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Cautiva

Cautiva

Status: Terminada
Genre:Elección equivocada / Romance / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Lisi A. A

Amar es lindo, que te ame y elija vez tras vez la misma persona que amas, es inexplicable. Pero lamentablemente, en este mundo, hay demasiadas personas rotas, demasiadas personas tratando de curar sus heridas, demasiadas personas sin saber reconocer cuando son amadas y cuando solamente son un paso en la vida. Y muchas personas olvidan lo más importante, para amar a otros sin lastimar, primero debemos amarnos nosotros mismos

NovelToon tiene autorización de Lisi A. A para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 13 La línea que no se puede desdibujar

La cabaña quedó envuelta en un silencio pesado después de las últimas palabras de Jared.

Ana Laura no volvió a hablarle.

Se quedó de pie, con los brazos cruzados, mirando hacia la ventana como si el bosque pudiera darle una respuesta que él no le había dado.

Pero lo único que había afuera era oscuridad.

Y árboles que se mecían lentamente con el viento.

Nada más.

Nada que explicara cómo había llegado hasta allí.

Nada que justificara lo que Jared le había hecho.

Nada que pudiera reparar la sensación de traición que le ardía en el pecho.

Jared, por su parte, no intentó acercarse.

Se quedó apoyado contra la pared del otro extremo de la sala, observándola en silencio.

Había tensión en su postura.

Pero también algo más.

Culpa.

Pasó una hora.

Tal vez dos.

El tiempo dentro de la cabaña parecía deformado, como si el mundo exterior hubiera dejado de existir.

Ana finalmente rompió el silencio.

—¿Cuántas veces has hecho esto?

Jared levantó la vista.

—¿Esto?

—Mentir.

El aire se volvió más denso.

—No es lo mismo.

Ana giró lentamente hacia él.

—Claro que lo es.

Jared apretó la mandíbula.

—No es tan simple.

—Todo contigo es “no es tan simple”.

El tono de Ana era bajo, controlado, pero cortante.

—Secuestrarme tampoco es simple, pero aquí estamos.

Jared cerró los ojos un instante.

—No te hice daño.

Ana soltó una risa breve.

—¿Eso es lo que te tranquiliza?

Silencio.

—¿El hecho de que no me hayas hecho daño todavía?

Jared dio un paso hacia ella.

—No iba a dejar que te hicieran daño.

Ana retrocedió inmediatamente.

—No te acerques.

Él se detuvo.

La obedeció.

Y ese detalle, pequeño pero real, no pasó desapercibido para ella.

Pero no suavizó nada.

—¿Crees que eso cambia lo que hiciste?

—No.

La respuesta fue inmediata.

Honesta.

Ana lo miró con más dureza.

—Bien.

Otro silencio.

Más incómodo.

Más pesado.

Jared habló primero.

—Si quieres irte… no te detendré.

Ana lo observó con sospecha.

—¿En serio?

—Sí.

—¿Y crees que soy tonta?

Jared frunció el ceño.

—No.

—Entonces sabes que no puedo salir de aquí sin que me encuentren.

El aire volvió a tensarse.

Porque ambos sabían que era verdad.

Ramiro.

Emilio.

Ya habían intentado capturarla una vez.

No dudarían en intentarlo otra.

Jared bajó la mirada.

—No estás segura en ningún lado ahora.

Ana apretó los puños.

—Eso es tu culpa.

—Lo sé.

La sinceridad volvía a ser insoportable.

Ana respiró hondo.

—Dime una cosa.

Jared la miró.

—¿Qué?

—¿Cuánto de lo que me dijiste es verdad?

El silencio fue inmediato.

Demasiado largo.

Demasiado revelador.

—Todo lo que te dije sobre mi tío es verdad.

Ana lo observó fijamente.

—¿Y lo demás?

Jared tardó.

—La forma en la que me acerqué a ti… fue planeada.

Ana cerró los ojos un segundo.

