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La Vida De Un Escritor Otaku

La Vida De Un Escritor Otaku

Status: En proceso
Genre:Romance / Posesivo
Popularitas:319
Nilai: 5
nombre de autor: Nickto

La vida de un escritor otaku

Saito Takahara tiene 28 años y lleva una vida tranquila y solitaria en Tokio.

Es un escritor de novelas ligeras que ha conseguido ganarse la vida con sus historias, pero fuera de su trabajo pasa la mayor parte del tiempo encerrado en su casa, escribiendo, jugando videojuegos y disfrutando de su mundo otaku.

Todo cambia una noche en Akihabara.

Al salir de una tienda, Saito encuentra a dos jóvenes sentadas en la calle, agotadas y sin un lugar donde pasar la noche. Son Izumi, de 21 años, y Akane, de 18.

Sin saber qué les ha ocurrido y sin esperar nada a cambio, Saito decide ayudarlas y les ofrece quedarse en su casa.

Lo que comienza como una simple ayuda termina convirtiéndose en algo mucho más grande.

La casa que durante años había estado en silencio comienza a llenarse de conversaciones, risas, videojuegos y momentos que Saito jamás imaginó vivir. Mientras Akane empieza a sentirse cada vez más cómoda a su lado, Izumi mantiene cierta distancia.

NovelToon tiene autorización de Nickto para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Midori

El último día de la firma de libros en Osaka había llegado.

Desde temprano, la librería volvió a preparar el espacio donde se realizaría el evento.

Había gente esperando, aunque no tanta como durante el primer día.

Aun así, me alegraba ver que algunos lectores habían ido.

—Parece que hoy será un poco más tranquilo —comentó Yamada.

—Eso no está mal.

Sonreí.

—Así podré hablar un poco más con cada lector.

Yamada asintió.

—Entonces aprovecha.

Me senté en mi lugar y poco después comenzó la firma.

Durante las siguientes horas hablé con varios lectores.

Algunos me contaron qué personaje les había gustado más.

Otros me hicieron preguntas sobre mis novelas.

También firmé varios ejemplares y algunos pósters que los lectores habían llevado consigo.

Me gustaba escuchar sus opiniones.

Después de todo, cuando escribía estaba completamente solo.

Pero durante aquellos eventos podía descubrir qué significaban mis historias para las personas que las leían.

Y eso era algo que todavía me resultaba difícil de creer.

Después de varias personas, llegó una joven.

Parecía bastante emocionada.

Se acercó a la mesa sosteniendo un libro contra su pecho.

—Hola.

—Hola.

Le sonreí.

—¿Cómo te llamas?

—Midori Endo.

Su voz sonaba un poco nerviosa.

—Es un placer conocerte, Midori.

Ella asintió rápidamente.

—Es un placer conocerlo también.

Se quedó mirándome durante unos segundos.

Parecía estar intentando reunir valor para decir algo.

—¿Ocurre algo?

—¡No!

Se puso roja.

—Lo siento.

Sonreí.

—No tienes que disculparte.

Midori respiró profundamente.

—Quería decirle que me gusta mucho su novela.

—Muchas gracias.

—Me sentí muy identificada con su protagonista.

Sus ojos brillaron.

—Él está solo y tiene pocos amigos, pero encuentra algo que lo hace seguir adelante.

Bajó ligeramente la mirada.

—Yo también soy bastante solitaria—le dije.

—¿De verdad?

—Sí.

Sonrió tímidamente.

—Me gustan mucho los videojuegos, el anime y el manga.

Hizo una pequeña pausa.

—Por eso no tengo muchos amigos.

La escuché con atención.

—Pero no creo que eso sea algo malo.

Midori levantó la mirada.

—¿No?

—No.

Sonreí.

—Todos tenemos cosas que nos gustan. Lo importante es encontrar las personas con las que poder compartir eso aunque aveces es un poco difícil.

Aquellas palabras parecieron tranquilizarla.

—A mí me gustaría convertirme en mangaka.

—¿En serio?

—Sí.

Su expresión cambió completamente.

—Me encanta dibujar y algún día me gustaría poder ilustrar alguna de sus novelas.

Me sorprendió escuchar aquello.

—Eso sería interesante.

Midori sonrió.

—¿De verdad?

—Claro.

Entonces sacó una hoja cuidadosamente protegida de entre sus cosas.

Me la entregó.

—Quería darle esto.

Tomé la hoja.

Cuando la miré, me quedé completamente sorprendido.

Era un dibujo de uno de los personajes principales de El sueño de un gran futuro.

