Lelia sale del convento para asistir a la boda de su hermana, estaba feliz al saber que se casaba por amor, pero nunca se imagino que su vida iba a cambiar.
Su destino la iba a llevar por un camino muy diferente al que pensó y le iba a poner pruebas muy duras.
¿Podrá Lelia superar todo lo que le prepara el destino?
NovelToon tiene autorización de Karina Garcia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 02
En el momento en que siente cómo jala su vestido del cuello y la tela hace ese sonido al rasgarse, reacciona.
Sujeta la mano del hombre y rápido se para, se gira para ver quién era al mismo tiempo que avienta al hombre.
La luz que las veladoras daban no era suficiente para verlo bien; se quedó quieta con su mano en el cuello del vestido, estaba avergonzada, no sabía qué hacer y mucho menos entendía qué hacía ese hombre en el cuarto de su hermana.
Estaba por gritarle que se fuera, cuando el hombre de una pata quita el banco donde estaba sentada y se acerca a ella, al mismo tiempo que toma sus manos, las lleva a su espalda, la sujeta con fuerza, la hace pegarse al tocador, al mismo tiempo que le susurra al oído.
—Mi gatita salvaje, ahora, ¿qué juego estás jugando? ¿Quieres hacerte la difícil?
¡Bien! Vamos a jugar a hacerte la difícil y la inocente; lo haces también, que haces que me excite con esa falsa inocencia que tienes. -
Besa su cuello y ella trata de soltarse, de hacer que la soltara, pero ese hombre era fuerte; sus manos la sujetaban con fuerza, mientras que con la mano derecha tocaba su pecho.
Lo presionó más de una vez, tocó su pequeña cintura y siguió bajando por su pierna, hasta que empieza a subir la falda de su vestido.
Lelia estaba por gritarle que se detuviera cuando ese hombre besa sus labios; lo hacía con pasión, su lengua tocaba la de ella, la controlaba hasta el punto de dejarla indefensa.
Estaba temblando del miedo que tenía; ese hombre la tocaba y la controlaba de una manera tan indecente, tan impura, y lo peor era que no sabía cómo detenerlo.
Sus manos, ni siquiera podía soltarlas; su boca estaba controlada por él, que no podía hablar.
En su desesperación, sus lágrimas salieron de sus ojos y por fin logra atrapar su labio inferior; lo muerde con fuerza.
Él sintió tanto dolor que la suelta y rápido se aleja; estaba por gritar, pero se recordó que no tenía que hacer ruido.
Tocó su labio que le ardía por la mordida y ese sabor metálico que tenía en la boca le indicaba que estaba sangrando.
Le sonríe al momento de decirle.
-Gatita salvaje, hoy estás demasiado violenta, parece que quieres jugar rudo, tengo que decirte que la idea no me desagrada.
Jugar fuerte me gusta, pero no creo que sea bueno hacerlo aquí; lo que quieres te va hacer gritar del placer que te haría sentir, tus padres podrían escucharte y aunque estamos comprometidos, pronto será nuestra boda, se que no es bueno que en este momento nos miren aquí.
Cuando seas mi esposa y estemos en nuestra casa, te prometo que jugaremos todos los días a lo que tú quieras. -
Intenta tocar su rostro y Lelia rápido golpea su mano, al mismo tiempo que le dice.
-No me toque, usted es un atrevido, un indecente y no debe entrar a la habitación de una señorita, tiene que irse en este momento antes de que alguien lo mire. -
El hombre al escuchar la voz se da cuenta que algo no estaba bien, toma el candelabro que estaba al lado de ellos, casi en la orilla del tocador.
Lo acerca al rostro de Lelia, su rostro era igual, pero esa voz no era la de Aelia; frunce el ceño mientras la miraba, en ese momento recordó que su amada tenía una hermana gemela, rápido le pregunto.
-¿Eres Lelia?-
Lelia al tener las veladoras cerca de ellos se dio cuenta que era un hombre apuesto, varonil, tenía ojos grandes, labios delgados.
Trataba de calmarse y con inseguridad le preguntó.
