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Volver A Vivir No Está Mal

Volver A Vivir No Está Mal

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance / Venganza
Popularitas:5.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Yinet Leonor

Noelia Pérez es una mujer mayor de 89 años que muere de un ataque al corazón, pero inexplicablemente despierta en otra realidad. No se ha convertido en ninguna preciosa jovencita, sigue siendo una mujer mayor, pero esta vez tiene unos 50 años, un gato tuerto, una casa desvencijada y un nieto delicado que viene a vivir por ser rechazado por su preferencia sexual. ¿Qué hará Noelia con esta nueva vida? Acompáñame y verás como solo hay que desear vivir con mucha fuerza para brillar desde la miseria más absoluta.

NovelToon tiene autorización de Yinet Leonor para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Adrenalina y hormonas

El eco del disco al golpear los tableros resonaba en el recinto como un latido metálico y frío. El pabellón de hielo sintético, una joya cara que Carlos Santiesteban había patrocinado, para devolverle a su hijo Andrés algo de lo que amaba hacer antes de que Ernesto destrozara su vida. Era el escenario de un reñido partido y su hijo era una de las estrellas principales. Andrés era un excelente deportista. Siempre lo había sido y el Hockey era su vida. Lo que Carlos no imaginó es que este costoso regalo para devolver la alegría a su hijo, tuvo un alcance más allá de este. Había transformado el gris invierno del Valle, porque aquella pista se convirtió en un escenario donde bullía una energía que solo el deporte y la adolescencia saben generar y hoy no era un simple partido; era un duelo de egos, de promesas silenciosas y de esperanzas frágiles de todos los chicos y chicas del Valle.

Sobre la superficie blanca, los jugadores eran manchas de colores que se movían en una coreografía violenta y precisa. Para Aritza, sin embargo, el mundo se reducía a una sola figura: Mateo. Su casaca roja flameaba mientras perseguía el disco, su respiración se condensaba en pequeñas nubes de vapor y sus piernas, poderosas, se deslizaban sobre el hielo sintético con la seguridad de quien ha nacido para eso. Ella lo veía y su corazón se aceleraba al mismo ritmo que los patines de él. Había llegado temprano y el ritual de las porristas ya había pasado. Megan, la capitana, había ejecutado su rutina con una sonrisa que ocultaba un secreto a voces. Sus compañeras habían levantado la pierna en un «V» perfecto y ella, en el centro, había brillado con la certeza de quien tiene un plan. Si Mateo gana, pensó mientras guardaba el sobre perfumado en su mochila, se lo daré. Era su lógica adolescente, su apuesta al destino.

-¿Estás bien?

Preguntó Lian a Aritza, apoyado en la baranda de la grada. Preguntó por preguntar sin esperar respuesta, pues su mirada estaba fija en otro punto de la pista. Allí, con la camiseta azul, Andrés Santiesteban se movía con una agresividad controlada y magnífica que le secaba la boca. Andrés era la prueba viviente de que el dinero, cuando se invierte bien, puede comprar algo más que una pista de hielo. Había llegado al instituto como un extraño. Un chico nuevo y problemático que necesitaba un lugar al que pertenecer y lo había encontrado en el hockey, donde su talento natural había florecido. La vida, para él, ya no era un campo de batalla, sino una pista donde podía controlarlo todo. Aquí, al menos, no había palabras incómodas ni silencios forzados; solo el disco y el objetivo.

-Nada. -respondió Aritza, apartando el flequillo de su rostro. -Solo que… bueno, ya sabes.

Se llevó la mano al bolsillo de su chaqueta, donde la invitación a su fiesta de quince años esperaba como una bomba de tiempo. Había sido una idea de último momento. Como el cumpleaños de Mateo era el mismo día que el suyo, había convencido a su hermano de celebrar una fiesta especial para la fecha. Ya toda la escuela tenía la invitación y también medio Valle. Excepto la de esa chaqueta. La de Mateo. Le había escrito una nota especial. "Te espero. Tengo algo importante que decirte." Llevaba dos años guardando aquellos sentimientos. ¿Qué era una semana más? Lían la escuchó como ruido de fondo sin contestar.