El personaje estaba sentado solo, rodeado por una habitación prácticamente vacía.

Pero lo que más me llamó la atención no fueron los detalles del dibujo.

Fue la expresión del personaje.

La tristeza.

El cansancio.

La sensación de soledad.

Todo estaba reflejado de una manera increíblemente precisa.

—Esto...

Pasé la mirada por el dibujo.

—¿Lo hiciste tú?

Midori asintió.

—Sí.

—Es increíble.

Ella se puso todavía más roja.

—¿De verdad?

—Sí.

Volví a mirar el dibujo.

—¿Cómo conseguiste representar tan bien la expresión del personaje?

Midori bajó la mirada.

—No lo sé.

Se quedó pensando.

—Supongo que intenté imaginar cómo se sentiría alguien que está completamente solo.

Aquella respuesta me sorprendió.

Ella misma pareció avergonzarse de sus palabras.

—Lo siento. Quizá sonó un poco raro.

—No.

Negué con la cabeza.

—Tiene mucho sentido.

Volví a mirar el dibujo.

—Me gusta mucho.

Midori sonrió.

—Entonces...

—¿Estás segura de que quieres dármelo?

—Sí.

—Es demasiado bueno.

—Quiero que lo tenga usted.

Sonreí.

—Entonces lo guardaré.

Midori pareció feliz.

—¡Gracias!

—No. Gracias a ti.

Dejé el dibujo cuidadosamente a un lado.

—¿Quieres que te firme el libro?

—¡Sí!

Me entregó su ejemplar.

Lo firmé y después también firmé el póster que había llevado consigo.

Cuando terminé, Midori permaneció unos segundos frente a mí.

—Saito...

—¿Sí?

—¿Le molestaría si algún día pudiéramos hablar un poco más?

—¿Hablar?

—Sobre su novela.

Sus ojos parecían iluminarse.

—Me gustaría saber más sobre cómo escribe y sobre sus personajes.

No pude evitar sonreír.

Después de haber recibido aquel dibujo y escuchar todo lo que me había contado, no podía simplemente rechazarla.

—Claro.

—¿De verdad?

—Sí.

Midori sonrió ampliamente.

—¡Muchas gracias!

Se despidió y se alejó de la mesa.

La observé durante unos segundos.

Había algo especial en aquella chica.

No solamente por su talento para dibujar.

También porque parecía encontrar en las historias algo parecido a lo que yo había encontrado cuando era joven.

Una forma de escapar durante un momento de los problemas de la realidad.

El resto del día continuó con normalidad.

Seguí firmando libros y hablando con los lectores.

Cuando finalmente llegó la tarde, el evento terminó.

Me levanté de la silla y estiré los brazos.

—Terminamos.

—Buen trabajo —dijo Yamada.

—Gracias.

Comenzamos a recoger nuestras cosas.

Cuando salimos de la librería, vi a alguien esperando cerca de la entrada.

Era Midori.

—¿Midori?

Ella levantó la mirada.

—Ah.

Pareció sorprendida de que la hubiera visto.

—Hola.

—¿Estás esperando a alguien?

—En realidad...

Midori se quedó callada durante unos segundos.

—Quería pedirle su número.

—¿Mi número?

Asintió.

—Para poder contactarlo algún día y hablar sobre la novela.

Me quedé pensando.

Entonces escuché un sonido.

Grrrrr...

Midori se puso completamente roja.

Yamada se tapó la boca para evitar reír.

Yo tampoco pude evitar sonreír.

—Supongo que primero deberíamos comer.

—¡Lo siento!

—No tienes que disculparte.

Miré a Yamada.

—¿Qué te parece?

—Por mí está bien.

Así que los tres nos dirigimos a un restaurante de ramen cercano.

Nos sentamos en una mesa.

Midori parecía mucho más tranquila después de recibir la comida.

—Buen provecho.

—Buen provecho.

Comenzamos a comer.

Después de unos minutos, volví a recordar el dibujo.

—Midori.

—¿Sí?

—Tu dibujo realmente es muy bueno.

Ella dejó los palillos por un instante.

—¿De verdad piensa eso?

—Sí.

—Muchas gracias.

Sonrió.

—Llevo un par de años dibujando.

—¿Has pensado en dedicarte a ser mangaka?

—Sí.

Su expresión se volvió un poco más seria.

—Pero mis padres no están de acuerdo.

—¿Por qué?

—Son empresarios.

Bajó la mirada.

—Para ellos, ser mangaka no es una profesión adecuada para alguien como yo.

—Entiendo.

—Quieren que algún día siga sus pasos.

