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PESADOS POR EL DESTINO

PESADOS POR EL DESTINO

Status: Terminada
Genre:CEO / Posesivo / Grandes Curvas / Completas
Popularitas:482.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Meraki...06

Ella tiene curvas que esconde y un promedio impecable. Él es el hombre perfecto que la observa en secreto. Una noche, un plan macabro los une. ¿El resultado? Una mentira, un bebé y un amor que lo arriesgará todo.

NovelToon tiene autorización de Meraki...06 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 20

Geovanny

La vi desmayarse en mis brazos y sentí que el mundo se derrumbaba.

—¡Romina!

grité, sacudiéndola suavemente

— ¡Romina, despierta!

No respondía. Su cuerpo colgaba inerte contra el mío, su rostro pálido como el papel, sus labios sin color. El pánico me paralizó por un segundo interminable. Luego, el instinto tomó el control.

La levanté en brazos con cuidado, sintiendo el peso de su cuerpo contra mi pecho, su calor, su fragilidad. Un compañero de la oficina abrió la puerta del coche y la deposité en el asiento trasero con la delicadeza de quien maneja un tesoro incalculable.

—Al hospital más cercano

ordené al conductor.

— Rápido.

Durante el trayecto, no solté su mano. Estaba fría. Demasiado fría. Le hablé, le supliqué, le prometí cosas que ni siquiera recuerdo.

—Aguanta, Ya casi llegamos, Por favor, Romina, despierta.

Mis palabras se perdían en el ruido del tráfico, en el pitido de mi propia sangre golpeando mis oídos.

En urgencias, me separaron de ella. Una enfermera me puso un formulario en las manos y me indicó una sala de espera. Me senté en una silla de plástico incómoda, con el papel temblando entre mis dedos, y por primera vez en años, le pedí a Dios.

Pasaron diez minutos. Veinte. Media hora.

Cada minuto era una eternidad. Me levantaba, me sentaba, caminaba de un lado a otro. La gente me miraba, seguramente preguntándose qué hacía ese tipo con traje de miles de dólares paseándose como un león enjaulado.

Cuando por fin apareció la doctora, casi me abalanzo sobre ella.

—¿Cómo está, Qué pasó?

—Está estable

dijo la mujer, con una calma profesional que me sacó de quicio.

— Se desmayó por un pico de tensión y agotamiento. Pero tenemos que hacerle unas pruebas para descartar otras causas.

—¿Qué pruebas, Qué otras causas?

La doctora me miró con evaluación.

—¿Es usted su esposo?

—Soy...

dudé.

— Soy la persona que la trajo. La persona que la quiere.

Esa última palabra escapó sin permiso, pero no me arrepentí.

—Entiendo

asintió la doctora.

—Le avisaremos cuando tengamos resultados.

Otra media hora. La más larga de mi vida.

Cuando por fin me dejaron entrar a la habitación, cuando la vi ahí, pálida, aún dormida, pero no pasó mucho cuando despertó, con sus ojos marrones buscándome, sentí que podía respirar de nuevo. Me senté a su lado y tomé su mano. No importaba nada más. Solo ella.

Entonces llegó la noticia.

—Está embarazada.

Las palabras de la doctora flotaron en el aire como una bomba de neutrones. Vi el rostro de Romina palidecer aún más. Vi sus manos ir instintivamente a su vientre. Vi sus ojos llenarse de preguntas, de miedo, de confusión.

Embarazada.

Seis semanas.

La noche de graduación.

Mi noche.

—¿Está segura?

pregunté, con una voz que no reconocí como mía.

—Completamente.

La doctora salió, y entonces supe que no podía seguir mintiendo. No podía seguir escondiéndome. No podía seguir siendo el cobarde que se escabullía en la oscuridad.

Me arrodillé frente a ella y se lo conté todo. La universidad, mis años observándola, la noche en el bar, el hotel. Todo. Y cuando terminé, cuando mi alma quedó desnuda frente a ella, esperé su sentencia.

—Necesito tiempo

dijo, con una voz tan frágil que me partió el alma.

Lo entendí. Lo acepté. Pero también le prometí algo que cumpliría aunque me costara la vida:

—No voy a dejarte. Pase lo que pase, no voy a dejarte. Eres mía. Este bebé es mío. Y voy a luchar por ustedes aunque me cueste la vida.

El alta llegó una hora después. Todo estaba bien, físicamente. El bebé también. Pero lo que pasaba por su cabeza era un misterio para mí. La ayudé a levantarse, la sostuve mientras caminábamos hacia el coche, y durante todo el trayecto a su departamento, el silencio fue un abismo entre nosotros.

