Traicionada por las dos personas que más amaba, Mía Beaumont murió escuchando cómo su prometido, Alexander Rivelli, y su mejor amiga, Isabella, confesaban entre risas cada una de sus mentiras. Humillada, manipulada y utilizada como un simple peón dentro de su propia vida, creyó que todo había terminado… hasta que despertó nuevamente en el pasado.
Pero esta vez, Mía ya no será la mujer ingenua y sumisa que todos podían controlar.
Con los recuerdos de su vida anterior intactos, decide recuperar el poder que alguna vez le arrebataron: tomará las riendas de la empresa familiar, destruirá la reputación de Alexander y hará pagar a Isabella por cada traición. Ya no llorará por amor. Ya no permitirá que nadie vuelva a pisotearla.
Sin embargo, sus planes cambian cuando Dante Morelli entra nuevamente en su vida.
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Capitulo 21
Nunca pensé que algún día despertaría pensando en vestidos de novia y mucho menos en el apellido Morelli, pero ahí estaba yo, sentada frente al enorme espejo de mi habitación mientras una estilista acomodaba ligeramente mi cabello para una sesión de fotos corporativas improvisada que mi madre insistió en organizar después de que la noticia de mi compromiso explotara prácticamente por toda la ciudad.
“La futura señora Morelli.”
Dios... Todavía sonaba extraño dentro de mi cabeza. Extraño… Y peligrosamente emocionante.
Lo peor era que ya no podía seguir fingiendo que la idea me desagradaba completamente. Porque cada vez que pensaba en Dante, algo dentro de mí se alteraba de formas ridículas. Especialmente después de lo ocurrido dentro del automóvil aquella noche.
Ese beso.
Maldita sea... Todavía podía sentirlo y honestamente empezaba a preocuparme, porque esto dejó de sentirse únicamente como una alianza hacía tiempo.
Ahora había algo más creciendo entre nosotros, algo intenso, algo que me hacía pensar en él a mitad del día sin motivo, algo que hacía que mi corazón reaccionara absurdamente cada vez que su nombre aparecía en mi teléfono y eso era peligroso.
Muy peligroso.
—Señorita Mía, ¿prefiere el maquillaje más suave? —preguntó la estilista.
La observé unos segundos a través del espejo antes de sonreír apenas.
—No. Quiero algo elegante… pero fuerte.
Ella asintió inmediatamente y mientras continuaba trabajando, mi mirada bajó lentamente hasta el celular que descansaba sobre la mesa frente a mí.
Había al menos veinte mensajes relacionados con la boda, diseñadores, joyeros, organizadores de eventos, incluso mi madre parecía haber entrado en estado de obsesión absoluta después de aceptar finalmente que realmente iba a casarme con Dante.
Y sinceramente… Una parte de mí quería disfrutarlo, porque si iba a convertirme en la esposa de Dante Morelli, entonces pensaba hacerlo perfectamente, quería verme radiante, imposible de ignorar.
No como aquella mujer rota que alguna vez esperó desesperadamente ser suficiente para Alexander.
No.
La mujer que caminaría hacia el altar junto a Dante sería completamente distinta, más fuerte, más inteligente, más peligrosa y curiosamente… eso me emocionaba muchísimo.
Terminé los preparativos poco antes del mediodía y fui directamente a la empresa familiar. Apenas entré al enorme edificio principal sentí decenas de miradas sobre mí, normal.
La noticia del compromiso prácticamente había incendiado la prensa empresarial.
“La heredera Beaumont se casará con Dante Morelli.”
“Alianza entre dos de las familias más poderosas del país.”
“¿El fin definitivo de Alexander Rivelli?”
Oh, sí... Todo el mundo estaba hablando de nosotros. Y debía ser sincera conmigo misma… Disfrutaba bastante la idea de que Alexander tuviera que leer cada uno de esos titulares.
La secretaria principal se levantó inmediatamente apenas me vio entrar.
—Señorita Beaumont.
Asentí apenas mientras seguía caminando.
—Mi padre me espera en su oficina.
—Sí, señorita.