Midori tomó nuevamente los palillos.

—Pero yo no quiero eso.

—¿Por qué te gusta tanto dibujar?

Midori permaneció en silencio durante unos segundos.

—Porque fue lo que me acompañó durante muchos años.

Levantó la mirada.

—Los videojuegos, el anime, el manga y las novelas...

Sonrió ligeramente.

—Cuando no tenía a nadie con quien hablar, esas historias estaban ahí.

Sus palabras me hicieron pensar.

—Entiendo cómo te sientes.

Midori me miró.

—¿A usted también le pasó?

Asentí.

—Cuando era pequeño, los libros y las historias también fueron una forma de escapar de mis problemas.

Bajé la mirada hacia mi ramen.

—Mi situación familiar era diferente.

Hice una pequeña pausa.

—Mi padre me abandonó cuando era pequeño y, cuando cumplí dieciocho años, mi madre también terminó dejándome solo.

Midori permaneció en silencio.

—Por eso entiendo lo que quieres decir.

Ella me observó durante unos segundos.

—Entonces...

Sonrió.

—Quizá por eso pude entender tan bien su novela.

Sonreí.

—Y quizá por eso tu dibujo consiguió representar tan bien al personaje.

Midori se sonrojó.

—Gracias.

Continuamos comiendo.

Después empezamos a hablar de videojuegos.

Descubrimos que nos gustaban algunos juegos similares.

Después hablamos de anime.

Luego de manga.

Y finalmente volvimos a hablar de novelas.

La conversación terminó siendo mucho más larga de lo que esperaba.

Yamada apenas intervenía.

Principalmente nos observaba mientras comíamos y hablábamos.

En un momento tomó su teléfono.

—Saito.

—¿Sí?

—¿Puedo hacerle una foto al dibujo?

Ella lo miró sorprendida.

—¿Al dibujo?

—Sí.

Yamada señaló la hoja.

—Me ha impresionado bastante.

Midori sonrió.

—Muchas gracias.

Yamada tomó la hoja y le hizo una fotografía.

—Gracias.

—De nada.

Después guardó el teléfono.

—Voy a salir un momento.

Se levantó y salió del restaurante.

Lo observé alejarse.

Midori aprovechó el momento.

—Saito.

—¿Sí?

—¿Podría darme su número?

Recordé lo que me había pedido antes.

—Claro.

Saqué mi teléfono y le pasé mi número.

Midori lo guardó rápidamente.

—Gracias.

—No hay problema.

Sonreí.

—Me caíste bien.

Ella se quedó sorprendida.

Después sonrió.

—Usted también me cae muy bien.

Terminamos de comer poco después.

Al salir, nos despedimos de Midori.

—Nos vemos, Midori.

—Nos vemos, Saito.

—Y sigue dibujando.

—Lo haré.

—Quizá algún día pueda leer un manga tuyo.

Los ojos de Midori se iluminaron.

—¡Se lo prometo!

Sonreí.

—Entonces esperaré ese día.

Midori se despidió y se marchó.

La observé alejarse.

—Es una buena chica.

—Y tiene talento —respondió Yamada.

—Sí.

—¿Sabes qué pensé mientras hablaban?

—¿Qué?

Yamada sonrió.

—Que se parecen un poco.

—¿Midori y yo?

—Sí.

Me quedé pensando.

—Quizá.

Después comenzamos a caminar de regreso al hotel.

En la noche, después de regresar a mi habitación, recibí una llamada.

Era Akane.

Sonreí antes de contestar.

—¡Saito!

—Hola, Akane.

—¿Cómo estás?

—Bien.

—¿Cómo te fue en el último día?

—Muy bien.

Me senté en la cama.

—Había bastante gente y pude hablar con muchos lectores.

—¿De verdad?

—Sí.

—¿Y qué te dijeron?

—Algunos me hablaron de cuánto les gustaba mi libro.

Sonreí.

—También firmé algunos pósters además de los libros.

—Me alegro mucho por ti.

Su voz sonaba realmente feliz.

—Algún día me gustaría ir contigo a una de esas firmas.

Respondí casi sin pensarlo.

—A mí también me gustaría que vinieras.

Silencio.

Me di cuenta de lo rápido que había respondido.

—Ah...

Akane se quedó callada.

—¿Saito?

—¿Sí?

—Nada.

Su voz sonaba avergonzada.

—Solo...

Hizo una pequeña pausa.

—Me sorprendió tu respuesta.

—¿Por qué?

—Porque respondiste muy rápido.

Me quedé en silencio.

—Supongo que porque realmente me gustaría.

