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Un Matrimonio Imperial

Un Matrimonio Imperial

Status: En proceso
Genre:Romance / Matrimonio arreglado / Traiciones y engaños
Popularitas:3.9k
Nilai: 5
nombre de autor: A.B.G.L

Todo empezó en la crueldad: el hombre que amo se casa con mi mejor amiga, y yo debo presenciarlo todo, humillada, en primera fila.

Para dejar de ser su juguete, suelto la mentira que me salva y me venga:
—Estoy comprometida con Denney Callahan.

Se burlan… hasta que él aparece, me rodea la cintura con posesión feroz, me pega a su cuerpo y declara:
—Es mi prometida. Créanlo.

La mentira se vuelve verdad. Y el juego dulce, vengativo y oscuro ha comenzado.

NOVELA EXTENSA...

Advertencia: Novela +21

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Capítulo 13: Cadenas de oro y la siguiente jugada

Me recargo contra el cuero oscuro del asiento y paso los dedos por la piel de mi brazo, justo donde los dedos de Nash dejaron su huella: una banda roja, viva, que arde bajo la luz tenue del interior del auto. El coche avanza suave por las calles, pero la calma del vehículo no se transmite a lo que siento por dentro. La adrenalina me late en las sienes, rápida y desbocada, y cada vez que cierro los ojos lo veo: el rostro de Nash descompuesto, la mano que me atraía con fuerza, la sensación de ser arrastrada de nuevo hacia un lugar del que creía haber escapado.

Denney va sentado a mi lado, con la mirada fija en la ventana, el perfil rígido e impasible. No me pregunta si estoy bien. No me acaricia. Sin embargo, cuando lo miré de reojo hace un momento, vi cómo sus ojos se posaron en mi brazo, oscureciéndose como si la marca le doliera a él también. Sé que debiera darle las gracias. Sé que si no hubiera aparecido, no sé cómo habría terminado eso. Pero las palabras se me quedan atascadas en la garganta, pesadas y torpes.

—Gracias —consigo decir al fin, bajando la vista hacia mis manos entrelazadas—. Por lo de allá afuera.

Asiente con un gesto breve, sin volver la cabeza del todo.

—No debiste salir sola por esa calle —responde, y su voz suena serena, pero con un matiz de reproche que me tensa la espalda—. Hudson ha perdido la noción de sus límites. Es peligroso.

—Sé cuidarme —replico, con más firmeza de la que siento.

Me lanza una mirada rápida, aguda, y no dice nada más. El resto del trayecto transcurre en silencio, un silencio denso, cargado de cosas que ninguno de los dos se atreve a decir.

Al entrar al penthouse, la puerta se cierra tras nosotros y el mundo exterior desaparece. El espacio amplio y lujoso recibe nuestra respiración, frío y silencioso, como siempre. Denney se quita el saco y lo cuelga con movimientos precisos, y cuando se gira hacia mí, su expresión ha cambiado. La protección que mostró en la calle se ha transformado en algo más rígido, más calculado.

—A partir de mañana no volverás al taller —dice, directo, sin rodeos, como si estuviera dictando una orden que no admite discusión—. He tomado la decisión. Es demasiado arriesgado. La prensa te espera a la salida, y Hudson… no se ha rendido. No voy a permitir que te expongas así.

Me quedo inmóvil, sintiendo cómo las palabras me golpean con más fuerza que la mano de Savannah.

—¿Disculpa? —pregunto, creyendo no haber oído bien.

—No necesitas ese trabajo, Lana —continúa, con tono razonador, firme—. Puedo financiar tu propio estudio, dotarlo de todo lo que necesites, contratar a un equipo entero para ti. Trabajarás desde aquí, en seguridad. Pero no vas a seguir yendo a ese local, sola, por calles donde cualquiera puede acorralarte.

Doy un paso hacia él, con el corazón golpeándome las costillas, y siento el fuego subir por mi pecho, rápido y abrasador.

—¿Me lo prohíbes? —digo, y mi voz tiembla, pero no de miedo, de rabia—. ¿Decides tú qué es lo mío sin siquiera consultarme?

—Lo decido por tu seguridad —responde, acortando la distancia, la mandíbula tensa—. ¿Quieres que repita lo que pasó hace una hora? ¿Quieres que Hudson te arrastre a su coche la próxima vez?

—No confundas protección con posesión, Callahan —le suelto, mirándolo a los ojos, sin retroceder—. Ese taller no es solo un trabajo. Es mío. Es lo único que tengo que no lleva tu nombre, ni el de Nash, ni el de nadie. Es donde mi madre me enseñó a coser, donde soy yo misma sin máscaras. No me pidas que lo deje. No me pidas que me encierre en esta jaula de oro que has construido para parecer una vida perfecta.

—No es una jaula —retruca, elevando levemente la voz—. Es un escudo. Y tú lo rechazas por orgullo.

