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El Tesoro Que El Mafioso Nunca Esperó Encontrar

El Tesoro Que El Mafioso Nunca Esperó Encontrar

Status: Terminada
Genre:Mafia / Amor a primera vista / Matrimonio arreglado / Romance oscuro / Completas
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: franericá

Ángel Martínez siempre supo que no nació para sí misma. Hija de uno de los mafiosos más temidos de España, fue criada para ser perfecta, silenciosa y sumisa —una pieza en el engranaje del poder de su padre.

Entre libros escondidos, dibujos prohibidos y sueños sofocados, aprendió a sobrevivir en un mundo donde la libertad no existe.

Al cumplir 18 años, Ángel recibe lo que creyó ser su primer regalo real: un viaje a Italia. Pero Roma, tan hermosa y tan viva, guarda más que cultura y encanto. Guarda un destino que jamás imaginó.

Dante Moretti, el Don más temido de Italia, vive entre fiestas, sangre y poder. Arrogante, irresistible e implacable, nunca creyó en el romance —y mucho menos en el matrimonio arreglado. Hasta que ve a Ángel por primera vez, de lejos, sin saber quién es… y siente algo que no sintió por nadie.

Ella es la futura esposa de Dante Moretti.

NovelToon tiene autorización de franericá para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23

Angel narrando

Pensaba que estaba preparada.

Que el vestido floral, el maquillaje suave y el perfume que elegí con tanto cariño serían suficientes para mantenerme en calma.

Pero bastó ver a Dante esperándome para percibir que nada en el mundo habría sido capaz de prepararme para aquello.

Él tenía una presencia… imposible de ignorar.

El aura impecable, poderosa, elegante — pero había más. Mucho más.

La camisa oscura dibujaba el cuerpo fuerte, las mangas arremangadas revelaban las venas marcadas del antebrazo, y el cabello… aquel cabello que siempre imaginé tocar.

Cuando nuestras miradas se encontraron, sentí mi estómago dar vueltas, como si el suelo hubiese desaparecido.

No era una mirada común. Era intensa. Profunda.

Casi peligrosa.

Y aún así… segura.

Como si yo fuese algo raro. Algo valioso.

Dios mío.

Salimos de la mansión y entramos en su coche — un coche lujoso, silencioso y confortable. Noté que los guardaespaldas nos seguían a la distancia, siempre atentos.

Así que empezamos a rodar por las calles de Italia, ya sentí el corazón acelerarse. Dante conducía concentrado, pero de vez en cuando lanzaba una de aquellas miradas que me dejaban sin aire.

Él me llevó a conocer algunos puntos turísticos, y cada uno parecía más perfecto que el otro, exactamente como yo siempre imaginé.

Cuando paramos delante de la Fontana di Trevi, sentí mi pecho apretarse de tanta belleza.

Dante:

— Aquí es perfecto — dijo Dante, con la voz baja.

Angel:

— Sí… me está encantando estar aquí — respondí, sincera.

Él me encaró por algunos segundos, como si estuviese leyendo mi alma.

Dante:

— ¿Quieres alguna cosa? — preguntó.

Miré alrededor y divisé una papelería pequeña. Mi corazón se iluminó.

Angel:

— Si no es molestia… quería aquel cuaderno y aquel pincel — pedí.

Dante arqueó la ceja, sorprendido.

Pero no cuestionó. Solo hizo una leve señal con la cabeza.

Él pagó sin dudar y volvimos para cerca de la fuente. Vi algunos bancos y tiré de su mano.

— Quiero mostrarte algo. Prometo que no va a demorar — hablé, sonriendo.

Dante narrando

Aún estoy intentando entender este pedido inesperado… pero algo me dice que vale la pena ver hasta dónde ella va.

Sentamos en el banco. Ella abrió el cuaderno, observó el entorno por algunos instantes y entonces… comenzó a dibujar.

Los trazos eran leves, precisos, delicados.