Akane tampoco respondió durante unos segundos.

Después ambos comenzamos a reír tímidamente.

Seguimos hablando sobre cómo había sido nuestro día.

Ella me contó algunas cosas que había hecho en casa.

La conversación continuó tranquilamente hasta que llegó el momento de despedirnos.

—Bueno, Saito.

—¿Sí?

—Te estaremos esperando en casa.

Sentí una extraña sensación de alegría.

—Yo también quiero volver.

Esta vez fui yo quien se quedó avergonzado después de decirlo.

Akane también guardó silencio.

—Buenas noches.

—Buenas noches, Saito.

La llamada terminó.

Me quedé mirando el teléfono.

Sonreí.

—Quiero volver a casa...

Me levanté para comer algo.

Había comprado unas papas fritas durante el camino de regreso al hotel.

Abrí la bolsa y comencé a comer.

Entonces mi teléfono volvió a sonar.

—¿Otra llamada?

Miré la pantalla.

Era Izumi.

Contesté.

—Hola, Izumi.

—Hola, Saito.

—¿Cómo estás?

—Bien.

—¿Todo tranquilo?

—Sí.

Izumi hizo una pequeña pausa.

—¿Cómo te fue?

—Muy bien.

Le conté prácticamente lo mismo que a Akane.

Los lectores.

Los libros.

Los pósters.

Las conversaciones.

—Parece que fue un buen día.

—Sí.

—Me alegro.

Continué comiendo.

—¿Ya cenaste?

—No exactamente.

—¿Qué estás comiendo?

—Papas fritas.

Izumi soltó una pequeña risa.

—Espero que no estés comiendo comida chatarra todo el fin de semana.

—No pude comer al mediodía.

—¿Por qué?

—Estaba ocupado.

—¿Y ahora?

—Fui a comer ramen por la tarde.

—Entonces entiendo.

—Pero todavía tenía un poco de hambre.

—Ya veo.

Continuamos hablando durante unos minutos.

Entonces Izumi cambió ligeramente el tono.

—Saito.

—¿Qué?

—¿Te gustó la foto que te envié?

Me quedé completamente quieto.

Recordé inmediatamente aquella fotografía.

—Yo...

No sabía qué responder.

Izumi comenzó a reír.

—¿Te avergonzaste?

—No.

—Sí.

—Izumi...

—Jajaja.

Me llevé una mano al rostro.

—No tienes remedio.

—Solo quería molestarte un poco.

—Pues lo conseguiste.

Izumi volvió a reír.

—Espero que al menos te haya servido para lo que te dije anoche.

—¡No sigas con eso!

—¿Por qué?

—Porque me da vergüenza.

—Entonces funcionó.

—Izumi...

—Está bien, está bien.

Se rio.

—Ya no haré más bromas.

—Gracias.

—Por ahora.

—¿Por ahora?

—Nada.

Suspiré.

—Mañana estaré de regreso.

—Lo sé.

—Así que nos veremos en casa.

—Sí.

Su voz sonó más suave.

—Te estaremos esperando.

Sonreí.

—Buenas noches.

—Buenas noches, Saito.

La llamada terminó.

Me quedé mirando el teléfono.

Después de unos segundos, apareció una notificación.

Un nuevo mensaje de Izumi.

—No...

Sabía perfectamente qué podía significar.

Aun así, abrí el mensaje.

Era otra fotografía de Izumi, esta vez simplemente posando de manera divertida frente al espejo en ropa interior.

Debajo había escrito:

«No dijiste nada de fotos en ropa interior.»

Bloqueé la pantalla.

—Esta chica...

Sentí que mi rostro se calentaba.

Dejé el teléfono sobre la cama.

—Definitivamente no puedo ganar contra ella.

Suspiré.

El fin de semana había sido mucho más entretenido de lo que esperaba.

Había conocido nuevos lectores.

Pude hablar directamente con ellos.

Compartí mis historias con personas que realmente las apreciaban.

Y también había conocido a Midori.

Una joven con un gran talento para el dibujo y un sueño que quería perseguir a pesar de que sus padres no lo comprendieran.

Miré hacia el teléfono.

Pensé en Akane.

Después pensé en Izumi.

Y finalmente recordé el dibujo de Midori.

Tres personas completamente diferentes.

Tres historias diferentes.

Y, de alguna manera, todas comenzaban a formar parte de mi vida.

Sonreí.

—Supongo que mi vida ya no es tan solitaria como antes.

Miré el reloj.

Mañana regresaría a Tokio.

Y, por primera vez, estaba deseando volver a casa.

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