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El Concierto Del Destino

El Concierto Del Destino

Status: Terminada
Genre:Romance / Completas
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: liligacaño

Darly Mosquera es una mujer colombiana de 32 años que aprendió desde muy joven que la vida rara vez regala caminos fáciles.
Estudió cosmetología y estética, y gracias a años de esfuerzo, sacrificio y largas jornadas de trabajo logró construir el sueño que parecía imposible: abrir su propio spa en su ciudad natal. Sin embargo, el éxito profesional nunca logró llenar por completo los vacíos que llevaba en el corazón.
Mientras lucha cada día por cuidar a su madre, quien padece una enfermedad congénita que se ha agravado con el paso de los años, Darly intenta mantenerse fuerte y seguir adelante. Soñadora, noble y creyente del amor a la antigua, siempre imaginó una historia de amor sincera, de esas que duran para toda la vida.
Pero el destino tenía otros planes.
Después de una dolorosa separación ocurrida hace apenas cuatro meses, decidió cerrar las puertas de su corazón. Cansada de las decepciones, prometió no volver a enamorarse y dedicarse únicamente a disfrutar la vida sin compromisos

NovelToon tiene autorización de liligacaño para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 15: SUEÑOS QUE DUELEN

Lo miré con los ojos llenos de lágrimas.

—Sabes que ese era mi gran sueño. Durante muchos años se lo pedí a Dios con todo mi corazón. Luché por tener un hijo, aunque fuera uno solo, pero Dios no me lo concedió. Él sabrá por qué.

Una lágrima rodó por mi mejilla.

Al verla tan afectada por aquel tema, sentí que el corazón se me encogía. Me arrepentí inmediatamente de haber insistido.

La abracé con fuerza.

—Perdóname, amor. No quería hacerte sentir mal. Te juro que no pregunté para lastimarte. Perdóname por ser tan imprudente.

Ella negó suavemente con la cabeza.

—No pasa nada, tranquilo. Es normal que preguntes. Solo que sí... era mi sueño. Un sueño que no fue posible.

La observé en silencio.

Había una tristeza profunda en sus ojos.

—¿Pero por qué dices eso? Todavía eres joven. Aún puedes formar la familia que deseas.

Ella se limpió las lágrimas y se apartó un poco para mirarme.

Su sonrisa era triste.

—No, Santiago. Desde que tenía veintidós años intenté quedar embarazada y nunca se dio. Tengo síndrome de ovario poliquístico y eso hizo todo mucho más difícil. Con mi ex pareja luché durante diez años por lograrlo y nunca pasó.

Guardó silencio unos segundos.

—Y el año pasado tuve un aborto...

Su voz se quebró.

—Eso terminó de romperme el corazón. Después de eso decidí no insistir más. No quiero seguir haciéndome daño. Es muy agotador desear con todas tus fuerzas ser madre y no poder lograrlo.

Las lágrimas volvieron a caer.

Sentí una impotencia enorme.

La vida podía ser muy injusta.

Había personas que recibían aquello que ella tanto anhelaba sin siquiera buscarlo, mientras ella llevaba años sufriendo por ese mismo deseo.

Tomé sus manos entre las mías.

—Lo siento mucho.

Y esta vez mis palabras fueron sinceras, nacidas desde el alma.

—De verdad lo siento.

Ella respiró profundamente.

—No te preocupes, Santi. Y disculpa tú por ponerme así. Solo es algo que todavía me duele.

Bajó la mirada.

—Le pido a Dios que me quite esa ilusión. Ya tengo treinta y dos años y voy para treinta y tres. Cada vez es más difícil, así que intento aceptar que quizás no fui hecha para ser madre.

No soporté verla hablar de sí misma de esa manera.

Tomé su rostro entre mis manos y la besé.

Fue un beso lleno de cariño.

De comprensión.

De apoyo.

Ella respondió lentamente y luego apoyó su cabeza sobre mi pecho mientras yo la abrazaba.

Permanecimos así durante varios minutos.

Sin hablar.

Simplemente acompañándonos.

Cuando finalmente recuperó la calma, levantó la mirada.

—¿Y tú? ¿Cuáles son tus sueños, Santiago?

Sonreí.

—Mi reina, sueño con convertirme en uno de los grandes de la música popular. Quiero que mis canciones lleguen a todas partes.

Ella escuchaba con atención.

—La casa ya la tengo. Mi familia también. Gracias a Dios no me puedo quejar por eso.

Miré por la ventana del bus.

