Cuatro años atrás, Lara Rivas lo perdió todo en una sola noche: su familia, su prometido, su nombre y casi la vida. Traicionada por su propia hermana, desapareció sin mirar atrás.
Ahora vuelve a Buenos Aires con otro rostro, otro nombre y dos hijos que son todo su mundo. Solo quiere recuperar lo que le arrebataron y hacer caer a quienes la destruyeron.
Pero Sebastián Ferrer aparece otra vez.
Frío, poderoso y acostumbrado a que nadie le diga que no, Sebastián no logra entender por qué esa mujer le resulta tan familiar. Tampoco por qué sus hijos se parecen tanto a él.
Entre secretos, heridas viejas y una atracción que ninguno de los dos pidió, Lara intenta mantenerse lejos.
El problema es que sus hijos ya eligieron bando.
Y esta vez, el pasado no piensa quedarse enterrado.
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Capítulo 19
Lara se quedó mirando el mensaje.
¿Qué tenía que ver con ella que Sebastián estuviera soltero?
¿Se habría equivocado de chat?
Miró su foto de perfil y dudó si borrarlo.
Pero la herida de Dulce todavía no cerraba. Si después necesitaban tratamiento para la cicatriz, tal vez iban a tener que hablar.
No respondió.
Estaba por dejar el celular para secarse el pelo cuando sonó otra vez.
Otra vez Sebastián.
Sebastián Ferrer: Podés encararme tranquila.
No tuvo dudas.
Se había equivocado de chat.
¿Y por qué ella tendría que encararlo?
Dejó el celular y fue a secarse el pelo.
Dos días después, Mateo volvió a cerrar la boca.
Nicolás estaba en cuclillas frente a él con un plato.
—Mi amor, tío te pide una sola mordida. Una. Mirá, es huevo, igualito al que te dio Dulce.
Mateo giró la cara.
Tomás Aguirre, apoyado contra la pared, suspiró.
—Si no te funciona a vos, no me mires a mí. Yo soy psicólogo, no mago.
—Sos un psicólogo pésimo.
—Con tu hermano y con Mateo, cualquiera parece pésimo.
Sebastián tomó el plato.
—Mateo. Comé un poco.
Mateo retrocedió.
—No podés seguir así.
El nene cerró los ojos.
Sebastián dejó el plato sobre la mesa con un golpe seco.
—¿Vas a hacer huelga hasta que vuelva Dulce?
Las pestañas de Mateo temblaron.
Nicolás entendió.
También Sebastián.
—Nico.
—Sí.
—En diez minutos quiero saber dónde están Lara y Dulce.
La amenaza funcionaba.
Dependía de quién amenazara.
Lara había llevado a Benja y Dulce al set.
Después de dos días encerrados por la herida de Dulce, los chicos estaban insoportables. Extrañaban a Mora, así que Lara preparó comida y fue a visitarla.
Hizo postres fríos con mango y cítricos, pollo especiado, alitas al horno, patas de pollo marinadas, vegetales y una porción liviana de camarones para Mora, que siempre decía estar a dieta y después robaba de todos los platos.
Llevaba tres bolsas térmicas.
Dulce caminaba al lado, tragando saliva.
—Madrina va a llorar de felicidad.
Benja la miró.
—Primero limpiate la boca.
—No estoy babeando.
—Todavía.
En la entrada del estudio los recibió Sol, la asistente de Mora.
—Lara, por acá.
Benja le sonrió.
—Mamá hizo comida también para vos. Dice que trabajás mucho con la madrina.
Sol se derritió.
—Ay, pero decime Sol, no señora.
—Obvio. Sos muy joven para señora.
Lara miró a su hijo.
A veces sospechaba que en otra vida había sido estafador sentimental.
Sol llevó a los chicos a una zona fresca con aire acondicionado y algo de sombra. Lara entró al set con dos bebidas frías.
El calor del estudio la golpeó de inmediato.
No estaban filmando en ese momento. Mora y Candela, vestidas de época, recibían retoques de maquillaje mientras el director les explicaba una escena.
Lara vio primero a Mora.
Después sintió una mirada intensa sobre ella.
Giró.
Se encontró con Joaquín Luna.
Y salió corriendo.
—¡Lara, quedate ahí!
