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Renací Para Evitar Mi Final

Renací Para Evitar Mi Final

Status: Terminada
Genre:Mundo de fantasía / Reencarnación / Completas
Popularitas:3.5k
Nilai: 5
nombre de autor: CrisCastillo

Valeria Montrose fue la villana más odiada del Imperio de Elarion. Obsesionada con el príncipe heredero, manipuló, traicionó y destruyó a todos los que se interpusieron en su camino. Al final, fue ejecutada públicamente tras ser acusada de conspiración contra la corona.

Cuando la espada cae sobre su cuello, cree que todo ha terminado.

Sin embargo, despierta diez años atrás, en el día de su presentación en sociedad.

Esta vez conserva todos sus recuerdos.

Sabe que el príncipe nunca la amó. Sabe que la heroína del reino no era su enemiga. Y, sobre todo, sabe que detrás de su caída existía una conspiración mucho más grande que terminó provocando una guerra que destruyó el imperio.

Decidida a sobrevivir, Valeria toma una decisión inesperada:

No perseguirá al príncipe.

Pero cambiar el destino resulta más difícil de lo esperado cuando el propio príncipe comienza a interesarse por ella después de que deja de perseguirlo.

NovelToon tiene autorización de CrisCastillo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

11

El joven sirviente, cuyo nombre era Thomas, las miró con una mezcla de pánico y lealtad. Su familia había sido sirvientes de los Montrose durante generaciones, y la lealtad era más fuerte que el miedo.

—Lady Montrose, no debería estar aquí—susurró, mirando nerviosamente por encima de su hombro. —Los guardias están en alerta máxima. Hay órdenes de... detenerla si es vista.

—Lo sé, Thomas—respondió Valeria, su voz tan calmada como podía. —Pero es importante. Más importante que cualquier cosa que haya sucedido en este palacio. Necesito ver al príncipe. Ahora.

Thomas vaciló por un momento, su expresión una lucha entre el deber y la gratitud. Finalmente, asintió. —Síganme. Y sean silenciosas. Más que nunca.

Las guio a través de una serie de pasillos de servicio, estrechos y mal iluminados, que olían a cera y a comida rancia. Mientras caminaban, Valeria sentía el peso del libro contra su costilla, un recordatorio constante de la peligrosidad de su misión.

Llegaron a una pequeña puerta oculta detrás de una cortina de terciopelo descolorido. Thomas se detuvo, su mano temblando sobre el pomo.

—Los aposentos privados del príncipe están más allá—dijo en voz baja. —Pero hay guardias. No puedo pasarlas.

—Entonces no lo hagas—respondió Valeria, ya sacando un pequeño saco de monedas de su bolso. —Toma esto. Y ve a la taberna del Dragón Dorado. Pide una habitación y espera. Si no volvemos antes del amanecer, ve a la costa y busca un barco que te lleve al norte. Tienes una vida por delante, Thomas. No la desperdicies en nuestra lucha.

El joven sirviente la miró con ojos llenos de lágrimas, pero tomó el saco de monedas con una determinación que sorprendió a Valeria. —Buena suerte, Lady Montrose. Y al príncipe... que los dioses lo protejan.

Con esas palabras, se retiró, desapareciendo en las sombras como un fantasma. Valeria se giró hacia Eleanor, cuya expresión era una mezcla de miedo y admiración.

—¿Estás segura de esto?—susurró Eleanor. —¿De entrar así?

—No—respondió Valeria con honestidad. —Pero es la única opción que tenemos.

Se deslizó por la cortina, encontrándose en un pasillo más grande, decorado con tapices finos y pisos de mármol que brillaban bajo la luz de las antorchas. En el otro extremo, dos guardias estaban de pie, sus espadas desenvainadas y sus expresiones alertas.

—No hay forma de pasar a esas guardias—dijo Eleanor, su voz llena de desesperación. —Están buscando específicamente a alguien.

Valeria frunció el ceño, su mente trabajando febrilmente. No podía luchar contra ellas. No podía engañarlas. Necesitaba una distracción. Una distracción grande y ruidosa.

—Tengo un plan—dijo, ya sacando el libro de su bolso. —Pero vas a odiarlo.

Mientras Eleanor observaba con confusión, Valeria corrió hacia la ventana más cercana, abriéndola con cuidado. El aire nocturno entró, frío y oloroso a jardines y a la ciudad que dormía abajo.

—¿Qué estás haciendo?—exigió Eleanor, su voz apenas un susurro. —¡Nos matarán!

—Confía en mí—respondió Valeria, ya contando las páginas del libro. —Si esto es lo que creo que es, debería funcionar.

Con una determinación que no sabía que poseía, rasgó una página del libro, la que contenía el diagrama más complejo, el de la espiral dentro de un círculo con tres líneas cruzadas. Luego, la dobló cuidadosamente y la colocó en el alféizar de la ventana, asegurándola con una pequeña piedra decorativa.

—Ahora, corramos—dijo, ya agarrando la mano de Eleanor.

