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Cuando La Luna Vuelva A Recordarme

Cuando La Luna Vuelva A Recordarme

Status: En proceso
Genre:Regreso a la infancia / Reencarnación / Mundo de fantasía
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Crystal Suárez

En un reino donde las leyendas nunca mueren, una joven noble comienza a tener sueños con una vida que no recuerda y una tragedia que aún no ha ocurrido. Mientras la sombra de una antigua profecía vuelve a extenderse sobre el imperio, su destino se entrelaza con el del príncipe heredero, un hombre marcado para morir antes de reclamar el trono.

Cada recuerdo la acerca a una verdad capaz de cambiar el curso de la historia, pero también despierta a quienes han esperado siglos para impedir que el pasado se repita. En un mundo donde nadie es completamente inocente y cada decisión tiene un precio, proteger al príncipe podría significar condenarse a sí misma una vez más.

Porque algunas promesas sobreviven a la muerte... y hay destinos de los que ni siquiera una nueva vida puede escapar.

NovelToon tiene autorización de Crystal Suárez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 14— La elegida.

El hombre recuperó la compostura tan rápido que llegué a preguntarme si realmente había visto aquel cambio en su expresión, tal vez me lo había imaginado.

Últimamente eso me ocurría mucho.

Primero la página que apareció en mi libro, después la estatua del invernadero, la llave, la inscripción. Y ahora... Otro adulto mirándome como si me conociera de algún lugar imposible.

Mi padre dio un paso al frente.

—Él es el señor Alaric.

El hombre hizo una elegante reverencia.

—Es un placer conocerlos, joven señor Cassian... lady Seraphine.

Su voz era grave, tranquila y extrañamente cálida.

—Buenos días —respondimos los dos al mismo tiempo.

Cassian fue el primero en romper el silencio.

—¿Es usted un caballero?

Alaric sonrió apenas.

—No.

—¿Entonces un noble?

—Tampoco.

—¿Un consejero?

—A veces.

Fruncí el ceño.

—Eso no responde nada.

Mi comentario hizo que incluso mi padre dejara escapar una pequeña risa.

Alaric me observó con interés.

—Tiene razón.

Se llevó una mano al pecho.

—Digamos que llevo muchos años sirviendo a la familia Valmont.

Parpadeé.

—¿Muchos cuántos?

Pensó unos segundos.

—Más de los que usted puede imaginar.

Aquella respuesta despertó inmediatamente mi curiosidad.

—¿Entonces conociste a mi abuelo?

—Sí.

—¿Y a mi bisabuelo?

Asintió.

—También.

Abrí la boca sorprendida.

—¡Entonces eres muy viejo!

El silencio que siguió fue absoluto, Margaret se llevó una mano a la frente, Beatrice dejó escapar una pequeña tos para ocultar la risa, Albert cerró los ojos durante un instante, como si estuviera rezando por mi alma.

Yo no entendía qué había dicho de malo.

Alaric fue el primero en romper el silencio. Y, para mi completa sorpresa... Comenzó a reír.

No era una risa exagerada, era una risa sincera.

—Supongo que sí.

Mi padre negó con la cabeza.

—Seraphine...

—¿Qué?

—Hay cosas que no se dicen.

—Pero si es verdad.

Cassian ya no podía contener la risa.

—Padre, técnicamente no mintió.

Mi padre terminó sonriendo también.

—Definitivamente ustedes dos van a acabar con mi paciencia.

Alaric permaneció con nosotros toda la mañana.

Mientras Albert organizaba documentos y varios sirvientes preparaban el viaje al Palacio Imperial, él recorría la residencia observándolo todo con una atención casi imposible de explicar, parecía recordar perfectamente dónde estaba cada habitación, cada cuadro, cada ventana, como si hubiera vivido allí alguna vez.

Aquello volvió a despertar mi curiosidad.

Lo seguí por los pasillos intentando que no me descubriera, no era muy buena escondiéndome, en absoluto.

Apenas dobló una esquina, terminé chocando contra una armadura decorativa, el estruendo resonó por todo el corredor.

—¡Ay!

La armadura cayó al suelo haciendo un ruido espantoso, cerré los ojos.

—Ahora sí me regañarán...

—¿Lady Seraphine?

Abrí lentamente un ojo, Alaric estaba frente a mí.

