trata sobre dos personajes los cuales están comprometidos y uno de ellos está enfermo acá lo vamos a llamar Dimitri dime triste enfermo y no estoy haciendo porque no quiere tomar la medicina y el otro signo que se lo tome personalizado en hacer sus pinches trabajos
NovelToon tiene autorización de Lukas el fantasma rojo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Las cosas que Dimitri nunca conto
La mañana llegó lentamente.
El cielo seguía gris por la tormenta de la noche anterior, y la luz tenue atravesaba las cortinas apenas lo suficiente para iluminar la habitación. Todo estaba tranquilo.
Demasiado tranquilo para alguien como Dimitri.
Lukas despertó primero.
Durante unos segundos permaneció inmóvil, todavía medio dormido, sintiendo el peso cálido apoyado contra su pecho.
Dimitri seguía abrazándolo incluso dormido.
Era extraño.
Porque despierto, Dimitri jamás habría sido tan evidente sobre necesitar cercanía. Siempre mantenía cierta compostura, cierta distancia elegante incluso con Lukas.
Pero enfermo…
Enfermo era distinto.
Dormido, Dimitri parecía más joven. Más cansado. Menos peligroso.
Y eso hacía que a Lukas le doliera el pecho de una manera difícil de explicar.
Con cuidado, apartó un mechón oscuro del rostro de Dimitri.
La fiebre había bajado un poco.
Por suerte.
Aunque las ojeras seguían ahí.
Y Lukas ahora no podía dejar de pensar en la noche anterior.
En la pesadilla.
En cómo Dimitri había dicho “todos me dejaban solo”.
En el miedo real que había visto en sus ojos.
Porque no había sido solo una pesadilla cualquiera.
Había sido algo viejo.
Algo profundo.
Algo que Dimitri llevaba cargando desde mucho antes de conocerlo.
Lukas suspiró suavemente.
Y entonces notó algo.
Dimitri seguía aferrado ligeramente a su camisa incluso dormido.
Como si inconscientemente necesitara comprobar que seguía ahí.
Ese pequeño gesto terminó de romperle el corazón.
Porque Dimitri jamás pediría afecto directamente.
Nunca.
Solo dejaba pequeñas señales.
Tan pequeñas que casi nadie las veía.
Pero Lukas empezaba a notarlas cada vez más.
Y tal vez ese había sido su error todo este tiempo.
Había cuidado de Dimitri cuando enfermaba.
Cuando se agotaba.
Cuando explotaba de estrés.
Pero quizá no había prestado suficiente atención al resto.
A las cosas silenciosas.
A las miradas cansadas.
A los momentos donde Dimitri se quedaba despierto viendo el techo.
A las veces que trabajaba hasta las tres de la mañana aun sin necesidad.
A la forma en que siempre parecía preparado para que algo malo ocurriera.
Lukas tragó saliva lentamente.
Tal vez Dimitri llevaba mucho tiempo agotado… y nadie lo había notado realmente.
Ni siquiera él.
Un sonido leve lo sacó de sus pensamientos.
Dimitri estaba despertando.
Abrió los ojos lentamente, todavía desorientado por unos segundos. Luego levantó apenas la mirada hacia Lukas.
Y automáticamente intentó recuperar su expresión seria.
—¿Por qué me estás viendo así? —murmuró con voz ronca.
Lukas sonrió apenas.
—Porque sigues abrazándome.
Dimitri bajó la mirada.
Y efectivamente, seguía aferrado a la tela de su ropa.
Lo soltó inmediatamente.
—La fiebre altera mi juicio.
—Claro.
—No hagas comentarios.
—No prometo nada.
Dimitri soltó un pequeño bufido cansado e intentó incorporarse.
Lukas lo detuvo suavemente.
—Despacio.
El empresario lo miró apenas.
—Ya estoy mejor.
—Eso dijiste ayer antes de esconder un celular bajo la almohada.
—Estrategia defensiva válida.
—Delincuente corporativo.
Eso sacó una pequeña sonrisa de Dimitri.
Pero Lukas la vio desaparecer rápido.
Demasiado rápido.
Como si incluso sonreír demasiado tiempo le resultara raro.
Ahí fue cuando Lukas tomó una decisión silenciosa.
Iba a empezar a observar más.
De verdad.
No solo cuando Dimitri estuviera enfermo o agotado.
Siempre.
Porque ahora entendía algo importante:
Dimitri no sabía pedir ayuda.
Y probablemente jamás aprendería.
Entonces Lukas tendría que notar las cosas antes de que él hablara.
Como ahora.
—¿Qué pasa? —preguntó Lukas suavemente.
Dimitri levantó la vista.
