🎄 El esposo que apareció en invierno
Una joven de 18 años es abandonada por el amor de su vida justo cuando descubre que está embarazada de cuatrillizos. Sin familia, sin apoyo y completamente rota, termina viviendo uno de los momentos más difíciles de su vida… hasta que el destino interviene.
Una noche fría de invierno, es encontrada desmayada en la calle con fuertes dolores por un hombre desconocido que decide ayudarla y llevarla al hospital. Allí, un malentendido con los medios los obliga a fingir ser esposos para evitar el escándalo. Lo que comienza como una mentira por necesidad, se convierte en un matrimonio real.
Él, un hombre que siempre soñó con ser padre pero que fue herido por una relación pasada, decide aceptar a la joven y a sus cuatrillizos como su familia. Les da su apellido, los protege y los presenta ante su propia familia en plena Navidad, como su esposa y sus hijos.
Entre momentos de dolor, protecció.
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Capitulo 10 : El secreto que salió a la luz
La mañana comenzó tranquila en la mansión Valcárcel.
Por primera vez en varios días, Lucía despertó con una sonrisa.
Las noticias del hospital habían sido alentadoras.
Mateo, Gabriel, Sofía y Valentina estaban mejorando.
Cada día eran más fuertes.
Cada día estaban más cerca de volver a casa.
Y eso era todo lo que importaba.
Mientras se preparaba para bajar a desayunar, no imaginaba que aquel día cambiaría muchas cosas.
En otra parte de la mansión, Camila observaba la pantalla de su teléfono.
La sonrisa en sus labios era peligrosa.
Había esperado toda la noche para usar la información que acababa de conseguir.
Finalmente se levantó de la cama.
—Hoy todo va a terminar.
Murmuró.
El desayuno transcurría con normalidad.
Alejandro leía el periódico.
Isabella hablaba sin parar.
Victoria tomaba café.
Y Adrián revisaba algunos documentos.
Hasta que Camila apareció.
Su expresión era diferente.
Demasiado confiada.
Demasiado satisfecha.
Lucía lo notó inmediatamente.
Y no le gustó.
—Buenos días.
Saludó Camila.
Nadie respondió con demasiado entusiasmo.
La mujer tomó asiento.
Y después de unos minutos habló.
—Encontré algo interesante sobre Lucía.
El comedor quedó en silencio.
Adrián levantó la vista.
—Camila.
Dijo con advertencia.
Pero ella continuó.
—Creo que todos merecen conocer la verdad.
Lucía sintió que el corazón comenzaba a acelerarse.
—¿Qué verdad?
Preguntó.
Camila sonrió.
Y sacó unos documentos.
—La verdad sobre tu pasado.
Adrián se puso de pie inmediatamente.
—Basta.
Pero Camila no pensaba detenerse.
—Hace años tu padre tuvo problemas económicos.
¿Verdad?
Lucía se quedó inmóvil.
Aquello era cierto.
—Camila...
Volvió a advertir Adrián.
Pero la mujer siguió hablando.
—Las deudas eran enormes.
Tu familia perdió prácticamente todo.
Alejandro frunció el ceño.
Victoria observaba en silencio.
Lucía bajó la mirada.
Porque aquella parte de su vida siempre había sido dolorosa.
—¿Y qué?
Preguntó finalmente.
Camila sonrió.
—Que cuando apareció Adrián, apareció también tu oportunidad de salir de la pobreza.
La acusación cayó como una bomba.
Isabella se levantó inmediatamente.
—¡Eso es ridículo!
Exclamó.
Pero Camila continuó.
—¿No les parece demasiada coincidencia?
Una mujer sin dinero.
Abandonada.
Y de repente casada con uno de los hombres más ricos del país.
Lucía sintió que el pecho le dolía.
Porque aquellas palabras eran exactamente el tipo de cosas que la gente pensaba de ella.
Los mismos miedos que había tenido desde el principio.
—Terminé.
Dijo Adrián con voz fría.
Todo el comedor quedó en silencio.
Nunca lo habían visto tan serio.
Tan furioso.
Camila incluso pareció sorprenderse.
—Adrián...
—No.
La interrumpió.
—Vas a escucharme tú ahora.
La mujer guardó silencio.
Adrián se acercó lentamente.
—Cuando encontré a Lucía en aquella calle...
ella estaba sola.
—No tenía dinero.
—No tenía ayuda.
—No tenía familia cerca.
Su voz se volvió más dura.
—Y aun así nunca me pidió nada.
Nunca me pidió un centavo.
Nunca me pidió una casa.
Nunca me pidió protección.
Nada.
Lucía sintió que las lágrimas aparecían en sus ojos.
Porque era verdad.
—Todo lo que ha hecho desde que llegó aquí ha sido preocuparse por sus hijos.
Continuó Adrián.
—Así que no vuelvas a insultarla.
Camila quedó completamente inmóvil.
Porque jamás había visto a Adrián defender a alguien de aquella manera.
Jamás.
Victoria observó toda la escena.
Y algo cambió dentro de ella.
Porque las palabras de Adrián eran sinceras.
Y porque durante los últimos días ella misma había observado a Lucía.
Sabía que no era una oportunista.
Sabía que era una madre luchando por sus hijos.
Finalmente se puso de pie.
Y caminó hasta donde estaba Lucía.
Todos la observaron sorprendidos.
Victoria tomó las manos de la joven.
Y dijo algo que nadie esperaba.
—No tienes que demostrarle nada a nadie.
Las lágrimas rodaron por las mejillas de Lucía.
—Señora...
—Victoria.
La corrigió suavemente.
—Puedes llamarme Victoria.
Aquellas palabras emocionaron a Lucía.
Porque significaban aceptación.
Tal vez no completa.
Tal vez no todavía.
Pero era un comienzo.
Camila observó la escena.
Y comprendió que su plan había fracasado.
Peor aún.
Había conseguido exactamente lo contrario.
Ahora la familia estaba más unida que antes.
Y Adrián parecía más cercano a Lucía que nunca.
Aquello la llenó de rabia.
Pero también de determinación.
Porque todavía tenía más secretos.
Más planes.
Y no estaba dispuesta a rendirse.
No todavía.
Mientras abandonaba el comedor, una sonrisa peligrosa apareció en sus labios.
—Esto aún no termina.
Murmuró.
Sin saber que muy pronto descubriría algo capaz de cambiar su propia vida para siempre.