Corrieron por el pasillo, sus pies descalzos silenciosos sobre el mármol frío. Mientras corrían, Valeria sentía una extraña energía emanando del libro, una energía que parecía vibrar con una urgencia antigua.

Llegaron a la esquina del pasillo, justo a tiempo para ver a las guardias acercarse, atraídas por el sonido de sus pasos. Con el corazón martilleando contra sus costillas, Valeria hizo lo único que se le ocurrió: gritó.

—¡Fuego! ¡Fuego en los aposentos del príncipe!

Las guardias se giraron bruscamente, sus expresiones de confusión dando paso a la alarma. Por un momento, parecían indecisas, no sabiendo si perseguirlas o investigar el presunto incendio.

Fue todo el tiempo que Valeria necesitaba. Corrió hacia la puerta de los aposentos del príncipe, la abrió de un golpe y entró, tirando a Eleanor detrás de ella y cerrándola con un cerrojo.

—¿Qué...?—comenzó a decir Eleanor, pero se detuvo al darse cuenta de dónde estaban.

Los aposentos del príncipe eran un santuario de calma y elegancia en medio del caos del palacio. Libros llenaban estanterías que llegaban hasta el techo, mapas colgaban de las paredes, y un gran escritorio de caoba estaba desordenado con documentos y instrumentos de navegación. Y en el centro de todo, sentado en un gran sillón de cuero con un libro en el regazo, estaba el príncipe Kaelan.

Se giró cuando entraron, sus ojos azules widening con sorpresa, pero no con miedo. Con curiosidad.

—Lady Montrose—dijo, su voz calmada y medida. —No es la forma habitual de solicitar una audiencia.

—Lo siento, alteza—respondió Valeria, su voz temblando ligeramente por el esfuerzo y la adrenalina. —Pero no tenía elección. Están... me están cazando.

—Lo sé—dijo el príncipe, cerrando su libro con una lentitud deliberada. —Harrington ha emitido una orden para tu arresto. Acusaciones de traición, brujería, conspiración contra el imperio. Las usuales.

Valeria sintió un escalofrío. ¿Sabía el príncipe? ¿Estaba al tanto de las conspiraciones que amenazaban con consumir su reino?

—¿Y usted?—preguntó, su voz apenas un susurro. —¿Cree en esas acusaciones?

Kaelan la observó con intensidad, sus ojos azules evaluándola con una curiosidad que parecía trascender la política y el poder. —No. Pero eso no importa. Lo que importa es que Harrington y sus aliados creen en ellas. Y tienen el poder para hacerlas realidad.

Se levantó, acercándose lentamente a ellas. Valeria sintió un impulso de retroceder, de proteger el libro que llevaba, pero se mantuvo firme.

—Tienes algo que ellos quieren—dijo el príncipe, no como pregunta, sino como afirmación. —Algo importante. Algo que podría cambiar el equilibrio de poder en el imperio.

Valeria asintió lentamente, su decisión tomada. Sacó el libro, sus páginas manchadas por el sudor de sus manos y el viaje que habían hecho. —Es el Libro de los Destinos. Aurelius me lo dio. Antes de... desaparecer.

Kaelan frunció el ceño, su expresión seria. —Los Guardianes. Pensé que eran solo una leyenda, una historia para asustar a los niños y entretener a los ancianos.

—Son reales—respondió Eleanor, whose voice era firme a pesar del miedo. —Y han sido traicionados. Harrington está trabajando con Cassian. Están tratando de... de remodelar el imperio a su imagen.

El príncipe asintió lentamente, su expresión pensativa. —He sospechado durante algún tiempo que Harrington tenía ambiciones que iban más allá de su asiento en el consejo. Sus movimientos, sus alianzas... no tenían sentido a menos que estuviera trabajando hacia un objetivo más grande.

Se acercó a la ventana, mirando los jardines iluminados por la luna con una expresión que Valeria no podía interpretar. —¿Y qué quieres de mí, Lady Montrose? ¿Por qué venir a mí en lugar de... desaparecer?

—Porque usted es el príncipe—respondió Valeria con firmeza. —Porque tiene el poder y la influencia para detenerlos. Y porque... creo que es el único en este palacio que no está corrompido por la ambición o el miedo.

Kaelan se giró, una pequeña sonrisa jugando en sus labios. —Eso es un gran supuesto, Lady Montrose. La ambición y el miedo son las monedas con las que se compra el poder en la corte.

—Pero usted es diferente—insistió Valeria, su convicción creciendo. —He visto cómo trata a la gente. He escuchado sus debates en el círculo de estudiosos. Usted no busca el poder por el poder mismo. Busca el poder para hacer el bien. Para proteger al imperio de aquellos que lo dañarían.

El príncipe la observó en silencio por un momento, sus ojos azules brillando con una inteligencia que la inquietaba. —Y si te ayudo, ¿qué obtengo a cambio?

—La oportunidad de salvar su reino—respondió Valeria sin dudarlo. —La oportunidad de ser el rey que el imperio necesita, no el títere que los nobles quieren.

Mientras hablaban, escucharon golpes en la puerta. Voces gritando órdenes, el sonido de metal contra madera.