—¡No lo rechazo por orgullo! —grito, y las palabras salen antes de que pueda contenerme—. Lo rechazo porque no dejé a un hombre que me decía qué hacer, qué ponerme y con quién hablar para caer en lo mismo, pero con más dinero. Si me quitas mi taller, me quitas la mitad de lo que soy. Y si eso es lo que exiges, entonces nuestro trato tiene un precio demasiado alto.

Se queda callado, observándome, y veo en sus ojos la lucha: la frustración de no poder controlarme, la incomodidad de tener enfrente a alguien que no se dobla. Sé que nadie le habla así. Sé que todos asienten cuando él ordena. Pero yo no soy todos.

—Eres terca —dice al fin, con voz baja, seca.

—Y tú eres un dictador —respondo, sin apartar la mirada—. Pero eso ya lo sabías cuando me elegiste.

Pasa una mano por su cabello, frustrado, y respira hondo como si estuviera conteniendo una tormenta. Sabe que no cederé. Ve en mis ojos la misma determinación que lo atrajo en primer lugar. Y entonces cambia de táctica, recuperando la compostura, la frialdad calculada que lo define.

—Está bien —dice, con tono cortante—. Irás a tu taller. Pero no te confundas: no porque lo apruebe, sino porque entiendo que arrancarte de lo tuyo rompería la imagen que proyectamos. Sin embargo, hay algo que no podemos posponer.

Se acerca al escritorio cercano y toma una tarjeta de invitación con bordes dorados.

—Dentro de tres días —continúa, entregándomela—, se celebra la Cumbre Anual de Industrias y Finanzas. Asiste todo el mundo. La prensa estará allí, esperando ver si lo nuestro sobrevivió a lo de Miami, esperando ver si el altercado de hoy te ha hecho huir. No podemos faltar. Si no aparecemos, darán por hecho que la mentira se ha roto. Y entonces Hudson recuperará terreno.

Miro la invitación entre mis dedos, pesada y brillante. Sé que tiene razón. Sé que cada paso que doy en mi vida real me obliga a dar otro en el escenario que compartimos.

—Estaré lista —digo, sosteniéndole la mirada—. Pero iremos como socios, Callahan. No como tu propiedad. Camino a tu lado, no detrás de ti.

Sus ojos recorren mi rostro, lentos, profundos, como si estuviera memorizando cada rasgo.

—Veremos —responde, enigmático, sin confirmar ni negar.

Me retiro a mi habitación sin decir nada más. Cierro la puerta y me apoyo contra la madera, dejando escapar el aire que he estado conteniendo. Me acerco al espejo del tocador y me miro: la marca en el brazo ya se ve más oscura, un recuerdo morado de las manos de Nash; el anillo de diamantes brilla en mi mano izquierda, frío y ajeno; mis ojos tienen un brillo inquieto, mezcla de cansancio y desafío.

Denney quiere protegerme. Eso creo. Pero también quiere moldearme. Quiere que encaje en su mundo, que sea la pieza perfecta de su tablero, sin preguntarse si esa pieza quiere moverse por sí misma. Me toco la piel donde sus dedos me sostuvieron en la calle y siento un escalofrío que no sé nombrar: miedo, gratitud, resistencia, todo revuelto.

Me siento en el borde de la cama y dejo la invitación sobre la mesa. La guerra no ha terminado. Nash sigue suelto, mirando, esperando que tropiece. Y Denney… Denney está en medio: mi escudo y mi prisión.

—No voy a perderme —susurro a mi reflejo, apretando los puños—. No por ellos. No por nadie.

Me quito el anillo y lo dejo junto a la tarjeta. Mañana me lo volveré a poner. Mañana volveré a sonreír, a caminar a su lado, a representar la farsa que nos mantiene a flote. Pero esta vez sé algo que no sabía antes: cuando salga a esa luz, no lo haré solo por venganza. Lo haré porque soy más fuerte de lo que creen. Y ninguno de los dos hombres que me rodean va a apagarme.

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JOGXANDY BELLO
jejeje critica constructiva, fue a humillar a otros y se humillo ella misma, solo no se doblega contra él protahonista pero si se humilla contra los demas, sobretodo con sus enemigos, no estoy entendiendo la logica de la narraccion. Espero que el cambio realmente sea significativo
A.B.G.L: Si resulta algo exasperante, pero es que ahora quiero darles ese toque humano, donde hay margen de error y así, espero que te vaya gustando...👏
total 1 replies
JOGXANDY BELLO
Que horror eso que es la primera aparicion y ya pierde los modales, no creo que este dando la imagen de chica super poderosa jejeje
A.B.G.L: hola, gracias por tu primer comentario, la verdad es que estoy queriendo que la evolución de los personajes fluyan natural y algo calmado, pero mas adelante ella cambiará un poco, gracias por tu apoyo...
total 1 replies
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