Ella era una científica que renace en un nuevo mundo. Ahora tiene magia y puede dedicarse a cumplir sus sueños.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Investigacion 1
La maga Roun no perdió tiempo.
Apenas Megara aceptó realizar la investigación, comenzó a organizar todo lo necesario para llevarla hasta el pueblo donde se encontraban las familias refugiadas.
Se preparó un carruaje.
Se reunieron alimentos para el viaje.
Se llevaron algunos materiales médicos.
También varios libros y documentos relacionados con enfermedades causadas por la desnutrición.
Megara, por supuesto, decidió llevar algo más.
Una maleta.
Una maleta bastante grande.
Circe la observó mientras Megara acomodaba cuidadosamente varios frascos en su interior.
—¿Qué llevas?
—Pociones.
—¿Todas esas?
—Sí.
Circe tomó uno de los frascos y lo observó.
—¿Para qué sirven?
—Esta ayuda con el cansancio.
Tomó otro.
—Esta fortalece temporalmente el cuerpo.
Otro.
—Esta ayuda a recuperar mana.
Y otro.
—Esta puede ayudar con algunas infecciones.
Circe la miró.
—¿Estás pensando en tratar a todos los que encuentres?
Megara negó con la cabeza.
—No sé si funcionarán para todos.
Guardó otro frasco.
—Tampoco sé si serán suficientes.
Cerró la maleta.
—Pero quizás puedan ayudar a algunos.
Circe sonrió.
—Eso es muy propio de ti.
Megara la miró.
—¿Qué significa eso?
—Que incluso cuando dices que no sabes si funcionará, llevas suficiente para intentar ayudar a medio pueblo.
Megara se quedó pensando.
—Bueno...
Miró la maleta.
—Es mejor tenerlas y no necesitarlas que necesitarlas y no tenerlas.
Circe sonrió.
—Eso también es muy propio de ti.
Megara suspiró.
—Solo espero que la investigación sea suficiente.
Circe la miró con curiosidad.
—¿Estás nerviosa?
Megara tardó unos segundos en responder.
—No.
Circe levantó una ceja.
—¿Segura?
—Sí.
—Entonces, ¿por qué llevas diez minutos mirando la puerta como si estuvieras pensando en escapar?
Megara miró hacia la puerta.
Luego volvió a mirar a Circe.
—Estoy evaluando mis opciones.
—¿Y?
—Quedarme.
—¿Y la otra?
—Quedarme y sufrir.
Circe comenzó a reír.
Megara no estaba bromeando.
Ella realmente no disfrutaba salir del templo.
No era que odiara el mundo exterior.
Simplemente...
Prefería su laboratorio.
Allí tenía todo organizado.
Sus ingredientes estaban clasificados.
Sus libros estaban ordenados.
Sus instrumentos permanecían limpios.
Nadie movía sus cosas.
Nadie interrumpía sus investigaciones.
Y no había tierra.
Ni polvo.
Ni insectos.
Sobre todo...
No había insectos.
Megara había aprendido a tolerar muchas cosas.
Una reacción química inestable.
Un experimento fallido.
Una poción que olía horrible.
Incluso largas horas de estudio.
Pero un insecto caminando sobre su ropa...
Eso era otra historia.
—¿Ya estás lista? —preguntó Roun.
Megara miró su maleta.
—Sí.
—Entonces vamos, te acompaño al carruaje.
Megara respiró profundamente.
[Es por la investigación].
Salió del templo.
El aire exterior era diferente.
Más fresco.
Más abierto.
Había personas caminando.
Caballos.
Carretas.
Vendedores.
Niños corriendo.
Megara observó todo durante unos segundos.
[Está bien].
Caminó hasta el carruaje.
Entonces miró las ruedas.
Después miró el camino.
Luego miró nuevamente las ruedas.
[Esto va a ser incómodo].
Subió.
Se acomodó en el asiento.
Colocó la maleta a su lado.
Y comenzó el viaje.
Al principio intentó disfrutarlo.
Miró por la ventana.
El paisaje era hermoso.
Campos verdes.
Árboles.
Pequeños ríos.
Montañas a lo lejos.
Pero después de un par de horas...
El carruaje comenzó a sacudirse.
Megara dio un pequeño salto en el asiento.
—¡Ah!
Miró por la ventana hacia abajo.
El camino estaba lleno de piedras.
[Esto no es un carruaje].
Otra sacudida.
—¡Esto es una tortura!
El conductor no pareció escucharla.
Megara intentó volver a sentarse cómodamente.
Otra sacudida.
Su cabeza casi golpeó el techo.
