En una manada donde todos nacen marcados por la Luna, Lyra es la única que jamás recibió una marca. Creció siendo ignorada, despreciada y tratada como un error incluso por quienes debían protegerla. Para la manada, alguien sin marca no tiene lugar, poder… ni valor. Pero todo cambia cuando comienza a encontrarse en secreto con Rowan, el heredero de una manada vecina que nunca la miró con rechazo. Mientras él le enseña a confiar en sí misma, Kael —el futuro alfa que siempre la despreció— empieza a verla de una forma diferente tras descubrir que Lyra oculta algo imposible. Entre antiguas profecías, secretos de las manadas y un poder que podría cambiarlo todo, Lyra tendrá que decidir quién es realmente… antes de que otros decidan por ella.
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escondite
Lyra no soportó un segundo más dentro de esa casa.
El aire se sentía demasiado pesado.
Demasiado pequeño.
Y la voz de Kael detrás de la puerta solo hacía que el caos dentro de ella creciera.
Así que escapó.
Salió por la puerta trasera mientras él seguía frente a la entrada principal y corrió directamente hacia el bosque bajo la luz de la luna llena.
Las ramas rozaban su piel mientras avanzaba rápido entre los árboles.
Sus ojos seguían brillando rojos en la oscuridad.
No sabía qué estaba ocurriéndole.
Solo sabía que necesitaba alejarse.
Lejos de la manada.
Lejos de todos.
Por un instante pensó en Rowan.
Pero inmediatamente negó con la cabeza.
Era tarde.
Y no era viernes.
No había forma de que estuviera allí.
Finalmente llegó a una zona profunda del bosque donde enormes árboles antiguos cubrían casi todo el cielo.
Y ahí estaba.
Su escondite.
Un gigantesco tronco hueco caído hacía años.
Rowan lo había encontrado una tarde mientras exploraban y desde entonces se convirtió en “su lugar seguro”.
Nadie de la manada iba tan profundo en el bosque.
Lyra se metió dentro rápidamente.
El espacio olía a madera húmeda y musgo.
Se acurrucó abrazando sus piernas mientras intentaba calmar la respiración.
Poco a poco…
el ruido de los latidos comenzó a desaparecer.
El cosquilleo en sus dedos disminuyó.
Y el cansancio cayó sobre ella de golpe.
Demasiadas emociones.
Demasiado miedo.
Lyra cerró lentamente los ojos.
Y terminó quedándose dormida.
⸻
Oscuridad.
Luego…
luz roja.
Lyra frunció el ceño mientras observaba a su alrededor confundida.
No estaba en el tronco.
Se encontraba en un bosque diferente.
Antiguo.
Extrañamente silencioso.
Árboles enormes rodeaban el lugar mientras una luna roja iluminaba todo desde arriba.
El viento susurraba cosas que no lograba entender.
Entonces escuchó una voz.
—Finalmente…
Lyra giró rápidamente.
Una mujer estaba de pie entre los árboles.
Cabello oscuro larguísimo.
Vestido negro moviéndose suavemente con el viento.
Sus ojos…
eran exactamente iguales a los de Lyra cuando brillaban rojos.
La mujer sonrió apenas.
No era una sonrisa cálida.
Era triste.
Como si hubiera esperado muchísimo tiempo.
—¿Quién eres? —preguntó Lyra dando un paso atrás.
La mujer no respondió de inmediato.
Solo se acercó lentamente.
Y cuanto más cerca estaba…
más fuerte sentía Lyra algo dentro de su pecho.
Como reconocimiento.
Como si una parte de ella ya conociera esa presencia.
—Despertaste demasiado pronto —murmuró la mujer finalmente.
Lyra sintió escalofríos.
—No entiendo nada.
La mujer levantó una mano lentamente.
Sus dedos rozaron apenas la mejilla de Lyra.
Y en ese instante…
imágenes atravesaron su mente.
Lobos enormes.
Sangre.
Fuego.
Manadas arrodilladas.
Ojos rojos brillando en la oscuridad.
Lyra jadeó apartándose inmediatamente.
—¡¿Qué fue eso?!
La mujer la observó con tristeza.
—Tu herencia.
El corazón de Lyra comenzó a latir rápido otra vez.
—No…
—Te ocultaron la verdad.
La luna roja brilló con más intensidad sobre ellas.
Y entonces la mujer susurró algo que hizo que el mundo entero pareciera detenerse.
—Tú nunca naciste sin marca, Lyra.
Naciste con algo que ellos temían demasiado para dejar existir.
Antes de que pudiera responder…
el bosque comenzó a romperse alrededor de ella.
La voz de la mujer resonó una última vez entre la oscuridad.
—Cuando el lobo despierte… todos vendrán por ti.