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El Arte De La Ausencia

El Arte De La Ausencia

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Traiciones y engaños / Venganza / Completas
Popularitas:2.7k
Nilai: 5
nombre de autor: analysi

El arte de la ausencia es la historia de Valentina, una arquitecta que descubre que su esposo y su hermana planean declararla loca para robarle su herencia. En lugar de derrumbarse, decide observar, reunir pruebas y construir una venganza silenciosa. Desde el engaño y la traición más profunda, Valentina se reinventa en una isla remota, transformando el dolor en libertad y su talento en un refugio para otras mujeres.

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CAPÍTULO 17: LAS ARQUITECTAS DEL OLVIDO

El barco llegó a la isla al amanecer. Valentina estaba en la proa, con el viento en el rostro y la sal en los labios, observando cómo la silueta de tierra emergía lentamente del horizonte. Era pequeña, apenas un punto verde en medio del azul, pero para ella era el mundo entero. Su mundo.

El capitán del barco, un hombre viejo y silencioso, la ayudó a bajar con el equipaje. No dijo nada, solo asintió con respeto y se fue, dejándola sola en la orilla con la maleta negra y la urna de su bebé.

Valentina se quedó allí, inmóvil, sintiendo la arena bajo sus pies y el sonido de las olas rompiendo contra la costa. El sol calentaba su rostro, y el viento llevaba el olor a sal y a vegetación húmeda. Era el lugar más hermoso que había visto en su vida.

Caminó hacia el interior de la isla, siguiendo un sendero que apenas se distinguía entre la maleza. Había visto fotos desde el aire, había estudiado mapas durante semanas, pero nada la había preparado para la realidad. La isla era un paraíso salvaje: palmeras, flores de colores, pájaros que cantaban en un idioma que ella no entendía.

En el centro de la isla, encontró lo que buscaba: una casa de madera, construida décadas atrás por algún pescador solitario. Estaba deteriorada, con las ventanas rotas y el techo parcialmente hundido, pero su estructura seguía en pie. Valentina la recorrió con la mirada y supo que podría restaurarla. Que podría convertirla en su hogar.

Los primeros días fueron de trabajo duro. Limpió la casa, reparó las ventanas, aseguró el techo. Durmió en el suelo, sobre una colchoneta que había traído en la maleta, y comió pescado que ella misma atrapaba en la orilla. No tenía electricidad, ni agua corriente, ni internet. Solo el mar, el viento y el silencio.

Pero no estaba sola.

A la semana de llegar, una mujer llamada Elena apareció en la orilla. Llegó en un bote pequeño, con el rostro quemado por el sol y los brazos llenos de cicatrices. Valentina la vio desde la casa y bajó a la playa a recibirla.

—¿Eres Valentina? —preguntó la mujer, con una voz ronca—. Mateo me dijo que estabas aquí.

—¿Mateo? —repitió Valentina, sorprendida.

—Sí. Dijo que estabas construyendo algo. Que podías necesitar ayuda.

Valentina la observó con atención. La mujer era mayor que ella, tal vez de cincuenta años, y sus ojos tenían la mirada dura de quien ha visto demasiado.

—¿Por qué has venido?

—Porque necesito un lugar donde esconderme —respondió Elena—. Como tú.

Valentina guardó silencio. No preguntó más. No necesitaba saber los detalles. Sabía que el dolor no necesita explicaciones. Solo necesita refugio.

—Quédate —dijo—. Hay espacio para dos.

Elena sonrió, y fue la primera vez que Valentina la veía sonreír.

Las semanas siguientes, llegaron más mujeres. Una a una, como si la isla las llamara. Marta, una joven que había escapado de un marido violento. Clara, una arquitecta que había perdido su estudio por una deuda. Sofía, una ingeniera que había sido despedida después de denunciar acoso. Todas ellas llegaban con las manos vacías y los ojos llenos de miedo, pero también con una chispa de esperanza.

Valentina las recibió a todas sin preguntas. Les ofreció refugio, comida, y lo más importante: un propósito.

