Miriam Bloomson debía ser la protagonista de la historia.
Pero cuando el destino cambió y el futuro que recordaba desapareció, comprendió que ya no tenía un lugar en la trama.
Así que tomó una decisión:
desaparecer junto con ella.
Sin embargo, fingir su muerte fue mucho más fácil que escapar de las consecuencias.
La historia que conocí desapareció… así que decidí desaparecer con ella.
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Eterno
Perspectiva de Lina (primera persona)
Seguía sosteniendo el peluche contra mi pecho mientras la rosa descansaba cuidadosamente entre mis dedos.
Durante unos segundos ninguno habló.
Las calles estaban tranquilas.
La música de los mercados se escuchaba cada vez más lejana.
Entonces Leonhart observó el cielo nocturno.
—Es tarde.
—Lo sé.
—Te acompañaré a casa.
Parpadeé.
No era una pregunta.
Tampoco sonaba exactamente como una orden.
Simplemente era una decisión que ya había tomado.
Y, por alguna razón, eso hizo que sonriera.
—Muy considerado de tu parte.
—La ciudad es segura.
—Eso no sonó como un cumplido.
—No lo era.
Solté una pequeña risa.
Seguimos caminando juntos por las calles iluminadas.
La conversación fue sencilla.
Ligera.
Muy distinta a las que solíamos tener.
Hablamos de la tienda.
De Daniel y Clara.
De las armas bendecidas que los caballeros habían comprado.
Incluso terminamos discutiendo cuál de los dos tenía el horario de trabajo más absurdo.
Yo sostenía que era él.
Él sostenía que era yo.
Ninguno estaba dispuesto a ceder.
Cuando finalmente llegamos frente a mi casa, ambos nos detuvimos.
La puerta estaba a pocos pasos.
Y aun así ninguno pareció apresurarse.
—Gracias por esta noche.
Dije finalmente.
Leonhart asintió.
—No fue nada.
—Sí lo fue.
Por un instante nuestras miradas se encontraron.
Y tuve la impresión de que él iba a decir algo más.
Pero terminó guardándoselo.
Muy propio de Leonhart.
—Descansa.
Fue lo único que dijo.
—Tú también.
Hubo una breve pausa.
Luego inclinó la cabeza a modo de despedida.
—Buenas noches, Lina.
—Buenas noches, Leonhart.
Lo observé alejarse por la calle.
Paso firme.
Espalda recta.
Manos en los bolsillos del abrigo.
La misma figura seria de siempre.
Aunque ahora sabía que también era la persona que había comprado un peluche y una rosa después de ponerse nervioso frente a un vendedor.
Aquello me hizo sonreír.
Esperé hasta que desapareció de mi vista.
Solo entonces entré en casa.
Subí directamente a mi habitación.
Dejé el peluche sobre la cama con cuidado.
Después tomé la rosa entre ambas manos.
La observé durante varios segundos.
Los pétalos eran de un rojo intenso.
Hermosos.
Demasiado hermosos para marchitarse.
Cerré los ojos.
Una luz dorada comenzó a brillar alrededor de mis dedos.
La magia respondió inmediatamente.
Suave.
Cálida.
Delicada.
No era un hechizo complejo.
Solo una bendición de preservación.
Una de las primeras que había aprendido años atrás.
Los pétalos se iluminaron tenuemente.
Pequeños destellos recorrieron la flor.
Como si estuvieran grabando la bendición en cada una de sus hojas.
La luz duró apenas unos segundos.
Luego desapareció.
Abrí los ojos.
Y sonreí satisfecha.
La rosa permanecería intacta.
Mañana.
Dentro de un año.
Y mucho después.
Busqué un pequeño jarrón de cristal y la coloqué junto a la ventana.
La luz de la luna se reflejó sobre los pétalos.
Perfecta.
Eterna.
Mi mirada pasó entonces al peluche que descansaba sobre la cama.
Y una sonrisa todavía más grande apareció en mi rostro.
Aquella noche había recibido muchas cosas inesperadas.
Pero la que más atesoraría no era la rosa.
Ni siquiera el peluche.
Sino el recuerdo de unas orejas ligeramente rojas y una voz nerviosa diciendo simplemente:
—Sí. Son para ti
Y mientras observaba la rosa sobre el alféizar, algo llamó mi atención.
En uno de los pétalos había quedado una pequeña chispa dorada girando lentamente.
Sonreí.
La bendición había sido más fuerte de lo que esperaba.
Me acerqué a la cama y tomé el peluche entre mis brazos.
Era demasiado suave.
Y cuanto más lo miraba, más evidente se volvía que Leonhart había pasado varios minutos pensando cuál elegir.
Porque podía imaginarlo perfectamente frente al puesto, analizando peluches con la misma seriedad con la que planeaba una campaña militar.
Abracé el regalo contra mi pecho y quede dormida abrazandolo.
pinta interesante 🤭🥰🤭🤣