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Cláusulas Del Corazón

Cláusulas Del Corazón

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Venderse para pagar una deuda / Autosuperación
Popularitas:5k
Nilai: 5
nombre de autor: @maryurisve

Renata necesitaba dinero para proteger a su hermana menor, Julián necesitaba redimir a su familia, honrar la memoria del único hombre que creyó en él y salvar a la mujer de la que siempre estuvo enamorado en silencio.
La solución parecía sencilla, firmar un contrato, donde la única condición era no involucrar los sentimientos. Sin embargo, en un juego donde las deudas se saldan con caricias y el pasado esconde un fraude imperdonable, la única forma de sobrevivir al deseo será rompiendo sus propias reglas.

NovelToon tiene autorización de @maryurisve para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3: Muros de Cristal

En la residencia Lozano, Renata tras verificar que Emma se encontraba cómoda en su habitación, porque la joven apenas se había quitado el abrigo húmedo por la llovizna antes de acurrucarse en la cama bajo la manta que la ayudaba a regular sus sentidos, ella sintió un nudo en el estómago, su hermana la estaba pasando muy mal en ese momento.

Aún así, se llenó de coraje que no sentía  y bajó hacia el gran salón, en la entrada la esperaban los seis empleados que durante años habían servido a su familia, personas que conocía desde su infancia, y por la cuales sentía una profunda empatía.

Renata se detuvo en el último escalón, llevaba en la mano un sobre con la  liquidez que había podido retirar esa mañana en el banco.

—Les he pedido que se reúnan porque les debo la verdad—Comenzó Renata, su voz no tembló, aunque por dentro sintió que se quemaba, mantuvo la barbilla en alto—La situación de la casa ha cambiado significativamente tras la muerte de mis padres, y no voy a hacerles promesas que no pueda cumplir ni a retenerlos bajo falsas esperanzas.

Uno a uno, los miró a los ojos, les entregó su finiquito completo, dejando su propia cuenta bancaria al borde del colapso, despidió al personal secundario, conservando únicamente a doña Martha—la ama de llaves que conocía las rutinas de la familia desde que eran niñas—David el chofer de confianza para los traslados y a la terapeuta ocupacional que asistía a Emma a domicilio dos veces por semana.

—Gracias por su lealtad a mi familia —concluyó Renata con una elegante inclinación de cabeza—Martha se encargará de los últimos detalles.

Cuando los empleados se retiraron y el silencio volvió a llenar la casa, Renata caminó hasta el despacho de su padre, se sentó tras el imponente escritorio, encendió la laptop y accedió a la banca en línea: los números de la cuenta destinada a los gastos del hogar ya estaban en números rojos.

—Apenas podré cumplir con los compromisos —murmuró con amarga frustración.

Al conciliar el saldo de la cuenta, descubrió que solo le quedaba dinero suficiente para cubrir dos meses del colegio especializado de Emma, sus terapias y los servicios básicos de la casa.

Durante las dos semanas previas al funeral de sus padres, Renata había tocado todas las puertas posibles: antiguos socios de don Eduardo, bancos donde la familia llegó a mover cuentas millonarias y firmas de traducción donde intentó postularse como intérprete a tiempo completo.

Sin embargo, al no haber culminado aún sus estudios universitarios ni contar con las certificaciones formales, la respuesta siempre era la misma: una sonrisa condescendiente, una excusa pulida y una puerta cerrada en la cara.

Incluso dudaba si podría retomar sus clases en el mes de enero, su facultad era sumamente costosa, lo lamentable es que solo le faltaban dos semestres para obtener su grado, pero en este momento lo veía como una meta casi inalcanzable.

Un golpe seco en la puerta del despacho la sacó de sus pensamientos, Doña Martha entró con rostro lleno de preocupación.

—Niña Renata... se trata de Emma. No quiere comer y está empezando a golpearse la cabeza contra la pared. Dice que el reloj del pasillo suena demasiado fuerte.

—Años de avances tirados por la borda en solo dos semanas —murmuró Renata con dolor, consciente de lo vulnerable que la condición neurodivergente de su hermana la regresó ante un duelo de semejante magnitud.

Renata cerró el portátil de golpe y corrió hacia el segundo piso, la habitación de Emma estaba a oscuras, mientras que su hermana estaba acurrucada en una esquina, tapándose las orejas con fuerza y sollozando en medio de un temblor incontrolable.

Desde el trágico accidente de sus padres, las crisis de sobrecarga sensorial no daban tregua; la mente de la joven apenas comenzaba a procesar la devastación de la noticia.

—Emma, mi amor, tranquila —susurró Renata, entrando despacio y sentándose en el suelo junto a ella, sin invadir su espacio de forma repentina— Ya apagué el reloj. El pasillo está en silencio.

—No quiero que te vayas, Renata... no me dejes sola —suplicó Emma, aferrándose a la manga del abrigo de su hermana—Si tú no estás, yo... no puedo con ruido este en mi cabeza.

Renata la abrazó con delicadeza, acunándola contra su pecho mientras sentía que las lágrimas de Emma le mojaban el cuello. En ese instante, sentada en el suelo y sosteniendo a su hermana entre los brazos, la realidad la tocó con mucha claridad: no podía asumir un trabajo corporativo de jornadas extenuantes que la mantuviera fuera de casa, al menos no en los próximos meses, hasta que Emma lograra estabilizarse.

Se encontraba en un dilema devastador porque no podía dejar a Emma a su suerte en medio de semejante inestabilidad y duelo, pero tampoco le quedaba suficiente dinero para cubrir las deudas que amenazaban con quitarles el techo sobre sus cabezas en cuestión de semanas, estaba acorralada.

Su orgullo, esa armadura que tanto se esforzaba por mantener ante la sociedad de la ciudad Capital, comenzaba a resquebrajarse bajo la urgencia de la supervivencia, necesitaba una salida con desesperación y la necesitaba ya.

Luego de que Emma finalmente se durmiera, Renata comenzó a caminar en silencio por la casa, evaluando con la mirada cada objeto de valor que pudiera venderse para ganar algo de tiempo.

La incertidumbre la ahogaba y lo que más le preocupaba era su falta de preparación para esta tormenta; ella aún era una estudiante universitaria de Idiomas Modernos, sin experiencia alguna en el mundo corporativo.

Jamás tuvo interés en las finanzas ni en heredar el negocio familiar, al fin y al cabo, don Eduardo solo tenía cuarenta y cinco años. Era un hombre joven, lleno de vitalidad, por lo que nadie previó una tragedia así, y su madre, Virginia, compartía esa misma edad, gozaba de una salud envidiable y poseía una personalidad vibrante.

Sin embargo, ahora el peso del legado caía sobre ella, y en las próximas horas debía reunirse con el abogado de la firma para gestionar el pago de los proveedores, y coordinar la liquidación del personal de la empresa.

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GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
👏👏👏👏🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Cuando se entere, con quién fue que se acostó, y no precisamente para salvar la empresa.🤭🇨🇴🇨🇴🇨🇴
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Que bien, iniciamos otra aventura, que seguramente será maravillosa. Gracias. 👏👏👏🤗🤗🤗🇨🇴🇨🇴🇨🇴
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