—¡Abran la puerta! Por orden del consejo privado!—gritó una voz, y Valeria reconoció la frialdad de Harrington.

—No tenemos mucho tiempo—dijo Kaelan, ya moviéndose hacia un panel en la pared. —Hay un pasadizo aquí. Un secreto que mi padre me mostró hace años. Nunca pensé que lo necesitaría.

Presionó una sección de la pared, que se deslizó hacia adentro para revelar un corredor estrecho y oscuro, similar al de la mansión Montrose pero más pulido, más... regio.

—Tú, Lady Montrose—dijo el príncipe, volviéndose hacia ella. —Toma el libro. Y escápate. Hay un contacto en la ciudad, un hombre llamado Marcus. Dirígete a la taberna del Alba Roja y pide una habitación privada. Él te encontrará.

—¿Y usted?—preguntó Valeria, su preocupación creciendo. —¿Qué va a hacer?

—Yo voy a... distraerlos—respondió Kaelan con una sonrisa que no alcanzaba sus ojos. —Un príncipe puede ser muy útil cuando se trata de crear caos. Especialmente cuando está dispuesto a sacrificar su reputación por una causa mayor.

Mientras los golpes en la puerta se volvían más insistentes, más desesperados, Valeria sintió una punzada de admiración por el príncipe. Estaba dispuesto a arriesgarlo todo, no por poder o gloria, sino por el bien del imperio.

—Vamos—dijo Eleanor, ya empujándola suavemente hacia el pasadizo. —No podemos dejar que su sacrificio sea en vano.

Valeria asintió, sus ojos encontrando los de Kaelan por un momento. Había una comprensión mutua en esa mirada, un reconocimiento de que estaban luchando la misma guerra, aunque en frentes diferentes.

—Encuentra el Observatorio—dijo él, su voz baja pero urgente. —Es la clave. La única forma de entender lo que realmente está sucediendo. Y detenerlos antes de que sea demasiado tarde.

Con esas palabras, las empujó suavemente hacia el pasadizo, cerrando el panel detrás de ellas. Valeria se quedó a oscuras por un momento, el libro en sus manos y el peso de una nueva misión sobre sus hombros. Luego, con una determinación que no sabía que poseía, comenzó a moverse por el pasadizo, Eleanor a su lado.

Mientras caminaban por la oscuridad, el eco de sus pasos resonando en el silencio, Valeria sentía cómo el mundo cambiaba a su alrededor. Ya no era solo una fugitiva, una renacida con un conocimiento peligroso. Era una aliada del príncipe, una pieza clave en un juego mucho más grande y complejo de lo que había imaginado. Y estaba decidida a ganar, sin importar el costo.

Llegaron al final del pasadizo, encontrándose en una pequeña habitación llena de herramientas de jardinería y ollas de barro. El aire estaba fresco y olía a tierra húmeda, un perfume bienvenido después del estancamiento del palacio.

—¿Ahora qué?—preguntó Eleanor, su voz temblando ligeramente. —¿Cómo encontramos esta taberna?

—Sigo pensando—dijo Valeria. —Pero tenemos que tener cuidado. Harrington tendrá a toda la ciudad buscando a una mujer con vestido carmesí y un libro extraño.

Mientras se deslizaban por los jardines del palacio, evitando a los guardias con una facilidad que sorprendía incluso a sí misma, Valeria sentía el peso de la responsabilidad sobre sus hombros. Tenía el libro. Tenía una misión. Y tenía un aliado inesperado en el príncipe Kaelan.

Pero mientras corrían por las calles oscuras de la capital, Valeria no podía evitar sentir que estaba olvidando algo importante. Algo que Harrington había dicho, algo que Eleanor había mencionado... una profecía. Una profecía sobre una renacida que tendría que elegir entre la destrucción y la redención.

¿Era eso lo que era? ¿Una figura profetizada, destinada a decidir el futuro del imperio? ¿O simplemente una mujer atrapada en un juego mucho más grande y peligroso de lo que había imaginado?

Mientras se acercaban a la taberna del Alba Roja, su fachada mugrienta y oscura una promesa de refugio en medio del caos, Valeria sentía cómo el mundo giraba a su alrededor. Había escapado del palacio, pero la guerra estaba lejos de terminar. Harrington y Cassian estaban ahí fuera, buscando venganza. Alistair estaba ahí fuera, planeando la destrucción de todo lo que ella estaba tratando de salvar.

Pero mientras empujaba la puerta de la taberna, el libro firmemente en sus manos, sintió algo que no había sentido en mucho tiempo: esperanza. No la falsa esperanza de una joven noble ingenua, sino la esperanza dura y resistente de una luchadora que había enfrentado sus demonios y estaba decidida a ganar.

Y estaba decidida a ganar, sin importar el costo.

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Dora Guzman Pacherres
Cada vez más intrigante tú novela, me gusta bastante. Tiene de todo sobre todo lo que puede suceder las paradojas del destino 😱.
Dora Guzman Pacherres
Cada capítulo más interesante sabes tejer las intrigas y nos dejas con un suspenso de querer más y más.
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