✅️🦋Bruno Koch es un brillante sonidista que trabaja en las sombras del backstage, atrapado en un doloroso dilema: lleva años enamorado en secreto de Nash Wright, un exitoso cantante pop. Bruno ha sido el testigo silencioso de cómo una relación destructiva y los excesos arrastran a Nash hacia el abismo, ocultando sus sentimientos. Tras un colapso público en el escenario, Nash toca fondo y es diagnosticado con trastorno afectivo bipolar. Junto a Harper, una ruda y leal compañera técnica, Bruno se convierte en la red de seguridad de Nash mientras este inicia su camino hacia la rehabilitación.🦋✅️
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Ekoss
El traqueteo constante del tren contra las vías de metal era el único sonido que llenaba la mente de Bruno Koch esa mañana. El paisaje de la ciudad vieja, con sus edificios familiares y sus recuerdos dolorosos, iba quedando atrás, desvaneciéndose entre la neblina del amanecer. Bruno apoyaba la frente contra la ventana de vidrio frío del vagón, contemplando cómo los campos verdes se transformaban poco a poco en las estructuras colosales y los carteles luminosos de la capital.
Llevaba consigo una sola valija grande y su mochila con los auriculares profesionales. En el bolsillo de su campera de jean ya no había un boleto arrugado; había una dirección escrita por Harper y una llave dorada.
Hacía tres semanas que el disco acústico de Nash se había entregado a la discográfica. El lanzamiento había sido modesto, sin publicidad agresiva, pero la respuesta del público había sido unánime: la honestidad cruda de Nash al hablar de su salud mental había conectado con millones de personas de una manera mucho más profunda que sus antiguos éxitos pop. Nash estaba estable, viviendo bajo una rutina tranquila y asistiendo a sus terapias tres veces por semana. Cumpliendo con lo prometido, y tras una emotiva pero madura despedida en la que Nash le deseó la mejor de las suertes, Bruno se había subido al tren.
Al bajar en la estación central de la capital, el bullicio de la multitud y el eco de los parlantes anunciando las salidas golpearon los oídos de Bruno. El aire aquí se sentía diferente; era más frío, pero tenía una energía eléctrica que lo obligó a espabilarse. Tomó un taxi directo hacia el distrito artístico, donde se encontraba el estudio de masterización de Mateo.
El lugar se llamaba Frecuencias Urbanas. Al cruzar la puerta de entrada, Bruno sintió un sutil cosquilleo de emoción. El estudio era un subsuelo de diseño industrial vanguardista, con paredes de ladrillo visto, paneles acústicos de madera clara y un aroma a café recién molido que inundaba el ambiente. No había rastros de la decadencia ni del drama que habían rodeado sus últimos años de trabajo.
Un hombre de unos treinta y cinco años, con anteojos de marco grueso y una sonrisa enérgica, salió a recibirlo desde una de las cabinas secundarias.
—¡Bruno Koch! Al fin llegas, hermano —dijo Mateo, extendiéndole la mano con un entusiasmo contagioso—. Harper me ha hablado maravillas de ti durante semanas. Me dijo que eres un cirujano del audio.
—Hola, Mateo. Gracias por la oportunidad —respondió Bruno, estrechando su mano con una timidez que fue desapareciendo ante la calidez del recibimiento—. El viaje estuvo tranquilo. Estoy listo para ponerme a trabajar cuando me digas.
—Esa es la actitud. Ven, quiero presentarte a los chicos. Están metidos en la cabina principal esperándote como si fueras el mesías.
Mateo guio a Bruno a través de un pasillo iluminado por luces led de color azul tenue hasta abrir la pesada puerta acústica de la sala de control principal. Adentro, sentados en un sillón largo de tela, estaban los cuatro integrantes de Ekoss, la banda emergente de la que Harper le había hablado. Eran jóvenes de veintitantos años, con remeras de bandas independientes, miradas cargadas de sueños y un nerviosismo evidente en los rostros.
—Muchachos, él es Bruno Koch —lo presentó Mateo, señalándolo—. Es el productor técnico que se va a encargar de masterizar su álbum debut. Viene de trabajar en las grandes ligas.
Al escuchar el nombre de Bruno, el guitarrista de la banda, un chico de cabello en rulos, se puso de pie de un salto con los ojos abiertos de par en par.
—¿Bruno Koch? ¿El tipo que hizo la mezcla del último disco acústico de Nash Wright? —preguntó Leo con una admiración tan pura que a Bruno se le subieron los colores a las mejillas.
—Sí... bueno, yo manejé el sonido de ese álbum —admitió Bruno, acomodándose la mochila en el hombro.
—Hermano, ese disco es una obra de arte —exclamó el bajista de la banda, sumándose a la conversación—. La forma en que lograste que la voz se escuchara tan íntima, sin filtros pesados, es increíble. Cuando nos enteramos de que vendrías a trabajar con nosotros, no lo podíamos creer. Es un honor gigante, de verdad.
Bruno se quedó helado por un segundo. Durante años, su trabajo siempre había estado a la sombra del brillo cegador de Nash. Para la prensa y los fanáticos, los discos eran buenos gracias al talento inmenso del cantante; Bruno solo era el empleado fiel que movía las perillas en el backstage. Escuchar a estos músicos independientes elogiar su técnica específica, valorar su oído clínico y tratarlo con ese nivel de respeto profesional fue una experiencia completamente nueva. Sintió que algo se acomodaba dentro de su pecho, una pequeña chispa de orgullo propio que había permanecido apagada por mucho tiempo.
