Yo, Evana. viví una hermosa vida con el hombre que amé y con mis hijos también. Pero alguien me lo arrebato todo.
He vuelto al pasado para descubrir a mi asesino y el de mi familia.
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Capitulo 3
Evana abrió la puerta del penthouse de par en par.
Su padre, erguido frente al umbral con el rostro tenso y la mano aún alzada para volver a golpear la puerta, se detuvo en seco. Esperaba encontrar a una mujer deshecha, pero en su lugar vio a una ejecutiva impecable: traje sastre negro, cabello recogido y una mirada tan fría que habría hecho retroceder a cualquiera.
—Llegas tarde para gritar, papá —dijo Evana con voz neutra, pasando a su lado sin siquiera mirarlo.
El hombre pestañeó, sorprendido por el aplomo de su hija. En su vida anterior, Evana habría reaccionado con sometimiento o con una rabieta defensiva. Pero esta vez, el rostro de su padre se suavizó de una manera desconcertante. El ceño fruncido se desvaneció y en sus ojos apareció una chispa de genuina preocupación.
—Evana... tenías días sin responder —murmuró él, dando un paso hacia ella con una voz sorprendentemente cálida—. Estaba preocupado. Sé que no siempre sé expresarme como esperas, pero me asustó pensar que te hubiera pasado algo.
Evana se congeló un segundo, dándole la espalda. ¿Preocupado? ¿Su padre? El hombre que la había obligado a estudiar hasta el desmayo de niña y que la trataba como a un peón de ajedrez jamás hablaba así. Mantuvo la guardia en alto, atribuyendo el cambio a una táctica de manipulación corporativa.
—Estoy lista para asumir la presidencia —sentenció ella, girándose con la barbilla en alto—. Hoy firmaré la transferencia de poder. No perderemos más tiempo.
Su padre la observó unos segundos en silencio. En lugar de exigirle garantías o presionar sobre los números, esbozó una sonrisa suave y asintió.
—Si estás segura de que estás bien, así será. El coche está abajo.
Al descender a la entrada del edificio corporativo, una figura menuda corrió hacia ellas cruzando el vestíbulo de mármol. Tenía la respiración agitada y los ojos cristalinos.
—¡Evana! —exclamó Valeria, deteniéndose justo frente a ella.
Sin pedir permiso, Valeria la envolvió en un abrazo apretado y sincero. Oler su perfume familiar y sentir la calidez de su mejor amiga desde la infancia hizo que el corazón helado de Evana se agitara por un instante.
—¡Dios mío, estaba tan asustada! —dijo Valeria al separarse, sujetándola suavemente por los hombros mientras la examinaba con la mirada—. Llevaba días llamándote. Tu padre me dijo que estabas indispuesta, pero no me dejó ir a verte. ¡Pensé que te había pasado algo grave!
—Estoy bien, Valeria —respondió Evana, forzando una comisura de sus labios hacia arriba en el primer gesto humano que mostraba en días.
—No tienes que fingir conmigo, ¿de acuerdo? —Valeria le tomó la mano con ternura—. Sé la presión brutal que tienes encima con la toma de mando. Pero no estás sola...
Evana sintió un nudo en la garganta. En este mar de sombras y recuerdos trágicos, la lealtad incondicional de Valeria se sentía como un faro de luz.
—Gracias, Valeria. De verdad te necesito aquí.
Minutos después, Evana ingresó a la sala de juntas principal. La mesa de caoba estaba rodeada por los accionistas y directivos más poderosos de la firma. Varios de ellos la miraban con escepticismo, murmurando sobre su juventud y cuestionando si la hija del fundador tendría la capacidad de liderar el imperio.
Evana caminó hasta la cabecera de la mesa. Apoyó las palmas de las manos sobre la madera pulida y los recorrió a todos con una mirada tan cortante que las murmuraciones cesaron al instante.
—Sé lo que están pensando —declaró Evana, rompiendo el silencio con un tono implacable—. Piensan que soy una heredera sin experiencia. Les sugiero que guarden sus dudas para sus cartas de renuncia si no alcanzan las cuotas del primer trimestre. A partir de hoy, la compañía no solo mantendrá su hegemonía; destruiremos a cualquier competidor que intente cruzarse en nuestro camino.
Firmó los documentos de traspaso de poder con un trazo firme. Mientras los ejecutivos aplaudían con una mezcla de respeto y temor, Evana miró por el gran ventanal hacia el rascacielos de la empresa rival al otro lado de la avenida.
Su corona de hielo estaba puesta de nuevo. Ahora, la cacería de los asesinos de su familia acababa de comenzar.
Gracias por los capítulos autora