NovelToon NovelToon
Cinco años después, el magnate me quiere de vuelta

Cinco años después, el magnate me quiere de vuelta

Status: Terminada
Genre:CEO / Arrogante / Maltrato Emocional / Embarazo no planeado / Malentendidos / Dejar escapar al amor / Enfermizo / Completas
Popularitas:386.2k
Nilai: 4.6
nombre de autor: Galaxy

Durante cinco años, Valentina lo dio todo por callar: un matrimonio que la humilló, una pierna que quedó coja, una hija sorda que crió sola… y un secreto que le partía el alma. Porque la pequeña Dulce no era hija de su despreciable exmarido. Era hija de Maximiliano Argüello, el magnate que la abandonó creyendo que ella lo había traicionado.

Cuando él regresa —más rico, más frío, más cruel—, le escupe las palabras que ella jamás olvidará:

—Esos ojos, cúratelos. Y a esa niña, déjasela a tu amante. No vaya a estorbarte para casarte con otro rico.

Valentina aprieta los dientes y sonríe. Que la desprecie. Que no sepa nada. Es mejor así.

Pero el destino es cruel con los secretos. Una prueba de ADN, un rumor envenenado, una enfermedad que ella esconde de todos… y de pronto el hombre que la trató como basura está de rodillas, con su hija en brazos, suplicando:

—Perdóname, Valentina. No sabía… No sabía nada. ¡No te mueras, por favor!

¿Y la verdad sobre su madre? ¿Sobre quién destruyó de verdad a las dos familias? Esa apenas empieza a salir a la luz… y hará temblar a toda la dinastía Argüello.

Demasiado tarde, magnate. Esta vez, la que decide soy yo.

NovelToon tiene autorización de Galaxy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11

Capítulo 11: La verdad de Bruno

El Reclusorio olía a cloro y a encierro.

Valentina esperó del otro lado de una mesa de metal atornillada al piso, con la carpeta del divorcio entre las manos y el licenciado Tamez de pie a su lado, mientras un custodio traía a Bruno. Habían pasado tres semanas desde la casa de campo. Tres semanas en las que el mundo de los Salazar se había caído como un edificio mal cimentado.

Porque Maximiliano no se había conformado con la denuncia por el secuestro. Había mandado a su gente a escarbar, y abajo de Bruno Salazar había mucho que escarbar: una estudiante a la que años atrás habían emborrachado en una fiesta y a la que la familia compró el silencio con un cheque y una amenaza; una fábrica de la inmobiliaria que vendía material de mala calidad con certificados falsos, fraude de los que mandan a la cárcel a varios a la vez. Cada cosa había salido a la luz en su momento exacto, como fichas de dominó cayendo una tras otra: primero los bancos retiraron las líneas de crédito, después los socios se esfumaron, después llegaron las citaciones, y al final, las esposas. Inmobiliaria Salazar amaneció un día con las cuentas congeladas y el apellido en los periódicos de nota roja. Doña Carmen, que tanto había presumido su candil enorme, ahora no contestaba el teléfono a nadie.

Valentina no había pedido nada de eso. Pero no podía decir que no le supiera, en algún rincón oscuro, a justicia. Todo ese expediente, ordenado con una frialdad quirúrgica, había llegado a las manos correctas. Y el imperio de don Bruno se había convertido, en cuestión de semanas, en una serie de carpetas penales.

Bruno se sentó frente a ella. Ya no traía la sonrisa. Traía el uniforme caqui, ojeras, y un rencor que le había puesto la cara diez años más vieja.

—Firma —dijo Nico, deslizando los papeles y una pluma sobre la mesa—. Divorcio voluntario. Renuncias a oponerte a la custodia de la menor. Es lo que acordó tu abogado para que… colabores. Te conviene, Salazar. Mucho.

Bruno miró los papeles largo rato. Después tomó la pluma y firmó, renglón por renglón, con trazos rabiosos que casi rompían el papel.

Cuando Nico se apartó un momento a sellar las copias con el custodio, Bruno se inclinó sobre la mesa, y le habló a Valentina en voz muy baja, solo para ella, con una sonrisa nueva, la más fea de todas.

—¿Sabes qué es lo único que me da gusto de todo esto? —murmuró—. Que durante cinco años, la hija del gran Maximiliano Argüello me dijo "papá" a mí.