El partido transcurría como un péndulo. Cada golpe del stick era un juramento, cada pase una conspiración. Mateo era el motor del equipo rojo, su ímpetu y su corazón, pero enfrente, Andrés era la razón, la estrategia. Cuando el tercer tiempo comenzó, el marcador estaba empatado y el aire en el pabellón se había vuelto irrespirable. Aritza ya no veía a nadie más. Solo a Mateo, esquivando defensas, girando sobre sus patines como un bailarín sobre una cuchilla. "Mírame", pensaba ella con fuerza, como si pudiera transmitirle sus pensamientos. Solo una vez, pero los ojos de él estaban solo en el disco. Desde las gradas Megan también rogaba otro tipo de plegaria. "Que gane, que gane".

Lian, al lado de Aritza, tampoco veía el partido. Veía a Andrés y cuando el chico de la camiseta azul interceptó un pase a pocos minutos del final, sintió que el tiempo se detenía. Andrés se deslizó hacia la portería contraria como una exhalación. Su stick manejaba el disco con una destreza casi profesional, como si fuera una extensión de su brazo. Los defensas rojos intentaron cerrarle el paso, pero él era un fantasma. Fintó a uno, giró sobre su eje y con un disparo seco y potente, venció al portero. El golpe del disco contra la red fue el sonido de un corazón rompiéndose en varias partes.

Andrés levantó los brazos y su mirada recorrió las gradas. Buscó un rostro. Cuando lo encontró, el de Lían, sus labios esbozaron una sonrisa llena de un orgullo que no era solo deportivo. ¿Ves?, decía esa mirada, soy mejor que él. Tienes que verme. Era un reto, un desafío. O quizás, en el fondo, una declaración. Lían bajó la cabeza. Su corazón latía con una fuerza anormal, un tamborileo incómodo que no sabía interpretar. No es nada, se dijo. Solo ha sido un gesto de rivalidad. Una forma de decir que él es mejor que Mateo, pero en el pecho, la mentira no lograba calmar el eco de esa sonrisa.

El partido se reanudó, pero ya no había tiempo. El equipo de Mateo lo intentó todo, pero la derrota era un muro invisible. Cuando el silbato final sonó, el marcador condenaba a los rojos. Aritza vio a Mateo apoyar los guantes en las rodillas, agotado y frustrado. Su corazón se encogió. En la grada, Megan guardó la carta de confesión en el fondo de su mochila, debajo de una sudadera. Si se lo hubiera dado ahora, pensó, me habría rechazado. Siempre que pierde se vuelve un fantasma. Era una lógica cruel, pero necesaria para su autoestima. Aritza, en cambio, apretó la invitación en su bolsillo. La derrota de Mateo no cambiaba sus planes. Su fiesta sería en una semana y allí, entre las luces y la música, las reglas de la vida serían diferentes. Él la miraría a los ojos y ella, finalmente, dejaría de ser la chica que solo lo animaba desde la grada. La amiga de Lian.

-Voy a por energizantes. -murmuró, levantándose. -Para cuando Mateo salga del hielo. Se lo merece.

-¿Estás segura que estará de ánimo? -preguntó Lían, aún con la mirada perdida en la pista donde Andrés celebraba con su equipo.

-Sí. -Aritza sonrió, una sonrisa pequeña que escondía un océano de nervios. -Es solo una bebida. La necesita.

Mientras caminaba hacia la máquina expendedora, el ruido del pabellón se desvaneció. Solo quedaba el silencio de su corazón, latiendo al mismo compás que la promesa de su confesión. El partido había terminado, pero para ella, la verdadera final apenas comenzaba y en otra parte de la pista Megan pensaba exactamente lo mismo. Lían se quedó solo esperando a Mateo para darle unas palabras de aliento. Este seguro se iría con su equipo a planear el próximo partido. Observó como ambos equipos se daban las manos y comenzaban a salir de la pista. Se cambiarían en los vestuarios y todos se irían. Lían esperaba exactamente eso. Quedar solo con el hielo. Era su momento. Quería practicar sin ser observado, lo que Lía le había enseñado el miércoles.

