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LA GORDITA QUE ENAMORÓ AL MAFIOSO

LA GORDITA QUE ENAMORÓ AL MAFIOSO

Status: En proceso
Genre:Grandes Curvas / Mafia / Posesivo
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Orozco

Valentina Morales está acostumbrada a que la gente juzgue su cuerpo antes de conocer su corazón.

Después de perder su empleo y descubrir que su hermano tiene una enorme deuda con un hombre peligroso, Valentina acepta trabajar para el único hombre capaz de ayudarlos: Damián Ferrer, el mafioso más poderoso y temido de la ciudad.

Damián está acostumbrado a conseguir todo lo que quiere. Las mujeres se acercan a él por su dinero, su poder y su apellido.

Pero Valentina es diferente.

Ella no se deja intimidar.

No intenta conquistarlo.

No acepta sus órdenes sin discutir.

Y, sobre todo, no permite que nadie vuelva a hacerla sentir menos por tener curvas.

Lo que comienza como una relación basada en una deuda terminará convirtiéndose en una historia de amor, celos, traiciones y secretos.

Damián juró que jamás se enamoraría.

Valentina juró que jamás permitiría que un hombre controlara su vida.

NovelToon tiene autorización de Orozco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

la heredera

Los disparos continuaban afuera.

Damián sujetó a Valentina y la llevó detrás de una gruesa columna.

—¡No te muevas! —ordenó.

—¿Y Esteban?

—¡Rafael se encargará de él!

Pero cuando Damián miró hacia la puerta, Esteban ya había desaparecido.

—¡Maldita sea!

Valentina estaba temblando.

—Damián, ¿qué quiso decir con que soy la heredera?

—No lo sé.

—¡Esteban dijo que mi madre escondió una fortuna a mi nombre!

—Lo escuché.

—Entonces quiero saber la verdad.

Damián la miró fijamente.

—Primero tenemos que salir vivos de aquí.

Los hombres de seguridad entraron rápidamente.

—¡Señor, el jardín está despejado!

—¿Y los atacantes?

—Escaparon.

Damián miró a Valentina.

—¿Estás herida?

—No.

—¿Segura?

Ella asintió.

—Sí.

Damián tomó su rostro entre las manos.

—No vuelvas a hacerme esto.

—Yo no provoqué el ataque.

—Lo sé.

La abrazó con fuerza.

Valentina apoyó la cabeza sobre su pecho.

—Pensé que iba a perderte.

Damián cerró los ojos.

—No me vas a perder.

Una hora después, todos estaban reunidos en el despacho.

Rafael había escuchado todo lo que Esteban dijo.

—Si realmente existe una fortuna a nombre de Valentina, entonces tu madre debió dejar algún documento.

—¿Dónde? —preguntó Valentina.

Rafael negó con la cabeza.

—No lo sé.

Damián colocó sobre la mesa la llave que habían encontrado.

—Encontramos esto detrás del reloj.

Rafael la observó.

—Es una llave antigua.

—¿Reconoces el símbolo?

Rafael se quedó inmóvil.

—Sí.

—¿De dónde?

—De un banco.

Valentina levantó la mirada.

—¿Qué banco?

Rafael respondió:

—El Banco Imperial.

Damián frunció el ceño.

—Ese banco cerró hace años.

—La sucursal cerró —aclaró Rafael—. Pero las cajas de seguridad siguen bajo custodia.

Valentina tomó la llave.

—Entonces iremos allí.

Damián negó.

—No.

—¿Otra vez?

—Es demasiado peligroso.

—Es mi vida, Damián.

Él la miró.

—Precisamente.

Valentina se acercó.

—Si mi madre dejó algo para mí, quiero saber qué es.

Damián suspiró.

—Está bien.

A la mañana siguiente, llegaron al antiguo banco.

El edificio estaba casi vacío.

Un empleado mayor los recibió.

Damián mostró la documentación necesaria.

