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TODO POR TI

TODO POR TI

Status: En proceso
Genre:Autosuperación / Traiciones y engaños / Venganza
Popularitas:448
Nilai: 5
nombre de autor: evely azul

Masha Dusnet era una joven trabajadora de una familia de gran estatus, donde siempre recibió un buen trato y respeto. Todo transcurría en calma hasta que una enfermedad grave afectó profundamente a su madre; se necesitaba una suma enorme de dinero para salvarla, pero nadie quiso ayudarla. Fue entonces cuando descubrió la verdadera cara de quienes una vez admiró y en quienes confiaba plenamente: sus propios jefes le dieron la espalda, abandonándola precisamente en el momento más difícil de su vida. Sentía que se quedaba completamente sola, sin apoyo ni consuelo, cuando más lo necesitaba. Desesperada y sin ninguna otra salida, se vio obligada a tomar una decisión arriesgada por el bien de su madre: tuvo que dejar atrás sus raíces, su hogar y todo lo que conocía, para adentrarse en un mundo hostil que la trataría como una esclava, quien quedara luchando por sobrevivir

NovelToon tiene autorización de evely azul para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

24 Un clima de tensión

El tren ya estaba a pocos metros, acercándose con una velocidad aterradora, listo para impactar contra el auto que permanecía inmóvil en medio de las vías. Noha, atrapado dentro, comprendió en ese instante que su vida corría un peligro mortal y que el vehículo no se movería por sí solo. Con las manos temblando y el corazón desbocado por la angustia, se desabrochó el cinturón de un tirón, abrió la puerta de golpe y salió disparado, corriendo con todas sus fuerzas para alejarse de allí.

Apenas se hubo apartado lo suficiente, se dio vuelta y vio la escena que se le quedó grabada para siempre: el tren chocó contra el auto y lo arrastró metros y metros, hecho pedazos, hasta dejarlo tirado lejos, destrozado por completo. Fue una imagen brutal, impactante, que lo dejó helado. Se llevó las manos a la cabeza, sin poder creer lo que acababa de ocurrir, pero la necesidad de huir fue más fuerte que el susto. Pensó que si se quedaba, la policía podría llegar en cualquier momento, hacerle preguntas, o peor aún… obligarlo a volver a esa casa que quería olvidar. Sin dudarlo, echó a correr a toda velocidad, alejándose del lugar como si la vida le fuera en ello.

Mientras tanto, en otra parte, una ambulancia tenía a Miguel sobre una camilla. Lo trasladaban con cuidado, ya que su estado era muy grave: había sufrido un ataque cardíaco y le estaban colocando un respirador artificial para ayudarlo a mantener el aire. El mozo que lo había atendido, conmovido por la situación, se acercó un momento y le tomó la mano con suavidad, en un gesto de pura compasión.

—No se rinda… luche por vivir —le dijo en voz baja, tratando de darle aliento—. Usted tiene que ser fuerte, un verdadero guerrero.

Poco después, subieron la camilla al vehículo, cerraron las puertas de golpe y la ambulancia se marchó con las luces encendidas y la sirena sonando, perdiéndose entre las calles.

En el bar, la gente, que momentos antes había estado alterada y preocupada, poco a poco fue volviendo a sus mesas, retomando las charlas y las bebidas, como si nada hubiera pasado, tratando de recuperar la calma de antes. Fue justo en ese momento, cuando la ambulancia ya se había ido de la vista, que apareció Noha. Llegó agitado, con el aliento entrecortado y el aspecto de quien ha corrido mucho y lejos. Entró directamente al local, sin siquiera detenerse a mirar nada a su alrededor, como si quisiera pasar totalmente desapercibido.

Se sentó en un taburete vacío, cerca de la barra, y llamó al barman para pedirle algo de beber.

—¿De dónde viene usted, tan lejos? —le preguntó el hombre con calma, mirándolo de reojo mientras empezaba a prepararle una mezcla: fruta licuada con un buen chorro de whisky.

—Soy de Monte Chen… —respondió Noha, con voz insegura y la mirada inquieta, revisando con disimulo la entrada—. Oiga… ¿me deja usar el baño un momento?

El barman siguió mezclando, sin dejar de trabajar, y le contestó de forma directa y sencilla:

—Está bien, pero no es gratuito. Si lo quiere usar, tiene una tarifa pequeña.

Noha sacó dinero rápido, lo dejó sobre la mesa sin contar ni un centavo más ni menos, y sin decir nada más se alejó apresuradamente, caminando con prisa hacia donde le habían indicado que estaba el baño, buscando encerrarse allí un rato, seguro de que nadie lo encontraría.

Al llegar, se acercó tambaleante hasta el grifo, lo abrió de golpe y se echó agua en la cara, con las manos temblando. Su mente seguía en shock, todavía viendo ante sus ojos lo que había pasado: había estado al borde de la muerte, entre el auto y el tren, y de alguna manera había logrado escapar… pero no sabía si eso era lo peor o lo mejor que le podía haber ocurrido.

No tenía ni idea de qué consecuencias le vendrían encima. El auto no era suyo: era de su padre, y eso lo hacía todo mucho más grave. Por ahora, de ninguna manera pensaba volver a la mansión; ahí solo encontraría preguntas, reclamos y problemas que no estaba listo para enfrentar, ni con el miedo que le recorría todo el cuerpo.

Mientras se limpiaba, un dolor agudo le recorrió la mano. Se dio cuenta de que estaba herida y la sangre caía gota a gota, manchando todo lo que tocaba. Tomó un papel de baño para presionar la herida, pero la sangre lo atravesó al instante. Quiso tirarlo al tacho de basura, pero le temblaba tanto el brazo que el papel cayó al suelo, y ni siquiera tuvo fuerzas para agacharse a recogerlo. Con la mano que le quedaba más entera, sacó su teléfono: le costó mucho marcar, porque los dedos no le respondían del miedo.

—Hola, Guido… soy yo. Necesito dinero, mucho dinero, y lo necesito ya —su voz salía entrecortada, bajita, como si tuviera miedo de que alguien lo escuchara—. Por favor, ¿me podés dar una mano? Te lo juro, te lo voy a pagar todo, hasta el último centavo, no te voy a fallar… pero tenés que ayudarme ahora, tengo un problema enorme, de los que cambian la vida.

Del otro lado escuchó la respuesta, y dijo casi sin respirar:

—Ya voy en camino… sí, voy solo, tranquilo no le dire a nadie, realmente me estas salvando.

Cortó la llamada y se quedó un segundo mirándose al espejo. Lo que vio le dio más miedo todavía: estaba pálido, los ojos muy abiertos, la cara marcada por el susto y la culpa. Sabía que lo que había decidido hacer no era lo correcto, pero no tenía otra salida. Se dio la vuelta y salió corriendo, con prisa, sin mirar atrás, porque sabía que lo que le esperaba adelante era mucho peor que lo que acababa de dejar atrás.

Alguien desde la distancia le tomo una foto.

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