Todavía me resultaba extraño cómo el ambiente dentro de la empresa había cambiado tan rápido conmigo. Antes muchos me trataban como si fuera únicamente “la prometida de Alexander”.
Ahora… Ahora me miraban diferente, con respeto, con atención, como si finalmente entendieran que tenía poder real detrás de mí. Y sinceramente… Eso solo confirmaba lo hipócrita que era ese mundo.
Entré a la oficina de mi padre pocos segundos después, él apenas levantó la mirada de unos documentos.
—Llegas tarde.
Rodé ligeramente los ojos mientras tomaba asiento frente a él.
—Buenos días para ti también.
Mi padre suspiró apenas, pero esta vez no parecía tan frío como antes. De hecho, desde el escándalo con Alexander había comenzado a observarme diferente, más cuidadosamente, como si finalmente estuviera intentando descubrir qué tan capaz podía ser realmente.
—Hoy empezarás revisando algunos proyectos financieros pendientes —dijo mientras me entregaba varias carpetas—. Quiero ver qué tan preparada estás.
Tomé los documentos sin protestar.
—Bien.
Y honestamente… No estaba nerviosa, porque esta vez sí sabía exactamente lo que estaba haciendo.
Pasé prácticamente toda la tarde dentro de una oficina revisando contratos, balances financieros y reportes de inversión. Y mientras más analizaba ciertos documentos… Más evidente se volvía algo.
Fraude, pequeño al inicio, casi imperceptible para alguien distraído, pero no para mí.
Mis ojos se detuvieron lentamente sobre uno de los proyectos inmobiliarios más importantes de la empresa y entonces vi su nombre.
Alexander Rivelli.
Oh... Oh, esto era incluso mejor de lo que esperaba.
Mi corazón comenzó a acelerarse lentamente mientras revisaba más profundamente las cifras. Pagos alterados. Costos inflados. Empresas fantasmas desviando dinero discretamente.
Qué idiota o mejor dicho… Qué confiado, porque Alexander jamás imaginó que yo terminaría sentada revisando directamente las cuentas de la compañía y lo peor para él… Era que yo ya sabía de esto desde mi vida pasada.
Recordaba perfectamente el escándalo financiero que terminó destruyendo parte de la reputación empresarial de mi familia justo días antes de mi muerte. Pero en aquel entonces jamás descubrí quién estaba realmente detrás, ahora sí lo sabía.
Alexander.
Una sonrisa lenta apareció en mis labios mientras seguía revisando cada documento, perfecto, absolutamente perfecto, porque no solo iba a destruirlo como hombre.
También iba a destruirlo como empresario, quería verlo perderlo todo, la reputación, el dinero, el poder, la arrogancia.
Todo.
Y esta vez… Yo sería quien provocaría su caída.
Tomé lentamente uno de los informes mientras mi mente comenzaba a trabajar rápidamente, necesitaba pruebas más sólidas, más movimientos financieros, más nombres, pero honestamente… Alexander prácticamente acababa de entregarme el arma perfecta.
Mi teléfono vibró sobre el escritorio interrumpiendo mis pensamientos.
Dante.
Una pequeña sonrisa apareció automáticamente en mis labios antes siquiera de responder, increíble.
Este hombre realmente estaba empezando a afectarme demasiado, contesté intentando sonar tranquila.
—¿Qué quieres ahora, Morelli?
Escuché claramente su pequeña risa baja al otro lado de la línea.
Dios... Odiaba lo mucho que me gustaba ese sonido.
—¿Así le hablas a tu futuro esposo?
Me recosté lentamente sobre la silla mientras seguía observando los documentos frente a mí.
—Depende. ¿Mi futuro esposo va a seguir interrumpiendo mis investigaciones empresariales?
Hubo unos segundos de silencio, después su voz cambió apenas, más seria.
—¿Encontraste algo?
Mis ojos volvieron lentamente hacia el nombre de Alexander dentro de los contratos y entonces sonreí.
—Oh, Dante… creo que acabo de encontrar la manera perfecta de destruirlo.