NovelToon NovelToon
Cuidando Al Hijo Del Ceo Billonario

Cuidando Al Hijo Del Ceo Billonario

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Padre soltero
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria Guanipa

Maximiliano Vance es un implacable y atractivo CEO billonario con el corazón blindado por una traición del pasado. Su mayor desafío no es dominar los negocios, sino criar a su retraído hijo, quien ha ahuyentado a docenas de niñeras. Maximiliano juró no volver a confiar en nadie, y menos en las mujeres hermosas.
Mía Thorne, una dulce graduada en psicología infantil, se queda completamente sola tras la muerte de su abuela. Desalojada cruelmente por sus tíos y sin dinero para una renta, acepta desesperada el puesto de niñera residencial en la imponente mansión Vance.
Al usar su empatía para sanar al niño, Mía también agrieta la fría coraza de Maximiliano. Una atracción inevitable y peligrosa surge entre ambos, desafiando las estrictas reglas de su contrato. Sin embargo, secretos del pasado e intrigas corporativas amenazan con destruirlos. ¿Podrá el amor sanar a un hombre herido o ganará la desconfianza?

NovelToon tiene autorización de Maria Guanipa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La víspera del veredicto

El lunes por la noche, las luces del piso superior de la mansión Vance permanecieron encendidas, desafiando la oscuridad que se tragaba las colinas de la ciudad. El silencio que recorría los pasillos de mármol ya no era el mutismo opresivo de los meses de trauma de Leo; era la calma densa y electrizante que precede a las grandes batallas. Faltaban menos de doce horas para que Maximiliano Vance y Mía Thorne se presentaran ante el tribunal de distrito para la audiencia definitiva de custodia, y el aire en la propiedad quemaba con la urgencia de una última oportunidad.

Harrison había pasado la tarde entera en el despacho, puliendo junto a Maximiliano los detalles de la estrategia legal. El contraataque de oro estaba listo: la recomendación favorable absoluta de la asistente social y el informe del Instituto de Zúrich formaban una barrera infranqueable. Sin embargo, el ambiente se sentía cargado de una paranoia invisible. Vanessa había jugado sucio hasta el último segundo, intentando desenterrar los registros del albergue de la zona sur para triturar la reputación de Mía en la prensa, y nadie en la casa dudaba de que el tribunal se convertiría en un nido de víboras sedientas de un escándalo corporativo.

Mía se encontraba en el salón de juegos, sentada en la alfombra junto a Leo, quien insistía en colocar los últimos vagones de su tren de madera antes de ir a dormir. El niño mostraba una paz asombrosa, ajeno al hecho de que su destino entero se decidiría al amanecer en un estrado judicial.

—Mía... mañana, ¿barco? —articuló el pequeño, mirándola con sus ojos grises, tan parecidos a los de su padre, pero ahora desprovistos de ese miedo antiguo que lo había mantenido cautivo.

—Mañana no podremos armar el barco temprano, mi amor —respondió Mía con una suavidad que borderaba la ternura, acariciándole el cabello oscuro—. Tengo que salir con tu papá a resolver un asunto muy importante. Pero la señora Gable se quedará contigo, y en cuanto regresemos, te prometo que terminaremos el puerto entero. ¿De acuerdo?

El niño asintió, conforme con la promesa silenciosa de seguridad que ella siempre le brindaba, y dejó el vagón sobre la pista antes de estirar los brazos para que Mía lo cargara hacia su habitación. Tras arroparlo y asegurarse de que su respiración fuera pausada y tranquila, Mía salió al pasillo, sintiendo que el diamante de corte esmeralda en su mano izquierda le recordaba el peso de la corona de oro que había aceptado llevar.

Al pasar cerca del despacho principal, notó que la puerta estaba entornada. Harrison ya se había retirado a su bufete en el centro financiero para preparar los alegatos de apertura, dejando a Maximiliano a solas con el espectro de su imperio.

Mía empujó la madera con suavidad y entró.

Maximiliano estaba de pie junto al ventanal, con la camisa blanca ligeramente desabrochada y las mangas remangadas. Sostenía un vaso de whisky, observando el reflejo de los faros de seguridad que patrullaban la reja principal de la propiedad. Su imponente silueta recortada contra la noche parecía la de un rey de hielo esperando el golpe de gracia de sus enemigos.

—Deberías estar descansando, Directora Thorne —declaró el magnate sin girarse, y su voz barítona, profunda y rasposa, vibró en el espacio empolvado de la biblioteca—. Mañana los fotógrafos de Londres y los abogados de Vanessa buscarán cualquier rastro de cansancio en tu rostro para usarlo como una confesión de debilidad.

