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Amar Al Chico Equivocado

Amar Al Chico Equivocado

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Amor eterno
Popularitas:727
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Todo comenzó cuando una joven se enamoró de un muchacho con un pasado lleno de errores. Él era conocido por meterse en problemas y vivir al margen de la ley, pero ella decidió creer que podía cambiar. Poco a poco, su amor logró transformar su manera de ver la vida, aunque el destino los puso a prueba cuando él terminó en la cárcel. Mientras él cumplía su condena, ella decidió esperarlo. Su amiga no dejaba de advertirle: «Mija deje ese hombre, usted está sufriendo demasiado». Pero, a pesar de las dudas y los obstáculos, y relaciónes íntimas aquel amor demostró ser más fuerte que cualquier distancia.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21 — Llegó mi hijo

Habían pasado tres meses desde aquella sentencia.

Ya tenía nueve meses de embarazo.

Durante todo ese tiempo había llorado muchísimo. No podía evitarlo. Cada vez que pensaba en Cristian encerrado, en los quince años que tendría que pasar lejos de nosotros y en que nuestro hijo iba a nacer sin tener a su papá a su lado, sentía un vacío enorme.

Mi mamá siempre trataba de ayudarme.

—Mija, no llore más —me decía mientras se sentaba a mi lado—. Yo sé que usted está sufriendo, pero trate de tranquilizarse. Piense también en usted y en el bebé.

Yo respiraba profundo y me limpiaba las lágrimas.

—Lo intento, mamá, pero es que extraño a Cris.

—Yo sé, hija. Pero ahora tiene que concentrarse en lo que viene.

Y eso era precisamente lo que intentaba hacer.

A pesar de todo, seguía estudiando.

Ese día estaba sentada en la mesa de la casa haciendo unas tareas. Tenía los cuadernos abiertos, el lápiz en la mano y trataba de concentrarme en lo que tenía que entregar.

—A ver... —murmuré mientras leía una pregunta—. Esto sí lo puedo hacer.

Mi mamá estaba haciendo unas cosas en la cocina.

—¿Cómo va esa tarea, mija?

—Ahí voy, mamá. Aunque no me puedo concentrar mucho.

—Pues termine poquito a poquito.

Asentí y seguí escribiendo.

Quería mantener mi mente ocupada. Sabía que Cristian estaba preso y que yo no podía cambiar aquello, pero al menos podía continuar con mis estudios y prepararme para lo que venía.

De repente sentí un dolor fuerte.

Solté el lápiz.

—Ay...

Mi mamá salió rápidamente de la cocina.

—¿Qué pasó, hija?

—Mamá... me duele la barriga.

Ella se acercó preocupada.

—¿Son contracciones?

Yo respiré profundo.

—Creo que sí.

Mi mamá me ayudó a levantarme.

—Bueno, mija, tranquila. Vamos para el hospital.

El dolor volvió y esta vez fue más intenso.

—¡Ay, mamá!

—Tranquila, tranquila. Respire despacio.

Salimos de la casa y nos dirigimos al hospital. Yo iba nerviosa, agarrándome la barriga mientras mi mamá trataba de tranquilizarme.

En el camino solo podía pensar en una persona.

Cristian.

—Ojalá estuviera aquí —dije con los ojos llenos de lágrimas.

Mi mamá me miró.

—Él también quisiera estar, hija.

Cuando llegamos al hospital, el personal médico me atendió y confirmó que el bebé estaba por nacer.

Todo pasó muy rápido.

Yo estaba asustada, emocionada y nerviosa al mismo tiempo.

—Mamá, tengo miedo.

Ella me tomó la mano.

—Aquí estoy, mija. No está sola.

Pasaron las horas.

Finalmente llegó el momento.

Después de todo el esfuerzo, escuché el llanto de mi bebé.

Me quedé completamente emocionada.

—¿Ya nació? —pregunté.

Mi mamá tenía lágrimas en los ojos.

—Sí, hija. Ya nació.

Cuando me lo acercaron, lo miré sin poder creerlo.

Era mi hijo.

Mi bebé.

Después de nueve meses de esperar, por fin estaba ahí.

Lo miré y las lágrimas comenzaron a salir.

—Hola, mi amor...

Lo abracé con cuidado y sentí una emoción que no podía explicar.

Mi mamá se acercó.

—Es hermoso, mija.

Yo sonreí entre lágrimas.

—Es nuestro niño...

Entonces pensé en Cristian.

Quince años atrás parecía una eternidad, pero en ese momento solo quería que pudiera conocer a su hijo.

Miré al bebé y murmuré:

—Tu papá te quiere mucho, aunque hoy no pueda estar aquí.

Mi mamá me acarició el cabello.

—Algún día lo va a conocer.

Yo asentí.

Miré nuevamente a mi hijo.

Había pasado meses llorando, extrañando a Cristian y tratando de entender todo lo que había sucedido.

Pero ese día había nacido una nueva razón para seguir adelante.

Mi hijo.

Y mientras lo sostenía entre mis brazos, comprendí que, aunque nuestra vida había cambiado para siempre, ahora tenía que ser fuerte por él.

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