Ni loca.
No alcanzó la salida.
Joaquín la agarró del cuello de la remera y la trajo de vuelta con una facilidad humillante.
—Corré ahora.
—Soltame, me vas a ahorcar.
Él aflojó, pero no la soltó del todo.
Joaquín Luna estaba vestido con un traje gris de fantasía, medio roto por el personaje. Aun así parecía salido de una campaña. Cara perfecta, piel clara, cintura estrecha, piernas largas.
Y una capacidad infinita para meterla en problemas.
—¿Cuándo volviste y por qué no me avisaste? —preguntó, apretando los dientes—. ¿Hiciste algo malo?
—Soltame.
—Si te suelto, desaparecés.
—No voy a correr.
—No te creo.
Lara miró alrededor.
Todo el set los miraba.
—Joaquín, por favor.
Él levantó la voz con una sonrisa enorme:
—Señores, les presento a mi novia, Lara. Vino a verme porque no puede vivir sin mí.
El set quedó mudo.
Lara casi le pegó con la bebida.
—¡Mentira! Somos amigos.
—Ella es tímida.
—No soy tu novia.
—Detalle administrativo.
Mora, desde maquillaje, se tapó la cara.
Candela observó la escena con los ojos llenos de veneno.
Joaquín Luna también.
El actor más rentable de Luz Films, el ídolo que medio país adoraba, el hombre al que todos querían tener cerca.
También él miraba a Lara como si fuera especial.
¿Por qué todos?
¿Por qué siempre Lara?
Joaquín tomó una de las bebidas de la bolsa.
—¿Para mí?
—Para Mora.
—Mora comparte.
Bebió dos tragos.
—Buenísimo.
—Era de Mora.
—Ahora es nuestro.
Pidió permiso al director para hablar con “su novia” antes de la próxima toma. Como Joaquín era profesional, carismático y el protagonista, nadie se lo negó.
La arrastró fuera del set.
Lara recién pudo soltarse en un rincón sin gente.
—¿Qué fue eso?
—La verdad.
—Nunca acepté ser tu novia.
—Amiga y novia se diferencian en pocas letras. Se resuelve.
—No se resuelve.
Joaquín sonrió.
—Si no te importara mi imagen, me habrías desmentido peor adentro.
—Te desmentí.
—Con suavidad. Me cuidaste.
—No quería armar un escándalo.
—Porque me querés.
Lara respiró hondo.
Joaquín la conocía de Corea. Cuando ella y Mora entraron a una agencia como trainees, él ya era famoso. Desde el primer día se le pegó como chicle. Ella aguantó una semana en la agencia y se fue por horarios, sueldo, libertad y también por él.
Pero Joaquín no se fue.
Le consiguió trabajos cuando necesitaba plata.
Le abrió contactos cuando quiso estudiar diseño.
La ayudó sin decirle nada.
Lara se enteró después, por Mora.
Lo rechazó muchas veces. Incluso le mostró a Benja y Dulce para espantarlo.
Joaquín desapareció dos días.
Después volvió y dijo que con hijos mejor, así se salteaban esa etapa y podían vivir la pareja tranquilos.
Imposible.
Al final, Lara entendió que no podía pelearlo de frente. Solo podía esquivarlo.
Dos años atrás, cuando el contrato de Joaquín con la agencia coreana terminó, él decidió volver a Argentina. Antes de viajar, Lara y Mora fueron a despedirlo.
Esa noche tomó demasiado.
Borracho, le agarró la mano y le pidió que, cuando se graduara, volviera al país a buscarlo.
Joaquín había sido demasiado bueno con ella.
Justamente por eso, Lara no podía retenerlo ni hacerlo perder tiempo.
Después de que él volvió, borró todos sus contactos.
Sabía que en Argentina le estaba yendo todavía mejor.
Se alegraba por él.
Pero nunca imaginó reencontrarlo así, en un set, delante de Candela y de medio mundo.
entonces no es la madre de Sebastián
ahora o nunca !!!
pero un poquito más y sacan a la diabla que lleva por dentro /Facepalm//Facepalm//Facepalm/
deja de meterme relleno a la historia y empieza a acomodar las cosas entre Sebastian y Lara, 60 capítulos y no avanzan
busquen ...rápido