans te soltó la bomba 💣💣💣 Vanessa sin filtro ahora veremos que le dirás 🤔🤔🤔❓❓❓
Ahora sí viene la fiesta de compromiso de Chiara y Matteo por fin.
Matteo ahora después de esa confesión te liberaste porque Chiara no se asustó sino que te respaldó por lo que hiciste.