NovelToon NovelToon
Cancelé la boda y mi ex acabó en la ruina

Cancelé la boda y mi ex acabó en la ruina

Status: Terminada
Genre:Mujer poderosa / Venganza / Juego de roles / Completas
Popularitas:153k
Nilai: 5
nombre de autor: Irin_Kokh

El día de su boda, Alegra Valdés descubre que Sebastián Girón, el hombre por quien renunció a su apellido y a su fortuna, lleva meses engañándola.
Pero Alegra no piensa llorar frente al altar.
Delante de todos los invitados, revela la traición, cancela la boda y recupera la identidad que había ocultado: no es una mujer sin recursos, sino la verdadera heredera de una de las familias más poderosas de Santa Aurelia y una brillante investigadora farmacéutica.
Mientras Sebastián pierde su prestigio, su empresa y todo aquello que creyó tener asegurado, Alegra vuelve a empezar. Entonces aparece Damián Montero, su frío e insoportable director, con una propuesta inesperada: un matrimonio por conveniencia.
Lo que ella no sabe es que Damián lleva diez años protegiéndola en silencio.
Entre secretos familiares, conspiraciones científicas, enemigos dispuestos a destruirlos y un contrato que empieza a parecerse demasiado al amor, Alegra tendrá que decidir si está preparada para confiar de nuevo… esta vez en el hombre que nunca dejó de elegirla.

NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10

Cap 10: La amiga en problemas

Violeta me contó su historia al día siguiente, sentadas en la sala de mi departamento con dos tazas de té que se enfriaron sin que ninguna las tocara.

Llevaba seis meses saliendo con un hombre. No me dijo su nombre completo, solo «Marcos». Lo describió como encantador al principio, controlador después, violento al final. Las historias clásicas: revisarle el teléfono, prohibirle salir sola, empujarla contra una pared cuando discutían. Hacía una semana, dijo, la había golpeado.

Me enseñó un moretón en el brazo. Oscuro, del tamaño de una mano.

—No puedo ir a la policía —dijo, limpiándose las lágrimas—. Marcos tiene contactos. Si lo denuncio, me hace la vida imposible. Necesito irme de mi departamento, pero no tengo adónde ir. Mi hermano Miguel no sabe nada, no puedo decírselo, se pondría furioso y haría algo imprudente.

—Vi, quédate conmigo el tiempo que necesites.

—No, Ale, no quiero ponerte en riesgo. Solo necesito ayuda para encontrar un lugar seguro y un abogado que pueda tramitar una orden de restricción sin que Marcos se entere.

Me puse en acción. En dos horas tenía un departamento temporal a nombre de una de las subsidiarias de Grupo Valdés, lo suficientemente discreto para que nadie lo rastreara. Al mediodía, le había conseguido una cita con una abogada especialista en violencia doméstica. Por la tarde, ayudé a Vi a empacar sus cosas esenciales.

Mientras metíamos ropa en maletas, observé su departamento. Era bonito, muebles de diseño, cocina equipada, fotos enmarcadas en las paredes. Pero algo me incomodó. Las fotos eran todas de ella sola. Ni una con «Marcos». Ni un objeto masculino en el baño. Ni un par de zapatos de hombre junto a la puerta.

Para ser la casa de una mujer que llevaba seis meses con alguien violento, el lugar estaba demasiado intacto.

Y el moretón. Lo vi de nuevo cuando Vi se subió la manga para cerrar una maleta. Era real, oscuro, reciente. Pero su ubicación me pareció extraña. Estaba en la parte exterior del antebrazo, una zona difícil de golpear en un forcejeo. Era más consistente con un golpe autoinfligido contra un borde que con una mano agarrándola.

No dije nada. A veces la paranoia es solo paranoia. A veces, después de que tu novio te engañe durante tres años sin que lo notes, empiezas a ver mentiras en todas partes.

Pero la semilla estaba plantada.

Los días siguientes, Vi se instaló en el departamento seguro y empezó a mostrarse más tranquila. Me llamaba todas las noches para darme las gracias. Me mandaba fotos de la cena que cocinaba. Me enviaba mensajes con corazones y emojis de flores.

Era demasiado. Demasiada gratitud, demasiado rápido. Como alguien que necesita asegurarse de que la otra persona no tiene tiempo de hacerse preguntas.