—Vamos a construir algo juntas —dijo en la primera reunión que tuvieron, sentadas en círculo en la playa—. Un taller de arquitectura y diseño. Aquí, en esta isla, donde nadie pueda encontrarnos. Donde podamos crear sin miedo.

Las mujeres la miraron en silencio. Algunas tenían lágrimas en los ojos. Otras esbozaban sonrisas tímidas.

—¿Y si no sabemos construir? —preguntó Marta, la joven—. Yo solo sé limpiar casas.

—Te enseñaremos —respondió Valentina—. Todas tenemos algo que ofrecer. Todas tenemos manos que pueden dibujar, planificar, construir. Solo necesitamos confiar en nosotras mismas.

Comenzaron a trabajar al día siguiente. Valentina trazó los planos en la arena, dibujando con un palo las líneas de lo que sería el taller. Las mujeres la observaban, atentas, aprendiendo los conceptos básicos de la arquitectura: los ángulos, las cargas, los materiales. No era una escuela formal. Era algo más orgánico, más vivo.

En los meses siguientes, la isla se transformó. La casa de madera se convirtió en un hogar compartido. Aparecieron nuevas construcciones: un taller con techo de palma, un dormitorio colectivo, una cocina al aire libre. Cada estructura era sencilla, pero estaba hecha con cuidado, con dedicación, con el amor de mujeres que construían no solo edificios, sino también sus propias vidas.

Elena, la primera en llegar, se convirtió en la carpintera del grupo. Marta aprendió a hacer planos. Clara, la arquitecta, enseñó a las demás a leer mapas y calcular distancias. Sofía, la ingeniera, diseñó un sistema de captación de agua de lluvia que abastecía a toda la isla.

Valentina las observaba desde la distancia, sintiendo una calma que no había experimentado nunca. No era felicidad. Era algo más profundo: la certeza de que había encontrado su lugar en el mundo.

Una noche, mientras las mujeres dormían y el mar susurraba en la oscuridad, Valentina abrió el cuaderno secreto y escribió:

"Paso 16 completado. La isla ya no es solo mía. Es de todas. Hemos construido un taller, un hogar, una familia. No sé si esto durará para siempre, pero por ahora, aquí, en este lugar, soy libre. Y eso es más de lo que tuve nunca."

Cerró el cuaderno y lo guardó. Luego salió a la playa y se sentó en la arena, viendo cómo las estrellas se reflejaban en el agua.

No pensó en Nicolás. No pensó en Camila. No pensó en el escándalo ni en la venganza.

Pensó en el futuro. Y por primera vez, no le tenía miedo.

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Maria Elena Ortega
no es inseminación ❓🤭☺️🤣
Maria Elena Ortega
ella dice es su relato q por primera vez ella soño con el mar, pero en capítulo anteriores ella ya había soñado con el mar , ella se iba ese otro día para la isla y han pasado 3 días , incoherencias 🤭
Geraldina Zaldivar
Me tiene en suspenso, pero ya días no leía una historia tan buena.
Gabriela Arron
y que eran adivinas q llegaron a la isla las mujeres??🤭
Gabriela Arron
no sé iba a la esla al otro día?? y paso 3 días cuando el volvió....
Gabriela Arron
y porque él no ha hecho nada después que ella lo amenazó q sabía todo....
Gabriela Arron
cómo q el hijo no era de Nicolás? había sido por inseminación entonces...
Gabriela Arron
y que pasó en la cena?? si iba para allá...
Aracelis León García
buena la historia sin ta nto drama no fastidiosa
Aracelis León García
ajá el hijo no era de él la drogó y le metió un hombre en la cama o inciminación artificial
Aracelis León García
jamás desempacar a alguien estando sola o solo porque te pueden matar
Gabriela Arron: pensé q era otro el plan ... no exponerlo así!!
total 1 replies
Gabriela Arron
porque no reviso el cajón cuando el no estaba....
Maris Benitez
Interesante comienzo 👏👏👏
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