Alexandre Viale, un hombre misterioso con mucho poder, nadie lo conoce lo suficiente para poder decir quién es, los medios lo persiguen, pero terminan viendo sombras. Su imperio crece mas y más y nadie conocé hasta donde se extiende exactamente. Es joven, dicen, pero no tienen ni la exactitud de cual es su edad. Las mujeres que entran una vez a su cama y no vuelven más, porqué Alexandre no repite, Alexandre conquista para cumplir un solo objetivo y luego desecha como si no fueran de valor.
¿Llegará alguna que rompa con todos esos muros de hierro que el forjó a su alrededor?
No es solo un hombre poderoso, misterioso y seductor, también es un hombre muy peligroso. Debajo de sus pies se mueve algo oscuro y nadie quisiera ser su enemigo.
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Fuera del radar
Pensamientos de Vittoria...
Vittoria: Dos semanas. Catorce días que habían parecido mucho más largos de lo que realmente eran. Italia me había recibido con una lista de problemas que no dejaba de crecer y me despedía con exactamente las mismas preguntas con las que había llegado. La deuda seguía allí, las cifras y las transferencias, aquellas malditas transferencias que aparecían en los movimientos de la empresa de mis padres sin que nadie pareciera saber quién las había autorizado, hacia dónde habían ido exactamente o, peor aún, por qué existían...
Había revisado documentos hasta entrada la madrugada. Había llamado a contadores, abogados y personas que, hasta hacía unas semanas, jamás imaginé que tendría que interrogar sobre las finanzas de mi propia familia. Pero, nadie sabía nada o peor aún, nadie quería saberlo y esa indiferencia comenzaba a preocuparme más que la propia deuda.
Durante esos días había aprendido que el dinero podía desaparecer con una facilidad aterradora cuando se movía entre las manos adecuadas. Un número en una pantalla. Una firma. Una transferencia. Un documento perfectamente presentado y de pronto, millones podían dejar de pertenecer a una empresa sin que nadie pareciera dispuesto a explicar cómo había ocurrido. En todo esté tiempo había intentado mantener la calma, falle más veces de las que quería admitir. En este caso, Italia se había convertido en reuniones interminables, llamadas a deshoras, carpetas abiertas sobre la mesa y conversaciones que terminaban siempre en el mismo punto "todavía no sabemos". Por eso, cuando finalmente cerré la última carpeta y comprendí que no iba a encontrar una respuesta esa noche, hice lo único que llevaba días deseando hacer. Arme una maleta y me fui. No porque el problema estuviera resuelto, la verdad no lo estaba. No porque hubiera dejado de importarme, todo lo contrario. Es que, habían cosas que todavía necesitaban ser investigadas y decisiones que no podían seguir aplazándose. Pero necesitaba salir de aquel lugar antes de que el caos terminara por consumirme y en este caso necesitaba volver a Mónaco.
Desde la ventanilla del automóvil observé cómo la ciudad aparecía poco a poco frente a mí. Brillaba bajo el sol de la tarde y los edificios se extendían sobre las montañas con esa elegancia casi irreal que siempre había tenido Mónaco. En ese momento sentí algo que no había experimentado en Italia durante esas dos semanas "Silencio". No un silencio absoluto, uno mental. Por primera vez en días no estaba pensando en balances, deudas, transferencias ni cuentas bancarias y aunque sabía perfectamente que Italia seguía esperando respuestas, por unas horas quería permitirme olvidar que existían.
Mónaco era para mí un refugio. Una oportunidad de recordar cómo se sentía mi vida antes de que todo aquello comenzara... El automóvil continuó avanzando por las calles que conocía de memoria. Miré por la ventana y sonreí apenas. Habían sido solo dos semanas. Pero algo en mi interior me decía que, después de todo lo ocurrido, regresar no sería exactamente volver a la vida que había dejado atrás. Quizá porque yo tampoco era la misma mujer que había tomado aquel avión hacia Italia. Y todavía no sabía qué iba a encontrar cuando las puertas de mi antigua rutina volvieran a abrirse frente a mí.
