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¡Me Case Con Él Ceo Despiadado! Contrato Con El Heredero Equivocado.

¡Me Case Con Él Ceo Despiadado! Contrato Con El Heredero Equivocado.

Status: En proceso
Genre:CEO / Romance / Matrimonio arreglado
Popularitas:6.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Celeste A. Godoy

Para salvar a su madre del desalojo, Harper acepta un matrimonio por contrato de dos años con Jeremy, el heredero del imperio multimillonario Salvatore. Pero en la noche de bodas, el novio huye con el dinero, activando una cláusula oculta que la vincula legalmente al temido CEO de la corporación: Mason Eliot Salvatore, el hermano mayor.
Convencido de que ella es una cazafortunas, Mason la recluye en su penthouse bajo reglas implacables. Sin embargo, la dignidad de Harper desafía su frialdad, transformando el cautiverio en una atracción adictiva. Cuando los enemigos de la familia arman una red de mentiras para acusarla falsamente, Harper firma el divorcio, renuncia a millones y desaparece.
Al descubrir la verdad, el oscuro magnate de Wall Street enfrenta la peor de sus condenas: la ausencia de la única mujer que rompió su armadura. Dispuesto a perder su orgullo y caer de rodillas, Mason emprenderá una cacería desesperada para recuperar a la esposa que nunca debió dejar ir.

NovelToon tiene autorización de Celeste A. Godoy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 22: TREGUA SILENCIOSA

Mason Salvatore

El frío no venía de los cristales del penthouse. Venía de las paredes de madera oscura de la antigua casona de Greenwich, Connecticut.

En el sueño, yo no tenía veintinueve años. No vestía trajes de tres mil dólares ni gobernaba el imperio financiero más grande de Manhattan. Tenía nueve años, la ropa me quedaba grande y el olor a whisky barato saturaba el aire del despacho de mi padre.

—¡Mírame cuando te hablo! —bramó la voz de Arthur Salvatore.

El impacto de su mano abierta contra mi mejilla resonó como un disparo en la habitación. Volé hacia un lado, chocando contra la esquina de la mesa de centro. El dolor en la mandíbula fue tan real, tan agudo, que sentí el sabor metálico de la sangre en la boca.

—Papá... por favor —supliqué, con la voz rota, pequeña, reducida a la infancia—. Por favor, para... yo no hice nada.

—¡Tu madre se fue por tu culpa! —gritó el viejo, borracho, desquiciado, alzando el cinturón de cuero con la hebilla de latón reluciendo bajo la luz tenue—. ¡Eres igual a ella! ¡Una mosquita débil! ¡Te voy a quitar lo inútil a golpes!

El cinturón descendió. El chasquido de la piel contra mi espalda me sacó el aire de los pulmones. Yo estaba demasiado débil, acurrucado en el suelo sobre el parquet frío, cubriéndome la cabeza con los brazos, sintiendo cómo cada impacto me pulverizaba las costillas. Suplicaba, lloraba, pedía perdón por faltas que no había cometido, mientras el rostro de mi padre se transformaba en una máscara de rabia ciega.

—¡Para! ¡Por favor, papá, para!

—¡Mason! ¡Mason, despierta!

El grito me arrancó del abismo de un tirón violento.

Me senté de golpe en la cama king size, ahogándome. El aire no entraba en mis pulmones; se quedaba atascado en mi garganta en bocanadas secas y frenéticas. El sudor frío me empapaba el torso desnudo, pegándome las sábanas de hilo a las piernas. Tenía el corazón martilleándome el esternón con una violencia desbocada, como si la caja torácica fuera a rompersela a pedazos.

Estaba a punto de colapsar. La vista se me nublaba en bordes negros, y las manos, las mismas manos que horas antes firmaban acuerdos millonarios, me temblaban sin ningún tipo de control sobre el edredón.

—Tranquilo... estás aquí. Estás en el penthouse. Nadie te está haciendo daño.

La voz era suave, limpia, libre del veneno de las pesadillas.