—El honor es mío, muchachos —dijo Bruno, y esta vez su sonrisa fue sutil pero completamente genuina—. Vamos a escuchar lo que tienen grabado. Quiero que este disco suene tan crudo y potente como su banda se merece.
Las primeras horas de trabajo pasaron volando. Bruno se sentó frente a una consola de última tecnología, una mesa digital alemana que respondía al menor roce de sus dedos con una precisión milimétrica. Los chicos de la banda le mostraron las pistas crudas de su primer sencillo, un tema de rock alternativo con guitarras distorsionadas y una batería con mucha fuerza.
Bruno se colocó los auriculares y comenzó a escanear las ondas de sonido en la pantalla gigante. De inmediato, su mente de sonidista se activó de forma automática, dejando de lado los fantasmas del pasado.
—El canal de tu guitarra tiene una frecuencia media que está tapando la voz de la cantante en el coro —explicó Bruno, señalando un punto específico en el monitor de video—. Si bajamos tres decibelios en los cuatrocientos hercios y le damos un poco más de brillo en los agudos, tu instrumento va a seguir sonando pesado pero va a dejar que la letra se entienda limpia. ¿Probamos?
—Haz lo que quieras. Eres el experto —respondió el guitarrista, observando los movimientos de Bruno con fascinación.
Con movimientos ágiles y seguros, Bruno ajustó los ecualizadores. Al reproducir el fragmento modificado por los parlantes del estudio, la música estalló en el cuarto con una claridad y una potencia que hicieron que los cuatro integrantes de la banda se miraran entre sí con sonrisas gigantes, festejando con golpes de puño en el aire.
—¡Mierda, suena increíble! ¡Parece otra canción! —gritó la cantante, emocionada.
Bruno sonrió, sintiendo que una oleada de satisfacción le recorría las venas. Disfrutaba el proceso. Trabajar con una voz femenina, con guitarras distorsionadas y ritmos acelerados era un desafío técnico que le exigía toda su atención, obligándolo a mantener la mente concentrada en las frecuencias del presente y no en las nostalgias del pasado.
Sin embargo, curar una codependencia de seis años no era algo que sucediera en una sola tarde.
Alrededor de las seis de la tarde, Mateo declaró un descanso para ir a buscar algo de comida. La cabina quedó en silencio por unos minutos. Bruno se quedó solo frente a la consola, estirando los brazos para relajar los músculos del cuello. De forma casi inconsciente, estiró la mano hacia su bolsillo y sacó su teléfono celular.
Lo desbloqueó y miró la pantalla. No había mensajes. No había llamadas perdidas de la clínica de reposo, ni alertas de Harper, ni lamentos de Nash. El teléfono estaba en un silencio absoluto. Su primer instinto —ese hábito destructivo que se había formado en los últimos meses— fue sentir una punzada de pánico. Pensó: ¿Y si Nash se olvidó de tomar la medicación de la tarde? ¿Andará bien con sus terapias? ¿Habrá intentado llamarme y no tuve señal en el subsuelo?
Bruno abrió la aplicación de mensajes y comenzó a escribir un texto dirigido a Nash: “Hola, Nash. Ya llegué a la capital y empecé las grabaciones. Quería saber si habías tomado la...”
Se detuvo en seco. Sus dedos se congelaron sobre el teclado de la pantalla táctil. Miró el texto incompleto y luego levantó la vista, observando su propio reflejo en el gran vidrio de la cabina de control de la capital. El vidrio reflejaba un estudio moderno, una banda que lo admiraba por su talento individual y un futuro entero por descubrir. Recordó la promesa que se había hecho a sí mismo al bajarse del tren: dejar de ser el guardián de una estrella rota. Nash ya tenía su red de seguridad, sus médicos y su terapia; era momento de que Bruno construyera su propio suelo.
Con un suspiro largo y liberador, Bruno presionó el botón de borrar. Eliminó cada una de las letras del mensaje hasta dejar la pantalla en blanco. Guardó el teléfono en el bolsillo de su campera de jean y no volvió a sacarlo.
La puerta de la cabina se abrió y los chicos de la banda regresaron cargando cajas de pizza humeantes y latas de gaseosa, llenando el cuarto de risas y anécdotas de sus conciertos en bares pequeños. Bruno se levantó de su silla giratoria y se sumó al grupo, sentándose en el sillón para compartir la comida con ellos. Mientras escuchaba al guitarrista hablar con pasión sobre sus planes de salir de gira, Bruno sintió que el aire de sus pulmones se renovaba por completo. La tristeza por su amor secreto no había desaparecido, y sabía que extrañaría a Nash por mucho tiempo, pero mientras la risa de los músicos llenaba el silencio de la noche en la capital, Bruno Koch supo que el primer canal de su propia vida finalmente se había encendido. Estaba aprendiendo a escuchar su propia voz.
caer y tocar fondo también te muestra que podes levantarte (siempre y cuando quieras, aunque sea en un rincón de tu corazón) y después los que te apoyan y acompañas son vitales!!!
sería mucho pedir más capítulos?? 😅 🥰
Diferente, pero completamente realista y repleta de amor!!