En el instituto, mi vida seguía su ritmo habitual. Montero y yo estábamos en una fase crucial del proyecto, los primeros ensayos preclínicos del compuesto reformulado. Pasábamos los días entre microscopios y hojas de cálculo, y las noches revisando datos que los dos sabíamos de memoria pero que ninguno quería dejar de verificar.

Una mañana, Montero me llamó a su oficina. Cerró la puerta.

—Valdés, ¿por qué has salido tres veces del instituto en horario laboral esta semana?

—Asuntos personales.

—No te pregunté qué son. Te pregunté por qué.

—Porque una amiga necesita mi ayuda.

—¿La del congreso? ¿Cortés?

Me sorprendió que se acordara. Montero no prestaba atención a nada que no fuera ciencia, o al menos eso fingía.

—Sí. Violeta Cortés.

Montero se recargó en su silla. Su expresión no cambió, pero noté que tamborileo de sus dedos sobre el escritorio, algo que hacía cuando estaba procesando información que no le gustaba.

—La familia Cortés tiene vínculos comerciales con media industria farmacéutica de Santa Aurelia. Su hermano Miguel dirige una de las tres empresas más grandes del sector. —Pausa—. ¿Te has preguntado por qué una mujer con esos recursos necesita que tú, específicamente, le resuelvas la vida?

—No todos los problemas se resuelven con dinero, Montero.

—No. Pero los que se resuelven con dinero los resuelve Miguel Cortés en una llamada. Los que no se resuelven con dinero se resuelven con abogados, y la familia Cortés tiene un bufete completo. La pregunta es por qué acudió a ti y no a ellos.

No contesté. Porque la pregunta era buena.

Montero se levantó y caminó hacia la puerta.

—No voy a decirte lo que tienes que hacer. Pero voy a pedirle a Ignacio que revise el perfil de tu amiga. Si es tan inocente como dice, no le importará.

—¿Ignacio?

—Mi jefe de seguridad. —Abrió la puerta—. Es un favor, Valdés. No lo repito.

La llamada de Vi esa noche fue igual que las anteriores. Gracias por todo, eres mi mejor amiga, no sé qué haría sin ti. Hablamos quince minutos sobre nada importante, su trabajo, mi trabajo, lo guapo que estaba el mesero del café de abajo.

Cuando estaba a punto de colgar, su teléfono sonó. En la pantalla, yo alcancé a ver porque estábamos en videollamada, apareció un nombre: J.

Vi parpadeó. Cortó la videollamada de golpe.

Tres segundos después me mandó un mensaje: «Perdón, se me cortó la señal. ¡Hablamos mañana! Besos».

No se le cortó la señal. Le llegó una llamada que no quería que yo viera.

J.

¿Quién era J?

Me quedé mirando la pantalla del teléfono un rato largo. Después la apagué y me fui a la cama.

Pero no dormí.

Pensé en el moretón que no cuadraba. En el departamento sin rastro de un hombre. En la familia Cortés con todos los recursos del mundo y una hermana que prefiere pedirle ayuda a una amiga de la universidad. En una llamada de alguien que se identifica solo con una inicial.

Y en Montero, que sin conocer a Violeta, hizo la misma pregunta que yo no me atrevía a hacer:

¿Por qué yo?

El lunes, Vi me pidió que la acompañara a recoger unas cosas de su antiguo departamento. Fuimos juntas, en mi auto, a media tarde.

Mientras ella entraba a buscar unos documentos, yo me quedé en la sala. Su teléfono estaba sobre la mesa del comedor, boca abajo. Sonó. La pantalla se iluminó.

Llamada entrante: J.

Vi salió del cuarto con una caja de papeles. Vio el teléfono sonando. Lo agarró con una velocidad que no correspondía a un «teléfono de publicidad», que fue exactamente lo que me dijo:

—No es nada, publicidad. Ya sabes cómo son.

Sonrió. La misma sonrisa de siempre, abierta, cálida, perfecta.

Pero la mano que sostenía el teléfono temblaba.

No como tiembla una mujer asustada.

Como tiembla alguien que está mintiendo y sabe que casi la descubrieron.

En el camino de regreso, Vi habló sin parar sobre planes para el fin de semana, sobre un restaurante nuevo que quería probar, sobre lo bien que le sentaba el departamento que le conseguí. Hablaba rápido, llenando el silencio con palabras como si el silencio fuera peligroso.

Yo asentía en los momentos correctos. Sonreía cuando tocaba. Decía «qué bueno» y «me alegro» con la frecuencia justa.