Giré la cabeza con brusquedad, en posición de defensa, levantando los brazos por pura inercia. Mi visión borrosa tardó tres segundos eternos en enfocar la figura que estaba a mi lado en la penumbra de la habitación principal.

Era Harper.

Llevaba un camisón de tirantes sencillo, con el cabello pelirrojo cayéndole en ondas desordenadas sobre los hombros. Sus ojos avellana me miraban con una concentración profunda, cargada de una preocupación genuina que jamás había visto en el rostro de nadie.

Esperaba que se alejara. Esperaba que al verme así —vulnerable, deshecho, temblando como un animal acorralado tras gritar en sueños— aprovechara la oportunidad para humillarme, para cobrarse cada una de las palabras con las que la había aplastado esa misma mañana.

Pero no se movió. No retrocedió ni un solo centímetro.

—Mason... mírame —murmuró, manteniendo la voz en un tono bajo, constante, como un ancla en mitad de la marea.

El pánico seguía atenazándome el pecho. Sentía las costillas oprimidas, como si el fantasma de mi padre aún estuviera sobre mí con el cinturón en la mano. Intenté hablar, intentar recuperar mi máscara de hielo, pero solo me salió un ahogo ronco y humillante.

Harper hizo algo insólito.

Lentamente, para no sobresaltarme, extendió su mano derecha —la misma muñeca que aún lucía la sombra violácea del ataque de Sterling— y la posó sobre la parte izquierda de mi pecho desnudo. Directamente sobre mi corazón desbocado.

El contacto de sus dedos, tibios y suaves, atravesó la capa de sudor frío de mi piel.

—Respira conmigo —dijo. Su voz no tenía rastro de sarcasmo ni de resentimiento. Tampoco había sumisión. Era pura firmeza humana—. Inhala... vamos, Mason. Hazlo.

Apreté los dientes. Mi cuerpo entero estaba rígido como el acero, pero la presión de su palma sobre mi tórax se convirtió en el único punto fijo de la estancia. Cerré los ojos, obligando a mi diafragma a obedecer. Inhalé el aire frío del climatizador.

—Eso es. Ahora suéltalo despacio.

Subió a la cama por completo. Se acomodó de rodillas sobre el colchón, a mi lado, manteniendo su mano firme sobre mi pecho mientras con la otra mano, con un movimiento lento y acariciador, me retiró los mechones de cabello húmedo que se me pegaban a la frente.

El gesto me dejó paralizado.

Cualquier otra persona en su posición me habría tenido miedo o desprecio. Pero Harper no me miraba como al magnate despiadado que la tenía prisionera, ni como al hombre que le había entregado una píldora con una frialdad ejecutiva. Me miraba como si supiera exactamente lo que se sentía al ser aplastado por el dolor en la oscuridad.

—Estás a salvo —susurró, inclinándose ligeramente hacia mí. Su aroma a jabón neutro y piel tibia sustituyó por completo el hedor a whisky de mi pesadilla—. Nadie va a venir a golpearte. Nadie va a tocarte.

El impacto de esa palabra —golpearte— me hizo abrir los ojos de golpe.

¿Había gritado en sueños? ¿Había suplicado en voz alta? La humillación de saber que ella me había escuchado mendigar piedad en la inconsciencia de la noche me atravesó como una espada. Intenté apartar su mano de mi pecho, buscando recuperar mi distancia defensiva.

—Vete a tu habitación —conseguí articular con una voz rasposa, rota, que no se parecía en nada a la mía.

Harper no retiró la mano. Apretó los dedos suavemente contra mi piel, negándose a ceder.

—No me voy a ir —respondió con una terquedad serena—. No te voy a dejar solo mientras estás así.

—No necesito tu lástima, Harper —siseé entre dientes, aunque el temblor de mis hombros delataba la mentira de mi fuerza.

—No es lástima, Mason —dijo, sosteniéndome la mirada con una honestidad desarmante—. Es humanidad. Algo que tú crees que destruiste en ti mismo, pero que sigue aquí.