Finalmente la pista de hielo estaba vacía. Lían se aseguró de ello. No había música saliendo de los altavoces, ni voces en las gradas, ni el murmullo habitual de la gente del valle después del reciente partido. Solo el zumbido constante de la refrigeración y el sonido limpio de unas cuchillas cortando la superficie helada. Estaba solo. Había dejado el abrigo junto a la baranda y llevaba únicamente la ropa de entrenamiento. El cabello le caía ligeramente sobre la frente y sus mejillas estaban encendidas por el frío. Sus ojos brillaban con el azul más puro de un cielo de verano. Permaneció unos segundos inmóvil en el centro de la pista, con los ojos cerrados. Entonces respiró y empezó.

El primer movimiento fue sencillo. Un deslizamiento hacia atrás, casi perezoso, seguido de un giro suave. Después otro. El cuerpo de Lían parecía entender la música aunque no existiera ninguna. Andrés se detuvo detrás de una de las columnas de la entrada. Había ido allí sin intención de encontrar a nadie. Su equipo había ido a celebrar la victoria y él dijo que los alcanzaría más tarde y aunque todos sabían incluido él que eso no era cierto lo aceptaban. Y ahora estaba aquí y no se atrevía a moverse. Lían no lo había visto. De hecho parecía no ver nada más que un paisaje muy suyo. Quizás era precisamente eso lo que hizo que Andrés permaneciera escondido. Porque aquel muchacho que normalmente parecía tan seguro, tan insolente incluso cuando sonreía, era completamente diferente sobre el hielo. Era libre.

Lían tomó velocidad. Sus brazos se elevaron lentamente, sin exageración, acompañando el movimiento de su cuerpo con una delicadeza casi imposible. Saltó. Durante un instante quedó suspendido en el aire. Andrés contuvo el aliento. La caída fue limpia. Una sola cuchilla tocó el hielo y Lían continuó deslizándose como si el salto jamás hubiera existido. Había algo extraordinariamente hermoso en aquella ausencia de testigos. No estaba intentando impresionar a nadie. No estaba compitiendo. No estaba demostrando cuánto sabía hacer. Simplemente estaba bailando y eso lo hacía todavía más hermoso. Comenzó a girar como un trompo y después fue bajando hasta casi acariciar el hielo en un movimiento tan fluido que parecía casi magia.

Lían sonrió. Una sonrisa pequeña, inconsciente, nacida del puro placer de conseguir un movimiento exactamente como lo había imaginado. Se alzó y volvió a girar. Su cuerpo se inclinó hacia un lado hasta quedar peligrosamente cerca del hielo nuevamente. Luego recuperó el equilibrio con una facilidad elegante y siguió avanzando. Andrés sintió algo extraño en el pecho. Fascinación. Eso era lo primero, pero no era lo único. Había algo más profundo, algo que prefería no nombrar. Porque estaba acostumbrado a mirar a Lían y encontrar motivos para discutir con él, para provocarlo, para sentirse irritado por aquella manera suya de sonreír como si conociera secretos que nadie más conocía. Sin embargo, allí no había nada de eso.

Solo estaba Lían y Andrés descubrió, con una incomodidad creciente, que le gustaba verlo así. Demasiado. Lían inició una secuencia de pasos. Uno, dos, tres... Cambio de dirección. Giro. Impulso. Sus movimientos tenían esa cualidad etérea que Andrés había visto alguna vez en los grandes patinadores japoneses. Una precisión casi perfecta escondida detrás de una aparente ligereza. Nada parecía forzado. La técnica desaparecía dentro de la belleza. Lían no parecía estar patinando. Parecía estar flotando. Su expresión había cambiado por completo. Ya no era el muchacho bromista del valle. Su rostro estaba sereno, concentrado, casi ausente. Los ojos seguían un punto invisible delante de él mientras su cuerpo respondía a una música que únicamente existía dentro de su cabeza. Andrés sintió un escalofrío. No provocado por el frío.

-¿Cómo puedes hacer eso...? -murmuró sin darse cuenta.

