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La Luna Rechazada de los Cinco Herederos

La Luna Rechazada de los Cinco Herederos

Status: Terminada
Genre:Hombre lobo / Romance paranormal / Maltrato Emocional / Brujas / Completas
Popularitas:189
Nilai: 5
nombre de autor: Eva Belmont

La criaron en la mansión Blackwood, entre los cinco herederos destinados a protegerla. Ayla lo dio todo por esa manada: su lealtad, su don de sangre curativa, su corazón. Hasta que una desconocida llegó con una sonrisa dulce y una mentira perfecta, y uno a uno, los cinco le dieron la espalda.

Acusada, humillada y desechada como si nunca hubiera importado, Ayla no suplica. No llora frente a ellos. Se pone de pie ante toda la manada y pronuncia las únicas palabras que pueden romperlos: los rechaza. A los cinco. En voz alta.

Pero el destino tenía otros planes para la huérfana de ojos plateados. Porque hay un Alfa Supremo que la reconoció desde el primer instante. Porque en su sangre duerme un linaje que creían extinto. Y porque la joven a la que despreciaron no era una omega cualquiera: era la heredera que podía cambiarlo todo.

Cuando la verdad sobre su origen salga a la luz, los que la abandonaron descubrirán, demasiado tarde, a quién dejaron ir.

NovelToon tiene autorización de Eva Belmont para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5 — Voces en la Oscuridad

La noticia del robo se propagó por la manada incluso antes del amanecer.

Todos comentaban.

Todos tenían una opinión.

Y casi todas eran contra Ayla.

Ella caminaba por los pasillos de la mansión sintiendo las miradas sobre sí.

Los cuchicheos.

Los juicios.

La desconfianza.

Como si años de convivencia se hubieran borrado en una sola noche.

Al llegar al jardín trasero, por fin encontró el silencio que tanto necesitaba.

Se sentó bajo un gran árbol plateado.

El mismo árbol donde solía jugar con los herederos cuando eran niños.

En aquella época, todo parecía simple.

Ahora todo parecía roto.

—Le creyeron a ella.

La voz salió baja.

El viento meció las hojas.

Durante algunos segundos, solo el silencio respondió.

Entonces una voz femenina surgió dentro de su mente.

—Porque quisieron creerle.

Ayla cerró los ojos.

Su loba.

Luna.

Desde el despertar de su lobo, las dos compartían pensamientos y emociones.

Luna rara vez hablaba.

Pero cuando lo hacía, sus palabras solían dar en el blanco.

—No lo entiendo.

—Sí que lo entiendes.

—No.

Ayla apretó los puños.

—Crecimos juntos.

Me conocen.

Saben quién soy.

—Te conocían.

La respuesta la golpeó con fuerza.

—¿Qué quieres decir?

—Las personas cambian.

El poder cambia.

La atención cambia.

Los sentimientos cambian.

Pero Selena no los cambió sola.

Solo mostró algo que ya existía.

Ayla permaneció en silencio.

Porque una parte de ella temía que su loba tuviera razón.

—Estás sufriendo.

—Claro que estoy sufriendo.

—No por el collar.

Ayla sintió un nudo en la garganta.

Luna continuó.

—Estás sufriendo porque eligieron a otra persona.

La verdad era dolorosa.

Muy dolorosa.

Porque era exactamente eso.

No era solo la acusación.

Era el abandono.

Era darse cuenta de que cinco personas importantes en su vida se estaban alejando cada vez más.

—No quiero perderlos.

—Tal vez ya los perdiste.

Las palabras se quedaron resonando en su mente.

Hasta que unos pasos interrumpieron sus pensamientos.

Magnus apareció.

El Alfa parecía cansado.

Más cansado de lo que ella lo había visto jamás.

—Así que fue aquí donde te escondiste.

Ayla forzó una sonrisa.

—No estoy escondida.

—Claro que sí.

Él se sentó a su lado.

Ninguno de los dos habló durante algunos instantes.

—Yo te creo.

Ayla volteó el rostro.

—¿En serio?

—Sí.

Ella sintió que los ojos le ardían.

—¿Entonces por qué nadie más me cree?

Magnus suspiró.

—Porque mis hijos están actuando como necios.

Ayla soltó una risa amarga.

—Ellos no son necios.

—En ese caso, están ciegos.

Magnus se puso serio.

—Y eso me preocupa.

—¿Qué quieres decir?

El Alfa observó los jardines.

Asegurándose de que estaban solos.

—Mandé a algunos guerreros a investigar la desaparición del collar.

Ayla abrió mucho los ojos.

—¿Estás investigando?

—En secreto.

—¿Y si lo descubren?

—No me importa.

Magnus miró a su ahijada.

—Me niego a condenar a alguien de mi familia sin pruebas.

Ayla sintió que el corazón se le entibiaba.

Tal vez todavía no estaba completamente sola.

Mientras tanto, del otro lado de la mansión, Selena observaba por la ventana.

Su mirada estaba fija en Magnus y Ayla.

Una sonrisa desapareció de sus labios cuando vio a los dos conversando.

—Así que el viejo lobo todavía cree en ella.

La voz femenina surgió detrás de ella.

Sombría.

Gélida.

Selena no se volteó.

Ya conocía aquella presencia.

—Está estorbando.

—Entonces haz algo.

La sombra detrás de ella pareció moverse.

—Ya conquistaste a los herederos.

Ahora necesitas apartar al Alfa.

Selena cruzó los brazos.

—Voy a lograrlo.

—Eso espero.

La energía oscura desapareció.

Como si nunca hubiera estado ahí.

Selena respiró hondo.

Su madre siempre aparecía de esa forma.

A través de la magia.

A través de las sombras.

A través de los hechizos.

Y su madre jamás aceptaba fracasos.

Esa misma noche, Selena puso en marcha su siguiente plan.

Esperó hasta encontrar a Lucien solo en la biblioteca.

Tenía los ojos rojos.

Como si hubiera llorado.

—¿Selena?

Ella vaciló.

—No debería estar diciendo esto...

Lucien se preocupó de inmediato.

—¿Qué pasó?

—Nada.

—Selena.

Ella bajó la cabeza.

—Solo estoy cansada.

—¿Cansada de qué?

La chica se mordió el labio.

Como si estuviera luchando contra su propia conciencia.

—Ayla me asusta.

Lucien se quedó paralizado.

—¿Qué?

—Olvídalo.

—No.

El heredero se acercó.

—Explícamelo.

Selena dejó caer algunas lágrimas.

—Escuché cosas.

—¿Qué cosas?

Ella fingió vacilar.

—Algunas criadas comentan que Ayla siempre creyó que se quedaría con Kael.

Lucien frunció el ceño.

—Eso no significa nada.

—Tal vez no.

—Selena...

—Solo creo que no soporta verme cerca de ustedes.

Lucien se quedó en silencio.

Y ese silencio fue suficiente.

Selena lo notó.

La semilla había sido plantada.

Una vez más.

Una mentira más.

Una duda más.

Una grieta más entre Ayla y aquellos que deberían protegerla.

Y mientras todos dormían aquella noche, algo cambió dentro de la manada.

La guerra silenciosa había comenzado.

Y Ayla ni siquiera imaginaba hasta dónde estaba dispuesta a llegar Selena para destruirla.

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