—Pero también sueño con casarme algún día. Tener una familia hermosa. Tener hijos. Comprar una finca grande y cuando llegue el momento de retirarme, vivir allí rodeado de las personas que amo.

Mientras hablaba, no noté el pequeño dolor que apareció en sus ojos.

Ella sonrió.

—Y sé que lo vas a lograr. Eres muy bueno en lo que haces.

Pero en el fondo de su corazón sintió un vacío.

Porque imaginar a Santiago casado con otra mujer le dolía más de lo que estaba dispuesta a admitir.

Se estaba encariñando demasiado con él.

Y eso era peligroso.

—Y tú también vas a lograr tu sueño del spa —le respondí—. Eres increíble en tu trabajo. Sé que algún día tendrás tu propio negocio y serás muy reconocida.

Ella sonrió con sinceridad.

—Gracias. Ese es mi sueño.

La observé unos segundos.

Había algo que seguía despertando mi curiosidad.

—Y respecto al matrimonio... ¿ya no piensas en eso?

Ella soltó una pequeña risa.

—La verdad, no.

—¿No?

—Como sabes, pasé diez años con una persona que me dejó más heridas que recuerdos bonitos. Después de vivir algo así, el matrimonio dejó de ser una prioridad para mí.

Guardó silencio.

—Además, tendría que aparecer alguien muy especial. Alguien que realmente llene mis expectativas.

Me reí.

—Pues no creo que sea tan imposible.

Ella arqueó una ceja.

—¿No?

—No. Eres hermosa por fuera y por dentro. Estoy seguro de que algún día aparecerá alguien capaz de bajarte las estrellas si es necesario.

Ella sonrió.

Pero no respondió.

Porque la verdad era que deseaba que ese alguien fuera él.

Aunque sabía perfectamente que no podía ser.

El resto del viaje transcurrió entre conversaciones, risas y anécdotas.

Los músicos se unieron a la charla.

Carlos no dejó de hacer bromas durante todo el trayecto.

Y por primera vez en mucho tiempo, Darly sintió que pertenecía a aquel grupo.

Cuando finalmente llegaron al pueblo donde sería el siguiente concierto, todos bajaron del bus.

Ya en el hotel, Santiago sorprendió a todos.

—Carlos, esta noche me quedo en la habitación de Darly.

El manager soltó una carcajada.

—Como si no lo supiéramos ya.

Las risas no tardaron en aparecer.

Darly sintió que sus mejillas ardían de vergüenza.

Una vez dentro de la habitación, el mundo exterior desapareció.

Después de una jornada tan larga, encontraron refugio en la tranquilidad de estar juntos.

Compartieron abrazos, conversaciones y momentos de cariño que parecían detener el tiempo.

Más tarde prepararon un baño relajante y aprovecharon las pocas horas que tenían para descansar.

Cuando despertaron, ya eran las siete de la noche.

Faltaba poco para que Santiago volviera al escenario.

Sin embargo, algo era diferente.

Ambos permanecieron acostados, abrazados.

En silencio.

Como si ninguno quisiera pensar en lo que ocurriría después.

Yo observaba el techo.

Pensativo.

Demasiado pensativo.

Hasta que escuché su voz.

—¿En qué piensas?

Volví la mirada hacia ella.

Sonreí con tristeza.

—En lo bien que me siento contigo.

Me acerqué y deposité un beso sobre sus labios.

Luego acaricié suavemente su espalda.

—Me gustaría que todo fuera diferente, princesa.

Besé su frente.

—Ojalá las cosas fueran más sencillas.

Ella cerró los ojos.

Y sintió un nudo en la garganta.

Porque pensaba exactamente lo mismo.

—Muchas veces las cosas no salen como queremos —susurró—. Y si están pasando así, quizás es porque así tenía que ser.

Sentí cómo aquellas palabras atravesaban mi corazón.

La abracé más fuerte.

Como si intentara detener el tiempo.

Como si intentara evitar el inevitable final que se acercaba.

—Quisiera que hoy y mañana fueran eternos —confesé en voz baja—. No quiero que llegue el momento de despedirme de ti.

Ella cerró los ojos con fuerza.

Una lágrima silenciosa escapó de ellos.

Pero no dijo nada.

Solo se aferró a mí.

Y permanecimos abrazados durante un largo rato, escuchando únicamente los latidos de nuestros corazones, sabiendo que cada minuto que pasaba los acercaba un poco más a una despedida que ninguno de los dos quería enfrentar.

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Elena Rodriguez Welman
Hermosa historia de amor. Felicitaciones escritora
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