—Nada.
Mentira inmediata.
Lukas lo conocía demasiado bien ya.
—Estás pensando demasiado otra vez.
—Siempre pienso demasiado.
—Sí, pero ahora tienes cara de “voy a fingir que todo está bien aunque claramente no lo está”.
Dimitri entrecerró los ojos.
—¿Tengo una cara específica para eso?
—Varias.
—Qué humillante.
Lukas lo observó unos segundos más.
Y entonces preguntó con cuidado:
—¿Tuviste esas pesadillas desde hace mucho?
El silencio cambió inmediatamente.
Dimitri apartó la mirada hacia la ventana.
Eso bastó como respuesta.
—Dimitri…
—No vale la pena hablar de eso.
—Para mí sí.
El empresario permaneció callado.
Lukas no insistió enseguida.
Esperó.
Y finalmente Dimitri habló más bajo.
—Cuando era niño… enfermarme no era una opción.
Lukas sintió el pecho tensarse apenas.
Dimitri rara vez hablaba de su infancia.
De hecho, casi nunca lo hacía.
—Mi padre decía que verse débil hacía que la gente te devorara.
La frase salió fría.
Automática.
Como algo repetido demasiadas veces.
—Y si cometía errores…
Dimitri hizo una pausa breve.
—Bueno. Digamos que aprendí rápido a no cometerlos.
Lukas sintió algo incómodo recorrerle el cuerpo.
No necesitaba más detalles para entender que esa infancia no había sido normal.
—¿Por eso trabajas incluso enfermo?
Dimitri soltó una pequeña risa sin humor.
—¿Solo “incluso enfermo”?
—Dimitri.
El empresario suspiró y se recargó otra vez contra el respaldo de la cama.
Por primera vez parecía cansado de verdad.
No físicamente.
Cansado por dentro.
—Si dejo de ser útil… siento que todo puede desaparecer.
La confesión fue tan honesta que Lukas se quedó quieto unos segundos.
Porque ahí estaba.
El verdadero miedo de Dimitri.
No perder dinero.
No perder poder.
Perder valor.
Como si toda su existencia dependiera de cuánto podía soportar.
Lukas se acercó más.
—No tienes que ganarte el derecho de que te quieran.
Dimitri levantó lentamente la mirada.
Y algo en su expresión se quebró apenas.
Muy poco.
Pero Lukas lo vio.
—Eso suena muy bonito cuando lo dices tú —murmuró Dimitri.
—Porque es verdad.
—No para gente como yo.
—Especialmente para gente como tú.
Silencio.
Lukas tomó su mano lentamente.
Y esta vez Dimitri no se apartó.
—No tienes que estar perfecto todo el tiempo conmigo.
Dimitri observó sus manos entrelazadas unos segundos.
Luego soltó una pequeña risa cansada.
—Qué problema tan grande te conseguiste al casarte conmigo.
—Sí.
—Oye.
—Pero sigo eligiéndote.
Eso hizo que Dimitri se quedara completamente callado.
Y Lukas entendió algo importante en ese instante.
Dimitri estaba acostumbrado al respeto.
Al miedo.
A la obediencia.
Pero no estaba acostumbrado a que alguien se quedara incluso viendo sus partes más rotas.
Por eso parecía tan desconcertado cada vez que Lukas lo hacía.
Lukas levantó una mano y acarició suavemente su mejilla.
—Voy a empezar a cuidarte más.
Dimitri arqueó apenas una ceja.
—Eso suena peligroso.
—Voy en serio.
—Lukas…
—No solo cuando tengas fiebre. No solo cuando te desmayes por estrés. Siempre.
El empresario lo observó fijamente.
Y por primera vez desde que despertó…
Pareció genuinamente vulnerable.
—No tienes que hacer eso.
—Quiero hacerlo.
Dimitri bajó lentamente la mirada.
Y Lukas notó algo raro.
Sus dedos estaban temblando apenas otra vez.
Como si no supiera qué hacer con tanta honestidad.
—Nadie antes había…
Se detuvo.
Lukas esperó.
Pero Dimitri no terminó la frase.
No hizo falta.
Porque Lukas ya entendía.
Nadie antes se había quedado lo suficiente para notar esas cosas.
Nadie antes había mirado más allá del empresario aterrador.
Lukas se inclinó y besó suavemente su frente.
—Bueno, ahora me tienes a mí.
Dimitri cerró los ojos apenas un segundo.
Y cuando volvió a abrirlos…
Había algo distinto en su mirada.
Algo más suave.
Más tranquilo.
Como si por primera vez en mucho tiempo realmente creyera un poco en eso.
Aunque solo fuera un poco.