Sonreía.

—¿Se encuentra bien?

Asentí muy deprisa.

—La armadura también parece estar bien.

Miró el montón de piezas metálicas esparcidas por el suelo.

—No estoy tan seguro.

Sentí que mis mejillas comenzaban a arder.

—Lo siento...

Él se agachó para recoger el casco.

—No tiene que disculparse.

—Pero rompí...

—No rompió nada.

Le dio un pequeño golpe al peto, la armadura volvió a encajar en su lugar como si nunca hubiera caído.

Abrí mucho los ojos.

—¡Qué rápido!

—La práctica.

Lo observé con curiosidad.

—¿Sabías que te estaba siguiendo?

Sonrió.

—Desde que salió detrás de la tercera columna.

Me quedé completamente inmóvil.

—¿Entonces... por qué no dijiste nada?

—Porque tenía curiosidad.

—¿Sobre qué?

—Sobre cuánto tardaría en hacer ruido.

Inflé las mejillas.

—Eso no fue muy amable.

—Lo admito.

No pude evitar sonreír, había algo en él que transmitía mucha tranquilidad, no era como los demás adultos, con él no sentía la necesidad de medir cada palabra, comenzamos a caminar juntos por el corredor, eurante unos minutos ninguno habló.

Hasta que mi curiosidad volvió a ganar.

—¿Puedo hacerte una pregunta?

—Claro.

—¿Por qué me miraste de esa manera cuando llegaste?

Alaric dejó de caminar, su sonrisa desapareció apenas un instante.

—¿De qué manera?

—Como si me conocieras.

El silencio regresó, no era incómodo, pero sí muy largo.

Finalmente respondió.

—Porque se parece mucho a alguien.

Mi corazón dio un pequeño vuelco.

—¿A quién?

Él bajó ligeramente la mirada.

—A una persona muy importante.

Esperé que continuara, no lo hizo.

—¿Quién era?

Volvió a sonreír.

—Tal vez algún día pueda contárselo.

Resoplé.

—Otra vez lo mismo.

—¿El qué?

—Todos los adultos dicen "algún día".

Alaric soltó una suave carcajada.

—¿Eso hacemos?

—Sí.

—Entonces prometo intentar cambiar.

—¿De verdad?

—De verdad.

Le tendí inmediatamente la mano.

—Promételo.

Él observó mi pequeña mano durante unos segundos, después la estrechó con mucha delicadeza.

—Lo prometo.

No sabía por qué... Pero sentí que aquella promesa significaba mucho más para él que para mí.

Aquella tarde la residencia era un auténtico caos.

Los criados iban de un lado a otro preparando baúles, revisando vestidos, puliendo armaduras y organizando provisiones para el largo viaje.

Beatrice discutía con los cocineros sobre cuántos dulces debían llevar.

Thomas insistía en que los caballos necesitaban descansar un día más antes de partir.

Albert intentaba coordinarlo todo sin perder la calma. Y mi padre... Mi padre seguía encerrado en su despacho.

Cassian y yo observábamos el movimiento desde la barandilla del segundo piso.

—Parece un hormiguero.

—Uno muy elegante.

Sonrió.

—¿Estás nerviosa?

Lo pensé unos segundos.

—Un poquito.

—Yo también.

Era extraño escucharlo admitir algo así, lo miré sorprendida, él se encogió de hombros.

—Nunca he salido tan lejos de casa.

—Yo tampoco.

Permanecimos apoyados sobre la barandilla.

Abajo, Alaric hablaba con Albert mientras revisaban una antigua ruta dibujada sobre un mapa, de pronto, Alaric levantó la cabeza, nuestros ojos volvieron a encontrarse. Y esta vez... Fue él quien hizo una expresión de sorpresa, porque, sin darme cuenta, había llevado una mano hasta el bolsillo donde escondía la pequeña llave plateada.

Sus ojos se fijaron exactamente en ese lugar.

La calma desapareció de su rostro por primera vez desde que había llegado y, en un susurro que solo él pareció escuchar, murmuró unas palabras que hicieron que la sangre se me helara.

—No puede ser...

La llave la ha elegido a ella.

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Afrodita Hada♥️
wow se ve interesante muchas gracias 😊😊🫶🫶🫶♥️♥️♥️♥️♥️♥️
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