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LA HEREDERA FUGITIVA

LA HEREDERA FUGITIVA

Status: Terminada
Genre:Embarazada fugitiva / Pareja destinada / Amor a primera vista / Amor Campestre / Completas
Popularitas:324.2k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

**Él le arrebató su lugar.**
La vida le enseñó que en el mundo de los hombres, una mujer nunca hereda el poder… solo las heridas.

Manuela Hernández huyó de su hogar con el corazón roto y una promesa ardiendo en el pecho: jamás volvería a ser débil.
Cinco años después, convertida en una mujer poderosa y temida, regresa al rancho que una vez fue suyo tras la misteriosa muerte de su padre.

Pero volver significa enfrentarse a traiciones enterradas, secretos familiares y fantasmas que nunca dejaron de perseguirla.

Y también a él.

Damián Cortés.
El hombre peligroso que puede destruir todo lo que ella ama… o convertirse en su peor adicción.

Entre deudas, mentiras y una atracción imposible de ignorar, Manuela descubrirá que algunas guerras no se pelean solo por dinero o poder… sino por el corazón.

Porque en Hacienda San Rafael nadie es inocente.
Y alguien está dispuesto a matar para quedarse con el legado.

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13: Diego no se rinde

Diego Vargas apareció un miércoles sin avisar, que era su forma favorita de aparecer porque había aprendido desde niño que si avisaba le decían que no.

Manuela estaba en el potrero revisando el avance de las reparaciones del sistema de riego cuando lo vio bajar de su camioneta con esa caminata de hombre que ensayó el reencuentro en el espejo antes de salir de su casa. Sombrero nuevo. Camisa planchada. A las diez de la mañana en un rancho de trabajo.

—No —dijo Manuela.

Diego abrió los brazos.

—Ni siquiera he dicho nada.

—Llevas esa cara desde que bajaste del carro. Ya sé lo que vas a decir y la respuesta es no.

—Manuela, solo quiero hablar.

—Ya hablamos. La semana pasada. Y la anterior.

—Cinco minutos.

—Diego. —Manuela se sacó los guantes de trabajo y lo miró directamente—. Cada vez que apareces aquí sin avisar me haces perder tiempo que no tengo. ¿Qué quieres.

Diego se acomodó el sombrero con ese gesto suyo que hacía cuando estaba buscando cómo decir algo que sabía que no iba a recibir bien.

—Escuché que Ernesto te está poniendo problemas. Y que anoche envenenaron más vacas.

—Eso no es pregunta.

—Vine a ofrecerte ayuda. Conozco este rancho, conozco a la gente del pueblo, conozco a Ernesto desde hace quince años. Puedo serte útil, Manuela.

—Ya tengo quien me sea útil, gracias.

—¿Cortés? —Algo en su voz cambió de tono—. ¿Estás confiando en el hombre que tiene hipotecado tu manantial?

—Estoy confiando en los documentos firmados y en mis propios ojos. Que son dos cosas más confiables que cualquier persona en este rancho incluyéndote a ti.

Diego dio un paso hacia ella.

—Cometí un error. Un error enorme, lo sé. Pero eso no significa que no me importe lo que te pasa.

—No dije que no te importe. Dije que no te necesito.

—Hay una diferencia entre esas dos cosas.

—Sí. Y vivo muy cómoda en esa diferencia. —Se puso los guantes de nuevo—. Diego, tienes dos opciones. Te vas ahora y puedes volver cuando tengas algo concreto que aportarle al rancho como trabajador o como proveedor. O te quedas aquí parado y yo sigo con mi día ignorándote hasta que te aburras. Tú decides.

Diego la miró durante varios segundos con esa expresión de hombre que tiene más cosas que decir y que ha calculado que ninguna le va a funcionar hoy.

—¿Puedo preguntarte algo? —dijo.

—Puedes. No garantizo respuesta.

—¿Estás bien?

Manuela lo miró.

Era una pregunta simple. Demasiado simple para la cantidad de historia que cargaba. Diego Vargas, que la había traicionado de la manera más básica y predecible posible, parado en el potrero de su rancho con el sombrero en la mano preguntándole si estaba bien con una sinceridad que no le resolvía absolutamente nada.

—Estoy trabajando —dijo Manuela—. Que es lo más bien que puedo estar ahora mismo.

Diego asintió.

Se fue.

Manuela lo vio alejarse, subir a su camioneta y salir por el camino principal. Luego se dio la vuelta y siguió revisando las reparaciones del riego porque el agua no esperaba a que nadie terminara de tener sentimientos.

La llamada de Ana llegó a las once de la noche.

Manuela estaba en el escritorio con los registros del investigador privado cuando vibró el teléfono. Vio el nombre en la pantalla y contestó de inmediato.

—¿Qué pasó.

—Hoy en la tarde —dijo Ana, y su voz tenía ese control forzado de alguien que está siendo cuidadosa con las palabras—. Un hombre estuvo en el edificio. Habló con el portero, con la señora del cuarto piso, con el del estacionamiento. Preguntando por ti.