Angel parecía entrar en otro mundo cuando dibujaba.

Y yo… no conseguía apartar los ojos de ella.

Ella mordió el labio inferior, concentrada.

Aquello fue… peligroso para mí. Una invitación involuntaria. Una prueba para mi sanidad.

Y fallé miserablemente — tuve que desviar la mirada antes de que hiciese alguna tontería.

Salí de mi trance cuando ella habló:

Angel:

— ¡Terminé!

Ella estaba radiante, y algo en mí simplemente se derritió.

Cogí el cuaderno y me quedé sin palabras.

Dante:

— Angel… es lindo. Dibujas muy bien — respondí, y era la pura verdad.

Ella es mucho más que un rostro bonito. Mucho más.

Ella me miró con un poco de vacilación en los ojos.

Angel:

— Yo sé que todo esto es un acuerdo, y sé que… debo ser sumisa a ti. Fui criada para eso.

Pero quería pedir una cosa… ¿puedo dibujar y leer cuando quiera?

Me quedé incrédulo. ¿Será que ella nunca pudo hacer lo que amaba?

Dante:

— Yo nunca te voy a impedir, Angel — hablé, dejando escapar más de lo que pretendía. — Quiero que dé cierto entre nosotros. Puedes hacer lo que quieras, lo que te hace feliz.

Soy el Don, soy un mafioso cruel… pero contigo, yo no quiero ser eso. Quiero ser apenas Dante.

Ella quedó sorprendida.

Y, antes de que yo pudiese decir alguna cosa más, ella se inclinó y me besó

Y entonces aconteció. Un paso. Una respiración. Una mirada.

Pero así que sentí el toque suave de su boca,

yo la tiré por la cintura, instintivamente, como si aquello fuese algo que mi cuerpo buscaba hace años.

El beso comenzó leve, suave… Pero yo lo profundicé.

Sentí el gusto de ella — dulce, caliente, inocente y, al mismo tiempo, peligroso para mí.

Porque yo supe, en aquel exacto momento, que no tendría vuelta.

Ella era mi ruina. Y, al mismo tiempo… mi descanso.

Pasé la mano por la nuca de ella, despacio, tirándola más cerca.

Y ella correspondió. Con entrega.

Con cariño. Con algo que nunca vi en ningún lugar.

Esta pelirrojita… me cogió de lleno.

E hice para mí mismo una promesa silenciosa:

Voy a cuidar de ella. Siempre. Cueste lo que cueste.

Angel narrando

Después del beso, continuamos el paseo… pero todo estaba diferente.

Hasta el aire parecía más leve.

Dante me llevó a un restaurante encantador, con vista para la ciudad iluminada.

Aquel tipo de lugar que parece haber sido hecho para escenas de películas románticas.

Las mesas eran pequeñas, con velas encendidas, flores delicadas y una música suave tocando al fondo. Él tiró de la silla para mí — un gesto simple, pero que hizo mi corazón acelerarse.

Conversamos.

Reímos.

Y, por primera vez, sentí que había dos hombres dentro de él:

El Don.

Y Dante.

Y en aquella cena, yo solo estaba con el segundo.

Él me contó cosas que yo nunca imaginé que un hombre como él contaría.

Momentos difíciles, miedos de infancia… cosas reales.

Verdaderas.

Y yo me pillé hablando demasiado también — abriendo ventanas de mi alma que pensé que estaban trancadas.

La comida estaba perfecta.

El vino era delicioso.

Pero nada superaba la forma como él me observaba, como si cada palabra mía fuese preciosa.

Cuando terminamos, él tocó mi mano sobre la mesa.

— Gracias por hoy — él dijo bajo. — Por ti.

Y yo sentí.

Nuestro primer encuentro había sido más que un paseo.

Había sido un comienzo.

Un comienzo peligroso, intenso, dulce…

¡E inevitable!

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Maria Cruz
me encanta..me atrapo desde el principio..🥰
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