Cuando llegamos, subimos las escaleras en silencio. Abrió la puerta y entramos. El departamento era pequeño, acogedor, lleno de detalles que hablaban de ella, libros en las mesas, plantas en las ventanas, fotos con Laura en la nevera.

La senté en el sofá y me senté a su lado, sin atreverme a tocarla.

—Romina

empecé.

— Sé que esto es una locura. Sé que te sientes engañada, confundida, quizás traicionada. Y tienes todo el derecho. Te mentí. Te escondí la verdad. Me fui dos veces de tu lado sin decirte quién era. No hay excusa para eso.

Ella me miró. Sus ojos estaban rojos, hinchados de llorar.

—¿Por qué, Geovanny, Por qué no me lo dijiste desde el principio, Por qué dejaste que me sienta engañada?

—Por miedo

admití.

— Miedo a que me odiaras. Miedo a que pensaras que todo fue un plan. Miedo a perderte incluso antes de tenerte.

—Pero ahora igual podría perderte

dijo, con la voz quebrada.

— Ahora hay un bebé de por medio. Ahora todo es más complicado.

—No

negué con firmeza.

— No es más complicado. Es más simple. Ahora sé con certeza lo que siempre supe, que quiero estar contigo. Que quiero estar con ustedes.

Ella negó con la cabeza, las lágrimas rodando por sus mejillas.

—Y Camila?

dijo, y en su voz había algo que no esperaba. ¿Celos?

— Tu prometida perfecta. La modelo.

Ahí estaba. El elefante en la habitación.

—Camila no es mi prometida

dije.

— Nunca lo ha sido.

Romina me miró confundida.

—¿Cómo?

Suspiré. Era momento de confesar todo.

—Camila es mi amiga. Una amiga que accedió a fingir un compromiso para contentar a mi padre. Él llevaba años presionándome para que, sentara cabeza, para que encontrara una mujer, digna de los Valverde. Camila aceptó ayudarme con una condición: que si algún día llegaba a sentir algo por ella, se lo dijera.

La miré directamente a los ojos.

— Pero yo ya sentía algo por alguien. Por ti. Desde mucho antes de que todo esto empezara.

El silencio que siguió fue denso, pesado.

—¿Todo es mentira?

preguntó ella

— ¿Tu relación, tu compromiso, todo?

—Todo es mentira

confirmé

—Excepto lo que siento por ti. Eso es lo único real en mi vida.

Romina se levantó del sofá y caminó hacia la ventana. Se quedó allí, de espaldas a mí, mirando la calle. Su silueta recortada contra la luz del atardecer era la cosa más hermosa que había visto jamás.

—Necesito estar sola

dijo, sin volverse

—Necesito pensar.

Me levanté, respetando su espacio.

—Lo entiendo. Pero quiero que sepas que voy a estar ahí. Siempre. Aunque no quieras verme, aunque me odies, aunque me eches. Voy a estar.

Ella no respondió. Solo asintió, una vez, sin mirarme.

Salí del departamento con el alma en un puño. Pero no me fui del todo. Me quedé en el coche, estacionado al otro lado de la calle, mirando su ventana. La luz se encendió. La vi moverse dentro. La vi sentarse en el sofá, abrazarse las rodillas, llorar.

Sabía que había hecho todo mal y todo estaba en riesgo ahora.

––––

Horas después, vi llegar a Laura. La amiga fiel. Subió corriendo las escaleras, seguramente alertada por algún mensaje. La luz de la ventana siguió encendida mucho tiempo. Imaginé su conversación. Imaginé sus lágrimas compartidas. Imaginé a Laura sosteniéndola, protegiéndola.

Y supe que, pase lo que pase, Romina no estaba sola.

Cuando la luz por fin se apagó, cuando supe que ella intentaba dormir, arranqué el coche y me fui. Pero no a mi casa. No podía. Fui a la única persona que podía entenderme.

—

Jacobo abrió la puerta con una cerveza en la mano y una sonrisa en la boca.

—¡Hombre! Pensé que no vendrías. Me dijo Laura que había pasado algo con...

Se detuvo al verme la cara.

—¿Qué pasó?

preguntó, la sonrisa desapareciendo.

— Geovanny, ¿qué pasó?

Entré a su apartamento sin decir palabra. Me dejé caer en su sofá y escondí el rostro entre las manos.

—Va a ser padre

dije, con la voz ahogada

— Voy a ser padre, Jacobo.

El silencio de mi amigo duró tres segundos. Luego, un silbido bajo.

— Ahora si estás en problemas ¿De Romina?

—De Romina.

Jacobo se sentó a mi lado y me ofreció una cerveza. La acepté.

—¿Y ella qué dice?

