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Una Segunda Vida Como El Joven Moretti

Una Segunda Vida Como El Joven Moretti

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Romance
Popularitas:551
Nilai: 5
nombre de autor: Kye Soma

El profesor de lenguas Yoshiya Taksumagi ha recibido una segunda oportunidad de vivir. Pero este nuevo mundo le demostrará que una segunda vida no significa una vida perfecta.
Ahora, atrapado en el cuerpo de un niño llamado Joshua Moretti, deberá descubrir los secretos detrás de su llegada y enfrentarse a un destino que jamás pidió.

¿Cómo es que un profesor de una de las mayores facultades de Japón terminó siendo un simple niño en un mundo de magia?

NovelToon tiene autorización de Kye Soma para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La pesadilla

Después de un largo día, llegamos al castillo. En el comedor nos estaba esperando la reina Kathy y la pequeña Theresia. El comedor era tan grande que nuestras voces rebotaban en las paredes de coral. Las lámparas de perlas colgaban del techo, iluminando la mesa con una luz suave y cálida.

—¿Qué es lo que cargas en la mano?—Theresia habló en un tono tierno. Sus ojos brillaron al ver dos pequeños regalos que sostenía. Se levantó de su silla y corrió hacia mí, sus pies descalzos haciendo un leve ruido sobre el suelo de concha.

—Toma, y esta es para usted—Le di a Theresia una pequeña caja de regalo que hice yo mismo con un listón rosa. Me acerqué a la reina Kathy y le di el regalo con el listón azul. Kathy me miró con una expresión de sorpresa. Pero rápidamente se compuso y aceptó el regalo con una elegancia que solo una reina podría tener.

El hecho de que no me dé vergüenza es porque quiero aparentar ser un niño. Ambas abrieron las pequeñas cajas y cogieron sus pulseras. Theresia saltó de emoción, abrazando la pulsera contra su pecho como si fuera un tesoro. Sus ojos brillaban más que las perlas que acababa de recibir. Kathy, en cambio, la observó en silencio por un largo momento. Sus dedos rozaron las perlas con una delicadeza que no esperaba. Era como si estuviera tocando algo frágil, algo que podía romperse en cualquier momento.

—Gracias—dijo en voz baja. No añadió nada más. Pero el tono de su voz lo decía todo.

Theresia se sentó a mi lado durante la cena. No paraba de hablar sobre la pulsera, sobre cómo la usaría todos los días, sobre cómo se la mostraría a sus amigas. Kathy solo nos observaba en silencio, con una sonrisa pequeña y triste en los labios.

Después de comer, me fui a dormir. Mi cuerpo estaba agotado. El paseo con Katherine, el entrenamiento, las emociones del día... todo se acumulaba en mis hombros como un peso invisible. Me recosté en la cama, sintiendo cómo el colchón se hundía bajo mi peso.

Cerré los ojos y el sueño me envolvió como una manta.

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A la mañana siguiente, estaba en el lugar de entrenamiento junto a la reina Kathy. El sol filtrado por el agua creaba patrones de luz bailando sobre el césped. El aire era fresco y salado. Mis ojos se fueron a su mano izquierda y pude notar que tenía puesta la pulsera que le di.

¿Por qué? Cada vez me parece más raro su comportamiento. ¿Acaso le importa tanto un simple regalo de un niño?

Ambos estábamos sentados, viéndonos frente a frente. El césped era suave bajo mis piernas cruzadas.

—Hoy te enseñaré algo, pero esto es más difícil. Verás, utilizas runas en objetos, es decir, para hacer un hechizo utilizas las marcas de la tierra o un papel. Pero también es posible hacerlo en el aire—¿Qué? Presté atención a todas las palabras de la reina Kathy. Entonces, nunca necesité marcar en objetos. Esto es algo que no me esperaba.

—Es el mismo proceso, solo que en el aire. Intenta hacer una pequeña runa de agua—¿Por qué agua de todos los elementos?

Levanté mi mano e imaginando hacer el círculo, lo intenté. Pero nada salió. Solo aire y frustración. ¿Por qué? Repetí el mismo movimiento durante veinte minutos. Mi brazo comenzó a doler. El hombro me ardía. La frustración se acumulaba en mi pecho como una ola lista para romper.

