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INERCIA

INERCIA

Status: Terminada
Genre:Amante arrepentido / Padre soltero / Autosuperación / Completas
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: SherlyBlanco

INERCIA
(Dinastía Fontane — Libro II)
Por: Sherly Blanco
Un corazón roto por el luto y un alma blindada por el pasado están a punto de descubrir que hay fuerzas que ni el tiempo ni la culpa pueden detener.
A sus treinta años, Juliana ha logrado construir una vida perfecta sobre los cimientos del orden, la danza y la entrega absoluta a su hija Athenea. Tras las tormentas que sacudieron a la dinastía Fontane, su academia de ballet es su refugio y su escudo. Ella tiene una regla clara: su corazón no volverá a arriesgarse, y aunque la presencia de Andrés le acelera el pulso, se repite a sí misma que aún no es el momento.
Por su parte, Andrés ha caminado entre las sombras del dolor desde la trágica partida de Juliette. Convertido en un hombre maduro, disciplinado y protector, su único faro ha sido la crianza del pequeño Andreis Julián. Sin embargo, su devoción por Juliana no ha hecho más que crecer con los años. Ya no es el joven inmaduro de antes; ahora es un hombre dispuesto a luchar día

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Capítulo 19: El Despertar de una Nueva Rutina

El sol se filtraba por las cortinas de lino de la cabaña, dibujando líneas de luz sobre la piel de Juliana. Ella abrió los ojos lentamente, sintiéndose inusualmente ligera, con una paz que se le había vuelto extraña y, a la vez, profundamente reconfortante. A su lado, Andrés dormía plácidamente, su brazo pesado rodeando su cintura en un gesto posesivo pero gentil.

Al sentir el movimiento, él despertó, encontrándola con la mirada. No hubo palabras apresuradas, solo una sonrisa compartida que encapsulaba la magia de la noche anterior. Fue una mañana de desayunos lentos en la terraza, con la vista de las colinas despertando, donde no había más responsabilidades que el presente.

Mientras Juliana servía el café, se detuvo a observar la vista desde el balcón. Aquel terreno que habían visitado el día anterior ya no se sentía como un proyecto abstracto en papel, sino como una promesa tangible de libertad.

—Ayer te vi mirando mucho el plano del jardín —comentó Andrés, acercándose por detrás y rodeándola con sus brazos mientras ella apoyaba la taza sobre el barandal—. ¿Ya estás imaginando el diseño del paisaje?

Juliana sonrió, asintiendo mientras se recargaba en su pecho.

—Ya estoy pensando en el tipo de flores que quiero cerca de las ventanas del estudio de Athenea. Algo que no requiera demasiado mantenimiento, para que el pequeño Andreis Julián pueda correr sin preocuparse. Me encanta pensar que vamos a tener nuestro propio espacio, donde nadie más que nosotros decida qué plantas poner o qué colores usar.

Andrés besó su sien, sintiendo que esa conexión entre ambos —basada en proyectos y sueños compartidos— era el vínculo más fuerte que habían construido hasta ahora.

—Cuando volvamos a la ciudad, podemos empezar a ver catálogos de materiales. Quiero que cada rincón de esa casa tenga algo tuyo, Juli. Nada de lo que se decidió en el pasado va a estar ahí dentro.

Al regresar a la civilización esa misma tarde, la realidad los recibió con la calidez del hogar. Los niños, que habían pasado un fin de semana inolvidable con sus abuelos, los recibieron con abrazos cargados de energía.

Sin embargo, el retorno a la rutina trajo consigo una pequeña sorpresa. Al llegar a la recepción de la academia, Juliana encontró a Emmeline esperándola con una expresión mezcla de emoción y cansancio.

—¡Juli! Por fin llegás —exclamó Emme, levantándose de un salto—. Necesito hablar contigo, pero creo que vas a tener que sentarte.

Juliana intercambió una mirada con Andrés, dejando sus cosas sobre el escritorio.

—¿Qué pasa, Emme? ¿Está todo bien con los niños?

—Todo perfecto, los tres añitos están de maravilla —aseguró su amiga, suspirando antes de soltar la bomba—. Pero me llamó Lucía. Está en el hospital.

El corazón de Juliana dio un vuelco. Andrés se tensó de inmediato, colocando una mano protectora sobre el hombro de Juli.

—¿El embarazo? —preguntó Juliana, con la voz apenas audible.

—Sí —asintió Emme, apretando los labios—. Los bebés decidieron que querían conocer el mundo un poquito antes de lo previsto. Lucía está estable, pero el médico decidió dejarla en observación estricta para evitar cualquier complicación por ser un embarazo múltiple. Camilo está que no sabe si llorar o gritar de la emoción, pero Lucía me pidió que te lo contara a vos. Quiere que seas la primera en saber, porque dice que tu energía es la que la va a ayudar a pasar estos días de reposo.

Juliana cerró los ojos un instante, inhalando profundo. La noticia, aunque alarmante, le traía una lección de humildad y perspectiva. La vida seguía ocurriendo, llena de imprevistos y bendiciones, y ella ya no estaba sola para enfrentarlos.

—Vamos para allá —dijo Juliana con determinación, volviéndose hacia Andrés—. ¿Nos acompañás?

Andrés asintió sin dudar, tomándola de la mano con una firmeza que le dio toda la seguridad que necesitaba.

—Siempre, Juli. Vamos juntos.

En el trayecto hacia el centro médico, el silencio en el auto no fue tenso. Había una complicidad nueva, una unión de fuerzas. Juliana entendió que, en medio de los planes para su nueva casa y los sueños de futuro, la vida les pedía estar presentes para los amigos que estaban formando su propia familia. El camino a los cimientos de su hogar apenas comenzaba, pero ya estaban aprendiendo que, más importante que las paredes de piedra, eran las redes de apoyo y el amor que decidían cultivar cada día.

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