- ¿Quién es usted? ¿Qué hace en los aposentos de mi hermana? -
Después de hacer esas preguntas se sintió tonta, porque bien sabía quién era; se lo había dicho ya con palabras, era el hombre que se iba a casar con su hermana.
El hombre sonríe al momento de responderle.
—Tú no eres mi amante, Aelia…
Ya me había dicho que tenía una gemela, que estaba en el convento y de su parecido; la verdad, no pensé que fueran tan parecidas.
Creo que en el futuro tendré que tener más cuidado para no confundirlas, aunque lo que pasó hoy es solo su culpa; debió detenerme, decirme que no era Aelia.
Tienes que aclararle a tu hermana que tú eres la culpable de lo que pasó aquí; no hagas que pelee conmigo por esto, creo que no es bueno que tú y yo nos convirtamos en enemigos.
Vamos a ser cuñados; es mejor tener buena relación. Recuerda que más de una vez tendremos que vernos; no hagas que la familia se sienta incómoda.
Dile a mi amante, que vine a verla, que la extraño y que mañana estaré aquí por la tarde para ver los últimos detalles de la boda.
Fue un gusto conocerla, “Santa Lelia”, aunque tengo que decir que es una lástima que se haga monja; deje eso y mejor permítame presentarle a un amigo; sería mejor disfrutar de las delicias que te da la vida, como su hermana y yo lo hacemos. -
Lelia abre los ojos de la sorpresa al escuchar lo que le dijo y, molesta, le dijo.
-Es un grosero, por favor, váyase y no vuelva a entrar a los aposentos de mi hermana de esta manera. -
El hombre se da media vuelta y sale por la ventana.
Ella se le quedó mirando, inmóvil; estaba sin poder creer lo que pasó; ese hombre que se suponía que era un duque, un caballero, se comportaba como un sinvergüenza.
Tardó unos minutos en recuperarse de la sorpresa; fue a la ventana y la cerró. Confundida, se recuesta en la cama; no entendía nada de lo que había pasado.
Al estar recostada en la cama de su hermana, mientras pensaba en ese hombre, en lo que había pasado, lleva sus manos a sus labios, los toca con las yemas de sus dedos.
Inconscientemente recuerda ese beso apasionado que le dio; en ese momento, contigo, un extraño sentimiento que recorrió todo su cuerpo hizo que su estómago se contrajera.
Al momento reaccionó y se regañó mentalmente; eso era malo, un pecado, se sentía tentada por el diablo.
Golpeó su cabeza más de una vez con sus delicadas manos para quitarse esos pensamientos indecorosos.
Cerró sus ojos para dormir; ya no quería pensar en nada y mucho menos en lo que pasó. Tenía que olvidarlo, concentrarse en el problema que se venía, porque era un hecho que su hermana había huido con un hombre.
Se quedó profundamente dormido hasta el día siguiente; la voz de una de las empleadas la despierta.
—Señorita, despiértese, sus padres la esperan para desayunar; recuerde que hoy van a ir a la modista, su vestido de novia tiene que quedar perfecto y también le mostrarán unos camisones para su noche de boda. -
Lelia se levanta algo aturdida; por un momento se había olvidado de que estaba en la casa de sus padres, pero al abrir sus ojos y ver el lugar, rápido recordó todo lo que había pasado.
Se levanta a toda prisa y pregunta.
- ¿Dónde están mis padres?-
La empleada que conocía a las dos hermanas rápido supo que no era Aelia; con sorpresa pregunta.
- ¿Señorita Lelia? ¿Qué hace aquí? -
Lelia se le queda mirando sin contestarle nada; quería una respuesta a su pregunta y no quería responder preguntas que pensó que eran tontas.
La empleada, al ver la molesta, le dice que sus padres estaban en el comedor y ella rápido va a donde estaban; era el momento de hablar con ellos, de preguntarles ¿Qué estaba pasando? entender por qué su hermana escapó con otro hombre.
Mientras caminaba al comedor, podía sentir que algo malo iba a pasar, que una gran desgracia iba a caer sobre su familia.