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Cancelé la boda y mi ex acabó en la ruina

Cancelé la boda y mi ex acabó en la ruina

Status: Terminada
Genre:Mujer poderosa / Venganza / Juego de roles / Completas
Popularitas:191.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Irin_Kokh

El día de su boda, Alegra Valdés descubre que Sebastián Girón, el hombre por quien renunció a su apellido y a su fortuna, lleva meses engañándola.
Pero Alegra no piensa llorar frente al altar.
Delante de todos los invitados, revela la traición, cancela la boda y recupera la identidad que había ocultado: no es una mujer sin recursos, sino la verdadera heredera de una de las familias más poderosas de Santa Aurelia y una brillante investigadora farmacéutica.
Mientras Sebastián pierde su prestigio, su empresa y todo aquello que creyó tener asegurado, Alegra vuelve a empezar. Entonces aparece Damián Montero, su frío e insoportable director, con una propuesta inesperada: un matrimonio por conveniencia.
Lo que ella no sabe es que Damián lleva diez años protegiéndola en silencio.
Entre secretos familiares, conspiraciones científicas, enemigos dispuestos a destruirlos y un contrato que empieza a parecerse demasiado al amor, Alegra tendrá que decidir si está preparada para confiar de nuevo… esta vez en el hombre que nunca dejó de elegirla.

NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16

Cap 16: Doble juego

Seis semanas en el instituto, y mi vida se había convertido en una partida de ajedrez con demasiados tableros.

En el tablero profesional, todo iba bien. Los ensayos de estabilidad avanzaban según lo previsto. Montero y yo habíamos desarrollado un sistema de trabajo que funcionaba como un reloj suizo, él diseñaba los protocolos, yo los ejecutaba y mejoraba, él revisaba mis mejoras con el ceño fruncido y después las aprobaba sin decir nada. Julia empezó a llamarnos «los gemelos de laboratorio», lo cual provocó en Montero una mirada que podría haber congelado el nitrógeno líquido.

En el tablero familiar, las piezas se movían despacio pero con dirección. Rodrigo y yo habíamos revisado juntos el informe de Bravo. Mi hermano mayor lo leyó tres veces sin decir una palabra, y después guardó silencio durante diez minutos, su forma de procesar información que le dolía.

—¿Qué hacemos? —le pregunté.

—Todavía nada. Necesitamos saber qué quiere Celina Déniz. Si solo es una mujer enamorada de papá o si tiene un plan.

—¿Un plan?

—Veinte años es mucho tiempo para vivir en la sombra, Alegra. Nadie aguanta eso sin una razón.

Rodrigo tenía razón. Siempre la tenía, aunque a veces su razón llegaba envuelta en un silencio tan denso que costaba encontrarla.

Y en el tercer tablero, el de Violeta Cortés, las cosas empezaban a moverse de formas que yo todavía no entendía del todo.

Vi me llamó el miércoles para invitarme a una cena benéfica organizada por la Fundación Cortés. «Es una cosa pequeña», dijo. «Solo doscientas personas, cena de cuatro tiempos, subasta de arte contemporáneo. Nada del otro mundo».

Doscientas personas y una subasta de arte no era mi definición de «nada del otro mundo», pero acepté. Necesitaba mantener a Vi cerca, no porque confiara en ella, sino porque la desconfianza funciona mejor cuando la otra persona no la ve.

Lo que no esperaba era que Montero también estuviera invitado.

Lo vi al entrar al salón del Hotel Imperial, el mismo hotel donde Sebastián y yo cenamos alguna vez, en otra vida que ya no reconocía como mía. Montero estaba de pie junto a una columna de mármol, con un traje gris oscuro que le quedaba como si el sastre hubiera tomado sus medidas mientras dormía. Hablaba con el director del Hospital Corazón, pero sus ojos se desviaron hacia la puerta cuando entré.

Me miró. Un segundo. Ese segundo nuestro que cada vez duraba un poco más.

Yo llevaba un vestido verde oscuro, discreto, sin joyas. No necesitaba competir con nadie, especialmente con las esposas de ejecutivos que llevaban diamantes del tamaño de aceitunas y conversaciones del tamaño de un carozo.

Vi me interceptó antes de que llegara a la barra.

—¡Ale! Estás preciosa. Ven, te presento al director de la fundación.

Me dejé llevar. Vi era buena en esto, en tomar el brazo de alguien y guiarla por un salón como si fueran mejores amigas desde siempre. Y técnicamente, lo éramos. O lo habíamos sido.

La cena fue larga. Me sentaron en una mesa con ejecutivos del sector farmacéutico, gente que sabía quién era mi padre y quién era mi jefe, y que ajustaba su conversación según cuál de los dos nombres pesara más en el momento. Hablamos de regulaciones, de patentes, de un proyecto de ley que amenazaba con encarecer los genéricos. Temas que me importaban de verdad, no como decoración social.

