una ciudad controlada por dos grandes mafiosos que se odian pero en el camino encontrarán enemigos en común será que los haran unirse?
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la verdad oculta
La ciudad seguía cubierta por el humo.
Las explosiones de la noche anterior habían dejado edificios dañados, calles cerradas y cientos de personas aterradas. Las sirenas de ambulancias y patrullas resonaban por todos los rincones de Ciudad Oscura.
Desde la ventana de su oficina, Antonio Romano observaba el caos.
Su rostro permanecía serio.
La muerte de su sobrino Lorenzo ya había despertado una furia inmensa dentro de él, pero ahora las explosiones parecían confirmar lo que llevaba meses creyendo.
Víctor Moretti estaba intentando destruirlo.
—Jefe —dijo uno de sus hombres entrando apresuradamente—. Tenemos noticias.
—Habla.
—Encontramos restos de un vehículo cerca de una de las explosiones.
—¿Y?
—Pertenecía a una empresa vinculada a Moretti.
Antonio apretó los dientes.
—Entonces era él.
—Eso parece.
Sin embargo, Antonio no sabía que aquella evidencia había sido colocada deliberadamente para incriminar a su enemigo.
Al otro lado de la ciudad, Víctor Moretti recibía exactamente el mismo tipo de informe.
—Hallamos pruebas que apuntan a Romano.
Víctor golpeó la mesa.
—Sabía que tarde o temprano haría esto.
Pero, en el fondo, algo seguía sin convencerlo.
Antonio era brutal cuando era necesario, pero también era inteligente.
Aquellos ataques parecían demasiado evidentes.
Demasiado perfectos.
Como si alguien quisiera que ambos se culparan mutuamente.
Mientras tanto, Gabriel Torres revisaba una y otra vez los documentos que había logrado salvar de su apartamento antes de escapar.
Se escondía en una pequeña habitación sobre una antigua imprenta abandonada.
Sabía que estaba en peligro.
Los hombres que intentaron capturarlo no eran mafiosos comunes.
Estaban organizados.
Entrenados.
Y parecían tener recursos ilimitados.
Gabriel colocó fotografías, notas y mapas sobre una mesa.
Necesitaba encontrar una conexión.
Algo que explicara quién estaba detrás de todo.
Tras varias horas de análisis encontró un detalle extraño.
Las explosiones habían ocurrido en lugares relacionados tanto con Antonio como con Víctor.
Pero había algo más.
Todos los terrenos cercanos a esos lugares habían sido comprados recientemente por las mismas empresas.
Gabriel revisó los nombres.
Ninguno le resultaba familiar.
Sin embargo, al profundizar descubrió que todas las compañías estaban conectadas entre sí mediante sociedades falsas.
Alguien estaba comprando propiedades alrededor de los territorios mafiosos.
Exactamente igual que Federico Salazar había hecho antes.
—No puede ser una coincidencia —murmuró.
Aquella misma noche decidió visitar uno de esos edificios.
Era un viejo almacén aparentemente abandonado.
Llegó poco antes de medianoche.
La zona estaba oscura y silenciosa.
Gabriel logró entrar por una puerta lateral.
Dentro encontró oficinas improvisadas.
Computadoras.
Archivos.
Documentos.
Y algo mucho más importante.
Una lista de pagos.
Al revisarla quedó sorprendido.
Varios de los nombres pertenecían a personas cercanas tanto a Antonio como a Víctor.
Alguien estaba sobornando miembros de ambas organizaciones.
Eso explicaba cómo habían logrado provocar tantos conflictos.
Pero antes de que pudiera seguir investigando escuchó pasos.
Rápidamente se ocultó detrás de unas cajas.
Tres hombres entraron al almacén.
—La guerra comenzará pronto.
—Romano ya está listo para atacar.
—Y Moretti también.
Los hombres sonrieron.
—Cuando empiecen a matarse entre ellos podremos ocupar sus territorios.