—Intenta acumular magia mediante la absorción—Asentí e intenté inhalar la magia mediante el aire. Sentí cómo la magia pasaba alrededor de mis fosas nasales para llevarse a mi hígado. El proceso en sí es perturbador, como si algo vivo estuviera entrando en mi cuerpo. Una sensación fría y caliente al mismo tiempo. Como si mi interior estuviera siendo invadido.

Después de eso, lo intenté de nuevo. Pero esta vez salió un poco de agua. Una pequeña gota flotó en el aire frente a mí. Era diminuta, casi invisible, pero estaba allí. Flotando. Real.

—¡LO LOGRE!—Salté lleno de felicidad como si de verdad fuera un niño mentalmente. Mi risa resonó en el espacio vacío, rebotando en las paredes invisibles del lugar.

—BUM—Mi cuerpo cayó en el suelo, agotado por solo usar un poco de magia. El cansancio me golpeó como un mazo. Mis párpados se cerraron solos. La última imagen que vi fue el rostro de Kathy inclinándose sobre mí.

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Abrí los ojos después de un largo rato de sueño. La luz había cambiado. Ya no era el sol brillante de la mañana, sino un tono más dorado, más cálido. El viento pasaba por la ventana abierta del cuarto. Frente a mí estaba la reina Kathy, dormida, sentada en un banco de madera. Su cabeza estaba ligeramente inclinada hacia un lado. Su respiración era suave y profunda.

El vestido azul con varios detalles le quedaba tan bien. No pienses en esas cosas, Yoshiya. Me di dos bofetadas en las mejillas.

Deben ser como las nueve de la noche. No entiendo por qué me desmayé, pero es gracias a ella que me estoy volviendo fuerte. O eso creo.

Salí con cuidado del cuarto donde me estaba quedando. Mis pasos eran silenciosos, cautelosos. No quería despertarla. Este piso tiene ocho cuartos y uno de esos es la biblioteca. Por supuesto, no voy a entrar. No quiero que me quiten la vida una sirena, especialmente.

Me dirigí directo a la cocina. Los sirvientes ya habían terminado de trabajar, así que empecé a buscar en la cocina comida como loco. Abrí armarios, revisé estantes, moví cajones. Pero al final no encontré nada que estuviera listo para comer. Todo era ingredientes crudos, algas secas, y cosas que no sabía cómo preparar.

Encendí la estufa. ¿Por qué carajos hay fuego debajo del mar? No tiene sentido. Pero aquí estamos.

En una especie de cajón había vegetales, arroz y dos huevos. Perfecto. Preparé algo rápido. No era un banquete, pero servía. El arroz estaba un poco pasado, pero con un poco de sal y los huevos revueltos, quedó decente.

Después de terminar de cocinar, me senté en la mesa del comedor. El silencio era absoluto. Solo el sonido de mis cubiertos contra el plato. La luz de las lámparas de perlas proyectaba sombras alargadas en las paredes.

Ya terminando de comer, escuché una voz.

—Yo quiero—La cuchara quedó frente a mi rostro, con mi boca abierta. Volteé a ver y era Theresia, parada allí con sus grandes ojos fijos en mi plato. Su pijama blanca estaba arrugada. Su cabello azul oscuro estaba despeinado. Parecía recién despertada.

Menos mal que es una niña todavía. Aunque cuando crezca se convertirá en una ídolo.

—En la cocina quedó un poco—Theresia se fue limpiando su ojo y dio un bostezo. Llevaba puesta una pijama blanca y sostenía una almohada contra su pecho. Parecía un pequeño animal asustado.

Es mejor irme. Cuando decidí levantarme, una pequeña mano me jaló por la parte inferior de mi camisa.

—No te vayas. Me da un poco de miedo estar sola—Theresia dejó escapar estas palabras con una voz temblorosa. Sus dedos se aferraron a la tela como si yo fuera lo único sólido en su mundo.

—Está bien. Te esperaré—Hice un gesto intentando quitármela de encima.

Pero sus ojos brillaron intensamente. Maldita sea, qué tierna. No podía decirle que no. No con esa mirada.

Me senté a su lado mientras ella comía. Sujetó los cubiertos con precisión, aunque un poco temblorosa. La observé en silencio. Era tan pequeña, tan frágil. Me recordó a mí mismo cuando era niño. Bueno, cuando era niño en mi primera vida. Cuando mis padres murieron y me quedé solo. Nadie me esperaba en la mesa. Nadie me preguntaba si tenía miedo.

