Una venganza despiadada cambiaron el destino de Ania para siempre. Convertida en víctima de una inseminación artificial, se descubrió embarazada de un completo desconocido, sin comprender cómo la crueldad humana había llegado tan lejos.
Rechazada y repudiada por su familia, no tuvo más opción que huir hacia las sombras.
Años después, el tiempo ha borrado a la joven indefensa: Ania regresa transformada en una mujer inquebrantable, sin saber que el destino le tiene preparado es un giro inesperado, en su camino se cruzará con el del verdadero padre de sus gemelos, un hombre de un poder inimaginable que jurará hacer arder a quienes se atrevieron a lastimarla.
Jairo Velarde jamás imaginó que la sangre de su sangre corría por las venas de dos pequeños inocentes. Sin embargo, al caer rendido ante el misterio y la belleza de Ania, descubrirá una verdad tan impactante que sacudirá los cimientos de su vida.
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CAPITULO 18: Una colaboración estremecedora
La sala de conferencias estaba completamente llena de periodistas, camarógrafos y medios de comunicación acreditados.
Cada evento relacionado con Grupo Velarde generaba enorme expectativa.
Cuando Juan y Jairo ingresaron juntos, causaron un auténtico revuelo.
Ambos vestían impecablemente elegantes, robándose especialmente la atención femenina.
Detrás de cámaras, observando la transmisión, estaban Ania y Pía.
Como siempre ocurría en cada aparición pública de Jairo Velarde, todos los flashes se dirigieron inmediatamente hacia él.
La conferencia comenzó oficialmente y anunciaron la colaboración entre ambas empresas, Juan y Jairo estrecharon sus manos frente a las cámaras, imagen que rápidamente prometía convertirse en la portada principal de los medios del día siguiente.
La transmisión en vivo alcanzó millones de vistas, muchos empresarios sintieron envidia.
Conseguir una alianza con Grupo Velarde era considerado un enorme logro en el mundo de los negocios.
En la villa, Ania, Pía, Margarita y los niños observaban emocionados la transmisión, sus ojos se llenaron de lágrimas de orgullo.
Juan ya no era un hombre humillado bajo la sombra de los Carrillo, ahora era un CEO reconocido.
“¿Y si hoy salimos a celebrar?” propuso Pía emocionada.
Mabel, la nueva niñera de los gemelos, intervino tímidamente “No se preocupe por los niños, señora… yo puedo cuidarlos, claro, si gustan”
La joven era hija de una amiga de Margarita y de absoluta confianza.
“Oh no, señorita. Usted también es joven” interrumpió Margarita “Mis niñas, llévenla con ustedes. Esta pobre muchacha no sale más que para trabajar”
“Hecho” respondió Pía rápidamente “Mabel viene con nosotras”
“Gracias, niña. Yo cuidaré a mis hermosos bebés” dijo Margarita besando a los gemelos, que comían fruta tranquilamente.
Ania asintió, necesitaba distraerse y sacar de su cabeza a su “viejito sexy”, como lo llamaba Pía en broma desde hacía días.
Aunque, siendo sinceros… Jairo tampoco era tan viejo.
“Esperemos a papá. Si nos da autorización salimos” dijo Ania “No quiero dejarle demasiada responsabilidad a Margarita”
Mabel estuvo de acuerdo y Pía aceptó resignada, las tres continuaron planeando su salida nocturna.
.........………
Por otro lado, quienes no tomaron nada bien la noticia de la colaboración fueron los miembros de la familia Carrillo.
Roberto comenzó inmediatamente a maquinar formas de sacar provecho de aquella situación.
Pensó que acercarse nuevamente a su nieta podría ser la clave para conseguir una colaboración con Grupo Velarde.
Aunque seguía recordando la amenaza de Juan. Y ahora, con el enorme poder que había ganado gracias a aquella alianza, Roberto estaba seguro de algo: Juan cumpliría cada una de sus palabras.
La única solución que veía posible… Era lograr que Ana volviera con él.
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La conferencia de prensa internacional había sido un éxito rotundo.
Las cámaras de los principales medios económicos del continente habían capturado el histórico apretón de manos entre Jairo Velarde y Juan Gallegos, sellando una alianza que reconfiguraría el mapa automotriz.
Una vez liberados de la presión de los micrófonos y el acoso de los reporteros, ambos presidentes decidieron retirarse a almorzar sin intermediarios ni escoltas ejecutivas.