—Que necesita tiempo. Que está confundida. Que se siente engañada. Y tiene razón. Le mentí, Jacobo. Durante meses le mentí.

—Le mentiste para protegerla. Para protegerte. Para proteger algo que ni siquiera sabías cómo nombrar.

—No hay excusa.

—No, no la hay

coincidió.

— Pero hay explicación. Y cuando ella procese todo, cuando el shock pase, quizás pueda entenderlo.

Bebí un trago largo. El alcohol quemó mi garganta, pero no apagó el fuego de mi culpa.

—Voy a ser padre, amigo

repetí, como si decirlo en voz alta pudiera hacerlo más real.

— Hay una vida ahí, Jacobo. Una vida que hice con ella. Y no sé si alguna vez me perdonará.

—Te perdonará

 dijo mi amigo con una certeza que no compartía

Levanté la vista.

—La verdad libera

me corrigió Jacobo.

—Duele al principio, pero libera. Ahora pueden empezar de verdad. Sin mentiras, sin sombras, sin hombres sin rostro.

—¿Y si no quiere empezar nada conmigo?

Jacobo me miró con seriedad.

—Entonces lucharás igual. Porque es tu hijo. Porque es ella. Porque desde que la viste cruzar ese patio universitario, hace cuatro años, supiste que era ella. Y un hombre no se rinde por la mujer de su vida solo porque el camino se pone difícil.

Sus palabras resonaron en mi pecho.

— Camila...

pregunté.

— Tengo que terminar eso. Oficialmente. Limpiamente.

—Pues ve y terminalo. Esta noche. Mañana. Cuando sea. Pero hazlo. No puedes construir nada nuevo sobre ruinas viejas.

Asentí. Tenía razón.

Pasé el resto de la noche con Jacobo, bebiendo, hablando, procesando. Cuando el cielo comenzó a clarear, cuando las primeras luces del alba se colaron por su ventana, supe lo que tenía que hacer.

Porque por primera vez en mi vida, tenía algo por lo que valía la pena luchar.

Algo que no era la aprobación de mi padre, ni la fachada perfecta, ni la empresa familiar.

Algo real.

Algo que llevaba cuatro años esperando.

Algo que se llamaba Romina.

Continuación....

1
Nancy Villanueva
Fue excelente historia....Felicidades autora muy linda la novela gracias esperando otra historia bendiciones 👏👏👏👏👏🌹🌹🌹🌹💕💕
Mabel Caballero
me encantó la novela felicidades escritora
Gabriela Arron
y el otro abuelo nunca apareció? pensé que le iba a dejar la empresa a Gio porque se lo merece por no haberlo querido... Pero igual una linda historia, felicitaciones!!
Gabriela Arron
no me parece justo lo que le pasó a león.. merecía otra cosa por maldito y Gio necesita un reconocimiento de si padre aunque ya sea tarde ..
Gabriela Arron
a ese infeliz de León le tiene que pasar algo .. . hicieron muy mal en no denunciar ahora estaría en la cárcel,es lo menos que merece ese desgraciado 😠😠😠
Gabriela Arron
bueno ahora parecen conejos🤭🤭 va embarazarse nuevo 😂😂
Gabriela Arron
podrían poner algún negocio, porque tampoco es justo q el trabaje en el taller teniendo un título y ella también...
Gabriela Arron
es un viejo desgraciado no hizo nada a su nene... te vas arrepentir de siempre despreciar a GIO..Sigo insistiendo que debería haber denunciado 😠😠
Gabriela Arron
me imaginé que Camila no se iba a quedar tranquila... va hacer todo para separarlos 😠
Gabriela Arron
que hizo el padre con León?? yo digo que tendría q haber denunciado...
Gabriela Arron
no es justo que el viejo alcahuete lo siga protegiendo!! tienen que hacer la denuncia!! la próxima puede ser peor xq está enfermo ese loco de león 😠😠
Gabriela Arron
que suerte que el padre la acepto
Gabriela Arron
espero que Camila no haga dramas o se ponga con león hacer cosas malas...
Gabriela Arron
y para que fue al médico después de esa primera vez... no le dieron la píldora??
Gabriela Arron
pensé que ella tenía claro ya que es él...
Gabriela Arron
para mí es una estupidez que se vaya... ahí debería estar y demostrar lo que siente por ella...
Gabriela Arron
está mal lo que haces con Camila, porque ella si te quiere y no es justo para nadie!!
Gabriela Arron
Romi tienes que trabajar la autoestima, porque si no nunca vas a ver qué alguien te puede elegir...
Gabriela Arron
que lindo q él siempre la vió...❤️
Gabriela Arron
tan inteligente que es y no sé da cuenta que la drogaron??
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