—Venimos por una caja de seguridad.

El hombre revisó los registros.

—¿Nombre?

—Valentina Morales.

El empleado se quedó sorprendido.

—Esta caja lleva diez años esperando ser reclamada.

Valentina sintió un escalofrío.

—¿Desde cuándo?

—Desde el día de su nacimiento.

El hombre la condujo hasta una habitación privada.

Valentina introdujo la llave.

La puerta se abrió.

Dentro había una pequeña caja.

La tomó con manos temblorosas.

Damián permaneció a su lado.

—¿Quieres que la abra?

Valentina negó.

—Quiero hacerlo yo.

Abrió la caja.

Dentro había documentos, una memoria digital y una carta.

La carta tenía el nombre de su madre.

Valentina comenzó a leer.

“Mi querida hija: si has llegado hasta aquí, significa que finalmente conociste la verdad.”

Las lágrimas comenzaron a caer.

“Lo que encontrarás en esta caja no es solamente dinero. Es la prueba de que nuestra familia fue traicionada.”

Valentina continuó.

“La fortuna que dejé a tu nombre proviene de negocios legales que construí junto a tu padre. Pero alguien intentó apoderarse de ella.”

Damián miró los documentos.

—Hay cuentas bancarias.

Valentina siguió leyendo.

“No confíes en Alejandro. Pero tampoco confíes ciegamente en nadie que diga conocerme.”

Valentina levantó la mirada.

—¿Por qué escribió eso?

Rafael, que los acompañaba, respondió:

—Porque sabía que nadie era completamente confiable.

Valentina tomó la memoria.

—¿Qué habrá aquí?

Damián la guardó cuidadosamente.

—Lo descubriremos en la mansión.

Cuando salieron del banco, Valentina sintió que alguien los observaba.

Miró hacia la calle.

—Damián.

—¿Qué?

—Creo que alguien nos está siguiendo.

Damián miró por el espejo del automóvil.

Un vehículo negro estaba detrás de ellos.

—Sí.

—¿Qué hacemos?

—No mires hacia atrás.

El automóvil comenzó a acelerar.

El vehículo negro hizo lo mismo.

—Nos están siguiendo —dijo Rafael.

Damián tomó una calle secundaria.

El automóvil continuó detrás.

—Agárrense.

Damián aceleró.

Después de varios minutos, logró perderlos.

Pero cuando llegaron a la mansión, encontraron algo que los dejó sin palabras.

La puerta principal estaba abierta.

Damián sacó su arma.

—Quédense aquí.

Entró lentamente.

No había nadie.

Pero sobre la mesa del salón había un sobre.

Damián lo tomó.

En la parte exterior estaba escrito:

“Para Valentina.”

Ella lo abrió.

Dentro había una fotografía.

Era una imagen de su madre.

Pero esta vez no estaba sola.

A su lado aparecía un hombre que Valentina reconoció inmediatamente.

—No...

Damián tomó la fotografía.

—¿Quién es?

Valentina lo miró.

—Mi padre.

—¿Qué pasa?

—Mira la fecha.

Damián la observó.

Su expresión cambió.

La fotografía había sido tomada tres años después de la supuesta muerte de su madre.

Valentina comenzó a llorar.

—Entonces mi madre también estaba viva.

Rafael se acercó.

—Eso significa que...

—Que mis padres estuvieron juntos después de que todos creíamos que habían muerto —terminó Valentina.

Damián miró la fotografía.

En la parte posterior había una frase:

“Tus padres no murieron cuando te dijeron. Los hicieron desaparecer.”

Valentina sintió que el mundo se derrumbaba.

—¿Quién los hizo desaparecer?

Damián respondió:

—Eso es lo que vamos a descubrir.

Pero en ese momento llegó otro mensaje al teléfono de Valentina.

“Si quieres encontrar a tu madre, ven sola mañana a medianoche.”

Debajo había una dirección.

Y una última frase:

“No le digas a Damián.”

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