Por primera vez desde que cruzaron sus caminos, la mesa no estaba rodeada de abogados ni vicepresidentes.
En el ambiente íntimo de un reservado de alta cocina, lejos de la fría formalidad de los balances y los contratos, la conversación mudó de piel, volviéndose profunda, genuina y amigable.
Al amparo de un almuerzo impecable y el buqué sutil de un vino gran reserva, Juan se abrió con Jairo como pocos hombres de su estatus solían hacerlo.
Con una mezcla de nostalgia y orgullo indomable, relató cómo había levantado los cimientos de Automotriz Gallegos desde el fango absoluto.
Sin embargo, el eje central de su narrativa no fue el dinero, sino el soporte incondicional de sus hijas.
Habló con el pecho henchido de Ania y Pía; describió cómo el dolor del pasado las había transformado en dos mujeres maduras, brillantes y letales en el ámbito profesional, y cómo la unión de los tres fue el motor que colocó a la firma en la cúspide internacional.
No obstante, fiel a su instinto de protección, Juan omitió cualquier mención sobre la existencia de sus nietos.
Jairo escuchaba con una atención casi reverente. Su admiración por Juan Gallegos terminó de consolidarse esa tarde.
Frente a él no solo tenía a un estratega brillante en el mundo corporativo, sino a un hombre íntegro, leal a sus principios y visceralmente entregado al bienestar de los suyos.
La sintonía entre ambos fue tan perfecta que el tiempo se disolvió entre las copas de vino.
Al concluir la sobremesa, se despidieron con un firme apretón de manos, tomando rumbos distintos pero con una complicidad renovada.
Jairo regresó a la torre corporativa para despachar los pendientes del cierre semanal, mientras Juan enfiló la camioneta blindada de vuelta a la villa.
Al cruzar el umbral de la residencia, la calidez del hogar envolvió al patriarca. No bien dejó sus llaves en el recibidor, Juan detectó el lenguaje corporal de sus dos hijas.
Ania y Pía lo observaban desde el arco del salón con una sonrisita ensayada y esa mirada felina que delataba, a leguas de distancia, que estaban a punto de pedirle un favor monumental. Ninguna se atrevía a lanzar la primera palabra.
“Vamos, mis princesas, desembuchen de una vez ¿Qué es lo que están tramando?” soltó Juan, despojándose del saco gris oxford para arrojarlo sobre el sofá mientras se cruzaba de brazos, mirándolas con diversión “Y ni se les ocurra decirme que nada, porque las conozco y sé leer perfectamente sus intenciones”
Las hermanas rompieron la pose y sonrieron de inmediato.
Pía, dueña de una audacia sin filtros, dio un paso al frente para reunir el valor necesario.
“A ver, papito hermoso... resulta que queríamos salir esta noche a despejar la mente, a bailar un rato para celebrar que la conferencia fue un éxito absoluto” comenzó Pía, suavizando la voz mientras señalaba con el índice hacia el centro de la sala “El único y pequeñísimo problema es quien se quede al cuidado de estos dos terremotos junto a Margarita.
En el centro de la alfombra persa, Adriel y Lía permanecían completamente ajenos a la negociación de los adultos.
Sentados sobre sus rodillas, los gemelos de dos años manipulaban un set de bloques de madera de colores fosforescentes, discutiendo acaloradamente en su intrincado dialecto de balbuceos infantiles sobre una pieza azul.
Juan soltó una carcajada limpia y sonora al ver la escena: justo en ese instante, Adriel, con una sonrisa traviesa, le propinó un manotazo a la estructura, destruyendo por completo la torre de Babel que acababan de edificar, lo que provocó un grito de indignación por parte de Lía.
“Por supuesto que pueden salir a divertirse, hijas mías. Se lo han ganado a pulso después de esta semana tan salvaje” respondió Juan con una calidez que le iluminó los ojos “No se preocupen, hoy es noche exclusiva de abuelo y nietos. Yo me encargo de vigilar a estos pequeños”
Pía soltó un chillido de felicidad pura, corrió por el salón y se arrojó sin contemplaciones sobre el regazo de su padre como si volviera a ser una niña.
“¡Eres el mejor papá de todo el universo, te amo con mi vida!” exclamó, rodeándole el cuello con un abrazo asfixiante antes de estamparle un beso sonoro en la frente.