Lían no lo escuchó. Estaba demasiado lejos. No en la pista. En algún lugar dentro de sí mismo. Entonces llegó el momento que hizo que Andrés olvidara incluso respirar. Lían tomó impulso desde uno de los extremos. Aceleró. Más. Más y saltó. Su cuerpo giró en el aire con una limpieza extraordinaria varias veces. Por un segundo, el mundo pareció detenerse con él. Después cayó. Perfectamente. La cuchilla volvió a encontrar el hielo y Lían extendió ambos brazos. Una carcajada escapó de sus labios. Una carcajada limpia, juvenil, feliz. Andrés sonrió sin querer y aquella sonrisa lo sorprendió. Porque no estaba sonriendo ante un espectáculo. Estaba sonriendo porque Lían era feliz.

Eso era lo que más le fascinaba. No había público. No había aplausos. Nadie iba a felicitarlo. Nadie iba a saber siquiera que había conseguido aquel salto extraordinario y sin embargo, Lían estaba radiante. Andrés comprendió entonces que aquella era probablemente la versión más verdadera de él que había visto jamás y se sintió un intruso. Un testigo accidental de algo que nunca había sido destinado para sus ojos. Lían volvió al centro de la pista y cerró los ojos como sintiendo el llamado de su propia alma. Simplemente escuchando su propia respiración. Después comenzó una última secuencia. Más lenta. Más íntima. Terriblemente seductora.

Los brazos se movieron como si abrazaran el aire. Su cuerpo describió una curva amplia sobre el hielo y luego otra. Giró con los ojos cerrados, confiando únicamente en el equilibrio y en aquello que su cuerpo había aprendido después de tantos años. Andrés ya no pensaba en apartarse. No podía. Había algo hipnótico en verlo. Una pureza casi dolorosa y precisamente porque Lían ignoraba que estaba siendo observado, cada movimiento parecía más precioso. Andrés sintió entonces que estaba cruzando una frontera invisible. Porque ya no estaba contemplando al chico con quien discutía. Estaba descubriendo al ser humano que existía cuando nadie lo miraba y esa versión de Lían le gustaba incluso más. Demasiado.

Cuando terminó, Lían frenó lentamente. Una fina nube de hielo se levantó alrededor de sus patines.

Quedó inmóvil en el centro de la pista, respirando agitado. Sonrió. Una sonrisa amplia, satisfecha, feliz. Luego miró alrededor. Andrés retrocedió instintivamente detrás de la columna, pero Lían no vio nada. Recogió su abrigo y salió de la pista sin saber que alguien había presenciado su pequeño secreto. Andrés permaneció allí unos segundos más. Miró las marcas que las cuchillas habían dejado sobre el hielo. Después bajó la mirada. Había ido allí buscando soledad y había encontrado algo que no sabía que estaba buscando. Un Príncipe de hielo. La imagen de Lían girando bajo las luces se había quedado atrapada en su cabeza y por primera vez, Andrés comprendió que el verdadero peligro no era que Lían descubriera que lo había estado observando.

El verdadero peligro era que él comenzaba a querer volver a verlo.