Pero por dentro estaba haciendo algo que aprendí durante tres años con Sebastián Girón: observar sin que se note. Escuchar lo que no se dice. Archivar cada detalle para analizarlo después, cuando estuviera sola y pudiera pensar sin la presión de una amistad que quizás ya no era lo que parecía.

Cuando la dejé en su departamento, me abrazó en la puerta.

—Eres la mejor amiga que he tenido, Ale. No sé qué haría sin ti.

Le devolví el abrazo. Pero esta vez, mientras sus brazos me apretaban, conté: tres segundos de más. Un abrazo normal entre amigas dura dos, tres segundos. El de Vi duró seis. Era el abrazo de alguien que necesita asegurarse de que la otra persona sigue creyendo en ella.

O el de alguien que siente culpa por lo que está a punto de hacer.

Continuará...

1
María Guadalupe Cabello Serrano
me gustó , aunque fueron muchos cambios Damian era tambien científico y luego abogado temas como eso necesitas mucha coherencia pero atrapa
Rosanna Valdez Gutierrez
Hacer como que no leí esa parte, porque se supone que la mamá fue quien le regaló la pulsera
Rosanna Valdez Gutierrez
Autora recuerda que al inicio decían que tenían una relación antes de casarse y que el mismo año en que se casó retomó su relación manteniendo la mentira por 30 años
Rosanna Valdez Gutierrez
La historia está super interesante, pero querida autora, sería recomendable que revise las fechas y los años de los personajes, ya que Rubí tiene 3 edades diferentes y eso afecta la cronología de como sucedieron los hechos, no es a modo de crítica destructiva, es para que la historia tenga la milla extra de la excelencia.
Alba Dany Marroquin
por que pregunto la hipnotista por Rubi si esa chica es hermana de.ella no de el?
Alba Dany Marroquin
Rubi ? la de 18 años enfermera hija de su padre con la amante? ME CONFUNDES
Alba Dany Marroquin
como pasó Rubí de 18 años y enfermera a una niña.de.8 años???
Alicia Rodríguez
escritora que pena seguir insistiendo en las edades de los hijos de Nieves ya que dice que hace veinte años que se casó entonces Roberto que es el hijo mayor tendría unos 19años
Marilu Garcia
estimada aurora posiblemente este escribiendo 2 novelas a la vez de ahí la confusión en las edades 😑😑😑
Sylvia Iusin Borensztejn
Escribiste muy bien y tenes que ser más coherente con los personajes, si es epidemioooho no es abogado
si la hermana tiene 23 años no tiene 8.
Capaz que alguien lo puede leer antes de que lo publiques para ver estas contradicciones.
Gracias pir escribir
PD Si alguien muere en una epidemia el cadáver se trata como contaminado, no se expone a personas a ese cadáver.
Alicia Rodríguez
la historia esta muy interesante pero lo que no entiendo son las edades de cada uno de los hijos ya que tienen veinte años de casados y no mas aleria tiene más de veinte y la niña de la otra mujer nació dos años después del matrimonio entonces cuántos años tienen los hijos del matrimonio si son mayores que Alegra
Sylvia Iusin Borensztejn
rdzdz9dd7d7
Nancy Castro Castillo
demasiados vacíos, cambio en los personajes, en las edades, en los parentescos, en las profesiones
María de jesus Zepeda: así es bonita historia pero demasiadas notas cambiadas que al momento de leer cambian los datos , pero bonita historia..
total 1 replies
Nancy Castro Castillo
a qué horas Hugo llegó a los 63, y ahora los hijos del general resultaron nietos, pues con ese montón de años que le puso, 85
Nancy Castro Castillo
No Dios que locura, ahora Rodrigo resultó ser sobrino de la mamá, antes era hijo de Nieves.
Nancy Castro Castillo
ahora dizque Ignacio y Gabriel son hijos de Paloma, Ignacio era la mano derecha de Damián y Gabriel hermano de Alegra, que locura con la escritora, será que la cápsula le borro a ella los recuerdos 🤭🤭🤭
Nancy Castro Castillo
cuáles tres hijos de Paloma, acaso no era solo Damián?
Alicia Rodríguez
quien será j que tendrá que ver con la familia de Alegra?
Nancy Castro Castillo
ahora dizque la herida de Damián es en la mano porque golpeó una mesa, y antes era en la espalda porque alguien lo hirió
Adriana Elvi Hadeler
Es inconsistente primero dormían en habitaciones separadas después ya habían compartido la cama 🥴😵‍💫
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play