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Renací para cambiar mi destino

Renací para cambiar mi destino

Status: Terminada
Genre:Romance / Maltrato Emocional / Dominación / Autosuperación / Atracción entre enemigos / Reencarnación / Completas
Popularitas:14.9k
Nilai: 5
nombre de autor: waya520

Luna lo perdió todo: su fortuna, su hogar y, sobre todo, a la familia que amaba. Y todo por obsesionarse con el hombre equivocado. Cuando ya no le quedaba nada, cerró los ojos convencida de que era el final...

Pero despertó tres años en el pasado.

Su familia vive. Su casa sigue en pie. Y esta vez Luna conoce cada golpe que le tiene reservado el destino. Con los recuerdos de una vida que no piensa repetir, se propone una sola cosa: cambiarlo todo. Alejarse del heredero frío y cruel que arruinó su existencia, proteger a los suyos y, por fin, vivir para ella misma.

El problema es que el destino no se deja corregir tan fácil. Julián, el hombre que juró olvidar, ya no la mira como antes. Un pretendiente inesperado le ofrece la ternura que nunca tuvo. Y en las sombras, viejos rencores y secretos de familia empiezan a moverse... porque no es la única que sabe lo que aún no ha pasado.

Entre fiestas de alta sociedad, imperios familiares, traiciones que cortan el aliento y un amor que se niega a morir, Luna descubrirá que una segunda oportunidad no se recibe: se pelea.

NovelToon tiene autorización de waya520 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Insoportable

Luna tuvo que detenerse cuando una moto grande frenó delante de ella. El motociclista se quitó de inmediato su casco integral.

—Sebastián —dijo ella al reconocer que el que conducía era su compañero de clase.

El hombre se acomodó el cabello alborotado y miró a Luna, extrañado.

—¿No te vienen a buscar? —preguntó con curiosidad. Normalmente la veía ir y venir siempre en auto.

Se le hacía raro verla caminando. Y sola, encima.

—Ajá —respondió Luna, seca. Echó un vistazo a su reloj. Ya casi anochecía. ¿Adónde se habían ido todos los taxis que solían pasar por ahí?

—Súbete —dijo Sebastián, volviéndose a poner el casco. Luna lo miró desconcertada.

—¿Cómo? —preguntó, por si acaso. ¿Ese hombre le estaba ofreciendo un aventón?

Sebastián soltó un suspiro de cansancio.

—Súbete de una vez, te llevo. Por aquí hay muchos rufianes; ¿quieres que te agarren y te asalten? —dijo para asustarla.

Oír eso la asustó de verdad, y sin pensarlo más Luna se subió a la moto del hombre.

—Agárrate si no quieres caerte. —Apenas lo dijo, Sebastián aceleró de golpe, y Luna casi sale despedida de no ser porque se aferró con fuerza a la chaqueta de él.

Qué hombre más loco.

Como la moto iba a una velocidad por encima de lo normal, muy a su pesar Luna le rodeó la cintura a Sebastián con los brazos. Él sonrió de lado y aceleró todavía más.

Dios, protégeme de este demonio; no quiero morirme por segunda vez, pensó Luna. Se prometió a sí misma que esta era la primera y la última vez que se dejaba llevar en moto por Sebastián. Por Dios, ¿este hombre no le tenía cariño a su vida?

Durante todo el trayecto, Luna solo pudo rezar con los ojos cerrados. Hasta que por fin la moto se detuvo.

—Ya llegamos —dijo Sebastián enseguida. Luna abrió los ojos.

Se tranquilizó al ver que ya estaba en su casa.

Se bajó de la moto a toda prisa.

—Em... gracias por traerme —dijo después.

Sebastián asintió y se fue enseguida de casa de Luna.

Ella se quedó quieta, porque sentía que algo no cuadraba.

Abrió mucho los ojos al caer en cuenta de que ese hombre no le había preguntado su dirección. ¿De dónde sabía Sebastián que ella vivía ahí?

Un escalofrío le recorrió el cuerpo. ¿Sería un acosador? Ojalá que no.

Julián apretaba con fuerza el volante de su auto. Miraba, filoso, a Luna, a quien llevaba en la moto un hombre que él no sabía quién era. En ese momento estaba parado en un semáforo en rojo.

Karina le hablaba para conversar, pero toda su atención estaba puesta en Luna, que le rodeaba la cintura a aquel hombre. ¿Quién era? ¿Qué relación tenía con Luna?

—Maldición —masculló. Karina, sentada a su lado, volteó de inmediato.

—¿Qué pasa, Julián? —preguntó con voz suave.

Julián negó con la cabeza.

—Nada.

El semáforo cambió a verde y todos los vehículos volvieron a avanzar. Cómo habría querido seguir a Luna, pero primero tenía que llevar a Karina a su casa.