A mitad de la cena, el murmullo empezó.

Fue sutil al principio, un comentario aquí, una mirada allá. La mujer de mi derecha se inclinó hacia mí con la sonrisa cómplice de quien va a compartir un chisme:

—He oído que trabajas muy de cerca con el doctor Montero.

—Soy parte de su equipo de investigación, sí.

—Ya. «Equipo de investigación». —Sonrió más amplio—. Mi marido dice que Montero nunca ha trabajado con nadie más de tres meses. Tú llevas seis semanas y él ya te defiende en conferencias. En este sector, querida, eso se llama de otra forma.

No respondí. Tomé un sorbo de vino.

Pero la semilla estaba plantada, y no solo en esa mesa. A lo largo de la noche, noté las miradas que iban de mí a Montero y de Montero a mí, como espectadores de un partido de tenis que solo ellos podían ver.

Lo más interesante fue la reacción de Montero. Si le llegaron los rumores, y le llegaron, porque nada pasa en un salón de doscientas personas sin que llegue a todos los oídos, no hizo nada para desmentirlos. No se alejó de mí. No evitó mi mesa. No hizo la típica aclaración pública de «somos colegas y nada más» que cualquier otro director de instituto habría considerado necesaria.

Se limitó a ser Montero. Que era, en sí mismo, una declaración.

En el receso entre la cena y la subasta, fui al baño. Vi estaba frente al espejo, retocándose el labial con la precisión de un cirujano.

—La gente habla de ti y de Montero —dijo, sin dejar de mirarse al espejo.

—La gente habla de todo.

—Sí, pero de esto hablan con ganas. —Se guardó el labial y me miró directamente—. Ale, ¿hay algo entre ustedes?

—No.

—¿Pero quisieras que lo hubiera?

No contesté. No porque no supiera la respuesta, sino porque no iba a dársela a ella.

Vi sonrió. Pero sus ojos, esos ojos que antes me parecían cálidos, registraban mi silencio con la atención de alguien que está recopilando datos, no teniendo una conversación.

—Solo digo que harían buena pareja. El genio antisocial y la heredera brillante. Suena a novela. —Me apretó el brazo—. Me alegro por ti, Ale. De verdad.

Me devolvió el abrazo cuando me incliné hacia ella. Pero esta vez no conté los segundos. Esta vez conté otra cosa: la velocidad con la que sus ojos se movieron hacia la puerta cuando pensó que yo no estaba mirando.

Como si esperara a alguien. O como si quisiera asegurarse de que alguien estuviera escuchando.

Esa noche, de camino a casa, Montero me ofreció llevarme.

—Es más eficiente.

—Siempre es más eficiente contigo.

Viajamos en silencio. El auto de Montero, un sedán negro, limpio, sin una mota de polvo, olía a cuero y a esa colonia amaderada que yo ya reconocía con los ojos cerrados.

—Los rumores no me molestan —dijo de pronto, mirando la carretera.

—No dije que me molestaran a mí.

—No. Pero tenías cara de que te molestaban.

—No tenía cara de nada, Montero.

—Tenías cara de alguien que está midiendo cuánta atención le conviene recibir.

No contesté. Porque tenía razón.

Me dejó frente a mi edificio. No se bajó del auto. No me abrió la puerta. No hizo ninguno de esos gestos de caballero que Sebastián dominaba y que significaban exactamente nada.

Solo dijo:

—Buenas noches, Valdés.

—Buenas noches, Montero.

Me bajé. Caminé hasta la puerta. No me volteé, pero escuché: el auto no arrancó hasta que la puerta del edificio se cerró detrás de mí.

Subí a mi departamento. Me quité los tacones. Me preparé un americano que no necesitaba y me senté frente a la ventana.

Abajo, el auto de Montero seguía ahí. Esperó un minuto más, quizás comprobando que la luz de mi departamento se encendiera, y después se fue.

Lo que no vi esa noche fue lo que pasó media hora después.

Lo supe al día siguiente, por una llamada de Rodrigo y por los registros que Ignacio compartió más tarde. Pero puedo reconstruirlo:

Violeta Cortés salió de la cena benéfica a las once. No se fue a su departamento, el departamento seguro que yo le conseguí. Se fue a otra dirección.

En el estacionamiento del Hotel Imperial, marcó un número en su teléfono. La llamada duró cuatro minutos.

—Ella está enamorada de él —dijo Vi al teléfono—. No lo dice, pero se le nota. Podemos usar eso.

Al otro lado de la línea, «J» respondió:

—No todavía. Antes necesito que ella confíe en ti lo suficiente como para contarte algo sobre el instituto. Algo sobre el proyecto principal de Montero.

—¿Qué proyecto?

—No importa cuál. Lo que importa es que ella te lo cuente voluntariamente. Después, hacemos el siguiente movimiento.