—Tampoco estás descansando tú, Maximiliano —replicó Mía, avanzando con pasos firmes hasta detenerse a un par de metros de él—. La estrategia está blindada, Harrison tiene las convalidaciones y la asistente social está de nuestro lado. ¿Qué es lo que realmente te mantiene despierto? ¿El miedo a perder la fusión con los inversionistas asiáticos o el miedo a que tu exesposa descubra que este anillo es solo un trozo de platino contractual?

Maximiliano dejó el vaso sobre la mesa de caoba con un golpe seco que resonó como una sentencia. Se giró hacia ella con una velocidad felina, acortando la distancia de esa manera posesiva y dominante que siempre le cortaba la respiración a la joven. Detuvo su imponente estatura a escasos centímetros de su rostro, atrapándola bajo su sombra magnética. El aroma a tabaco caro, madera pulida y su perfume envolvente asfixiaron cualquier rastro de lógica en la habitación.

—Sabes perfectamente que las acciones de la bolsa de Nueva York me importan un demonio en este momento, Mía —siseó el billonario, y sus ojos gris acero brillaron con una intensidad febril y salvaje que delató la brutal lucha interna que libraba por no perder el control absoluto—. Lo que me mantiene despierto es saber que mañana vas a entrar a ese tribunal exponiendo tu nombre, tu pasado en el albergue y tu dignidad por defender a un linaje que no te pertenece. Vanessa va a intentar triturarte en el estrado para demostrar que eres una estafadora clandestina, y la sola idea de ver a esos tiburones intentando tocarte me dan ganas de quemar el juzgado entero antes del amanecer.

Mía levantó la barbilla, sosteniéndole la mirada con esa dignidad inquebrantable que tantas veces había resquebrajado la coraza del magnate. Colocó una de sus manos sobre el pecho cubierto de tela blanca de Maximiliano, sintiendo los latidos desbocados y frenéticos del hombre de hierro.

—No soy una muñeca de cristal, Maximiliano, y ya te demostré ante tu junta directiva que sé cómo tratar con tus tiburones —respondió ella en un susurro desbocado, sintiendo que sus piernas flaqueaban ante la proximidad de esos labios que prometían un fuego incontrolable—. Mi pasado no es una grieta legal porque lo que hice por Leo es real. Mañana, cuando esa mujer intente atacarme, se va a encontrar con la futura señora Vance, y contra eso no hay estrategia financiera que pueda competir. No voy a parpadear. Confía en mí.

Maximiliano la observó detalladamente, devorando cada facción de su rostro con una fascinación oscura que rayaba en la obsesión. Lentamente, su mano grande y fuerte subió por la línea de su cuello, enterrando los dedos largos en su cabello castaño, anclándola a su cuerpo en un contacto físico que envió una descarga eléctrica directa al centro de la habitación, eliminando cualquier espacio mínimo entre ellos.

—Ya no puedo dar un solo paso atrás contigo, Mía Thorne —susurró el billonario con el barítono ronco, y su rostro se acercó tanto que sus respiraciones se mezclaron en el aire cálido—. Me costó años construir esta fortaleza de hielo para que nadie pudiera hacerme daño, pero tú entraste aquí descalza y la destruiste en unas semanas. Si mañana ganamos este juicio, este anillo dejará de ser una pantalla para el tribunal de distrito. No voy a dejar que te quites este platino jamás. Eres mía, y voy a obligarte a aceptar que tu lugar está en este imperio, al lado del rey.

La distancia pareció desvanecerse por completo bajo el influjo de esa atracción posesiva y cargada de una urgencia salvaje que había madurado desde el beso en el piso cuarenta. Maximiliano inclinó la cabeza y sus labios finalmente reclamaron los de ella en un beso posesivo, oscuro y destructivo, un pacto de sangre silencioso en la víspera del veredicto que selló sus destinos antes de que la primera luz del martes tocara los cristales de la mansión. Mía se aferró a sus hombros, entregándose a la tormenta, sabiendo que la verdadera batalla legal estaba por comenzar, pero que el control del rey de hielo ya se había consumido por completo en el fuego de su reina.

1
Celina
me encanta ☺️🥰🤗 tu historia 💛💛💛💛 por favor no tardes en publicar 💛💛💛 Gracias ☺️
Maria Guanipa: encanta de que te gusta 🥰
total 1 replies
Maria Guanipa
excelente novela, deberías de leerla🥰
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play