Llegada la tarde...
Alexandre había terminado una reunión y había aceptado cenar con dos empresarios que insistieron en continuar la conversación fuera de la oficina. Él no estaba particularmente interesado en la cena. Había sido un día largo con demasiados informes, decisiones y desde el incidente del contenedor, su equipo había tenido que reorganizar varias operaciones. Su correo se había convertido en un desfile interminable de información que, normalmente, él revisaba personalmente.
Aquella semana no había podido hacerlo todo y eso lo odiaba... Entró al restaurante sin prestar demasiada atención a las mesas.
Hasta que una voz femenina llegó desde algún lugar cercano. Una risa, familiar e imposible de ignorar.
Alexandre giró ligeramente la cabeza y se detuvo ¿Vittoria?, pensó.
Sentada frente a una amiga, con una copa en la mano y una expresión relajada. Ella había regresado y él no tenía la menor idea. Por primera vez en mucho tiempo, Alexandre experimentó algo que detestaba: sorpresa. No porque Vittoria estuviera allí, sino porque nadie se lo había informado o el no lo había notado en sus correos... Su mirada se endureció ligeramente, no podía recordar la última vez que alguien había entrado en su mundo sin que él lo supiera.
Empresario: ¿Señor Viale?
Empresario 2: ¿Ocurre algo?
Alexandre finalmente apartó la mirada.
Alexandre: No. Continúen ustedes.
Empresario: ¿No viene?
Alexandre: Los alcanzaré después.
Sin esperar respuesta, comenzó a caminar hacia ella. Vittoria levantó la mirada justo cuando Alexandre llegó a la mesa.
Sus ojos se encontraron y aquella pequeña sonrisa que apareció en el rostro de ella hizo que la irritación de Alexandre aumentara ligeramente.
Vittoria: ¿Alexandre?
Alexandre: ¡Vittoria!
Ella dejó la copa sobre la mesa y le prestó toda su atención.
Vittoria: ¿Qué haces aquí?
Alexandre: Podría preguntarte lo mismo.
Vittoria: Cené con una amiga.
Alexandre: Ya veo. ¿Cuándo regresaste?
Vittoria: Esta tarde.
Alexandre la observó entrecerrando los ojos.
Alexandre: ¿Esta tarde? Y no me avisaste.
Vittoria sonrió.
Vittoria: Acaso ¿Debía hacerlo?
Alexandre metió las manos en los bolsillos.
Alexandre: No. Claro que no. Pero considerando que somos socios, habría sido conveniente saber que habías regresado.
Vittoria sostuvo su mirada con curiosidad.
Vittoria: ¿Solo por eso?
Silencio, ahí estaba la tensión. Esa que ninguno de los dos quería mencionar. Alexandre la observó durante unos segundos.
Alexandre: Principalmente.
Vittoria: ¡Claro!
Aquel simple claro consiguió incomodarlo mucho más de lo que debería. Porque ella lo sabía. Tal vez no exactamente qué. Pero sabía que había algo más. Y Alexandre odiaba que Vittoria empezara a conocerlo demasiado bien.
Vittoria; ¿Te molesta que no te haya avisado?
Alexandre: No. -Carraspeos-
Vittoria: Entonces, ¿por qué tienes esa cara?
Alexandre: ¿Qué cara?
Vittoria: Esa.
Alexandre: Es mi cara normal, no hay forma de que cambie
Vittoria: Umju, vale. Bueno seguimos hablando más luego, ¿le parece?
Alexandre recuerda que interrumpió una cena privada y hay una chica siendo testigo de la conversación de ellos dos.
Alexandre: Disculpe, no fue mi intención.
Naya: Está bien, descuida.
Alexandre se dirigió a la mesa donde están sus compañeros y se sentó a compartir con ellos. Intentando olvidar que detrás de él había una mujer con ojos brillosos y labios húmedos que no le permitían concéntrarse bien.