Vi colgó. Se miró en el espejo retrovisor. Se alisó el pelo, se retocó el labial, los mismos gestos de siempre, la misma sonrisa de siempre. La sonrisa de una mujer que lleva semanas interpretando un papel y que ya no sabe dónde termina la actuación y empieza la traición.

Arrancó el auto y se fue.

En la noche de Santa Aurelia, los secretos se movían como corrientes subterráneas, invisibles, constantes, erosionando los cimientos de todo lo que parecía sólido.

Continuará...

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Luz Mary Ramirez Duarte
Es una historia interesante, sin embargo parece escrita por varias personas que no siguen un hilo conductor. Los personajes inician con una historia, una profesión, una edad y después... ES COMO SI LA.METIERAN EN UNA CAJA LA MEZCLARAN y todo una confusión los científicos se vuelven abogados, los hijos únicos aparecen con hermanos, los hermanos se vuelven primos, las edades cambian de un capitulo a otro.
Aveces me pregunte que se fumaba la escritora de capitulo en capitulo...porque las pérdidas que se pego son barbaras
..
Mila
ay no! otra vez cambiando la trama de los personajes de científico a abogado , o sea vas cambiando las edades y oficios de los personajes de acuerdo a lo que presente la historia
Mila
También le quitaste la mamá a Damian escritora, que le hiciste a Paloma la eliminarte como eliminarte el cuarto de invitados del apartamento de Damian y lo hiciste dormir en el estudio
Mariana Romano
Wooooooiw excelente. 👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼. Buenísimo claro con sus detalles, pero simplemente buenísimo. Felicidades escritora 👍🏼😉
Lucy Ralo
me cambia muchas cosas y me confunde
Edith Valenzuela
Genial, muy interesante está historia, ahora que lo hunda a él y familia
Mariana Romano
Ohhhhh sigamos leyendo con que lo que fue al principio ya jajaja
Mariana Romano
Está re buena 👍🏼pese a ciertos detallitos jajajaja
Luz Mary Ramirez Duarte
🤣🤣🤣 esta novela es una locura🤣🤣🤣 ahora Rubi la hija de la amante (celina) que empezó como adulta y ahora es una niña sobrina de Alegra, hija de Rodrigo🤣🤣🤣
Luz Mary Ramirez Duarte
Buenas la historia, sin embargo parece escrita por varios autores que NO siguen el hilo de la trama... Rubi la hija ilegítima empezó teniendo 17 años y asistía a colegio, unos capítulos después tenía 23 años, estudiaba
enfermería y trabajaba en un hospital. cuando termina el divorcio de la sr Valdes , Rubi tenía 8 años y la sra Valdes literal la adoptó.... La sra Valdes en un capítulo cumplió 53 años y dos más adelante tenía 63 y 30 de matrimonio, Nunca supe si Celina fue amante de Ricardo Valdes 12 0 20 años.... Damián hay mi Damián de ser un científico farmacéutico genio que creo el instituto de investigación más destacado e impprtante paso desde el capitulo 100 hacer un prominente abogado que trabajaba en en bufete.... y Gabriel que realmente no se si es el hermano de alegra que estudiaba medicina unas veces era empresario, otras ingeniero y en el capítulo 115 parece que es investigador farmaceutico ahora es el director del centro de investigación que creó Damián.
IMPORTANTE QUE LOS DIFERENTES AUTORES SE PONGAN DE ACUERDO.☺️
Porque de esta manera pierden credibilidad
Kathita Anfecris Cortes
Buuu ahora el papá está muerto, muy buena historia pero muchos cambios eso la va arruinando, en fin ya queda poco
Mariana Romano
Mmmmm rubí no tenia 23 años ???? Digo nomas es pregunta jajajajaja👍🏼. Me gusta la verdad
Marisol Grillo
escribis muy bien preo se te estan mezclando las profesiones. las edades y los momentos . es capítulos anteriores demian fue a buenos aires teniendo 33 años a una conferencia. en este capítulo ya esta diciendo q fue cuando tenia 19.
Marisol Grillo
q paso ahora es abogado demian
Marisol Grillo
como rubi paso de ser enfermera de 23 años a una niña de 8 año, y como paso demian de tener una mana q cerro un ala de la casa xq su marido la abandono a estar fallecida. no se sigue el hilo de la historia
Kathita Anfecris Cortes
De viva a muerta y de muerta a viva, pero aun es interesante la novela
Kathita Anfecris Cortes
Muy buena historia pero con mucha incoherencia ya sea en edades de los personajes y nombres, de científico bajo a abogado 🤭🤭
Isabel Brondino
Larga como esperanza de un pobre nace con uno y pasa la. vida rsperando y no termina😂😂😂
Isabel Brondino
Me canse de leer casi todo repetido no narran bien la historia los personajes estan muertos despues estan vivos ,cansadora 😂
Isabel Brondino
Me canse de leer casi todo repetido no narran bien la historia los personajes estan muertos despues estan vivos ,cansadora 😂
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