Hola aaa aquie le straigo otra historia nueva, espero que les guste y que le den mucho amor como a las demás..
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23
La distancia entre ellos era más dolorosa que cualquier herida.
Desde la muerte del barón Harold Beaumont, el Palacio Negro había perdido la calidez que alguna vez tuvo.
Alisa evitaba a Arion en todo momento.
Si él desayunaba en el comedor...
Ella esperaba hasta que se marchara.
Si él caminaba por la biblioteca...
Ella cambiaba de pasillo.
Si sus miradas llegaban a cruzarse por casualidad...
Alisa bajaba los ojos y continuaba su camino.
Aquello era peor que cualquier discusión.
Arion habría soportado sus gritos.
Su enojo.
Incluso su desprecio.
Pero aquel silencio...
Lo estaba destruyendo.
Una mañana, el carruaje de la familia Beaumont llegó al palacio.
La madre de Alisa descendió con una expresión cansada.
Al verla, la joven corrió a abrazarla.
—Mamá...
La mujer acarició con ternura el cabello de su hija.
—Mi niña...
Sé que estás sufriendo.
Entraron juntas a la sala privada.
Durante varios minutos ninguna habló.
Finalmente, la señora Beaumont rompió el silencio.
—¿De verdad crees que Arion tuvo algo que ver con el accidente del barco?
Alisa apretó con fuerza la taza de té.
—Las pruebas...
Mamá negó con suavidad.
—Las pruebas también pueden fabricarse.
Alisa guardó silencio.
Su madre continuó.
—Tu padre admiraba mucho al Archiduque.
Hablaban durante horas sobre comercio, política y estrategias.
Incluso cuando el negocio salió mal, jamás regresó diciendo que desconfiara de él.
Todo lo contrario.
Decía que Arion era un hombre duro...
Pero justo.
La joven sintió cómo la duda volvía a instalarse en su corazón.
—Entonces...
¿Por qué no lo negó?
La mujer sonrió con tristeza.
—No lo sé.
Pero conozco la mirada de un hombre culpable.
Y también la de un hombre que está ocultando algo para proteger a alguien.
Piensa con calma antes de decidir qué creer.
Antes de marcharse, la señora Beaumont volvió a abrazar a su hija.
—Viajaré unos días con tus abuelos.
Necesitan compañía después de lo ocurrido.
Cuídate.
Y cuida también de ese muchacho testarudo.
Aunque no quiera admitirlo...
Se nota que te ama.
Alisa observó el carruaje alejarse por el camino principal.
Hasta que desapareció entre los árboles.
Mientras tanto...
Arion permanecía frente a la puerta de la habitación que compartía con Alisa.
Golpeó con suavidad.
—Alisa...
No obtuvo respuesta.
Esperó unos segundos.
—Solo quiero hablar contigo.
El silencio continuó.
Apoyó lentamente una mano sobre la madera.
—No voy a obligarte a perdonarme.
Solo dame la oportunidad de explicarme.
Del otro lado de la puerta...
Alisa permanecía sentada junto a la cama.
Las lágrimas amenazaban con volver.
Pero no respondió.
Arion cerró los ojos.
Por primera vez en muchos años...
No sabía qué hacer.
En el Palacio Imperial...
El príncipe heredero caminaba por uno de los corredores cuando escuchó varias voces provenientes de un despacho.
La puerta estaba entreabierta.
Reconoció inmediatamente la voz del emperador.
También la de Elena.
Y una tercera voz...
Grave.
Desconocida.
—La muchacha ya desconfía del dragón.
—Perfecto.
Respondió aquella tercera persona.
—Solo falta un último golpe.
El príncipe sintió un escalofrío.
Intentó asomarse un poco más.
Pero la figura permanecía completamente oculta por las sombras.
Solo pudo distinguir una mano cubierta por un guante negro.
No logró ver su rostro.
Retrocedió antes de ser descubierto.
Cada vez estaba más claro.
Alguien manipulaba incluso al emperador.
Aquella tarde...
Necesitando escapar de todo, Alisa caminó hasta el lago secreto que Arion le había mostrado semanas atrás.
El lugar seguía siendo igual de hermoso.
El agua cristalina reflejaba el cielo.
Los árboles protegían la orilla del mundo exterior.
Alisa respiró profundamente.
Después dejó sus zapatos sobre la hierba y entró lentamente al agua.
El frío le devolvió algo de tranquilidad.
Comenzó a nadar en silencio.
Muy lejos de allí...
Oculto entre los árboles...
Arion la observaba.
No quería molestarla.
Solo necesitaba asegurarse de que estuviera a salvo.
Verla sonreír, aunque fuera apenas un instante, alivió un poco el peso que llevaba sobre los hombros.
Pero entonces...
Su expresión cambió.
El viento le llevó un olor conocido.
Sangre.
Y traición.
A pocos metros de allí, un hombre intentaba escapar por el bosque.
Era el espía que había robado el sello oficial de la Casa Drakhar para falsificar los documentos.
Arion desapareció entre las sombras.
El hombre apenas alcanzó a girarse.
—¡N-no...!
No terminó la frase.
El Archiduque lo alcanzó antes de que pudiera huir.
—¿Quién te envió?
El espía sonrió con nerviosismo.
—Nunca lo sabrás.
Intentó activar un pergamino de escape.
Demasiado tarde.
El brillo de una espada cruzó el aire.
El bosque volvió a quedar en silencio.
Arion observó el cuerpo inmóvil.
Su mirada era fría.
Implacable.
La del hombre conocido como el Villano del Imperio.
No había disfrutado hacerlo.
Pero tampoco había dudado.
Porque aquel espía había intentado destruir la vida de Alisa.
Y no pensaba permitir que siguiera respirando.
En el lago...
Alisa se detuvo de pronto.
Llevó una mano hasta la marca de su clavícula.
Un escalofrío recorrió todo su cuerpo.
Durante un breve instante sintió una oleada de emociones que no eran suyas.
Ira.
Instinto.
Un deseo feroz de acabar con quien amenazara a la persona amada.
Respiró agitadamente.
Nunca había sentido algo tan intenso.
Las imágenes desaparecieron tan rápido como habían llegado.
Pero el eco de aquel impulso permaneció en su pecho.
No era suyo.
Era de Arion.
Y por primera vez comprendió algo que nadie le había explicado.
El vínculo de compañeros no solo unía sus corazones.
También les permitía sentir fragmentos del alma del otro.
Muy lejos de allí, Arion limpió lentamente la sangre de su espada.
Miró la marca de su pecho.
—Lo sentiste...
Murmuró con tristeza.
Y comprendió que ya no podría seguir ocultándole la verdadera naturaleza del dragón que habitaba dentro de él.
Porque amar a un dragón...
También significaba conocer la oscuridad contra la que luchaba todos los días.
Gracias autora /Heart//Rose//Heart/