A Valentina se le heló la sangre.

—No sé de qué hablas —dijo, con la garganta seca.

—Por favor. —Bruno soltó una risita sin alegría—. Yo no puedo tener hijos, Valentina. Lo supe desde antes de casarme contigo. Y me casé contigo de todos modos, embarazada de otro, ¿y sabes por qué? Porque me divertía. Porque sabía perfectamente de quién era esa niña. Lo supe siempre. —Se acercó otro poco—. Y me callé. Dejé que esa criatura creciera diciéndome papá, dejé que él anduviera por el mundo sin saber que tenía una hija, y me reí solo cada noche. Esa fue mi venganza contra los que se creen mejores que yo. Y nadie me la quita. Ni la cárcel.

Valentina apretó la carpeta hasta que el cartón se dobló. Quiso aventarle algo, gritarle, pero entendió, con un asco que le subió por el pecho, que eso era exactamente lo que él quería: una última reacción de la que alimentarse.

Así que se puso de pie, recogió sus papeles y lo miró desde arriba, con una calma que le costó toda el alma.

—Te equivocas en una cosa, Bruno. —Su voz no tembló—. No te divertías. Te consolabas. Porque un hombre que tiene que robarse el "papá" de la hija de otro para sentirse grande es el hombre más pequeño que conozco. Disfruta tu celda.

Y se fue sin voltear, mientras él le gritaba algo a la espalda que los custodios acallaron.

Pero por dentro iba temblando. En el pasillo se recargó un segundo en la pared fría. Bruno lo había sabido siempre. Cinco años. Cinco años de bautizos y fotos y "papá" robado, sabiéndolo. Y peor: durante cinco años, mientras Maximiliano cruzaba el mundo creyendo que ella lo había dejado por dinero, había tenido una hija sin enterarse, porque Bruno se había callado por puro veneno. La culpa que ella cargaba —la de haberle escondido a Dulce— se enredó con una rabia nueva contra Bruno, y las dos juntas le pesaron tanto que tuvo que respirar despacio para no marearse.

Buscó a Nico con la mirada. El abogado seguía a unos metros, sellando copias con el custodio, lejos, sin haber oído nada. Valentina soltó el aire. El secreto seguía siendo suyo. De ella y de Camila. De nadie más. Tenía que seguir siendo así.

Tres días después, en el registro civil, una funcionaria con cara de aburrimiento le entregó la copia certificada de su divorcio, como quien entrega un recibo de la luz. Para esa mujer era trámite número cuarenta del día. Para Valentina era el final de una condena de cinco años.

Volvía a ser Valentina Rivas, sin el apellido de nadie encima. Leyó el papel tres veces para creerlo. Después lo guardó con cuidado, como se guarda algo que costó sangre.

Salió a la calle y respiró un aire que le supo distinto. Por primera vez en cinco años, nadie era dueño de su firma, ni de su cama, ni de su miedo. Esa tarde recogió a Dulce del Colegio y, en vez de tomar el camión directo, se gastaron unas monedas en un elote con todo y se sentaron en una banca del parque a comérselo, las dos, sin prisa, mientras la niña le contaba un chisme de su salón. Le había prometido un elote semanas atrás, la primera noche en urgencias. Por fin se lo cumplía.

Bruno preso. El divorcio hecho. La pierna sanando. Dulce a salvo, con la operación de oídos en camino. Por un instante, en esa banca, con grano de elote en la barbilla de su hija y el sol cayendo tibio, Valentina se permitió pensar que quizá lo peor ya había pasado.

Esa noche, acostando a Dulce, el celular le vibró en el buró.

Número desconocido. Otra vez.

Lo abrió con el estómago apretado, esperando a Bruno, a Joana, a cualquiera de los fantasmas viejos. Pero el mensaje no era de ningún fantasma viejo.

"Felicidades por tu libertad, Valentina. Disfrútala mientras dure. En esta ciudad hay gente a la que no le conviene que te acerques tanto a los Argüello. Aléjate de Maximiliano si quieres a tu hija tranquila. Estás avisada."