Manuela se quedó quieta.

—¿Qué preguntaba exactamente.

—Que dónde habías estado los últimos cinco años. Qué hacías. Con quién vivías. Si tenías pareja. —Pausa—. El portero me avisó porque le pareció raro. El hombre no se identificó pero tomó fotografías del edificio.

—¿Lo describió el portero.

—Cuarenta y tantos años. Traje gris. Grabadora pequeña en la mano. El portero dice que parecía investigador privado.

Investigador privado. Alguien había contratado a alguien para investigarla. No a ella como CEO, no a Inversiones MH, no a sus negocios en la capital. A ella. A los años que había desaparecido del pueblo. A lo que había hecho. A con quién había vivido.

Alguien quería saber qué había pasado con Manuela Hernández en los cinco años que estuvo fuera.

—¿Volvió después? —preguntó Manuela.

—No. Pero el portero dice que tomó nota de las placas del carro antes de que se fuera.

—Consígueme esas placas.

—Ya las tengo.

—Mándalas ahora. —Pausa—. Ana, escúchame. Nadie habla con nadie. El portero, la señora del cuarto piso, el del estacionamiento. Nadie dice nada más sobre mí a ninguna persona que no viva en ese edificio. Si el hombre vuelve me llamas antes de que suba al ascensor.

—Entendido. ¿Crees que es Ernesto?

—No sé. Podría ser Ernesto. Podría ser Valentina. Podría ser Diego buscando respuestas por las malas después de que le dije que no por las buenas. —Hizo una pausa—. Lo que sé es que alguien quiere saber qué hice estos cinco años y eso no me conviene.

—¿Qué hago con lo de acá?

—Lo de siempre. Rutina normal. No cambies nada que llame la atención. Y si alguien pregunta de nuevo, no sabes nada porque no sabes nada. ¿Está claro?

—Está claro.

Manuela colgó.

Se quedó sentada en el escritorio con el teléfono en la mano y el cuarto en silencio. Afuera el rancho dormía. Adentro su cabeza corría a una velocidad que no iba a permitirle dormir en las próximas horas.

Cinco años. Alguien quería saber qué había hecho en cinco años.

Si llegaban a encontrar lo que había hecho, todo lo que había construido con tanto cuidado, cada capa de protección, cada distancia calculada, cada decisión tomada para mantener su vida en la capital completamente separada de lo que estaba pasando aquí, se derrumbaría de golpe.

Y ella no podía permitir eso.

No ahora. No con seis meses en el reloj y Ernesto moviendo fichas y el rancho apenas empezando a respirar.

Abrió el mensaje de Ana. Las placas del carro estaban ahí.

Las copió y se las mandó al investigador privado con una sola línea: Urgente. Necesito saber quién contrató este vehículo y para qué.

Luego cerró el teléfono y se quedó inmóvil en el cuarto oscuro.

Si alguien encontraba lo que había dejado en esos cinco años antes de que ella controlara la situación, todo —absolutamente todo— se derrumbaría.

1
Alba Malave
Damian es el desconocido con el cual se encontró Manuela en el bar del hotel cuando llegó a la capital eso quiere decir que él es el padre de los gemelos
Neida Ladera
me imagino que él piensa que va a salir de la cárcel pronto o no, pero necesitará a donde vivir cuando lo haga, si es loco 🤭
Rosaura Román
Ernesto va a firmar si o si🤔👏
Maria Cantillo
Excelente presentación me gusta la novela me encanta leer es maravilloso felicidades y sigas avanzando no dejes que nadie corte tu libertad de expresión 🤭🤭🤭
Norma Verena Dumao
me gusta la novela, la protagonista es fuerte y decidida a recuperar lo suyo.
Maria Cantillo
vaya tragedia un muerto un herido?
Maria Cantillo
Ese man sabe que hizo que espera una 👑 ombe que se entregue y dejé de hacer escándalo
Maria Cantillo
vaya estos casos tan grandes y pesados ✂️✂️se dejaron embobar va por los niños
Maria Cantillo
se sapearon la maldad ahora quien será el culpable? están embolatando la muerte y ese muerticp dejo plata y esa es la que quieren para ellos quien ganará?
Maria Cantillo
uyyy nido de serpientes ponzoña lista pal ataque pues al que llegue primero le creen🤭🤭🤭
Elder Valverde
excelente.
Andrea Pupo
que raro
Maria Cantillo
Ernestico se te acabó la mina de oro y lo que se te acerca es la ruina total de tus proyectos 🤣🤣🤣
valeska garay campos
bonita historia
Cristina Alvarado
que Diego murió 🤬no dijeron nada
Cristina Alvarado
c que es sé que es una novela pero cuántas vueltas qué te descubro qué te descubrí por favor
Alicia Santini
Felicitaciones, muy linda historia. Adelante.
Denia😍💞💞
la Autora se equivocó 🙆🏻🤦🏻
Roxana Cruz 🇦🇷
Me gustó la novela felicitaciones Autora 🤗
Roxana Cruz 🇦🇷
🤗se hizo justicia 🤗
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