Como si cada palabra fuera un golpe nuevo.

—Pero lo que siento ahora no.

Aquella frase hizo que Ana abriera los ojos de golpe.

—No empieces con eso.

—No es un juego.

—Para mí sí lo fue.

Jared dio un paso hacia ella, más lento esta vez.

—Ana…

—No.

Su voz fue firme.

—No uses mi nombre como si significara algo para ti.

Jared se detuvo otra vez.

Y el dolor en su rostro fue evidente.

Pero no discutió.

Esa noche, Ana no durmió.

Se quedó sentada en la habitación asignada, con la puerta cerrada con llave por dentro.

No confiaba en Jared.

No del todo.

Ni siquiera un poco.

Pero tampoco podía ignorar lo que había visto en su mirada cuando habló de su tío.

Eso no se podía fingir tan fácilmente.

Y eso era lo que más la confundía.

Porque todo en su vida reciente parecía construido sobre verdades a medias.

Incluso su origen.

Incluso su familia.

Incluso el amor que había creído recibir.

Se llevó una mano al pecho.

Y sintió un vacío extraño.

Como si algo importante hubiera sido arrancado de ella.

En la sala, Jared permanecía despierto.

Sentado frente a la ventana.

Observando la oscuridad.

Su teléfono vibró.

Un mensaje.

Número desconocido.

Solo tres palabras:

"Ya la tienes."

Jared cerró los ojos.

Su respiración se volvió más pesada.

Y por primera vez en mucho tiempo sintió miedo.

No por él.

Por Ana.

Porque ese mensaje significaba algo claro.

No estaba solo.

Alguien más sabía dónde estaban.

Alguien más estaba observando.

A la mañana siguiente, Ana bajó en silencio.

Jared estaba en la cocina, preparando café.

No se giró inmediatamente.

—No intentes convencerme de quedarme aquí como si fuera por mi bien —dijo ella.

Él suspiró.

—No voy a hacerlo.

Ana lo miró con sorpresa leve.

—¿No?

—No.

Silencio.

Jared se giró finalmente.

—Pero sí voy a pedirte algo.

Ana cruzó los brazos.

—Habla.

—Si decides irte… no lo hagas sola.

Ella lo observó con desconfianza.

—¿Por qué?

Jared sostuvo su mirada.

—Porque ya no estamos jugando con curiosos.

Pausa.

—Estamos en medio de algo mucho más grande.

Ana sintió un escalofrío.

—¿Más grande que qué?

Jared bajó la voz.

—Más grande que nosotros dos.

El silencio que siguió fue distinto.

Ya no era solo tensión entre ellos.

Era amenaza.

Real.

Invisible.

Y presente.

Ana lo sintió.

—¿Quién me quiere muerta, Jared?

Él no respondió de inmediato.

Y cuando lo hizo, su voz fue casi un susurro.

—No es una sola persona.

Ana sintió que el estómago se le encogía.

—Entonces… ¿qué es?

Jared la miró con gravedad.

—Es una red.

Pausa.

—Y tú estás en el centro.

El aire pareció volverse más frío.

Ana dio un paso atrás.

—Eso no tiene sentido.

—Sí lo tiene.

—No.

Jared se acercó lentamente.

—Ana, tu existencia no es un accidente.

El corazón de ella comenzó a latir con fuerza.

—¿Qué estás diciendo?

Jared la observó.

Y por primera vez desde que la conoció, su voz sonó completamente seria.

—Que no te separaron de tu madre por error.

Pausa.

—Te separaron porque alguien decidió que era necesario.

El silencio cayó como un golpe final.

Ana sintió que todo lo que creía entender se desmoronaba otra vez.

Y esta vez…

no había forma de ignorarlo.

1
Primi Mendez
pero no tiene sentido que diga que no podrá escaparse de su pasado si ella es lo que esta buscando. y lo que se busca siempre se encuentra /Bye-Bye/
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