Ania no se quedó atrás. Con un paso más pausado pero cargado de una ternura profunda, se aproximó al sofá y envolvió a su padre y a su hermana en sus brazos, recostando la mejilla en el hombro de Juan.
“Te amo, papito hermoso. Gracias por ser nuestro escudo siempre” murmuró Ania en un susurro que destilaba devoción.
“¡Nosotios también!” reventó la voz aguda de Adriel y Lía desde el suelo.
Al ver el despliegue de afecto, los gemelos abandonaron los bloques de madera, corrieron con sus pasos tambaleantes y se colgaron de las piernas de Juan, levantando sus pequeños bracitos para ser incluidos en el nido familiar.
El magnate automotriz estrechó a su descendencia completa contra su pecho, sintiendo el corazón inflado de una plenitud absoluta.
Todo el infierno vivido tres años atrás, la huida, las lágrimas y las humillaciones infligidas por los Carrillo parecían un precio minúsculo con tal de contemplar el santuario de amor que habían logrado blindar juntos.
……….....
Mientras tanto, a kilómetros de allí, en el último piso de la empresa, Jairo Velarde intentaba sepultar sus frustraciones personales bajo una montaña de auditorías y reportes de producción.
La frase de Ania en el pasillo ("Sí, mi amor... ya voy a casa") seguía dándole vueltas en la cabeza como un eco venenoso, distrayéndolo de sus obligaciones.
Estaba estampando su firma en un anexo legal cuando la puerta de roble de su despacho se abrió de par en par con un estruendo seco.
Jairo ni siquiera tuvo que adivinar; sus dos hermanos de vida acababan de invadir su espacio privado sin el más mínimo protocolo de cortesía.
Segundo, que poseía el carácter más relajado y afectuoso del trío, fue el primero en romper la seriedad del recinto con una sonrisa de oreja a oreja.
“¡Hermano de mi alma! ¿Cómo está el CEO más codiciado del país?” saludó con efusión, arrojándose en uno de los sofás de piel de la esquina ejecutiva.
Ignacio Martínez, que venía detrás luciendo su habitual impecabilidad, rodó los ojos con un fastidio exagerado que engañaba a nadie.
“Obviamente, está bien, Segundo, por favor no seas ridículo” comentó Ignacio, acomodándose en el mueble contiguo con una pierna cruzada sobre la otra en una postura de total soberbia.
Jairo y Segundo soltaron una carcajada unánime que disipó el aire denso de la oficina.
Conocían al dedillo la naturaleza cínica e irónica de Ignacio; sabían que detrás de su aparente frialdad habitaba una lealtad inquebrantable.
“Estoy bien, muchachos, gracias a Dios. Aunque no les voy a mentir... tengo la nuca hecha un nudo de puro estrés” admitió Jairo, soltando el bolígrafo y dándose un masaje en las vértebras con evidente fatiga.
Luego, clavó sus ojos oscuros en sus amigos y soltó la propuesta con una sonrisa “¿Saben qué necesito? Un respiro. ¿Qué les parece si vamos a la discoteca a quemar un poco el estrés?”
“Excelente plan, mi amigo. Me apunto de inmediato, me hace falta una buena dosis de distracción” respondió Segundo, enderezándose en el acto con los ojos encendidos.
“Excelente idea, no todo en esta maldita existencia puede ser revisar estados de cuenta e informes, ¿no creen?” añadió Ignacio con una mueca de complicidad.
“Entonces no se hable más del asunto” decretó Jairo, poniéndose en pie y recogiendo sus pertenencias “Los veo en la zona VIP de Sol y Luna”
Aquel recinto no era un club nocturno cualquiera.
Sol y Luna se erigía como la discoteca más lujosa, hermética y concurrida de la alta sociedad; un feudo de luces de neón sofisticadas, barras de mármol exótico y filtros de seguridad tan estrictos que su clientela se reducía exclusivamente a magnates de la industria, celebridades internacionales, políticos influyentes y los herederos de las fortunas más intocables del país.
Elena y Antonia por andar humillando a Ania Juan Gallego les tendrá su buena sorpresa 😮😮
Orlando y Jairo la traición la tienen metida en su casa Olga la marioneta de Vidal será la involucrada en todo lo que hagan.
Vidal vil, asqueroso y manipulador y Rachel una putizorra, desnaturalizada y putizorra tener relaciones con ese monstruo que asco.