—Julián, mañana acompáñame a hacer compras, ¿sí? Mi papá anda ocupado y todavía no sé dónde queda el centro comercial —dijo Karina, confiada en que Julián la acompañaría a donde fuera.

—Ajá.

—¿Al final te viniste con Julián? —preguntó Bruno, que acababa de volver de la universidad, mirando con curiosidad a su hermana, que en ese momento disfrutaba de su rato libre viendo un drama romántico en la televisión.

—No —respondió Luna, cortante, con los ojos otra vez clavados en la escena romántica de la pantalla. Sin olvidar los bocadillos que tenía en la mano.

—¿Y entonces con quién te viniste? —Bruno dejó su mochila sobre la mesa y se sentó junto a su hermana.

—Con Sebastián.

Oír ese nombre desconocido hizo que Bruno frunciera el ceño.

—¿Quién es ese Sebastián? ¿Tu novio?

Luna cerró los ojos. Por Dios, estaba agotada y su hermano venía a molestar con preguntas que ella consideraba una tontería.

—Un compañero de clase. Deja de preguntar, me estás arruinando mi rato de descanso. —Luna empujó a su hermano para apartarlo.

Bruno, fastidiado, le arrebató una bolsa de botana y salió corriendo antes de que Luna le lanzara un cojín.

—¡ESA ES MI BOTANA!

Gustavo miró extrañado a su hijo, que de pronto había entrado a su despacho, en casa, con cara larga.

—¿Qué pasa? —le preguntó a Julián, que estaba de pie frente a él con la cabeza gacha.

—Papá, lo de mi compromiso con Luna... ¿cuándo se hace?

Gustavo dejó escapar un largo suspiro. Se quitó de inmediato los lentes que llevaba puestos.

—Luna rechazó el compromiso.

Julián levantó la cara y miró a su padre sin poder creerlo.

—¿En serio, papá? —preguntó, por si acaso. Era imposible que Luna rechazara este compromiso; ¿acaso ella no había estado enamorada de él todo este tiempo? Luna debería estar agradecida de que él estuviera dispuesto a aceptarla como pareja.

—¿Será que tiene novio? —dijo después.

—¿Qué novio ni qué nada? Luna quiere concentrarse en sus estudios; además, todavía son jóvenes: si es su destino, más adelante podrán estar juntos —dijo Gustavo, repitiendo las mismas palabras que David había usado cuando le preguntó por qué Luna rechazaba comprometerse con Julián.

Julián se quedó pensativo.

Le incomodaba que esa mujer se alejara. Primero, de la nada, Luna se había cambiado de carrera sin avisarle. Luego ella lo evitaba siempre. Y por último había rechazado este compromiso.

Entonces, ¿qué había querido decir con todo ese tiempo persiguiéndolo? ¿Acaso Luna le estaba haciendo el jueguito del tira y afloja? Si era así, le había funcionado.

—Papá, yo solo quiero casarme con Luna. Ayúdame a conseguirla —resolvió Julián, y enseguida se puso de pie y salió del despacho de su padre.

Dejó a Gustavo con dolor de cabeza por la petición de su hijo. Estaba muy confundido. ¿Cómo iba a hacer para que Luna aceptara casarse con Julián, si por lo que él sabía, Luna se alejaba a propósito de su hijo porque siempre recibía rechazos de parte de Julián?

Ese hijo suyo era un dolor de cabeza.

—Luna. —La llamó alguien, y ella se detuvo. En ese momento Luna estaba en una tienda parecida a un minimercado, cerca de su casa. Esa noche, no sabía por qué, tenía muchas ganas de comer fideos, y como en su casa se habían acabado, muy a su pesar había salido sola.

Luna volteó y puso cara de fastidio al darse cuenta de que era Karina.

¿Por qué siempre se topaba con esa mujer insoportable?

—Oye, ¿de compras? —preguntó Karina, ya parada al lado de ella.

—Sí —respondió Luna, cortante. Ignoró la presencia de Karina y volvió a concentrarse en elegir fideos de los estantes.

Al sentirse ignorada, Karina se estrelló a propósito contra Luna y fingió caerse.

—¡Ah! Perdón, Luna, por estar siempre al lado de Julián.

Luna se quedó boquiabierta ante la mala actuación de esa mujer. Al poco rato llegó Julián y enseguida tomó la mano de Karina para ayudarla a levantarse.

—Perdón, Luna, si mi presencia junto a Julián te molesta.

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Norma Angelica Saldaña Reyes
/Smile/
Tania 🇨🇴🙏
Perdí horas de mi vida en eso no lo puedo creer debes decir que al final Luna vuelve con Julián y ya jaja
Anni Arias
claro uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde ahora quiere recuperar la bipolar
ivanna lizbeth pacheco gutierrez
felicitaciones
sigue escribiendo
me gustó
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