Se acomodó a mi lado, apoyando la espalda contra el cabezal de piel de la cama, manteniendo su brazo alrededor de mis hombros. No me obligó a hablar. No me hizo preguntas sobre los gritos, ni sobre el nombre de mi padre que probablemente había pronunciado entre sudores. Simplemente se quedó allí, en silencio, ofreciéndome su presencia constante en la penumbra del dormitorio.

Poco a poco, el ritmo frenético de mi corazón comenzó a estabilizarse.

La frialdad del sudor fue cediendo ante el calor que emanaba del cuerpo de Harper. Apoyé las palmas de las manos sobre el colchón, respirando el aire limpio de la estancia, sintiendo la gravedad de su peso a mi lado. Por primera vez en más de veinte años, el colapso posterior a la pesadilla no me dejó sumido en una soledad helada.

Giré la cabeza ligeramente para mirarla.

Harper tenía los ojos fijos en la ventana, viendo cómo la primera luz del alba comenzaba a teñir las nubes sobre Manhattan. Su perfil era sereno, pero en la línea firme de sus labios había una comprensión silenciosa que me resultó aterradora.

Recordé el informe de Harold que había leído esa mañana. Las catorce llamadas al 911 en Brooklyn. La fractura en su brazo a los quince años. El trauma craneoencefálico.

Ella conocía el horror. Conocía el sonido de los pasos ebrios en el pasillo y el peso del terror en los huesos. Y en lugar de usar mi debilidad como un arma para devolverme los golpes que yo le había dado, estaba usando su propia cicatriz para evitar que yo me ahogara en la mía.

Una punzada de algo desconocido —un peso denso en la garganta que no tenía nada que ver con el pánico— me oprimió el pecho.

Deslicé la mano por la sábana hasta que mis dedos tropezaron con los suyos. No apreté. No intenté dominarla ni sujetarla con fuerza. Solo dejé mi mano posada sobre la suya, buscando una tregua silenciosa en mitad de la tormenta.

Harper no retiró los dedos. Entrelazó los suyos con los míos suavemente, sellando un pacto sin palabras en la penumbra de la mañana.

Nos quedamos así, en silencio, mientras la luz del sol comenzaba a iluminar los rincones de la habitación, sabiendo que, aunque la guerra entre los dos estaba lejos de terminar, esa noche la oscuridad nos había encontrado en el mismo bando.

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⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Me encanta que Harper mantenga su temple de acero frente a la crueldad con que la tratan. Quiero ver a Masón sufrir por el amor de esta diosa 🤭
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰: ¡Eso!, alocate bebé 😌
total 2 replies
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Joder. Lo odio, pero me gusta /Scream/
Celeste Godoy: LO DISEÑÉ TAN BIEN AL DESGRACIADO😅❤️👌
total 1 replies
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Odio al tipo, más me alegraría inmensamente que el caiga primero y sepa lo que rogar /CoolGuy/
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
"Fenomenal" no estoy segura de que sea la palabra adecuada para describir tú historia, pero hasta entonces seguiré buscando más adjetivos /Smile/
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Él es cruel
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Eso es mi vida /Ok/
Joana Rosas
perfecta 💯🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻
Joana Rosas
perfecta 💯🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻🙏🏻
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
No puedo, lo odio tanto. Son unos desgraciados
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Noo!! estoy llorando /Whimper/
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
😦
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
¿Quién es este tipo? 👀
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
¡Eso mi vida!, ¡no te dejes pisotear!
⊱☆𝓛𝓲𝓮𝓼𝓼𝓪 ☆⊰
Joder, me encanta /Smile/
Liney Atencia
bravo mujer 👏😭🤭
jerinson
madre ella no
jerinson
claro es una temblarera 🥰
jerinson
debo decir que es una historia que he leído en mi vida más increíble
jerinson
debo decir que es una historia que he leído en mi vida más increíble
Cons Espher
Queeeeeeeee?! Quién es ese? Wtf? Estoy anonadada!!!
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