Después de comer, regresamos a nuestras habitaciones hablando suavemente y riéndonos de cosas sin sentido. Theresia me contó que le gustaban las estrellas de mar, que coleccionaba conchas, que quería ser una exploradora cuando creciera. Yo solo asentía y reía cuando decía algo gracioso.

Ella se fue por la puerta izquierda y yo seguí recto.

Entré a mi habitación con mucho cuidado, pensando en no despertar a Kathy. Pero cuando regresé, no había nadie. Solo la cama vacía y la ventana abierta.

Me recosté en la cama, cayendo en un profundo sueño.

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—No, padre. No, por favor—¿Qué es esto?

Ed estaba muriendo delante de mí. Isabella estaba desmayada, desangrándose en el suelo. Su vestido blanco se teñía de rojo. Daniel tenía una espada clavada en su cuerpo, justo en el pecho. Sus ojos estaban abiertos, vacíos. Ed tenía la mitad del rostro negro y cubierto de sangre. Una sustancia viscosa y oscura brotaba de su piel como si algo estuviera devorándolo desde dentro.

Yo no podía moverme. Mis pies estaban pegados al suelo. Mis brazos colgaban inertes. Mi boca se abría, pero no salía ningún sonido. Solo el eco de mis propios latidos.

Mi cuerpo temblaba. Mi respiración se agitaba con cada segundo. Espuma salió de mi boca. Un sabor amargo y metálico llenó mi garganta.

Por una piedra de cristal que estaba a mi izquierda, pude ver el rostro de mi yo anterior. El hombre de cabello negro y ojos vacíos. El profesor que había muerto solo en un hospital. El fracasado que no había logrado nada en la vida.

Me miraba con una sonrisa llena de satisfacción. Sus ojos negros eran demasiado grandes, demasiado profundos. Como dos pozos sin fondo.

—¿Enserio creíste que lograrías algo? Jajaja. Me das asco. Eres la decepción de tu familia. Nadie hizo nada por ti. Porque nadie cree en ti—Mostró los dientes como un desquiciado. Su risa resonó en mi cabeza, taladrando mis oídos.

Mi expresión se volvió sombría. Sentí que algo se rompía dentro de mí. Algo que no sabía que existía.

—Coff... Coff—Inhalé profundamente. El aire me faltaba. La ropa se pegaba a mi piel por culpa del sudor. Varias gotas cayeron sobre las sábanas. Mi pecho ardía. Mi corazón latía tan fuerte que podía sentir cada pulsación en mi garganta.

Como pude, corrí hacia el baño. Mis piernas apenas me sostenían. Tropecé con el marco de la puerta y caí de rodillas.

—Buaah—Vomité varias veces en el inodoro. El sabor amargo llenó mi boca. El ácido quemaba mi garganta. Mis manos temblaban mientras sujetaban el borde de la taza. Me levanté como pude, poniéndome frente al espejo.

El rostro que vi no era el mío. Era el de Joshua. Pero también era el mío. El mechón blanco que tenía delante de mi cabello se había corrido hacia la parte trasera. Mis ojos estaban inyectados en sangre. Mis labios estaban secos y agrietados.

Dejé escapar una risa irónica.

Me lavé el rostro durante varios minutos. El agua fría me ayudó a despejarme. Pero el eco de aquella risa seguía en mi cabeza.

Tuve que bañarme para bajar la fiebre. Me metí en la tina en forma de perla de mar con desesperación. El agua tibia me envolvió, pero no pude relajarme. Mi cuerpo seguía tenso. Mi mente seguía dando vueltas.

Me quedé un rato desconcertado allí, con el agua cubriéndome hasta el cuello. Las burbujas se disipaban lentamente.

¿Qué fue ese sueño? Realmente fue aterrador. No quiero que eso pase. Dije para mí mismo mientras apretaba mis puños bajo el agua.

Pero, ¿y si no es solo un sueño? ¿Y si es una advertencia? ¿Y si el destino me está mostrando lo que pasará si sigo siendo el mismo fracasado de siempre?

No lo sé. Pero lo que sí sé es que no puedo permitir que eso ocurra.

Esta vez, voy a protegerlos.

Esta vez, no voy a fallar.

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