Gabriel sintió un escalofrío.
Por fin tenía una prueba clara.
Existía una organización oculta trabajando detrás de todo.
Una organización que quería quedarse con Ciudad Oscura.
Esperó hasta que los hombres se marcharon y fotografió todos los documentos que pudo.
Luego abandonó el lugar.
Al día siguiente tomó una decisión arriesgada.
Debía reunir a Antonio y a Víctor.
Era la única manera de evitar una guerra.
Pero convencerlos sería casi imposible.
Primero visitó a Antonio.
Los guardaespaldas revisaron cada uno de sus movimientos antes de permitirle entrar.
Antonio lo esperaba en su despacho.
—Espero que tengas algo importante que decir.
Gabriel colocó las fotografías sobre la mesa.
—Mire esto.
Antonio observó las imágenes.
Su expresión cambió lentamente.
—¿Qué es todo esto?
—Pruebas.
—¿Pruebas de qué?
—De que alguien está manipulando a ambos bandos.
Antonio revisó los documentos durante varios minutos.
Los pagos.
Las propiedades.
Las empresas fantasma.
Todo parecía auténtico.
—¿Quién está detrás?
—Todavía no lo sé.
Aquella respuesta no le gustó.
—Entonces aún no tenemos nada.
—Tenemos más de lo que cree.
Antonio permaneció pensativo.
Por primera vez comenzó a considerar seriamente que quizás Víctor no fuera responsable de todo.
Sin embargo, todavía no podía olvidar a Lorenzo.
Todavía no podía perdonar.
Horas después, Gabriel visitó a Víctor Moretti.
La conversación fue muy parecida.
Víctor observó las pruebas en silencio.
—Interesante.
—¿Me cree ahora?
—Creo que alguien está jugando con nosotros.
—Entonces deben detener la guerra.
Víctor soltó una breve risa.
—Eso no es tan sencillo.
Y tenía razón.
Demasiada sangre había sido derramada.
Demasiados años de odio.
Aquella noche ocurrió algo inesperado.
Uno de los hombres sobornados fue capturado por los guardaespaldas de Antonio.
Bajo presión terminó confesando.
Reveló la existencia de una organización secreta conocida como La Sombra Negra.
Un grupo formado por empresarios corruptos, excriminales y antiguos socios de Federico Salazar.
Su objetivo era simple.
Eliminar a Antonio Romano y a Víctor Moretti para apoderarse de toda la ciudad.
Cuando Antonio escuchó la confesión quedó impactado.
Inmediatamente ordenó verificar la información.
Las investigaciones confirmaron gran parte de la historia.
Mientras tanto, Víctor recibió datos similares a través de sus propios informantes.
Por primera vez ambos mafiosos llegaron a la misma conclusión.
Existía un enemigo común.
Sin embargo, ninguno estaba dispuesto a confiar plenamente en el otro.
La tensión seguía siendo enorme.
Esa misma madrugada, Gabriel recibió una llamada anónima.
—Si quieres saber quién dirige La Sombra Negra, ve mañana al antiguo puerto.
—¿Quién habla?
Pero la llamada terminó.
Gabriel observó el teléfono durante varios segundos.
Aquello podía ser una oportunidad.
O una trampa.
Quizás ambas cosas.
Al mismo tiempo, en distintos puntos de la ciudad, Antonio Romano y Víctor Moretti recibían exactamente el mismo mensaje.
Un mensaje que los citaba en el antiguo puerto a medianoche.
Ninguno sabía quién lo había enviado.
Ninguno sabía qué encontraría allí.
Pero ambos decidieron acudir.
Porque después de meses de mentiras, traiciones y sangre, estaban más cerca que nunca de descubrir quién movía realmente los hilos de Ciudad Oscura.
Y en las sombras, alguien los observaba.
Alguien que llevaba mucho tiempo esperando ese momento.
Continuará en el Capítulo 4...