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Elisa Patico
aaaaaa por que Megan es tan comprensiva 😭 quiero no quererla y le guardo un poco de resentimiento porque yo quería un Andrés x Lian, osea yo sé que no es su culpa y no ha hecho nada malo, pero aaaaaaaaa no lo puedo evitar. Sé que ella no se metió entre ellos dos ni nada, pero aaaaaaaaaaaaa, es tan confuso lo que siento, culpo a la autora 😖
Yinet Leonor: 🤣🤣🤣🤣Culpa aceptada, pero me conoces todos mis finales son felices.🤷
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Elisa Patico
ya lo ves, la vida es así, tu te vas y yo me quedo aquí 🎶😭
Yinet Leonor: Así es. Todas las despedidas duelen.
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Elisa Patico
es que por queeeeee 😞 si se por que pero por queeeeee 😭
Yinet Leonor: Veremos cuánto crece este chico.😊
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Warriorgame
Es por esto que debía aceptar voluntariamente en vez de lo que pasó. No cualquiera soporta eso.
Yinet Leonor: Así es. Ser atleta de alto rendimiento conlleva sacrificios a niveles que los espectadores nunca ven.🤷
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Warriorgame
La verdad, debieron preguntarle primero.
Yinet Leonor: Sí, por suerte a Lían le gusta lo suficientemente como para no resentir esa decisión de los adultos 😊
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Elisa Patico
Cada vez que leo sobre Andrés, me duele un poquito. Gracias a Dios nunca me ha pasado lo de él, de amar a alguien en silencio, desde la distancia y ver cómo es feliz con alguien más, pero si he tenido desamores y si eso ya duele, no me imagino lo que vive él. Ojalá pueda encontrar a alguien que lo ame de la misma manera, con quién no se tenga que esconder y que lo acepte tal y como es ❤️ de pronto en la universidad?
Yinet Leonor: Paciencia 🤣🤣🤣🤣🤣
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Marita Peña
YA LO ENTENDERAN
Yinet Leonor: Claro que sí. Cuando crezcan.
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Marita Peña
EXACTO SON AMORES DIFERENTES
Yinet Leonor: Exactamente y el corazón tiene capacidad ilimitada para amar.
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Marita Peña
ES COMPLEJO SON ADOLESCENTES Y ESTAN CELOSOS HASTA CAPITAN ESTA CELOSO
Yinet Leonor: Así es, los dos han sufrido traumas y ven en Noelia su personas segura.😊
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Marita Peña
CAPITAN ES BRAVO 🤣🤣🤣
Yinet Leonor: 🤣🤣🤣🤣🤣Sí y muy territorial🤣🤣🤣🤣🤣
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Warriorgame
Ya dijo que no lo hará. No parece que tenga malas intenciones.
Yinet Leonor: A esa edad la seguridad es muy importante. Naturalmente los temores salen a flor de piel.🤷
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Elisa Patico
son cosas que van a ir comprendiendo con el tiempo, a medida que crecen y van madurando
Yinet Leonor: Claro.🤷
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Elisa Patico
jajajajaja vaya forma de romper el hielo
Yinet Leonor: Es un hombre con sentido del humor 🤣🤣🤣
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Aniramairos
Es increíble que muchos piensen (no solo los adolescentes), que si ya pasas de cierta edad no puedes amar, tener emociones o lo peor, tener relaciones sexuales, lo que yo puedo decirle a las personas que piensan así es que se ocupen de sus vidas y dejen ser feliz a los demás 🤭.
Yinet Leonor: Exactamente porque el amor no tiene edad 😊
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Aniramairos
En las cosas del amor es normal sentir nervios y mariposas en el estómago, sin importar la edad que tengas 🤭.
Yinet Leonor: Así mismo 😊
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Elisa Patico
pequeños bribones 🤣 y que harán cuando se vayan a la universidad? o formen su propia familia? 🤣 ella más que nadie tiene derecho a volver a darse un chance en el amor, ustedes no siempre van a estar ahí, tarde o temprano se irán y haran su propia vida
Yinet Leonor: Totalmente de acuerdo, pero quién se lo explica a dos adolescentes inseguros 🤣🤣🤣🤣
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Warriorgame
Espero que no busquen enfermarse intencionalmente pensando en que pueden tomar medicinas y que sólo sea una frase romántica.
Yinet Leonor: No, claro que no piensa en enfermar. Solo quiere dejar claro sin romanticismo que estar a su lado implica apreciar cada instante de la vida más allá del pensamiento convencional.
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Elisa Patico
para que periódico 🤣 para que redes sociales 🤣 si te puedes enterar más rápido con Amparo
Yinet Leonor: 🤣🤣🤣🤣🤣 Así mismo. Tiene alma de periodista 🤣🤣🤣🤣🤣
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Warriorgame
Pues con cincuenta ya no es tan joven. Si quiere iniciar algo, que no se demore.
Yinet Leonor: No al contrario con esa edad se valoran las cosas importantes y la prisa se destierra de la lógica.🤷
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Elisa Patico
siempre, sin importar la edad, deberías buscar a alguien con quien compartir la vida, cualquiera te la puede cambiar, pero no cualquiera esta dispuesto a caminar a contigo a tu lado
Yinet Leonor: Así es y un poco de soledad no hace mal, pero mucha nos mata el alma
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