En toda historia existe un héroe, una heroína, un villano y luego estaban ellas.
Dos mujeres que competían incluso por quién era capaz de arruinar con mayor elegancia el día de la otra, toda la nobleza estaba convencida de que, tarde o temprano, una terminaría asesinando a la otra.
El destino también lo creyó, lo que jamás imaginó...era que, la noche de sus bodas, ambas morirían y despertarían dos almas completamente diferentes.
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COCINA IMPERIAL
Aurelia: Ninguno, al contrario, vine porque quiero pedirles un favor, quiero aprender cómo cocinan ustedes
—¿Aprender... de nosotros?
Aurelia: Sí, porque yo sé cocinar, pero ustedes conocen ingredientes que yo jamás había visto, así que ¿me enseñarían?
—Será un honor, Majestad
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Tomas: Majestad, la emperatriz se encuentra en las cocinas imperiales
Darius: entiendo
Tomas: Está... preparando pan
Darius: ¿Preparando pan?
Tomas: Sí, Majestad y según parece está haciendo reír a todos los cocineros
Darius: (¿Qué está haciendo Aurelia en una cocina?, seguí leyendo los documentos que tenía que revisar hoy, cerré lentamente el informe, no lograba dejar de pensar en ella, intente leer otro documento y nada, lo deje a un lado)
Tomas: Majestad falta revisar los informes del Consejo del Norte
Darius: Tomas…
Tomas: ¿Sí, Majestad?
Darius: ¿La emperatriz regresó a sus aposentos?
Tomas: No, Majestad
Darius: ¿Dónde está?
Tomas: sigue en las cocinas imperiales, tal vez deba informar un detalle, el jefe de cocina envió un mensaje hace unos minutos
Darius: ¿Ha ocurrido algún problema?
Tomas: según el jefe de cocina la emperatriz pidió permiso para aprender
Darius: ¿Aprender?
Tomas: Sí, Majestad, dice que no fue a supervisar, ni a ordenar pidió que le enseñaran cómo funciona la cocina imperial, también parece que ha estado haciendo preguntas durante toda la mañana
Darius: ¿Qué clase de preguntas?
Tomas: Sobre hornos, harinas, hierbas, fermentación
Darius: ¿Algo más?
Tomas: Sí, Majestad, toda la cocina está riéndose
Darius: ¿Por qué ríen?
Tomas: No lo sé, pero uno de los ayudantes juró haber visto al maestro de la cocina llorando de la risa
Darius: (conocía al jefe de cocina desde hace muchos años, es un hombre serio, exigente, perfeccionista, jamás lo había visto perder la compostura, ¿Qué está haciendo?, Solo iré a comprobar que todo marche correctamente después de todo es la emperatriz, si está alterando el funcionamiento de las cocinas, debo saberlo, eso es todo, me levante y comencé a caminar hacia las cocinas imperiales)
Tomas: ¿le preocupa la emperatriz?
Darius: solo me preocupa que algo altere el castillo (A medida que me acercaba a las cocinas el aroma comenzó a cambiar, el aire olía a mantequilla, pan recién horneado hierbas aromáticas, caldo y especias, hacía años que no caminaba por aquella parte del palacio.
Entonces escuche una carcajada, fuerte, espontánea, sincera, las risas llenaban las paredes de la cocina, todos estaban riendo, aquella risa no se parece a nada que hubiera escuchado antes, era imposible distinguir quién reía más, no era la risa discreta de una dama noble, ni la risa contenida de una ceremonia, era contagiosa, como si la mujer al otro lado de la puerta hubiera olvidado por completo que llevaba una corona)
Tomas: ¿Aviso de su llegada, Majestad?
Darius: No (la escuche decir que, si siguen amasando con esa fuerza, la masa terminará odiándolos, toda la cocina estalló en carcajadas, ¿La masa puede odiar a alguien?, escuche lo que el jefe de cocina le pregunto)
—Majestad ¿Por qué desea aprender todo esto?
Aurelia: Porque hice una promesa
—¿Una promesa?
Aurelia: Sí, al emperador, durante el desayuno me di cuenta de que Su Majestad no sabe cuál es su comida favorita así que prometí descubrirla y las promesas deben cumplirse
—¿Y cómo piensa descubrirlo?
Aurelia: probando, ya hice una lista
Darius: (di un paso más, lo suficiente para que la puerta, que había quedado apenas entreabierta, me permitiera ver el interior, ella estaba de espaldas con el cabello recogido de forma descuidada, llevaba un delantal blanco sobre el vestido imperial, tenía harina en una mejilla y sostenía un enorme pergamino, el jefe de cocina tomo el pergamino y comenzó a leerlo en voz alta)
—Proyecto: Comida Favorita del Emperador
Darius: (sentí algo muy extraño en el pecho, era calidez, no sabía cómo describirla, solo sabía que aquella escena resultaba tan absurda como agradable, le asigno a cada uno algo, quien haría el postre, las aromáticas, a todos les dio algo que hacer, observaba todo sin intervenir hasta que escuche su última frase, una que hizo que todo el ruido desapareciera)
Aurelia: No quiero cocinar para el emperador porque sea mi deber, quiero hacerlo porque deseo que, al menos una vez al día, olvide el peso de la corona
Darius: (¿Qué me está haciendo ella?, primero me roba el aliento en nuestra alcoba, ahora mi corazón acaba de dar un vuelco, suficiente para dejarme sin palabras, porque en toda mi vida no había recibido un regalo tan único como este, nadie había intentado aliviar el peso que llevo sobre mis hombros y esa simple intención vale más que todo el tesoro del mundo, regrese a mi despacho)
Aurelia: con que aquí estaba majestad, le cuento que he estudiado para prepararle una deliciosa cena, así que lo invito a nuestra cena especial, le confieso que me gusta la privacidad y por eso nuestra cena será en el balcón de nuestra alcoba