[Definitivamente es una tortura].
Pasó otra hora.
Después otra.
Megara comenzó a comprender que había otra parte del viaje que no había considerado.
Las posadas.
Cuando llegaron a la primera, Megara bajó del carruaje y observó el lugar.
Era pequeño.
Muy pequeño.
Demasiado pequeño.
Miró la habitación.
Luego la cama.
Luego la ventana.
Luego el suelo.
Había una pequeña mancha marron cerca de la puerta.
Megara la observó con horror.
[¿Eso es tierra? Por favor que sea solo tierra.]
Se acercó.
No.
Era peor.
Era un pequeño insecto.
Megara retrocedió inmediatamente.
—No.
La doncella la miró.
—¿Qué pasa mi lady?
Megara señaló.
—Eso.
La doncella miró.
—Es un insecto.
—Exactamente.
—No le hará nada.
—Eso no significa que quiera compartir habitación con él.
La doncella tuvo que apretar los puños para no soltar una carcajada.
[Megara, tendrás que acostumbrarte.]
[No quiero.]
[Estamos viajando.]
[Y estamos en el campo.]
[Habrá tierra.]
[Y probablemente insectos.]
Megara cerró los ojos.
[Esto es peor de lo que imaginaba].
Esa noche durmió poco.
Al día siguiente continuaron el viaje.
Y el siguiente también.
Megara comenzó a comprender que salir del templo no era una experiencia agradable.
Dormir en posadas.
Comer en lugares desconocidos.
Viajar durante horas.
Sentir el polvo.
Escuchar demasiadas voces.
Encontrarse con personas que no conocía.
Todo aquello le resultaba agotador.
Pero había algo que le molestaba todavía más.
Sus propios recuerdos.
Cada vez que escuchaba hablar del Imperio de Oriente, recordaba aquella vida.
El marinero.
Los bandidos.
La violencia.
La joven de cabello blanco.
Y aquella sensación de haberlo perdido todo.
A veces, cuando veía a un hombre con apariencia de marinero en alguna ciudad por la que pasaban, su cuerpo se tensaba inmediatamente.
[¿Será él?]
Luego se obligaba a respirar.
[Claro que no].
No sabía quién era aquel hombre.
Ni siquiera sabía dónde estaba.
Y, en realidad...
Quizás nunca lo conocería.
Pero la posibilidad de que su destino siguiera esperando en algún lugar le producía una sensación incómoda.
También había otro pensamiento que intentaba evitar.
El amor.
En su vida anterior había visto cómo la otra Megara podía entregar todo por alguien y terminar completamente destruida.
Megara no quería repetir aquello.
[Enamorarse es peligroso].
Miró por la ventana.
[Te hace tomar decisiones irracionales].
Recordó a la joven abandonando su reino.
[Te hace confiar en alguien].
Recordó al marinero.
[Y puede hacerte perderlo todo].
Megara frunció el ceño.
[Así que no].
Se cruzó de brazos.
[En esta vida no voy a enamorarme].
Hizo una pausa.
[Es una decisión perfectamente razonable].
Otra pausa.
[Además, tengo pociones que investigar].
Eso era mucho más importante.
Al menos eso pensaba.
Cuando el carruaje volvió a sacudirse, Megara se aferró al asiento.
—¿Cuánto falta?
El conductor respondió desde adelante:
—Unas horas.
Megara abrió mucho los ojos.
—¿Unas horas?
—Ya casi llegamos.
Megara miró por la ventana.
Después miró su maleta.
Luego volvió a mirar el camino.
[Esto es por la investigación].
Respiró profundamente.
[Es por la investigación].
Otra sacudida.
—¡Ay!
[Es por la investigación].
Otra más.
Megara cerró los ojos.
[Es por la investigación].
A pesar de todo...
En el fondo sabía que Roun tenía razón.
Necesitaba salir.
Necesitaba conocer a aquellas personas.
Necesitaba ver con sus propios ojos las consecuencias de lo que habían vivido.
Y quizás...
Solo quizás...
Podría encontrar una forma de ayudarlas.
Megara abrió los ojos.
Miró nuevamente hacia el horizonte.
—Bueno.
Megara acomodó su maleta.
—Ya que estoy sufriendo tanto...
Su expresión se volvió decidida.
—Más vale que la investigación sea excelente.
Y el carruaje continuó avanzando hacia el pueblo.
Sin que Megara supiera que aquel viaje, que había comenzado odiando por el polvo, los insectos, las posadas, el carruaje y la gente...
Terminaría cambiando por completo la vida que creía tener bajo control.