Valentina miró la pantalla mucho rato, con el cuarto a oscuras y la respiración de Dulce dormida al lado. No reconocía el número. No reconocía el tono. Pero quien lo había escrito sabía dos cosas: que ella se estaba acercando a Maximiliano, y que su punto débil tenía nombre y cinco años y dormía a su lado. Borró el mensaje, como si borrarlo lo hiciera menos cierto, y se quedó despierta, otra vez, mirando el techo.

Una puerta se cerraba. Y otra, que no alcanzaba a ver, acababa de abrirse.

1
Cliente anónimo
Hay no entiendo su actitud 🙄 Pobre y no dice la verdad Le gusta pasar calamidad
Ysmenia Sanzonetti
excelente
Fabiola Araya
también me salte muchas líneas en la lectura
pasaron los años y Mateo seguía en brazos de su mamá un bebé
los padrinos (papás de la amiga que no la iban a dejar nunca ) jamás aparecieron
nunca crítico una novela pero de verdad que decepción
nada que decir los comentarios que escribimos varias refleja la opinión de su novela
Fabiola Araya
y según le está diciendo papá por primera vez jjjj
cuando fue a España ya le había dicho papá como su nada
noooo mejor leer novelas de 50 capitulos así más cortas bien relatadas
por fin me queda nada de lectura
Fabiola Araya
siii también me digo lo mismo es ficción e ilusión es novela 😂
Fabiola Araya
así es era una doctora que le presentaron en el club a Max
y después resulta que atendía a la niña.en la mansión en el jardín y en la pieza de la niña jjjjj
esta novela fue un chiste pura perdida de tiempo
Dorkis Huerta
Buenas noches, muy linda.
Mercedez Peréz
bueno es ritorasi le digo que la lei completa le mentiria fui pasando ya que tofo fue lo mismo tan larga para llegar a un final sabido del pri.cipio ojala lea algo pronto de uf mejor.y no tan larvo se ase sburrido cuando una historia es as
Mercedez Peréz
asi es el ya abia arreglado los pañdles eztsmo lldva do al. final ezcritofa de su novela ta n larva y. toda la historia la misma acagueteria me dira ud si no


👏🤭🤭
Mercedez Peréz
que tontera escritora deberia aber aberiguafo un poco sobre edtas clases de enfermedades primero que tiene que estar en terapia y sedada por un tiempo etc etc sabemos que es historia pero por ahi uno aprende algunas cosad en estas historias le comento ya qie yo estube un acv y edtube muchos dias internada con secuelas y no le cuento las secuelas grasias a. dios fui recuperandome de.la.perdida de vision pero quede con una epileccia asta los dias de hoy asi que es bueno aprender de siertas enfermedades eso less enseña. a los que leemos eestas historias al mismo tiempo aprender para ayudar cuando nesecitamos ayuda
Mercedez Peréz
bueno escritora termine su leseo con la protagonista ella que tanto dise mi hija la crio yo etc etc y ahora no piensa con la cabeza que tiene.una oprtunidad y por orgullo prefiere xejar todo en que queda esta mujer
Mercedez Peréz
bueno escritora hizo su historia larga cuando podria avdrla echo mas corta ya que en difinitiva siemprd es lo mismo esta.acagueteria de que esta enferma y acer sucrir a la niña esta baztante feo no cree ud y a este tonto que con su inteligencia parese tonto
Mercedez Peréz
escritora ya cansa laa historia ronda siempre en lo mismo ya cansa un poco
Belca
No autora porque a largas las novelas de esa manera, pones al protagonista, de empoderada, arrogante y de carácter como un estúpido mangoneado por la mamá 😡 cero que aquí la dejo,
Belca
Valentina debes decir la verdad. Eugenia es una amargada y estúpida que su propia hermana le ha hecho tanto daño
Belca
Aunque esta ves no pudiste decirlo espera y dícelo
Belca
Soledad es una arpía. Y Nestor porque no volvió para saber la verdad, y sabiendo que tenía una hija poco hombre
Belca
Que espiral eso y termina en nudo, igual ellos no son familia, pero Soledad y Eugenia son unas víboras de lo peor
Belca
Y para cuando Valentina vas a decir la verdad, o vas a seguir el patrón de tu madre que tanto te dolió a ti, y que le dolerá a tu hija
Belca
El la ama pero la que destruyó todo fue la madre de él
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play