Liam un joven marcado por la traición y el alcohol presencia cómo un hombre (Dimitri) golpea y abandona en la nieve a una joven embarazada (Sasha). Al ver que ella sangra y entra en parto prematuro, la sube a su viejo sedán y conduce desesperadamente hacia el Hospital Central, logrando que sea ingresada a urgencias antes de caer inconsciente. Este acto desinteresado abrirá nuevas puertas en la vida de Liam, ya que no solo había salvado a alguien de una familia poderosa sino que entre el hermano de sasha y Liam comienza a crecer un magnetismo inevitable.
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Capítulo 17: El toque que aquieta
Al día siguiente, a las cuatro de la tarde, la tranquilidad de la ala este se vio interrumpida por el llanto incesante del pequeño Aleksei. El bebé llevaba más de una hora inquieto, rechazando el biberón y llorando con un tono agudo que comenzaba a desesperar al personal médico privado.
Dos nodrizas experimentadas y una pediatra contratada por la familia intentaban calmar al recién nacido en la habitación infantil. Le cambiaron la pañalería, le tomaron la temperatura, lo mecieron en brazos y probaron distintas técnicas de arrullo, pero Aleksei continuaba rojo por el esfuerzo, moviendo las piernas y los puños en el aire con angustia.
Desde la puerta, Mikhail Volkov y Nikolai observaban la escena con el rostro tenso. Mikhail mantenía las manos cruzadas tras la espalda, mientras Nikolai apretaba la mandíbula con evidente frustración ante la incapacidad de los profesionales.
Liam, que había salido brevemente a la biblioteca a buscar un libro, regresó al escuchar el llanto. Al ver el tumulto de enfermeras agobiadas alrededor de la cuna, caminó directamente hacia la estancia, pidiendo paso con suavidad pero con firmeza.
—Déjenme intentarlo, por favor —pidió Liam, acercándose a la cuna.
La pediatra intentó objetar, sugiriendo la administración de un sedante suave para lactantes, pero Nikolai alzó la mano, silenciándola al instante.
—Dejen que Liam se acerque —ordenó la voz profunda del heredero.
Liam se lavó las manos rápidamente con antiséptico, se inclinó sobre la cuna y tomó al pequeño Aleksei con extrema delicadeza. Acomodó la cabeza del bebé sobre el hueco de su hombro, pegando el frágil cuerpo del niño contra su propio pecho, y comenzó a acariciarle la espalda con un movimiento circular, constante y rítmico, mientras murmuraba una melodía suave e improvisada en un susurro.
Ocurrió casi de inmediato. Apenas Aleksei sintió el contacto con el cuerpo de Liam y escuchó el tono bajo de su voz, los alaridos del recién nacido comenzaron a disminuir de intensidad. El bebé soltó un par de hipos ahogados, apoyó la mejilla caliente sobre el cuello de Liam y dejó escapar un largo suspiro de alivio, cerrando sus pequeños párpados grises en cuestión de segundos.
El silencio volvió a adueñarse de la habitación. Las enfermeras se miraron entre sí con asombro, mientras Mikhail Volkov dejaba ir una exhalación profunda, permitiendo que una leve sonrisa apareciera en la esquina de sus labios.
—Increíble... —murmuró el viejo patriarca, dando un paso hacia Liam y observando cómo el bebé dormía plácidamente contra el pecho del muchacho—. Tiene un vínculo único contigo, Liam. Contigo encuentra la paz que no halla en nadie más.
—Solo necesita sentir un latido tranquilo, señor Volkov —respondió Liam con humildad, acariciando con la yema del dedo el escaso cabello del niño—. Los bebés perciben el estrés de los demás. Cuando ellos están asustados, hay que transmitirles seguridad.
Nikolai permanecía apoyado contra el marco de la puerta. Sus ojos azules no estaban fijos en el bebé, sino en Liam. Observaba la dedicación absoluta, la ternura sin reservas y la belleza serena que emanaba del muchacho al sostener a su sobrino.
Más tarde esa misma tarde, mientras Liam caminaba por el pasillo central hacia la cocina para preparar más agua tibia, se encontró con Nora, quien terminaba de acomodar unos arreglos florales.
—Vaya espectáculo el de esta tarde —comentó Nora con una sonrisa cómplice—. Dejaste a las doctoras de la aristocracia con la boca abierta.
—Aleksei solo estaba abrumado por tanta gente encima —dijo Liam restándole importancia, aunque no podía ocultar una ligera sonrisa de satisfacción.
—No es solo eso, Liam —dijo Nora, apoyándose contra la pared—. El Señor Mikhail está fascinado contigo. Y ni hablar de Nikolai... Aunque bueno, el joven heredero siempre ha sido un misterio para todos.
Liam se detuvo en seco, sintiendo que la curiosidad lo vencía.
—Nora... ¿cómo es Nikolai realmente con la gente que trabaja aquí? —preguntó Liam—. En el hospital parecía un hombre violento, dispuesto a destruir a cualquiera. Pero aquí... el personal lo trata con un respeto muy raro. Nadie parece tenerle miedo.
—Porque Nikolai es un hombre justo —respondió Nora con seriedad—. Afuera, en el mundo de los negocios y de los enemigos de la familia, es una bestia despiadada; no por nada le llaman el Lobo de la capital. Pero aquí dentro, con nosotros, es sumamente correcto. Paga los mejores sueldos de la región, nos asegura atención médica a nosotros y a nuestras familias, y jamás ha permitido que ningún hombre de seguridad le falte al respeto a un empleado de la servidumbre. El respeto que le tenemos no es por miedo a su arma, es porque sabemos que daría la vida por proteger a quienes están bajo su techo.
Liam escuchó las palabras de la chica con atención. Aquella descripción chocaba frontalmente con la imagen de los hombres poderosos que él conocía. Enrique había sido un tipo cobarde que ocultaba sus inseguridades bajo la violencia doméstica. Nikolai, en cambio, era una fuerza de la naturaleza que utilizaba su poder como un escudo para proteger a los suyos.