Ella reencarna en el segundo libro de una saga, es la protagonista que perdona al infiel de su esposo, pero ella no esta dispuesta ni a casarse, así que hará todo lo que pueda por cambiar su historia.
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Capitulo 18
Kael apareció entre sombras, materializándose frente al enorme ventanal del castillo. La bruma se deslizó por el suelo antes de desvanecerse. Su rostro era puro fastidio.
—Maldita mocosa… —gruñó, apretando los puños—. No puedo creer que esté unido a semejante ser insoportable.
Isolde, recostada en un diván cubierto de terciopelo rojo, apenas levantó la vista del cáliz que sostenía. Sus labios se curvaron en una sonrisa burlona.
—Oh, querido, no hables así de tu “compañera”. Podrías herir los lazos mágicos que los unen.
—Prefiero arrancarme el alma que seguir soportándola —replicó Kael, con una mirada glacial.
Isolde soltó una risa suave, cargada de ironía.
—Sí, sí, ya sabemos que la humanidad te repugna… hasta que una rubia sarcástica te dice dos cosas que no puedes controlar.
Kael la fulminó con la mirada.
—No vuelvas a insinuar nada, Isolde.
—Tranquilo, mi señor del mal humor —canturreó ella, dejando el cáliz a un lado y levantándose—. Deberías concentrarte en lo que importa. Ya he conquistado el reino vecino de Klarens: Varanor.
Kael arqueó una ceja.
—¿Varanor? finalmente.
—Exactamente. Un reino hermoso, lleno de oro, magia y hombres fáciles de manipular. El rey no opuso resistencia… una firma aquí, un hechizo allá, y ahora todo su consejo nos adora.
Kael esbozó una sonrisa apenas perceptible, fría y satisfecha.
—Entonces… el reino es mío.
—Nuestro, querido —corrigió Isolde con su voz melosa, aunque su mirada destilaba malicia—. Pero sí, puedes considerarte el nuevo amo y señor de Nerathia.
Kael caminó hacia ella, deteniéndose frente al mapa extendido sobre la mesa.
—Perfecto. Un reino más bajo mi control… y uno menos para Klarens.
Isolde lo observó con deleite.
—Vas adaptándote rápido, Kael. Te dije que empezarías a sentirte cómodo aquí.
Él sonrió de lado, una sonrisa peligrosa.
—Cómodo, no. Pero sí más cerca de lo que realmente merezco.
Isolde lo rodeó despacio, rozando su hombro con fingida ternura.
—Y pensar que todo empezó con una simple “mocosa insoportable”, ¿eh? Quizá el destino no se equivoca tanto.
Kael apartó su mano con brusquedad.
—No vuelvas a mencionarla.
—Como quieras —respondió ella con una sonrisa ladina—. Pero recuerda, Kael… los lazos mágicos son caprichosos. A veces, los más molestos terminan siendo los más necesarios.
Kael giró hacia el ventanal, observando el horizonte donde el sol moría detrás de las murallas de Nerathia.
—Si es así… que el destino se pudra conmigo.
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Palacio de Klarens
En la sala del consejo, el aire olía a incienso y preocupación. El rey Aldren Klarens observaba los documentos sobre la mesa de mármol, cada línea sellada con el emblema del reino vecino. Sus ojos grises, fríos y calculadores, se detuvieron en la carta que acababa de recibir.
—Un nuevo rey… en Varamor —murmuró con voz grave—. Después de décadas de calma, y de repente, este… Kael de Varamor surge de la nada.
Dorian, de pie a su lado, cruzó los brazos con gesto pensativo.
—Demasiado conveniente, padre. Los rumores dicen que el antiguo rey cayó enfermo sin explicación, y su consejo firmó la cesión del trono sin resistencia.
—He leído lo mismo —asintió Aldren, alzando la vista hacia él—. Pero lo que me inquieta no es el cambio… sino la rapidez con la que ese hombre ha logrado someter a todo un consejo.
El príncipe asintió, pensativo.
—Algunos dicen que es un estratega brillante. Otros… que utiliza artes prohibidas.
El silencio se extendió entre ambos. Solo el crepitar del fuego en la chimenea llenaba el salón. Finalmente, el rey habló con voz firme.
—Sea lo que sea, Varamor es uno de nuestros socios comerciales más antiguos. No podemos permitirnos romper los lazos por simples rumores.
Dorian frunció el ceño.
—¿Va a invitarlo al palacio?
Aldren lo miró fijamente.
—Sí. Si un nuevo rey se alza, debemos verlo con nuestros propios ojos. Quiero saber quién es, de dónde viene y qué pretende.
—Y si resulta ser un enemigo disfrazado…
—Entonces lo descubriremos —replicó Aldren con una calma helada—. Y Klarens sabrá cómo defenderse.
El príncipe asintió, aunque en su mirada se percibía la misma inquietud que atormentaba a su padre.
—Haré los preparativos para la recepción.
Aldren se levantó despacio, con el porte solemne de un monarca que había visto demasiadas guerras.
—Envía un mensaje oficial a Varamor. Dile a su majestad Kael que el trono de Klarens lo espera en tres días para entablar una nueva alianza.
Dorian inclinó la cabeza.
—Como desee, padre.
Mientras el príncipe salía del salón, Aldren volvió a mirar el sello en la carta: un símbolo antiguo, grabado con fuego y arena. Algo en su interior se revolvió, una sensación que no experimentaba desde hacía años.
—Kael de Varamor… —susurró—. Que los dioses nos protejan de los reyes que surgen de la nada.
me tienes con los ojos llorosos luego de leer este extra 😭😭😭
Al menos en otro plano, pudieron ser felices 😭😭.